FUNDAMENTO DE MOTIVACIÓN PARA LA SALIDA DE LA FICCIÓN SOLIPSISTA

SOLIP

 

 

 

 

 

Hemos dicho que la esfera solipsista se caracteriza por hacer exclusión de la empatía. No obstante, Husserl sostiene que “hay modos de representación necesarios, que ya tienen relación con la empatía”. Examinemos cómo se originan estas representaciones a través del siguiente ejemplo.

 

Si apoyamos un pedazo de hierro sobre un cuerpo elástico o blando entonces éste se abolla. Ello muestra que el sujeto experiencia la causalidad física en la esfera solipsista respecto de los objetos materiales. Pero si él mismo entra en esa relación, la causalidad no es meramente física sino psicofísica.

Si mi mano se golpea contra una mesa, obtengo como resultado una consecuencia no-física, que es, en este caso, la “sensación de presión” (Druckempfindung).

Esta sensación no pertenece a un estrato físico, como el mero choque entre cuerpos materiales sino que es psico-física. Husserl dice “tenemos entonces una proto-existencia de condicionalidad psicofísica, y en verdad ya en el ámbito de la experiencia solipsista”.

En virtud de esta causalidad psicofísica entre los objetos del mundo externo y mi cuerpo propio y gracias a que el yo tiene un “sistema de las posibilidades ideales del ser-otro de mi yo”, puedo imaginar que, si una ficción de mi cuerpopropio estuviera allá y percibiera la misma mesa allá que yo estoy percibiendo aquí y se chocara contra ella, tendría la presentación de aquel escorzo que yo sólo puedo apresentar y su correspondiente sensación de presión. De esta forma, surgen en mí respecto de ese cuerpo ahí representaciones que no se limitan a estados físicos del cuerpo sino que incluyen representaciones psicofísicas que provienen del hecho de poner en consideración otro cuerpo, aunque sea el mío puesto fuera de sí en otro lugar. El origen de estas representaciones, que exceden lo meramente físico e inauguran el ámbito de la causalidad psico-física, es sólo posible porque la naturaleza del cuerpo propio no es solamente física, sino que implica un estrato somatológico.

Husserl afirma que a mí como solus ipse no me es dada la realidad de la psique de mi cuerpo propio “en tanto no haya apercibido otros hombres como tales o en tanto yo no me ‘trasponga fuera’ de mi cuerpo propio y haya imaginado una movilidad libre en el espacio”. Se indican de este modo dos caminos que conducen a la constitución de la psique junto con el propio cuerpo propio. Uno está dado por la mediación de la corporalidad extraña, y el otro por la consideración del propio cuerpo propio allá fingido. En este segundo capto, “en el modo de la empatía”, mi cuerpo propio como un segundo cuerpo propio extraño. Esta consideración nos lleva a analizar la ficción en tanto presentificación.

 

En el caso de la ficción, el yo ficcionante tiene de sí como yo fingido experiencia de su sí mismo y de su cuerpo propio, sus campos de sentido, sus movimientos, sus apariciones y de un aquí y ahora, todo en el modo de la ficción.

Si bien el cuerpo propio no puede alejarse de o acercarse a sí mismo como sí lo puede hacer respecto de los otros objetos, es decir, si bien “no puedo ‘alejarlo a voluntad’ de mí como a otros cuerpos (en el modo originario como a otros cuerpos)”, sin embargo, y esto es lo que permite la fantasía, “puedo representármelo alejado, análogamente como a otros cuerpos: como si él fuera mero cuerpo”. Yo finjo ahora cómo se me aparecería mi segundo cuerpo fingido y situado allá. Yo “me” finjo en tanto observado por mí, me traslado hacia allá en la imaginación y al allá pertenecen entonces las apariciones externas concernientes a mi cuerpo fingido. A partir de allí, identifico mi cuerpo propio con el cuerpo que aparece externamente.

Enlazo como idéntico, en una unidad de conciencia, mi cuerpo propio dado con aquel cuerpo físico propio (Leibkörper), “el que, porque es el mismo cuerpo, llega a ser consciente también eo ipso como cuerpo de aquel sujeto empírico que aparece a sí mismo, y por consiguiente `aparece´ahora en la consideración externa el cuerpo físico propio precisamente como cuerpo propio, o sea, `aparece´ con él `externamente´ el sujeto empírico”.

