CRITICA A LA METAFÍSICA

KONOSC

La filosofía presenta una idea del mundo totalmente inadecuada: en primer lugar por considerar al mundo como un cosmos y no como un caos, por creer en la racionalidad intrínseca de la realidad. La invención del Mundo Racional trae consigo la invención de los conceptos básicos de toda la metafísica tradicional (esencia, substancia, unidad, alma, Dios, permanencia, …);


estas entidades son puras ficciones, consecuencia del poder fascinador de la razón. Dado que el mundo que percibimos presenta características contrarias (corporeidad, cambio, multiplicidad, nacimiento y muerte), los filósofos acaban postulando el “platonismo”, la existencia de dos mundos, el mundo de los sentidos, pura apariencia, irrealidad, y el Mundo Verdadero, el Ser, dado a la razón, y horizonte último de nuestra existencia. Una consecuencia de la invención del Mundo Verdadero es la valoración positiva del mundo del espíritu y negativa de la corporeidad. La filosofía tradicional comienza con Platón, quien se inventa un mundo perfecto, ideal, absoluto, al que contrapone el desvalorizado mundo que se ofrece a los sentidos. Platón identifica el Ser con la realidad inmutable y absoluta y relega al mundo de la apariencia lo que se ofrece a los sentidos (lo cambiante, la multiplicidad, lo que nace y muere). La filosofía posterior acepta este esquema mental básico, aunque lo exprese con distintas palabras.
Para Nietzsche, y frente a la interpretación habitual, los griegos no descubrieron sino que inventaron la racionalidad y el supuesto carácter ordenado del mundo.
Encuentra nuestro autor un origen psicológico de la metafísica: la metafísica es un signo de determinadas tendencias antivitales, guiadas por un instinto de vida decadente y contrario al espíritu griego anterior. La falta de instinto, el tono vital disminuido, permitió la exageración del papel de la razón, de la vida consciente, y la aparición de las fantasías metafísicas al estilo del Mundo Verdadero, Eterno, Inmutable propuesto por Sócrates y Platón. La raíz moral (inmoral, dirá Nietzsche) que motivó la aparición de la filosofía platónica fue el temor al cambio, la muerte y la vejez. Las categorías metafísicas como substancia, ser, esencia, unidad son puras invenciones para en ellas encontrar el reposo, la regularidad y calma ausentes del único mundo existente, el que se ofrece a los sentidos. La metafísica platónica –y toda la occidental– es un síntoma de resentimiento ante el único mundo existente, miedo al caos. Pero Nietzsche encuentra también en la influencia de la gramática otro origen de la metafísica; el lenguaje da lugar a una visión errónea de la realidad: la estructura sujeto-predicado, común a nuestras lenguas y la primacía que tienen las frases con el verbo ser, favorecen una interpretación substancialista de la realidad, la creencia en entidades dotadas de rasgos permanentes y propios, de sustancias. Además, gracias al lenguaje hablamos de distintas cosas mediante las mismas palabras, lo cual parece suponer que existen semejanzas entre aquellas, cuando no identidad; mediante los conceptos –las “células” básicas del lenguaje– creemos posible referirnos a lo universal, lo que favorece la creencia en la existencia de esencias, de naturalezas universales. Si nuestra gramática fuese distinta, nuestra forma de entender el mundo sería también distinta; Sólo la superación de la creencia en la gramática puede superar también la concepción típica de la metafísica tradicional.
Las criticas anteriores muestran la enorme distancia que separa a Nietzsche de toda la filosofía precedente: Nietzsche rechaza las creencias de que el mundo es un cosmos y de que la razón –el logos– puede captar lo real; creencias que están a la base de la filosofía, de la ciencia y de la cultura occidental en su conjunto. La filosofía de Nietzsche tiene una orientación claramente irracional, y hace imposible el lenguaje, el conocimiento y la filosofía entendida al modo en que aparece en Grecia en el siglo VI a.C..

CRÍTICA DE LA LA FILOSOFÍA METAFÍSICA TRADICIONAL

Podemos estudiar tres aspectos dentro de la crítica a la filosofía: aspecto metafísico, lógico-epistemológico y científico-positivo. 1. Crítica de la metafísica. La filosofía tradicional es la que instauró Platón al afirmar la existencia de un mundo perfecto, noemático, absoluto. La filosofía dogmática considera al Ser como algo estático e inmutable, ser que existe en su propio mundo, distinto del sensible cuya realidad es meramente aparente, pues se diluye en la fluencia del devenir.
– Para el metafísico la verdadera realidad no puede estar sujeta al devenir, ella permanece idéntica consigo misma, estática e inmutable, es decir, debe ser “causa sui”.

“Todos los conceptos más elevados, el ser, el absoluto, el bien, lo verdadero, lo perfecto -todo esto no puede ser algo devenido, y por ende debe ser causa sui. Mas todo esto tampoco puede ser desigual entre sí, estar en contradicción consigo mismo…Así llegan a su estupendo concepto de “Dios”…” (El ocaso de los ídolos.)

– Para Nietzsche el “ser” del metafísico es lo más vacío y abstracto que el hombre ha podido imaginar y por ello equivale a la pura nada.
“Las características que se han asignado al verdadero Ser de las cosas son las características del No-Ser, de la nada; -se ha construido el “mundo verdadero” en contraposición al mundo real, y es en realidad un mundo apariencial, en tanto que mera ilusión óptico-moral.” (Ibíd.)

2. CRÍTICA A LA METAFÍSICA EN SUS DIMENSIONES LÓGICO-EPISTEMOLÓGICA Y ONTOLÓGICA

 

– Para el lógico la verdad se opone al error. Verdad y error son dos términos antitéticos, puesto que lo verdadero es irrefutable y lo falso es contradictorio. Pero Nietzsche rechaza el antagonismo verdad-error, ya que se dan errores irrefutables y verdades contradictorias:

“Una tesis irrefutable ¿Por qué habría de ser, en consecuencia, “verdadera”? Esta proposición escandaliza quizá a los lógicos, que consideran sus propias limitaciones como limitaciones de las cosas; pero hace mucho tiempo que he declarado la guerra a este optimismo de los lógicos.” (La voluntad de poder.)

-La categoría ontológica “ser verdadero” no es una propiedad de la realidad, sino una mera valoración subjetiva como condición necesaria de supervivencia del hombre:

“La oposición “el mundo verdadero-el mundo apariencial” la reduzco yo a relaciones de valor. Hemos proyectado nuestras condiciones de supervivencia como atributos del Ser. De la circunstancia de que tenemos que mantenernos firmemente aferrados a nuestras creencias para subsistir hemos deducido que el mundo “verdadero” no es mutación y devenir, sino Ser” (Ibíd.) “En consecuencia, no existe en realidad el pretendido “mundo verdadero” de la filosofía dogmática, tal mundo es una mera ficción y que no es posible conocerlo ni demostrarlo: “El mundo verdadero -una idea que ya no sirve para nada, que ya no obliga siquiera;- una idea inútil y superflua, luego refutada. !Suprimámosla¡” (El ocaso de los ídolos.)

 

 

 

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