LA NUEVA INTERPRETACIÓN DE NIETZSCHE (LA VOLUNTAD DE PODER)

VOLUNTAD DE PODER

 

 

 

 

 

 

No podemos decir qué sea el mundo en su totalidad. Es falso transformar todos los procesos del mundo por nosotros conocidos, y decir: “todo es voluntad (todo quiere); todo es placer o displacer (todo sufre); todo es movimiento (todo fluye); todo es sonido (todo suena); todo es espíritu (todo piensa); todo es número (todo calcula)”. Nietzsche previene en contra de todas las representaciones del Todo:

“Guardémonos de pensar que el mundo es un ser viviente. . . que el universo es una máquina… Guardémonos de decir que en la naturaleza hay leyes… Guardémonos de pensar que el mundo crea, eternamente, cosas nuevas.” Todas esas “sombras de Dios” oscurecen al ser real (5,147 sq.). Estamos en el mundo; pero la totalidad del mismo, en cuanto totalidad, no es alcanzable por nosotros.

 

En un comienzo nos asombra el hecho de que, después de semejantes opiniones decisivas de Nietzsche, él mismo haya cumplido una interpretación nueva y total del mundo, que afirma lo que éste es. Hay que ver en qué sentido pudo intentarlo. En efecto, piensa en un ser que no puede tener un significado particular e interpretado y, luego, convertido en absoluto. ¿Qué es? “Tendrá que ser algo: no un sujeto ni un objeto, ni fuerza ni materia, ni espíritu ni alma. Pero, se me dirá que, algo semejante, se podría confundir con una quimera.

 

Yo mismo lo creo así, y sería malo si no lo creyese. Es cierto que también se podría confundir con todo lo demás que existe o que puede existir, y no sólo con la quimera. Tiene que haber algo con un gran parecido de familia, en lo cual todo se reconocería como siendo afín”.

 

Las anteriores proposiciones expresan, de modo grandioso, la amplitud y el sentido del pensamiento de Nietzsche referido al ser. Rechaza toda precisión de carácter particular, en el caso de que ella pudiese aplicarse al ser. No obstante, la interpretación del mundo de Nietzsche parece volver a cumplir, de hecho, semejante particularización.

 

A lo que es en sentido propio, y a todo lo que es, Nietzsche lo denomina, enprimer término, vida. Luego, encuentra que donde está la vida, está también la voluntad de poder. Puesto que toda vida muestra voluntad de poder, ésta se debe “considerar como la fórmula empequeñecida de una tendencia total.

 

Por eso, una mera fijación del concepto Vida’ está en la voluntad de poder”.

 

Luego, continúa Nietzsche: “la vida sólo consiste en un c a-s o especial de la voluntad de poder: es por completo arbitrario afirmar que el todo aspira a adoptar esta forma de la voluntad de poder” . Ahora bien: “la esencia más íntima del ser está en la voluntad de poder”.

 

Pero la vida —que sólo es una modalidad del ser— no constituye lo último: “donde hay decadencia… la vida se sacrifica, en virtud del poder”. “Lo más grandioso… para la vida al servicio del poder” . Por ese camino, Nietzsche llega a una determinación semejante a la de los antiguos metafísicos. “Visto el mundo desde dentro, determinado y designado por el ‘carácter inteligible’ del mismo, sería, justamente, Voluntad de poder’ y nada más”.

Aquello que es el ser nos es accesible, a nosotros, por la vida y por lavoluntad de poder: “el grado de nuestro sentimiento de la vida y del poder… nos da la medida del ser”. El “ser” consiste en la “generalización del concepto de Vida’… ‘querer, actuar’, llegar a ser'”.

 

Pero “vida” y “voluntad de poder” son palabras que, por su sentido inmediato y arbitrario, no aciertan todavía con el significado determinado, biológico y psicológico que Nietzsche tiene ante los ojos. Lo que dichos vocablos son enerdad, puesto que el ser mismo debe ser alcanzado por ellos, sigue siendo “insondable.

 

Debemos retener la amplitud de la interpretación nietzscheana contenida en esas afirmaciones. Tal interpretación del mundo no constituye un conocimiento propiamente dicho. La incog-noscibilidad del ser, entendido como vida y como voluntad de poder, reside en la circunstancia de que sólo concebimos aquello que, de antemano, hemos construido nosotros mismos. “Cuanto más cognoscible es algo, tanto más se aleja del ser, tanto más es un concepto”.

 

La interpretación de Nietzsche, que sabe que todo saber es interpretación, introduce dicho saber en la propia interpretación, mediante la idea de que la voluntad de poder misma constituye el impulso de la interpretación, en todas partes actuante e infinitamente diverso. La interpretación de Nietzsche es, en efecto, una interpretación de la interpretación y, por ello, diferente de todas las interpretaciones anteriores. Comparadas con la suya, eran ingenuas, puesto que carecían de la autcconciencia del acto de interpretar.