Esta aparición está afectada por una intencionalidad que implica la “aparición externa de un cuerpo, que es idéntico con el cuerpo que es comprensible a partir de un correrse afuera, portador de un sujeto que se aparece a sí mismo con este cuerpo físico, esto es, que aparece en una aparición-‘interna’”. De este modo, se produce un “trasladar fuera” (Hinausversetzung), “moverse afuera” (Hinausbewegen)o “correrse afuera” (Herausrückung) el propio cuerpo propio en otro cuerpo físico propio fingido.

 

Haber llegado hasta acá permite dar el siguiente paso: “El cuerpo físico que aparece externamente es mentado como el mismo que en una aparición interna es cuerpo propio del yo”.

El punto focal de este argumento está dado por la ficción del “como si yo estuviera allí”, gracias a la cual yo tendría desde allí una aparición distinta del mundo, y ello implica que es posible una “duplicación” del yo como duplicación que da lugar a otro yo, esto es, a dos sujetos con dos cuerpos. Con la ficción, el yo tiene la posibilidad de dar lugar a un nuevo mundo fingido. Así se distingue el mundo efectivo del mundo fantaseado: el primero implica un acto posicional y el segundo un acto cuasi-posicional”. Todo en la fantasía transcurre en el modo del “como si”, el percibir y lo percibido en la fantasía tienen la modificación del ‘como si’. En rigor, la experiencia del otro no necesita de la dación efectiva de él, dado que “para lograr la posibilidad de la experiencia de la aparición externa de un yo extraño, manifiestamente no necesito de la experiencia efectiva del mismo”.

Husserl señala que hay un “actuar dentro” (hineinwirken) de la fantasía intencional en el contenido fantaseado. Con el objetivo de aclarar lo dicho, analicemos el ejemplo que Husserl mismo nos presenta: yo fantaseo un paisaje con un grupo de árboles, hombres, centauros, animales fabulosos en lucha. Yo pertenezco a este mundo fantaseado, en tanto estoy implicado como co-luchador.

 

De los árboles fantaseados, algunos están en primer plano, otros permanecen en el trasfondo, algunos a la derecha, otros a la izquierda. Todas estas palabras: derecha, izquierda, delante, atrás, desde arriba, etc., “son evidentemente expre-siones ocasionales y tienen referencia esencial al yo que examina y percibe, que lleva en sí el punto cero del espacio orientado y de todas sus dimensiones de orientación”.

Ahora bien, el yo fantaseante puede en cualquier momento ejecutar un cambio de actitud y volver de la fantasía de la lucha del centauro a sus modos de dación orientados, a su yo reflexionante y a todos sus actos correspondientes.

Ello ocurre cuando el yo reflexionante explicita el yo fantaseante y el yo fantaseado.

Se ponen así tres yoes de manifiesto. En primer lugar, contamos con un sujeto fantaseante que percibe en el modo del como-si. En un segundo momento me descubro como implícito en la escena, es decir, me descubro como yo fantaseado. Tenemos por el momento dos yoes. Por un lado, el yo fantaseante que lleva a cabo la fantasía y, por el otro, se presenta un yo extraño bajo la forma de un ser-de-otro-modo del yo, que es el yo fingido que actúa en la fantasía. Este es el yo fantaseado que están en la escena de fantasía. Pero es posible reflexionar sobre esa fantasía. Surge así un tercer yo, el yo reflexionante, que es el que pone de relieve los contenidos de la fantasía, y se distingue del yo fantaseante porque éste podría fantasear sin reflexionar, sin darse cuenta de que reflexiona. La función del yo reflexionante será, precisamente, poder llevar a cabo la doble reflexión “sobre” y “en” la fantasía. De esta cuestión nos ocupamos a continuación.

En tanto presentificación, podemos hacer una doble reducción sobre la ficción y en la ficción. Según la primera reducción, lo aprehendido en la ficción de mi cuerpo propio puesto afuera puede ser reducido a mis operaciones, esto es, a las operaciones del sujeto que lleva a cabo la ficción. Justamente esta primera reducción nos revela que en esta experiencia hay una conciencia ficcionada extraña, cuyas vivencias no son las propias sino las de otro sujeto fingido, las del yo fantaseado. A partir de la segunda reducción se gana un segundo yo y una segunda conciencia que no son míos sino de otro yo fingido o de mi ser-de-otro-modo fingido.

 

Ahora bien, puedo representarme este curso de vivencias fingido, es decir, tener imágenes de vivencias que concuerden con mi yo extraño fingido. Tomemos el ejemplo anterior del percibir una mesa. Cuando percibo una mesa, los escorzos no vistos o apresentados son co-mentados por mí, y advierto que el cuerpo propio extraño fingido también podría percibir el escorzo que yoapresento. Esta representación que excede el ámbito de lo físico da la base para establecer que hay vivencias del yo fingido que son similares a las mías.

