LA VOLUNTAD DE PODER EN EL MUNDO INORGÁNICO

INORG

La voluntad de poder, fuerza creativa y configuradora, se expresa en lo inorgánico a través de atracciones y repulsiones, de percepciones y sensaciones que unen a los centros de fuerza entre sí.

Nietzsche no tiene la pretensión de brindar solamente un esquema explicativo de todo lo que ocurre en el interior del mundo, sino que esto lo considera en su carácter constitutivo y creativo, como «laincesante voluntad de poder o de continua creación, o de transformación, o de autosometimiento».

Con base en la teoría de las fuerzas, el mundo es considerado como una grandeza determinada de fuerza y como un número determinado de centros de fuerza. Dado que la «magnitud de la fuerza universal está determinada» y es finita, el número de combinaciones entre las fuerzas, a pesar de ser «inmensamente grande», es también finito y determinado. El tiempo, en contrapartida, sí es infinito:

«Pero el tiempo, en el que el universo ejerce su fuerza, es ciertamente infinito, esto es, la fuerza es eternamente igual y eternamente activa: —hasta este instante ha transcurrido ya una eternidad, es decir, todos los desarrollos posibles tienen ya que haber existido. Consecuentemente, el desarrollo de este instante tiene que ser una repetición, y así también el que lo generó y el que nace de él, y así seguidamente hacia adelante y hacia atrás».

La teoría de las fuerzas está íntimamente relacionada, por lo tanto, con la doctrina del eterno retorno e implica admitir que en la relación entre las fuerzas no hay ninguna posibilidad nueva. Aunque la fuerza sea eternamente activa, ella no puede «crear» configuraciones nuevas ad infinitum. Aunque el juego creativo de las fuerzas tenga una limitación, él encierra, sin embargo, una abundancia y riqueza de formas: «La medida de la fuerza como grandeza [es] fija, pero su ‘esencia’ (Wesen) es fluida, tensional, coercitiva». El filósofo reconoce el valor de la interpretación mecanicista del mundo. El triunfo del modo de pensar mecanicista ateleológico sobre las concepciones metafísicas y religiosas, proporcionaría la hipótesis regulativa desde la cual la ciencia pudiese prosperar.

Entonces sería necesario ir más allá de la comprensión mecánica de la fuerza, de los conceptos de presión (Druck) y choque (Stoß), de causa y efecto, y avanzar en la dirección de una «interpretación dinámica del mundo» (eine dynamische Weltauslegung). Para comprender la «ley del desarrollo» (Entwicklungsgesetz) de cada impulso, sería necesario entender todo movimiento como voluntad depoder. Solo hay fuerzas y relaciones entre fuerzas actuantes —el hombre mismo es una organización de fuerzas. No basta, sin embargo, concebir las relaciones entre las fuerzas desde una perspectiva estrictamente física.

Al concepto de fuerza se le debe atribuir un complemento, una cualidad interna: la voluntad de poder. Visto desde adentro, el mundo seria una búsqueda insaciable por el ejercicio del poder, expresión de un «impulso creativo» (schaffender Trieb): «hay que asumir todos los movimientos, todos los ‘fenómenos’, todas las ‘leyes’, sólo como meros síntomas de un acontecer interno y servirse hasta el final del hombre como una analogía».

En el año que Nietzsche mencionó haber tenido la «visión» del eterno retorno, también otros pensamientos decisivos surgieron en su horizonte de pensamiento.

La confrontación con la «teoría del desencadenamiento» de Robert Mayer, y con la interpretación de Dühring de la respectiva teoría, abrieron nuevas perspectivas al pensamiento nietzscheano acerca de la naturaleza y del hombre, en la medida en que éste pasa a cuestionar de forma mas metódica todas las concepciones que afirman un orden racional del mundo, así como las insuficiencias del principio de conservación, tanto en la física de la época como en el darwinismo.

Más allá de los estudios relativos a las fuerzas físicas y a la constitución cosmológica, Nietzsche se ocupa también del pensamiento de Spinoza. La crítica al principio de autoconservación de Spinoza ocurre, inicialmente, a partir de una comprensión propia de organismo y de organización, la cual implica un alejamiento del modelo tradicional de organismo. A medida que Nietzsche empieza a comprender el mundo como lucha incesante de fuerzas, como acumulación y descarga de energía –alejándose del modelo del organismo–, hay también un profundo cambio en el enfoque de la elevación y superación humanas.

 La voluntad de poder, comprendida en su incondicionalidad y globalidad como incesante movimiento de acumulación y descarga de energía, como intensidad implícita en el dinamismo de las fuerzas, no conoce ninguna excepción.

En este mundo inhumano de la voluntad de poder, de la naturaleza desnu-da y pura (sin ninguna jerarquía valorativa humana), el más-allá-del-hombre nietzscheano pasa a segundo plano; o mejor dicho, es incompatible con tal comprensión de la naturaleza. Siendo así, existe una diferencia básica entre la comprensión de la voluntad de poder como vida de Así habló Zarathustra y el esfuerzo de proporcionar una interpretación de la naturaleza que fuese favorable al hombre, a saber, al hombre que quiere intensificar su poder y superarse a sí mismo –el más-allá-del-hombre.

La pregunta por la generación del tipo superior se coloca ahora en el plano más allá del bien y del mal de la voluntad de poder: «en el hombre grandioso se encuentran ampliadas las propiedades específicas de la vida: injusticia, mentira, explotación». Así como en el mundo inorgánico, «la vida misma es esencialmente apropiación, sobrepujamiento». En el texto fundamental homo natura, los impulsos (creativo-destructivos) poseerían la misma incondicionalidad de la voluntad de poder que sobrepasa el reino entero de la vida.

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