CULMINACIÓN ±

CULMINACIÓN

 

 

 

 

 

 

 

Para comprender mejor esto, veamos lo que dice Bruno Bauer, acerca de la Reforma y el comentario de Stirner a las palabras de Bauer: “La Reforma –dice Bruno Bauer- fue, ante todo, el divorcio teórico entre el principio religioso y el arte, el Estado y la ciencia, es decir, su liberación de las potencias con las que había estado íntimamente ligado durante los primeros tiempos de la Iglesia y la jerarquía de la Edad Media;

y las instituciones teológicas y religiosas nacidas de la Reforma no son más que las consecuencias lógicas de esa separación entre el principio religioso y las demás potencias de la Humanidad.

Comenta Stirner, “Lo contrario me parece más exacto: pienso que nunca la dominación del Espíritu o, lo que viene a ser lo mismo, la libertad del Espíritu, ha sido tan extensa y tan omnipotente como desde la Reforma, puesto que, lejos de romper con el arte, el Estado y la ciencia, el principio religioso no ha hecho más que penetrarlos, quitarles lo que les quedaba de secular, para llevarlos al “reino del Espíritu” y volverlos religiosos.

Con estas palabras podemos ver a lo que apunta Stirner. Lutero es el continuador del cristianismo que, en manos del catolicismo no hacía más que hacer de lo laico lo santificado, por medio de la bendición. En efecto, el católico no logra romper con el mundo, sólo lo santifica y se lo apropia mediante esta santificación, mas no eliminando lo mundano. Va a ser el protestante quien logrará este nuevo vacío. Va a ser éste quien haga de lo mundano algodivino.

“Se alaba el protestantismo por haber devuelto importancia a lo temporal, como, por ejemplo, al matrimonio, al Estado, etc. Pero en realidad, lo temporal en cuanto temporal, lo profano, le es mucho más indiferente que al catolicismo; no sólo el católico deja subsistir al mundo profano, sino que no se priva de gustar los goces mundanos, en tanto que el protestante, cuando razona y es consecuente, trabaja en aniquilar lo temporal por el solo hecho que lo santifica”.

De este modo, Lutero, da el próximo avance de los modernos, despojando al mundo de lo mundano y divinizándolo, lo hace Espíritu. ¿Cómo podemos ver esto en Lutero? Stirner va a decir que el Protestante, que, por ejemplo, está de acuerdo con el matrimonio, lo está en tanto ve lo divino en el matrimonio y destruye lo mundano, lo secular en élComo se dijo, “ve en todo su huella”. Mientras que el católico se limitó a darle otro estatus a algunos objetos (o relaciones) que son mundanos, los Santifica, los hace sagrados.

El moderno, como lo hizo el antiguo con el mundo circundante, va a escudriñar el espíritu heredado por los últimos intentos de aquellos, para librar del mundo al espíritu, para hacerse espíritu. Con el protestantismo se llega a la culminación del cristianismo, va a señalar Stirner, pues, así como la sofistica, el cristiano se permitió, bajo la voz de la razón, jugar con ésta, con el Espíritu, mas sólo era necesario declarar la fe, el sentimiento y consentimiento, del corazón cristiano.

La Reforma, el protestante, toma el corazón cristiano-católico y, vaciándolo de lo mundano, ve solo el Espíritu, la divinidad en lo secular. Diviniza el mundo. Así el moderno roe el Espíritu hasta el punto de ver en todo a éste. Stirner va a decir que Lutero, ya antes que Descartes, “saca a la luz ese principio de

que, siendo la verdad pensamiento, no existe más que para el hombre que piensa”. Lutero ve la necesidad de que, para acceder a la verdad hay que hacerse espíritu, pues ésta está más allá del mundo, al igual que el Espíritu. Así, solamente, es menester tener fe, creer, ser pensamiento, ser espíritu, pues “el igual solo reconoce al igual”

Interesante es ver la relación que hace Stirner con una frase que le adjudica a Lutero, “el que cree, es un dios”, y el “cogito, sum” de Descartes. El autor ve toda creencia, fe, como pensamiento, como razonamiento, como espíritu. Siendo así, la semejanza es notoria, pues de ambos, del que cree y del que piensa (que para Stirner es lo mismo) se hace espíritu.

