LA AFIRMACIÓN Y LA NEGACIÓN

RISENTIMENTO

 

 

 

 

 Transmutación, transvaloración, significan:

1.º Cambio de cualidad en la voluntad de poder. Los valores, y su valor, no se derivan ya de lo negativo, sino de la afirmación como tal. Se afirma la vida en lugar de depreciarla; y tampoco la expresión «en lugar» es exacta.

Es el propio lugar el que cambia, ya no hay lugar para otro mundo. Es el elemento de los valores el que cambia de lugar y de naturaleza, el valor de los valores el que cambia de principio, toda la valoración la que cambia de carácter;

2.º Paso de la ratio cognoscendi a la ratio essendi en la voluntad de poder. La razón bajo la que viene conocida la voluntad de poder no es la razón bajo la que es. Pensaremos la voluntad de poder tal como es, la pensaremos como ser, siempre que utilicemos la razón de conocer como una cualidad que pasa al lado contrario, y hallemos en este lado contrario la razón de ser desconocida;

3.º Conversión del elemento en la voluntad de poder. Lo negativo se convierte en poder de afirmar: se subordina a la afirmación, pasa al servicio de un excedente de la vida. La negación ya no es la forma bajo la que la vida conserva todo lo que es reactivo en ella, sino al contrario, el acto por el cual sacrifica todas sus formas reactivas.

 

El hombre que quiere perecer, el hombre que quiere ser superado; en él la negación cambia de sentido, se ha convertido en poder de afirmar, condición preliminar al desarrollo de lo afirmativo, signo precursor y celoso servidor de la afirmación como tal;

4.º Reino de la afirmación en la voluntad de poder. La afirmación es la única que subsiste en tanto que poder independiente; lo negativo emana de ella como el rayo, pero al mismo tiempo se reabsorbe en ella, desaparece en ella como un fuego soluble. Es el hombre que quiere perecer lo negativo anunciaba lo sobrehumano, pero sólo la afirmación produce lo que lo negativo anuncia. Ningún otro poder que el de afirmar, ninguna otra cualidad, ningún otro elemento: la negación se convierte totalmente en su sustancia, se transmuta en su cualidad, sin que subsista nada de su propio poder o de su autonomía. Conversión de lo pasado en ligero, de lo bajo en alto, del dolor en alegría: esta trinidad de la danza, del juego y de la risa forma, a la vez, la transustanciación de la nada, la transmutación de lo negativo, la transvaloración o el cambio de poder de la negación. Lo que Zarathustra llama «la Cena»;

 

5.º Crítica de los valores conocidos. Los valores conocidos hasta este momento pierden todo su valor. Aquí reaparece la negación, pero siempre bajo la apariencia de un poder de afirmar, como la consecuencia inseparable de la afirmación y de la transmutación. La afirmación soberana no se separa de la destrucción de todos los valores conocidos, hace de esta destrucción una destrucción total;

6.º Inversión de la relación de las fuerzas. La afirmación constituye un devenir-activo como devenir universal de las fuerzas. Las fuerzas reactivas vienen negadas, todas las fuerzas se convierten en activas. La inversión de los valores, la desvalorización de los valores reactivos y la instauración de valores activos son otras tantas operaciones que suponen la transmutación de los valores, la conversión de lo negativo en afirmativo.

Quizás estamos en condiciones de comprender los textos de Nietzsche que conciernen a la afirmación, la negación y sus relaciones. En primer lugar la afirmación y la negación se oponen como dos cualidades de la voluntad de poder, dos razones en la voluntad de poder. Cada una es un contrario, pero también el todo que excluye al otro contrario. Decir de la negación que ha dominado nuestro pensamiento, nuestras maneras de sentir y de valorar hasta este momento, es poca cosa.

En realidad, es constitutiva del hombre. Y con el hombre, el mundo entero se abisma y se enferma, la vida entera se deprecia, todo lo conocido se desliza hacia su propia nada. Inversamente la afirmación sólo se manifiesta por encima del hombre, fuera del hombre, en lo que produce de sobrehumano, en lo desconocido que lleva consigo. Pero lo sobrehumano, lo desconocido, es también el todo que expulsa a lo negativo. El superhombre como especie también es «la especie superior de todo lo que

es». Zarathustra dice sí y amén «de una manera enorme e ilimitada» y él mismo es «la eternaafirmación de todas las cosas». «Bendigo y afirmo siempre, a condición de que estés a mi alrededor, cielo claro, abismo de luz. Llevo a todos los golfos mi afirmación que bendice».