 

Al hacer la reflexión “en” mi vivencia fictiva de mi propio cuerpo como cuerpo físico propio puesto fuera, pongo al descubierto que ese cuerpo, que percibe el escorzo que yo solamente miento, también tendría, al igual que mi efectivo cuerpo propio, una subjetividad trascendental. Mediante una reducción “en” la ficción de mi cuerpo propio pongo de manifiesto que el cuerpo físico propio puesto allá es sustrato de un sujeto también solipsista que tiene como correlato su mundo solipsista y experimenta la causalidad psicofísica.

La representación contradictoria del estar aquí y allá a la vez, se vuelve concordante –y abre un camino de gran importancia- al permitir tomar la duplicación como duplicación: “Yo a priori no puedo estar aquí y allá al mismo tiempo, pero aquí y allá puede estar un igual, yo aquí y ahí un yo igual y además también un yo más o menos meramente semejante”. Tengo, en primer lugar, la apercepción de mi cuerpo propio en mi cuerpo, y puedo, en segundo lugar, por medio de la proyección fingida allá, percibirlo como cuerpo fingido, como mi cuerpo físico propio allá, que justamente por ser mío exige la legítima adjudicación del carácter de cuerpo propio, punto cero de orientación, y esto permite sospechar que sea sede de una subjetividad trascendental.

 

Sin embargo, la subjetividad trascendental extraña es tan sólo posible. Husserl dice que “con esto se duplica el yo como yo empírico y un yo extraño puede constituirse conscientemente aquí, sólo como posibilidad”. Pero en la fantasía “no tengo al otro en una presentificación directa. No es ningún recuerdo sino un análogo, sin duda un término no claro. Sensaciones, intuiciones, juicios, etc., que no son míos, que sólo ‘imagino’, los pongo sin embargo como co-presentaciones etc. de un cuerpo propio extraño, y no los pongo en concordancia con mi vida, y a una con mi cuerpo propio que se me aparece”. En la empatía el yo tiene experiencia de la conciencia del yo extraño, no porque viva y perciba en percepción interna sino porque ella es un tipo de presentificación61. Husserl advierte que no se ha de confundir la empatía con la imagen de fantasía, pues, interpretar así a la empatía implicaría que es posible intuir “en el otro su vivencia de modo completamente inmediato”. Estos análisis en torno a la fantasía y el como si pueden considerarse como “puntos de partida para la teoría de la empatía”.

 

Por el momento sólo se ha mostrado, que de darse otro cuerpo propio, éste manifestaría las mismas características somatológicas que el mío. En este sentido, es que la reducción solipsista es una forma preliminar y propedéutica de la reducción primordial, en la que efectivamente se tienen experiencias empáticas que implican experiencias de otro64. Utilizamos la expresión “propedéutica” porque la reducción solipsista muestra un camino posible para la teoría de la empatía, en tanto funciona como motivación para efectuar una duplicación del yo y sugerir la posibilidad de ir más allá mostrando qué sucedería si se pusiera en consideración la aparición de otro cuerpo propio, aunque sea fingido. Aun cuando se haga abstracción de la empatía, como sucede en la reducción solipsista, surgen modos de representación que tienen relación con ella.

La empatía propiamente dicha es la experiencia de otros sujetos y surge al considerar el ingreso de otros yoes fenoménicos dentro mi campo de percepción. Pero sabemos que en la experiencia solipsista los otros están presupuestos y eso implica que la relación no se establezca con un otro-que-yo efectivo sino con un ser-deotro- modo del yo. A la relación que se establece entre el yo y el otro yo fingido o cuerpo propio extraño fingido o propio cuerpo propio puesto fuera no puede, por principio, llamársela empática. De allí que Husserl hable en términos de “introyección trasladada”, “correrse afuera”, “trasladarse afuera”.

La reducción solipsista ha de ser radicalizada y cuando el otro sea plenamente excluido y no meramente presupuesto, se dará lugar a la reducción primordial estática o reducción a la esfera de lo propio, cuya finalidad es la fundamentación de la empatía. Así, una vez fundamentada la empatía se podrá legitimar la condición trascendental del otro.

Veamos ahora la relación entre el problema del solipsismo gnoseológico y nuestro análisis de la reducción solipsista.

 

 

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