IL NICHILISMO SI AVVICINA ALL’ULTIMA META…

Non si prevede che questi fenomeni emergano in modo sorprendente o accecante. L’incrocio della linea, l’attraversamento del punto zero divide lo spettacolo; indica il mezzo, ma non il fine. La sicurezza è ancora lontana. Invece, la speranza sarà possibile. La pressione barometrica sarà migliore nonostante la minaccia esterna, e questo è più favorevole rispetto in quanto declini con ancora prospettive di sicurezza.

È ancora meno da supporre che i fenomeni diventeranno presto noti come teologici, se prendiamo la parola in maniera rigorosa. Piuttosto, si deve presumere che diventeranno visibili in quei campi con i quali la fede oggi ha una stretta relazione, e quindi con quelli del mondo dei numeri. E infatti bisogna riconoscere che, nei limiti in cui esistono la matematica e le scienze naturali, sono in atto forti cambiamenti. Le rappresentazioni astronomiche, fisiche e biologiche si trasformano in un modo che va oltre il semplice cambiamento dei teoremi.

Senza dubbio, questo non va oltre lo stile del officina, anche se una differenza significativa lampeggia. In sostanza, il panorama delle officine, come lo conosciamo, si basa su un abbattimento che va alla base delle vecchie forme, a beneficio di una maggiore dinamica nel processo di lavoro. È il caso dell’intero mondo delle macchine, del traffico e della guerra con la sua distruzione. Nelle immagini di orrore come nel fuoco della città, il disfacimento raggiunge la massima intensità. Il dolore è enorme, eppure la figura del tempo si realizza in mezzo all’annientamento storico. È un ombra cade sulla terra coltivata, sul suolo sacrificale. Seguono nuovi piani.

L’occhio medita ancora sul cambiamento di scenario, che deve essere distinto da quelli del mondo del progresso e della coscienza copernicana. C’è l’impressione che il sospeso, non meno della scena, avanzi in modo molto concreto ed entri in una nuova prospettiva. Si prevede anche che nuove figure appariranno in questo sfondo.

Inoltre, nessuno trascurerà il fatto che il nichilismo si sta avvicinando agli obiettivi finali nel mondo degli eventi. Mentre al contrario il corpo è ancora al sicuro, il capo è già minacciato da questo evento. Ora è il contrario. Il capo è oltre la linea. Nel frattempo, il basso dinamismo continua a crescere e minaccia di esplodere. Viviamo con il terribile accumulo di proiettili calcolati per l’annientamento, senza distinzioni, di gran parte dell’umanità. Non è un caso che queste stesse forze, screditino il soldato che ancora conosce le regole di combattimento e la differenza tra guerrieri e disarmati.

Pertanto, il processo non dovrebbe essere condannato come assolutamente insignificante. Non serve a niente chiudergli gli occhi. È un’espressione della guerra civile mondiale in cui siamo immersi. L’incredibile potere e i mezzi possono essere dedotti da cui è in gioco l’insieme. A ciò si aggiunge lo stile della comunità. Tutto ciò indica lo stato mondiale. Già non riguarda le questioni di stato nazionale, né i confini di grandi spazi. Riguarda i pianeti.

Questa è un primo sguardo di speranza. Per la prima volta viene raggiunto un obiettivo fermo e serio nel mezzo dei progressi e dei cambiamenti senza limiti. Né la volontà di raggiungerlo è interamente una questione di potere politico – piuttosto corrisponde all’opinione ascoltata in ogni angolo di strada, in qualsiasi settore.

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No hay que esperar que esos fenómenos afloren de modo sorprendente o cegador. El cruce de la línea, el paso del punto cero divide el espectáculo; indica el medio, pero no el final. La seguridad está todavía muy lejos. En cambio, será posible la esperanza. La presión barométrica será mejor a pesar de la amenaza externa, y esto es más favorable que si cayera habiendo todavía perspectivas de seguridad.

Hay que suponer todavía menos que los fenómenos se darán a conocer enseguida como teológicos, si tomamos la palabra en sentido estricto. Hay que suponer, más bien, que se harán visibles en aquellos campos con los que hoy la fe tiene estrecha relación, y por tanto, con los del mundo de cifras. Y de hecho hay que reconocer que, en los límites en los que se tocan las matemáticas y las ciencias de la naturaleza, están en marcha fuertes cambios. Se transforman las representaciones astronómicas, físicas y biológicas de un modo que sobrepasa el mero cambio de teoremas.

Sin duda, con ello no vamos más allá del estilo de taller, aunque una diferencia significativa relampaguea. En lo esencial, el paisaje de taller, tal como lo conocemos, se basa en una demolición que llega hasta el fondo de las viejas formas, en beneficio de una dinámica mayor en el proceso de trabajo. Es el caso de todo el mundo de las máquinas, del tráfico, y de la guerra con sus destrucciones. En las imágenes de horror como en la del incendio de ciudades la demolición alcanza su máxima intensidad. El dolor es enorme y, sin embargo, la figura del tiempo se realiza en medio de la aniquilación histórica. Su sombra cae sobre la tierra labrada, sobre el suelo sacrificial. Le siguen los nuevos planos.

Todavía medita el ojo sobre el cambio de los decorados, que hay que distinguir de los del mundo del progreso y de la conciencia copernicana. Se tiene la impresión de que el cielo raso, no menos que la escena, avanzan de manera sumamente concreta y entran en una nueva óptica. Es de prever que aparezcan también en ese teatro nuevas figuras.

Además, a nadie se le pasará por alto que en el mundo de los hechos el nihilismo se acerca a las últimas metas. Sólo que la cabeza ya estaba amenazada con la entrada en su zona, pero el cuerpo, al contrario, todavía estaba seguro. Ahora es a la inversa. La cabeza está más allá de la línea. Entretanto sigue aumentando el dinamismo inferior y amenaza con explotar. Convivimos con la espantosa acumulación de proyectiles que están calculados para la aniquilación, sin distinción, de gran parte de la humanidad. No es ninguna casualidad que actúen aquí las mismas fuerzas que desacreditan al soldado que conoce todavía reglas de lucha y la diferencia entre guerreros e indefensos.

Por ello no debe condenarse el proceso como absolutamente sin sentido. No sirve de nada que se cierren los ojos ante él. Es una expresión de la guerra civil mundial en que estamos inmersos. Lo increíble de los poderes y de los medios puede deducirse de que de ahora en adelante está en juego la totalidad. A eso se añade la comunidad de estilo. Todo esto apunta al Estado mundial. Ya no se trata de cuestiones nacional-estatales, tampoco de delimitaciones de grandes espacios. Se trata de planetas.

Esto es una primera mirada de esperanza. Por primera vez se encuentra una meta firme y seria en medio del progreso sin límites y de su cambio. Tampoco la voluntad de alcanzarlo es enteramente cuestión de poder político —sino que más bien corresponde a la opinión que se oye en cualquier esquina de la calle, en cualquier departamento.

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