Mientras reina lo negativo, en vano buscaremos un grano de una afirmación aquí abajo y en el otro mundo: lo que se llama afirmación es grotesco, triste fantasma agitando las cadenas de lo negativo. Pero cuando tiene lugar la transmutación, la negación es la que se disipa, nada subsiste como poder independiente, ni en cualidad ni en razón: «Suprema constelación del ser, que ningún deseo alcanza, que ninguna negación mancilla, eterna afirmación del ser, eternamente soy tu afirmación».

Pero entonces, ¿por qué Nietzsche llega a presentar la afirmación como inseparable de una condición preliminar negativa, y también de una consecuencia próxima negativa? «Conozco la alegría de destruir hasta un grado que es conforme a mi fuerza de destrucción» .

 

1.º No hay afirmación que no sea inmediatamente seguida por una negación no menos enorme e ilimitada que ella misma. Zarathustra se eleva hasta este «supremo grado de negación». La destrucción como destrucción activa de todos los valores conocidos es el rastro del creador: «¡Observad a los buenos y a los justos! ¿Qué es lo que más odian? El que destruye sus tablas de valores, el destructor, el criminal: ahora bien, él es el creador».

 

2.º No hay afirmación que no se haga preceder al mismo tiempo por una inmensa negación: «Una de las condiciones esenciales de la afirmación, es la negación y de la destrucción». Zarathustra dice: «Me he convertido en el que bendice y afirma, durante mucho tiempo he luchado para esto». El león se hace niño, pero el «sí sagrado» del niño debe ser precedido por el «no sagrado» del león . La destrucción como destrucción activa del hombre que quiere perecer y ser superado es el anuncio del creador.  Separada de estas dos negaciones, la negación no es nada, impotente incluso de afirmarse

 

 

Se podría haber creído que el asno, el animal que dice I-A, era el animal dionisíaco por excelencia. De hecho, no es nada; su apariencia es dionisíaca, pero toda su realidad es cristiana.

Sólo vale para servir de Dios a los hombres superiores: sin duda representa la afirmación como elemento que supera a los hombres superiores, pero la desfigura a su imagen y según sus necesidades. Dice siempre sí, pero no sabe decir no. «Honro a las lenguas y los estómagos recalcitrantes y difíciles que han aprendido a decir: yo, sí y no. Pero el masticar y el digerir, ¡está bien para los cerdos! Decir siempre I-A, ¡es lo que sólo han aprendido los asnos y los de su especie!» . Dionysos una vez, por bromear, dice a Ariana que tiene las orejas demasiado pequeñas: quiere decir que todavía no sabe afirmar, ni desarrollar la afirmación V10 9. Pero realmente, el propio Nietzsche presume de tener las orejas pequeñas: «Esto no dejará de interesar algo a las mujeres. Me parece que conmigo se sentirán más comprendidas. Soy el anti-asno por excelencia, lo que hace de mí un monstruo histórico. Yo soy en griego, y no sólo en griego, el anticristiano».

Ariana, el propio Dionysos tienen orejas pequeñas, orejas pequeñas circulares propicias al eterno retorno. Ya que las largas orejas puntiagudas no son las mejores: no saben recoger «la palabra avisada», ni concederle todo su eco .

La palabra avisada es sí, pero viene precedida y seguida de un eco que es no. El sí del asno es un falso sí: sí que no sabe decir que no, sin eco en los síes del asno, afirmación separada de las dos negaciones que deberían circundarla. El asno no sabe formular la afirmación, de igual modo que sus orejas no saben recogerla, a ésta y a sus ecos. Zarathustra dice: «Mi cantinela no será para los oídos de todo el mundo. Hace tiempo que me he desacostumbrado a tener consideraciones hacia las orejas largas» .

