LOS LIBRES:EL COMUNISMO II

Stirner_Der_Einzige_und_sein_Eigentum_djvu

 

 

 

 

 

 

Por tanto:

 Estado de necesidad = estado actual de cosas.

Estado actual de cosas = estado.

Status = Estado.

Luego, estado de necesidad = Estado.

 

¿Puede nada “parecer más simple”? “Sólo es de extrañar” que los burgueses ingleses de 1688 y los franceses de 1789 no “establecieran” estas “sencillas reflexiones” y ecuaciones, en aquellos tiempos en que la ecuación estado status = el Estado era todavía más clara que hoy. De donde se sigue que dondequiera que exista un “estado de necesidad”, debe abolirse “el Estado”, que, naturalmente, es el mismo en Prusia que en Norteamérica.

 

San Sancho, siguiendo su costumbre, emite ahora unos cuantos proverbios salomónicos.

 

Proverbio salomónico núm. 1, pág. 163. “Los sociales no piensan que la sociedad es en modo alguno un Yo que pueda dar, etc., sino un instrumento, del que podemos extraer provecho; que no tenemos deberes sociales, sino simplemente intereses, que no debemos a la sociedad ninguna clase de sacrificios, sino que, al sacrificar algo, nos sacrificamos nosotros; no piensan así, porque se hallan encuadrados dentro del principio religioso y aspiran afanosamente a una sociedad sagrada”.

 

De donde se derivan las siguientes “penetraciones” en lo que es el comunismo:

 

1) San Sancho se ha olvidado totalmente de que era él mismo quien convertía “la sociedad” en un “Yo” y de que se halla, por tanto, en su propia “sociedad”;

 

2) cree que los comunistas esperan que “la sociedad” les “dé” algo, mientras ellos se dan, a lo sumo, una sociedad;

 

3) convierte la sociedad, antes de que exista, en un instrumento del que trata de extraer provecho, sin que él y otra gente, mediante su comportamiento social mutuo, haya producido una sociedad y, por tanto, este “instrumento”;

 

4) cree que en la sociedad comunista puede hablarse de “deberes” e “intereses”, como dos términos complementarios de una antítesis que se da solamente en la sociedad burguesa (en el interés, el burgués reflexivo intercala siempre un tercer elemento entre sí mismo y sus manifestaciones de vida, manera ésta que se revela de un modo verdaderamente clásico en .Bentham, cuya nariz necesita tener un interés antes de decidirse a oler. Cfr. “el libro”, sobre el derecho a su nariz, pág. 2.47);

5) San Max cree que los comunistas tratan de “hacer sacrificios” “a la sociedad”, cuando lo que tratan es, a lo sumo, de sacrificar la sociedad existente; por ello, San Max debería sostener que la conciencia comunista de que su lucha es una lucha común a todos los hombres surgidos del régimen burgués, equivale a un sacrificio que se ofrecen a sí mismos;

 

6) cree que los sociales se hallan encuadrados dentro de un principio religioso, y

 

7) que aspiran a una sociedad sagrada, lo que ha sido contestado ya más arriba. Cuán “celosamente” “aspira” San Sancho a una “sociedad sagrada”, para poder refutar por medio de ella el comunismo, ya lo hemos visto.

 

Proverbio salomónico núm. II, pág. 277. “Si el interés por la cuestión social fuese menos apasionado y ofuscado, se reconocería… que una sociedad no puede ser nueva mientras los que la forman y constituyen sigan siendo los mismos de antes”.

 

“Stirner” cree aquí que los proletarios comunistas que revolucionan la sociedad y establecen las relaciones de producción y la forma de intercambio sobre una nueva base, es decir, que se establecen sobre sí mismos como los nuevos, sobre su nuevo modo de vida, siguen siendo “los mismos de antes”. La incansable propaganda a que se entregan estos proletarios, las discusiones que diariamente mantienen entre sí demuestran suficientemente hasta qué punto no quieren seguir siendo “los mismos de antes”, ni quieren que lo sean los hombres.