 

Se tiene que intentar el trazado de las líneas fundamentales de los pensamientos por los cuales Nietzsche quería aclarar el ser insondable, designado con las palabras “vida” y “voluntad de poder”. En primer lugar, presentaremos la i n-terpretación fundamental como tal; luego echaremos una mirada sobre el dominio de que se parte de modo intuitivo, con lo cual se llenan aquellas ideas fundamentales y, finalmente, desplegaremos la interpretación, realizada por Nietzsche, hasta en sus detalles, puesto que ella abarca el mundo entero, entendido como manifestación de la voluntad de poder.

 

La interpretación fundamental. Conviene reducir la complejidad de las determinaciones, que en Nietzsche están dispersas, de tal modo que el profundo y el amplio sentido que, en las proposiciones singulares parecen haberse perdido, vuelvan a surgir de la manera más decisiva posible. Ninguna determinación como tal puede acertar con dicho significado, puesto que, en tanto determinación, es particular. Pero sólo se puede pensar por determinaciones, únicamente en su conjunto se puede expresar el sentido propiamente dicho, aunque en lo particular se pueda también falsearlo.

 

La determinación fundamental de la vida, entendida como voluntad de poder. La vida es apreciación. “Para vivir se tiene que apreciar” . Puesto que la vida es apreciar, preferir, estar limitado, querer ser diferente, ella, con respecto a la naturaleza, será un querer ser-otro. En efecto, la naturaleza es pródiga, desmesurada e indiferente. Pero el ser no es un otro que sea apreciado, sino que es esa apreciación misma: “Este ser es el apreciar mismo, y al decir ‘no’ hacemos, sin embargo, lo que somos”.

En el flujo del devenir, la vida, que constantemente aprecia, establece los valores a los cuales se somete. “Todo ser vivo es obediente” . Pero ese instinto, el más bajo posible, sigue siendo lo más oculto de todo querer, “porque, in praxi, seguimos su mandato, porque nosotros somos ese mandato.

 

“Querer no es desear, aspirar, anhelar: se distingue de ellos por el sentimiento de comando”. Querer es querer algo: al querer le pertenece el hecho de que algo sea ordenado.

La vida —que es valorar y querer, obedecer y ordenar— tiene, constantemente, un criterio de su éxito. “La vida es fuente de placer”.

Puesto que “la esencia más íntima del ser está en la voluntad de poder, elplacer siempre es crecimiento de poder. El displacer consiste en el sentimiento de no poder resistir, de no llegar a ser señor” . “Una acción a la que fuerza el instinto de la vida, tiene en el placer la prueba de ser una acción justa”.

 

“Pero, ¿quién siente placer?. .. Pero, ¿quién quiere poder?… ¡Absurdas preguntas! ¡Si a esencia misma es voluntad de poder y, por consecuencia, sentimiento de placer y de displacer!” . En efecto: “la voluntad de poder es el último hecho al cual descendemos”. La voluntad de poder constituye “la esencia más íntima del ser”, es decir, la esencia del mundo.

 

Determinaciones fundamentales obtenidas mediante el conflicto. Ninguna de esas determinaciones fundamentales y elementales podrían existir sin el conflicto. “Los opuestos, las resistencias y, por tanto, de un modo relativo, las unidades superiores, son necesarios” . Visto ese conflicto como tal, se muestra como el combate consigo y con lo otro: en ambos casos, brota una voluntad de crecimiento, de un querer ser más. (“Tenemos, y queremos tener más: el crecimiento es la vida misma.”).

 

La vida sólo vive “a costa de otra vida”. Por eso, “en esencia, ella es apropiación, dominio de lo ajeno y de lo débil, incorporación y, cuando menos, explotación”. Eso significa que “la. vida, en sus funciones fundamentales, procede, esencialmente, por infracción, por violencia, por aniquilación e, incluso, no puede ser pensada sin ese carácter”.

 

Con otras palabras: la vida es un incesante proceso de “fijación de relaciones de poder. ..; un combate, supuesto que se entienda esta palabra de un modo tan amplio y tan profundo que, mediante ella, se comprenda como una lucha a la relación existente entre el dominante y el dominado y como una resistencia a la relación que hay entre el que obedece y el que domina”. Luego, Nietzsche no sólo determina la vida “como una forma continua de procesos en los cuales se establece la fuerza”, sino que, al mirar al ser mismo, ve “todo acontecer, todo devenir, como el establecimiento de relaciones de grado y de fuerza”.

 

La vida no sólo vive a expensas de la vida ajena, sino también de la propia.

 

La vida es aquello que “siempre se tiene que superar a sí mismo”.

 

“Vivir significa separarse continuamente de algo que quiere morir” .

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