 

No encontraremos ninguna contradicción en el pensamiento de Nietzsche. Por una parte Nietzsche anuncia la afirmación dionisíaca que ninguna negación mancilla. Por otra parte denuncia la afirmación del asno que no sabe decir no, que no comporta ninguna negación. En un caso, la afirmación no deja subsistir nada de la negación como poder autónomo o como primera cualidad: lo negativo es enteramente expulsado de la constelación del ser, del círculo del eterno retorno, de la propia voluntad de poder y de su razón de ser. Pero en el otro caso, la afirmación no llegaría nunca a ser real y completa si no se hiciese preceder y seguir por lo negativo. Se trata pues de negaciones, pero de negaciones como poderes de afirmar. La afirmación no se podría afirmar nunca a sí misma, si antes la negación no rompiese su alianza con las fuerzas reactivas y no se convirtiera en poder afirmativo en el hombre que quiere perecer; y, consiguientemente, si la negación no reuniera, no totalizara todos los valores negativos para destruirlos desde un punto de vista que afirma. Bajo estas dos formas, lo negativo deja de ser una cualidad primera y un poder autónomo.

Todo lo negativo se ha convertido en poder de afirmar, sólo es la manera de ser de la afirmación como tal. Por eso Nietzsche insiste tanto en la distinción entre el resentimiento, poder de negar que se expresa en las fuerzas reactivas, y la agresividad, manera de ser activa de un poder de afirmar . Del principio al final de Zarathustra, el propio Zarathustra es seguido, imitado, tentado, comprometido por su «mono», su «bufón», su «enano», su «demonio».

Ahora bien, el demonio es el nihilismo: porque lo niega todo, lo desprecia todo, también él cree llevar la negación hasta el grado supremo. Pero al vivir de la negación como de un poder independiente, al no tener otra cualidad que lo negativo, únicamente es una criatura del resentimiento, del odio y de la venganza. Zarathustra le dice: «Desprecio tu desprecio… Sólo del amor y de mi ave anunciadora puede llegarme la voluntad de mi desprecio: pero no del pantano» . Esto significa: únicamente como poder de afirmar (amor) lo negativo alcanza su grado superior (elave anunciadora que precede y sigue a la afirmación); mientras lo negativo represente su propio poder o su propia cualidad, permanece en el pantano, es él mismo pantano (fuerzas reactivas). Sólo bajo el imperio de la afirmación lo negativo puede alzarse hasta el grado supremo, al mismo tiempo que se vence a sí mismo: subsiste, no ya como poder y cualidad, sino como manera de ser de quien es poderoso. Entonces, y sólo entonces, lo negativo es la agresividad, la negación se hace activa, la destrucción alegre.

 

Vemos a donde quiere ir a parar Nietzsche y a quien se opone. Se opone a cualquier forma de pensamiento que se mueva en el elemento de lo negativo, que se sirva de la negación como de un motor, de un poder y de una cualidad. Como algunos tienen la borrachera triste, un pensamiento así tiene la destrucción triste, lo trágico triste: es y sigue siendo pensamiento del resentimiento. Un pensamiento así, requiere dos negaciones para hacer una afirmación, es decir una apariencia de afirmación, un fantasma de afirmación.

(Así el resentimiento tiene necesidad de sus dos premisas negativas para concluir en la susodicha positividad de su consecuencia. O bien el ideal ascético tiene necesidad del resentimiento y de la mala conciencia, como de dos premisas negativas, para concluir en la susodicha positividad de lo divino. O bien la actividad genérica del hombre tiene necesidad dos veces de lo negativo para concluir que la susodicha positividad de las reapropiaciones).

 

Todo es falso y triste en este pensamiento representado por el bufón de Zarathustra: la actividad no es allí más que una reacción, la afirmación un fantasma. Zarathustra lo opone a la pura afirmación: la afirmación es necesaria y suficiente para hacer dos negaciones, dos negaciones que forman parte de los poderes de afirmar, que son las maneras de ser de la afirmación como tal. Y, de otra forma, lo veremos más adelante, son necesarias dos afirmaciones para hacer de la negación en su conjunto una manera de afirmar. Contra el resentimiento del pensador cristiano, la agresividad del pensador dionisíaco. A la famosa positividad de lo negativo Nietzsche opone su propio descubrimiento: la negatividad de lo positivo.

 

 

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