“Los mismos de antes” lo serían si, con San Sancho, “buscasen la culpa en sí mismos”; pero, saben demasiado bien que sólo al cambiar las circunstancias, dejarán de ser “los mismos de antes”, y por eso están resueltos a hacer que estas circunstancias cambien en la primera ocasión. En la actividad revolucionaria, el cambiarse coincide con el hacer cambiar las circunstancias. Este gran proverbio es esclarecido por medio de un ejemplo igualmente grande, tomado también, como es natural, del mundo de “lo sagrado”. “Si del pueblo judío surgiese, por ejemplo, una sociedad que difundiese por la tierra una nueva fe, estos apóstoles no deberían seguir siendo unos fariseos”.

 

Los primeros cristianos        =          una sociedad para la difusión de la fe (fundada en el ano 1)

=          Congregatio de Propaganda fidei* (fundada  en 1640)

Año 1  =          año 1640.

=          <Congregatio de Propaganda fidei* (fundada  en 1640)

Esta sociedad que debe

 

nacer  =          estos apóstoles.

Estos apóstoles         =          no judíos.

El pueblo        =          fariseos.

Año 1  =          año 1640.

=          Congregatio de Propaganda fidei [Congregación para la Propagación de la fe] (fundada en 1640)

¿Puede haber algo más simple?

 

Fortalecido por estas ecuaciones, San Max proclama tranquilamente la gran frase histórica: “Los hombres, lejos de dejarse desarrollar, han querido siempre fundar una sociedad”. Los hombres, lejos siempre de querer fundar una sociedad, dejaron sin embargo que la sociedad se desarrollara, porque ellos sólo han querido desarrollarse como individuos, razón por la cual sólo en la sociedad y a través de ella alcanzaron su propio desarrollo.

Por lo demás, sólo a un santo de la estirpe de nuestro Sancho se le podía ocurrir separar el desarrollo de “los hombres” del desarrollo de “la sociedad” en que estos hombres viven, y seguir fantaseando sobre esta base fantástica. Se ha olvidado, por otra parte, de la tesis que San Bruno le había inspirado y en la que, poco antes, formulaba a los hombres el postulado moral de cambiar ellos mismos y hacer cambiar así a su sociedad, postulado en el que, como se ve, identifica el desarrollo de los hombres con el desarrollo de su sociedad.

 

Cuarta construcción lógica. “Stirner”, en la pág. 156, hace decir al comunismo, por oposición a los ciudadanos del Estado, lo siguiente: “Nuestra esencia” (!) “no reside en que todos seamos hijos iguales del Estado” (!), “sino en que todos somos los unos para los otros. Somos todos iguales en cuanto somos los unos para los otros, en que cada uno trabaja para el otro, en que cada uno de Nosotros es un obrero”. Para él, pues, el “existir como obreros”  “cada uno de Nosotros sólo puede existir por el otro”, en que, por tanto el otro “trabaja, por ejemplo, para que Yo me vista, Yo trabajo para que él satisfaga su necesidad de divertirse, él para que Yo me alimente, Yo para que él se instruya.

El trabajar constituye, por tanto, Nuestra dignidad y Nuestra igualdad. ¿Qué beneficios Nos trae la ciudadanía? Cargas. ¿Y en qué estimación se tiene Nuestro trabajo? En la más baja posible. ¿Qué podéis oponer a Nosotros?  ¡Solamente trabajo también!” “Solamente por el trabajo Os somos deudores de una recompensa”; “sólo por lo que [Nos] ofrecéis de útil” “tenéis algún derecho sobre Nosotros”. “Sólo queremos valer para Vosotros lo que os suministramos, y el mismo valor debéis Vosotros tener para Nosotros”.

“Las prestaciones que valen algo para Nosotros, es decir, los trabajos de utilidad común, determinan el valor. Quien suministra algo útil no se halla por debajo de nadie, o… todos los trabajadores (de utilidad común) son iguales. Y como el operario es digno de su remuneración, también el salario debe ser igual”, págs. 157, 158.