 

Con Lutero acaba la edad media, comienza la moderna. Ya se habrá notado que la Edad Media se toma como la moderna, aunque en un sentido “menor”, podríamos decir, pues ahí, si bien vivían por y para el Espíritu, no escudriñaron con fervor éste hasta penetrarlo con el pensamiento. Su carácter sagrado impedía, como impide hoy, en otras ideas, cuestionar de un modo veraz. En efecto, el dogma en la Edad Media mantenía con vida o mataba.

Por otro lado Stirner señala que la edad media había tenido la creencia de poder obtener la verdad, se figuraron capaces de llegar a la verdad por medio de la razón, mas no aun la razón de Descartes, dedijimos antes, es Lutero quien ve la necesidad de hacerse verdad, para obtener, llegar, conocer, vislumbrar, la verdad; desprenderse del mundo material, pues la verdad es inmaterial; hacerse pensamiento, pues la verdad es pensamiento, idea; hacerse espíritu, pues el Espíritu es la verdad. Aquí está el salto de la Edad Media a la “Moderna”, y lo podemos ver en la Reforma, que como señaló Stirner, “fue justamente eso, una reforma” la cual no destruyó71, sino que vino a mejorar la jerarquía de la Edad Media. Dice Stirner: “Esta jerarquía de la Edad Media era enfermiza y débil, porque se había visto obligada a tolerar en torno de ella toda la barbarie de los profanos”.

 

Así, con Lutero, ya tenemos la tendencia de la modernidad, la “razón-racionalizada”, tendencia que seguirá Descartes. En efecto, Stirner ve en la implicación del dubitare cartesiano, la pureza del cristianismo, pues, lo que es, es el pensar, el Espíritu. “Tal es el principio de la filosofía moderna, que es el principio cristiano en toda su pureza. Descartes separaba claramente el cuerpo del espíritu; y “es el espíritu que se fabrica un cuerpo”, dice Goethe”.

 

Ahora bien, con este nuevo punto de vista, que Stirner se lo adjudica a Lutero, el ser humano se hace espíritu. “Si los antiguos -va a decir Stirner- no produjeron más que una cosmología, los modernos no pasaron jamás de la teología”. Los primeros combatieron contra ese más allá exterior, y lo penetraron hasta llegar al Espíritu (del mundo). Los segundos, con este Espíritu, comenzaron la batalla interior, el más allá interior. “El enemigo de los antiguos había sido exterior; el de los cristianos (modernos) fue

interior, y el campo de batalla en el que llegaron a las manos fue la intimidad de su pensamiento, de su conciencia.”

Pero no fue Lutero, ni su época, los últimos modernos, o como dirá Stirner, los más modernos de los modernos, y no nos referimos a aquello que los historiadores de la filosofía llaman “filosofía moderna”, sino a sus contemporáneos, su presente (o al menos su época).

Ya vimos que Stirner participó del grupo de los hegelianos de izquierda llamados los “libres”. Así, a estos últimos modernos los va a llamar Stirner, “Los libres”. Éstos que inútilmente han intentado traspasar el Espíritu, así como el antiguo traspasó el mundo. Y con esto se lo apropió.

 

Podemos ver que la Reforma viene a seguir las leyes de la dialéctica pues, al no destruir la jerarquía de la edadCon aquellos que creen que la reforma de Lutero fue la separación del principio religioso de la ciencia, el Estado y el arte, se mantiene también la semilla del Espíritu heredado de los antiguos a los primeros modernos, cristianos, llamándolo Dios y, extrapolado por los más modernos de los modernos, a su moderna idea de Hombre, de Humanidad. Pues, como señala Stirner con respecto a Lutero, el hombre debe hacerse Espíritu, para llegar al Espíritu, la Verdad, el Hombre. El hombre debe hacerse Hombre. Y como el idealista ve en todo la huella de la idea. Sólo verá en ti, en mí, en los hombres, al Hombre. Y exigirá que en él se vea lo mismo. “El igual solo reconoce a su igual”.

 

A esta actualidad de su época, 1800, Stirner la va a clasificar en tres especies de liberalismo; Liberalismo Político; Liberalismo social; Liberalismo humanista.78. Comencemos con el liberalismo político.