 

En “Stirner”, “el comunismo” comienza por fijarse en “la esencia”; como un buen “joven” sólo pretende ver “lo que hay detrás de las cosas”. A nuestro santo le tiene, naturalmente, sin cuidado el que el comunismo sea un movimiento extraordinariamente práctico, que persigue fines prácticos con medios prácticos y que, a lo sumo, solamente en Alemania y frente a los filósofos alemanes puede detenerse por un momento en “la esencia”. Se comprende, pues, que este “comunismo” stirneriano, que tanto suspira por “la esencia”, sólo llegue a una categoría filosófica, la del “ser los unos para los otros”, que después, por medio de unas cuantas violentas ecuaciones:

 

Ser los unos para los otros existir = solamente por el otro

 

                                                              = existir como obrero

 

                                                              = el trabajar general,

 

se acerca algo al mundo empírico. Por lo demás, se desafía a San Sancho a que cite, por ejemplo en Owen (que, como representante del comunismo inglés, puede invocarse en favor “del comunismo” tanto como, por ejemplo, el no comunista Proudhon, del que San Sancho abstrae y adereza por cuenta propia la mayoría de las tesis anteriores), un solo pasaje en el que figure algo, lo que sea, de las tesis anteriores acerca de “la esencia”, el trabajar general, etc. Pero no hace falta siquiera que vayamos tan lejos. La revista comunista alemana ya citada más arriba, Die Stimme des Volkes [La voz del pueblo] se expresa así, en el tercer cuaderno: “Lo que hoy se llama trabajo no es más que un fragmento diminuto y miserable de la formidable y poderosísima producción a saber, la religión y la moral honran sólo aquella producción repulsiva y peligrosa, bautizándola con el nombre de trabajo, y, encima, se atreven a poner en circulación toda suerte de máximas de bendición (o de brujería) acerca de ello, tales como las de «trabajar con el sudor de su frente», como prueba de Dios, o «el trabajo endulza la vida», como estímulo, etc.

La moral del mundo en que vivimos se guarda prudentemente de llamar también trabajo a los lados divertidos y libres de las actividades de los hombres, a pesar de que también eso es producir. Lo condena con los nombres de vanidad, vanos placeres o voluptuosidad. El comunismo desenmascara estas hipócritas prédicas, esta mísera moral”.

Bajo el nombre del “trabajar general”, San Max reduce ahora todo el comunismo al salario igual, descubrimiento que luego se repite en las tres siguientes “refracciones”, pág. 357: “Contra la competencia se alza el principio de la sociedad de los desharrapados, la distribución. ¿Acaso Yo, que poseo mucho, no he de llevar ninguna ventaja a quienes no poseen nada`?” Más adelante, en la pág. 363, nos habla de una “tasa general para la actividad humana, en la sociedad comunista”. Y, por último, en la pág. 350, donde atribuye a los comunistas el que consideran “el trabajo” como “el único patrimonio” de los hombres. Como se ve, San Max desliza de nuevo en el comunismo la propiedad privada bajo sus dos formas, como distribución y como trabajo asalariado.

Como había hecho ya más arriba, a propósito del “robo”, San Max vuelve a manifestar las ideas burguesas más triviales y más limitadas como sus “propias” “penetraciones” del comunismo. Se hace perfectamente digno del honor de tener por maestro a Bluntschli. Como auténtico pequeño burgués, le entra luego el temor de que él, “que posee mucho”, no vaya a “llevar ninguna ventaja a quienes no poseen nada” -a pesar de que a nada debería temer tanto como a verse confiado a su propio “patrimonio”-.

De pasada, el “que posee mucho” se imagina que la ciudadana del Estado es indiferente para los proletarios, después de haber dado Por supuesto que la poseían. Exactamente lo mismo que más arriba se imaginaba que la forma de gobierno era indiferente para los burgueses. A los obreros les importa tanto la ciudadanía del Estado, es decir, la ciudadanía activa, que allí donde la poseen, como ocurre en Norteamérica, la “valorizan”, y donde no la tienen quieren adquirirla. Basta con seguir las deliberaciones de los obreros norteamericanos en innumerables mítines, toda la historia del cartismo inglés y la del comunismo y el reformismo franceses.

 

 

 

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