“Llegaron a penetrar”, primero el mundo, luego lo que está más allá del mundo, el Espíritu. Y cuál fue la bandera de lucha de los burgueses revolucionarios, el Hombre. He aquí el fantasma heredado por los primeros modernos ¿es qué acaso no traspasó el cristianismo la idea misma de dios y lo hizo hombre, corporeidad. Así, es el Hombre, la idea a tender; el Hombre, el ideal; mas, como toda idea, no es sino un fantasma. La revolución, que aquí podríamos hasta tratarla de “razón”, alzó ésta última y enterró a Dios.

Ya no es Dios el ideal, dios ha muerto, hemos traspasado (separado, dirán los protestantes, los modernos) a Dios, pues Dios nos era inalcanzable. Hagámoslo Hombre, Cristo. El moderno, el último moderno de Stirner, “destruye” la idea, pues la materializa. El antiguo idealizó el mundo, el moderno va a realizar la idea, va a traspasarla, como hizo el antiguo traspasando el mundo hasta su idealización, hasta su ideal.

¿Cómo traspasa el moderno, los más modernos de los modernos, la idea misma? Materializándola, mas si lo hace, deja de ser idea ¿Cómo termina? Con la idea de corporeidad más cercana a cada uno, es decir, la idea de nuestro cuerpo, nuestro cuerpo humano. Tenemos un cuerpo, un cuerpo no de perro, no de gato, no de caballo, un cuerpo de hombre. Éste ultimo, es la idea que va a alojar ese juego de “corpóreo/incorpóreo”.

En efecto, la idea de Hombre crea en el individuo, en las personas, en los hombres, lasensación de realidad de aquello que llaman el Hombre por el hecho concreto de que cada uno de ellos, de nosotros, somos hombres, mas no el Hombre. ¿Cómo ser el Hombre, sin dejar de ser este hombre, de ser Yo? Stirner, en el capítulo dedicado a los liberales, apunta sus ataques en contra de las ideas que tomaron el puesto del antiguo Dios cristianolas ideas de Estado, Sociedad, las cuales van a culminar, y empezar también, en la idea de Hombre.

 

Stirner va a decir respecto del liberalismo político que, para éste, “la libertad del hombre es la libertad de las personas, de dominación personal, es la libertad personal garantizando a cada individuo contra los demás individuos”, es decir, “nadie tiene derecho a dar órdenes, solo la ley ordena”, el Estado. Así el hombre se “liberó” de la arbitrariedad de las castas privilegiadas. Se “liberó” a los hombres de los hombres, pues todos son iguales ante la ley, ante el Estado (ante la noción de competencia propia del Estado liberal).

 

Stirner tiene la imagen del tercer Estado, la burguesía, reclamando la igualdad que las castas privilegiadas le negaban. “La burguesía se desarrolló en el curso de la lucha contra las castas privilegiadas, que la trataban sin consideración como tercer Estado, y la confundían con la canalla”. En efecto, la burguesía postulando inútilmente a cargos que los hijos de los nobles estaban llamados por derecho, llevó a alzar el grito de igualdad. ¡Somos todos iguales!.

Esta igualdad se forjó bajo la sombra del Estado, el cual declaraba la igualdad y libertad de todos ¿y en qué consiste esa igualdad otorgada, proclamada como bandera del Estado, por la revolución, va a decir Stirner? “Simplemente que el Estado no tiene en cuenta mi persona, que yo soy a sus ojos igual que cualquier otro, y que no tengo mayor importancia para él”.83 Mas esta igualdad proclamada por la burguesía, igualdad de todos bajo el Estado, no logra, aun, la libertad frente a la propiedad misma, es decir, liberar a los hombres, no al Hombre, de la propiedad. En efecto, el Estado deja que los ciudadanos, en sus vidas privadas, realicen sus tratos privados, pues el Estado es impotente en cuanto al hacerse del dinero de sus ciudadanos. De ahí que Stirner señale que los que siempre se vieron súbditos, se vieron ahora propietarios, los burgueses. Mas con esto acabará el liberalismo social.

El Liberalismo social lo verá Stirner en el comunismo. Y así como en el liberalismo que alza la idea de Estado, este liberalismo alzará la idea de sociedad. En el liberalismo anterior podíamos encontrar la noción de un dios terrenal en el sentido de que el Estado viene a presentarse como institución terrenal, (así como lo muestra Lutero con respecto a la iglesia), surgida de los hombres. Aun cuando éste, en tanto idea de Estado, no tenga mayor terrenidad que la que pueda tener la noción, la idea, de sociedad. En efecto, la sociedad, en tanto sociedad no es más real que lo que puede llegar a ser la idea de paz, de amor, de libertad, no es más que una idea entendida como in-corpórea. “-¿Quién es esa persona a la que se llama “todos”? -¡Es la sociedad! -¿tiene, entonces, un cuerpo? –Nosotros somos su cuerpo. -¿Ustedes?

¡Vamos! Ustedes no son un cuerpo; tú tienes un cuerpo y él también, y aquel tercero lo mismo; pero

todos juntos son solamente cuerpos y no Un cuerpo”84. Y es esta, la sociedad, la que va a acabar con la propiedad, pues, si sólo manda, ordena, el Estado, sólo posee la sociedad. “A nuestra libertad frente a las personas le falta, todavía, la libertad frente a lo que les permite a unos a oprimir al resto, a lo que es el fundamento del poder personal, es decir, la libertad frente a la propiedad personal, suprimamos, entonces, la libertad personal. Que ninguno posea nada, que todos seamos indigentes”.

En efecto, la igualdad del liberalismo político, se resumía a liberar a las personas, en el sentido que se liberaban de los privilegios otorgados arbitrariamente. Ahora sólo el Estado da privilegios, y como la burguesía se alzó como ese Estado, ella fue la que heredó los privilegios de las antiguas castas privilegiadas. Se han liberado de las personas, de los particulares. Están todos bajo el Estado, son todos iguales. Así también la sociedad, el liberalismo social, los liberará de la propiedad, sólo ella, la sociedad, como se dijo, posee.

 

El liberalismo humanista verá, ante todo, al Hombre. “Así como el Estado confiscó la voluntad y la sociedad acaparó la propiedad, el Hombre, a su vez, debe totalizar los pensamientos individuales y hacer de ellos el pensamiento humano, pura y universalmente humano”. Es el Hombre, la idea de Humanidad, la que va a liberar al hombre del individuo, del egoísta. El Estado burgués lo libero de las voluntades particulares; la sociedad lo liberó de la propiedad; el Hombre lo liberó definitivamente del egoísta, ya que éste, primero secuela por la propiedad en el Estado, luego por la individualidad en la sociedad. Solamente el Hombre, el humanista, libera a los hombres del egoísta, del individuo, y ya no ve en ti, en mí, más que al Hombre, mas no al hombre frente a él.

 

Ahora bien, ya podemos empezar a vislumbrar con mas claridad el rotulo de egoísta que, como señalamos, Stirner no se va a molestar en negar, es más, lo llegará a fundamentar.

En efecto, los antiguos tomaron al mundo por verdad, mas no los convenció, lo negaron y se hicieron propietarios de él. Vació el mundo y lo fundó en un meta-mundo, en un mundo más-allá. El mundo, contrariado a él, cae fútil a sus ojos. Ahí nació el moderno, con la muerte de este mundo, y el auge preeminente del Espíritu. El moderno, vuelto a las ideas, mas no a las cosas, sino a los pensamientos que de estas cosas extrae, se somete, se vuelve, un “poseído”, dirá Stirner.

El moderno destruye el mundo y crea en su lugar uno ideal, uno de ideas, y así busca en todo la idea ¿Qué intentará negar entonces el moderno, si el antiguo negó el mundo? La idea, el Espíritu. ¿Lo logró? No. Como señalamos en el párrafo anterior, esta actitud del moderno, que no es más que la expresión máxima del cristianismo ejecutada bajo la guillotina de Lutero, con el cual rodó la cabeza “real” y se puso en su lugar la ideal, se extrapoló a las nociones de Estado, de sociedad, de Hombre, Humanidad, entre otras. Son éstas los nuevos Fantasmas89 que aquellos poseídos ven en mí, en ti, quieren ver en todas

partes. He aquí la obra máxima de Lutero, del cristianismo. Hemos divinizado todo, tanto hasta rechazar lo divino, pero solo en tanto la Divinidad, Dios, mas no en los otros ámbitos de la vida. Mas no en torno al Hombre, que es, ante todo, la nueva idea que vino a ocupar el trono del Dios cristiano, es ésta la obrade los más modernos de los modernos, del liberalismo. “El liberalismo no hizo más que poner otras ideas sobre la mesa.

Reemplazó lo divino con lo Humano, la iglesia con el Estado, al fiel con el sabio, o, en general, los dogmas toscos y los aforismos anticuados con conceptos reales y leyes eternas”. Con esto el moderno no logra llegar a una real destrucción de la idea, del Espíritu. No hace más que mudarla (de ahí que Stirner señalara que la reforma, más que separar lo religioso del Estado, el arte y la ciencia, los tomó y los hizo divinos, es decir, sagrados).

Así fue el paso de Lutero; bajar la divinidad a la tierra, plantar el punto de vista, como señala Stirner, donde el hombre se hace espíritu para llegar al Espíritu.

El último moderno, poseído por la idea obsesiva del Hombre, ve en todo la huella del Hombre, de la Humanidad. Es éste su nuevo amo, su nuevo Dios. Stirner va a ver cómo el individuo, el hombre particular, se pierde en todas estas nociones, en los pensamientos, en la idea. Cómo se sacrifica el individuo, al absoluto. El liberalismo, bajo sus tres formas, que son para Stirner lo más modernos de los modernos, será el altar para los sacrificios del individuo, bajo el nombre de la Humanidad, del Hombre.

He aquí el nuevo Dios.

Con los antiguos buscando la divinidad más allá del mundo real, pues éste ya se lo habían apropiado, no existía aún una apropiación del individuo, sino que un descubrimiento. El hombre reconoce en él un espíritu, mas reconoce también que no es Espíritu perfecto, “aun espíritu como soy, no soy espíritu perfecto y debo empezar por buscar ese espíritu perfecto”, pues este espíritu no es ni el mío ni el tuyo, es un espíritu ideal, superior. Es Dios. “Dios es el espíritu”. Y se vuelve a perder en la búsqueda de aquel Espíritu. Éste es ya el moderno. Éste, que ya no vuelto hacia un más allá exterior, como lo era el antiguo, se vuelve a un más allá interior. Es este punto en común lo que impedirá el “ascenso”, el “paso”, al Único.

El estar vuelto a un “más allá” llevará al individuo a la imposibilidad de poseerse, pues no se desarrollará él en el transcurso de su vida, desarrollará aquello a lo que en el “más allá” busca, por ejemplo, la Libertad. En efecto podemos ver que la historia de la humanidad no ha buscado más que un sólo fin; lo universal, lo general, el todo. Y es en esta búsqueda desenfrenada que se pierde el individuo, in-corpóreo, o real e ideal, que viene a ser lo mismo, no se puede destruir, como señala Stirner, más que con un tercer término, “la contradicción entre ambos términos no puede resolverse al menos que algo los aniquile. Sólo en este algo, en este tercer término, desaparece la contradicción”. Mas como hemos señalado, el Único es imposible bajo la forma del más allá. Por tanto, es menester

romper con el más allá.

Pero romper con el más allá ¿no es romper con la tradición más antigua de la filosofía?, ¿no es romper,con la filosofía misma, entendida, como dijera el estagirita, como filosofía primera? En efecto, romper con ese más allá que reclama Stirner es romper con la tradición metafísica que se ha arrastrado desde los comienzos del filosofar mismo, es señalar con el dedo a tal disciplina y acusarla no tan solo de llenar el mundo de fantasmas (y no tan solo como señalará luego el círculo de Viena, y ya antes Hume y Bacon), sino también de hacernos fantasmas, de no ver más que en mí, en ti, en aquel, un fantasma.

Ya vimos en Stirner a qué apuntaba con fantasma, ¿acaso no ve en mí, el humanista, más que al Hombre?

Mas la metafísica ¿ve en mí un hombre? No. Ve en ti aquel fantasma que llama, que nombra, ente en general, y que terminará siendo el ser mismo. Si bien el humanismo, la religión del moderno, con su Dios-Hombre, pone a todos los individuos (humanos) al nivel de hombres; el Estado pone a todos al nivel de ciudadanos; la metafísica pone a todos al nivel de entes. Mas no se queda ahí, en el plano óntico.

Lo lleva al plano ontológico, y habla del ser del ente, el cual está más allá del ente y, al igual que el Hombre en el individuo, si éste muere, aquél no, pues posee una “realidad” independiente del individuo, mas solo se manifiesta en él. ¿Mas como podemos notar tal semejanza? Es menester así, revisar desde esta perspectiva la filosofía primera, la metafísica, no tan solo en su definición, sino también en su objeto de estudio y todo aquello que se nos presente como tal disciplina.

 

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