LA EXISTENCIA DADA DEL HOMBRE

LA EXISTENCIA DADA DEL HOMBRE

 

 

 

 

 

 

2. Los impulsos y sus transformaciones. El hombre apenas conoce los impulsos que de continuo lo mueven. Sólo tiene nombres para los más groseros. Su número y su fuerza, su flujo y reflujo, su juego y su contrajuego y, ante todo, las leyes de su nutrición, permanecen hechos desconocidos. Por eso, dicha nutrición sigue siendo obra del acaso; las vivencias cotidianas aportan su botín, ora a un impulso, ora a otro.

Nuestras experiencias constituyen medios de nutrición esparcidos con ciega mano: todo impulso considera a cadaacontecimiento del día según el modo como lo pueda usar para su propio fin. El impulso, por su sed, palpa, por así decirlo, cada uno de los estados en que el hombre cae (4, 120sq.).

Cuando les es posible, los impulsos actúan sin resistencia. Sin embargo, la mayor parte de las veces, su satisfacción está impedida por situaciones reales. Las situaciones provocan o constriñen al hombre, de tal modo que éste impide u oprime a los propios impulsos. Pero los impulsos insatisfechos encuentran salida.

 

La opresión de los mismos modifica el estado y la esencia del hombre. “Todos los instintos que no se pueden descargar hacia afuera s e vuelven hacia adentro — con ello crece en el hombre lo que más tarde se llamará ‘alma’.

En el caso en que la descarga del hombre haya sido impedida desde afuera, el mundo íntimo en su integridad, originariamente delgado, como tendido entre dos pieles, se hincha y aumenta, alcanzando profundidad, amplitud y altura” (7, 380).

Puesto que el impedimento es origen, tanto del acrecentamiento del alma y de las creaciones del espíritu, como también de las perversiones209 de las falsificaciones, su característica tendrá que obrar a veces de modo afirmativo y constructivo; otras veces, de modo negativo y desen-mascarador.

Un ejemplo de la acción positiva del impedimento de un impulso está, para Nietzsche, en sustraerse a la tendencia de creer en Dios al instinto que configura a Dios según la necesidad de un guar-dián y amigo. “Hay un lago al que cierto día se le prohibió fluir, y se levantó un dique en el lugar en que antes fluía: desde entonces, el lago constantemente se eleva. . . quizá el hombre ascendiera siempre si dejara de fluir hacia Dios” (5, 217).

Un ejemplo del efecto negativo es el siguiente: “Tener una idea de venganza y llevarla a cabo, significa estar afectado por un violento aunque pasajero ataque de fiebre; pero, tener una idea de venganza, sin poseer la fuerza y la valentía de cumplirla, significa soportar un envenenamiento del cuerpo y del alma” (2, 80). Lo que constituye el fundamento del desarrollo del alma humana —el impedimento— es, al mismo tiempo, el fundamento de los engaños, de las degeneraciones, de las enfermedades y del envenenamiento del alma.

Ocurre así, en virtud de las transformaciones operadas por los impulsos impedidos. En estas consideraciones psicológicas predomina de una manera absoluta el aspecto negativo. Ante todo Nietzsche desenmascara los disfraces del sentimiento de poder, del resentimiento de los impotentes, que honran los

ideales para procurarse indirectamente, y a través de los mismos, una superioridad. Nietzsche diferencia, de acuerdo con sus tipos psicológicos generales, las siguientes transformaciones:

a)La satisfacción en lo irreal. El hambre no se satisface con alimentos soñados; pero la mayoría de los impulsos así lo hacen. No sólo nuestros sueños tienen el sentido “de compensar, hasta cierto grado, la ausencia accidental de nutrición durante el día”;también la vigilia —aunque no permite la misma libertad de interpretación que la vida soñada— tiene la capacidad de dar sentido. “Según que este o aquel impulso haya llegado, en nosotros, a la cima, su resultado significará, para nosotros, esto o aquello” — y, según la clase de hombres que seamos, el resultado será por completo diferente. Nuestras vivencias son “mucho más lo que depositamos en ellas que lo que en ellas hallamos: el acto de vivir íntimamente(Erleben) es un acto de invención” (4, 121-124). De acuerdo con la modalidad de los “alimentos soñados”, se despliega todo un mundo diverso de símbolos: lo que las cosas y las representaciones son, simbólicamente, para nuestro vivenciar, se transforma en realidad engañosa.

b)La descarga de las tensiones por caminos inmoderados. Cuando a los impulsos no sólo les falta su objeto natural, sino que el hombre, por debilidad e impotencia, es incapaz de alcanzar la realidad por él deseada y de llegar a ser él mismo lo que quisiera ser, nace una tensión210 en el alma de efecto venenoso. Ella trata, entonces, de descargarse en alguna realidad palpable, la cual será, necesariamente, un sustituto: o se dará como insulto de rebelión o como acción destructora. “También el alma debe tener determinadas cloacas, por las cuales hacer correr sus inmundicias.

 

Para ello le sirven las personas, las relaciones, las clases sociales, o la patria, o el mundo o, finalmente. . . el amado Dios” (3, 228). Este desagüe en la infinitamédisance, es todavía ingenuo. “Las habladurías de los demás sobre nosotros no rigen con frecuencia para nosotros, en sentido propio, sino que son manifestaciones del despecho y de la desazón que provienen de motivos por completo diferentes” (2, 378). Pero, a menudo, la descarga puede ser más activa. “El hombre a quien algo le fracasa, prefiere llevar ese fracaso a la mala voluntad de algún otro, antes que al acaso. .. Pues se puede vengar de personas; en cambio, hay que tragarse las deformaciones del acaso” (2, 291).

 

Nietzsche cree entender en el cristianismo paulino el modo según el cual esta transformación psicológica y la necesidad de su descarga se pueden apoderar del hombre entero. “Ya San Pablo pensaba en la necesidad de un sacrificio para que se suprimiera la profunda desazón de Dios, producida por el pecado; y, desde entonces, loscristianos no han cesado de descargar en una víctima el disgusto que sentían por ellos mismos, cualquiera que ella sea: el mundo, la historia, la razón, el goce o la calma paz de los otros hombres. Por sus pecados tiene que morir algo de bueno” (4, 89).

Nietzsche aplica esta psicología acerca de la descarga en acciones de reemplazo, aplicadas a realidades de sustitución, para comprender más de un criminal: el criminal no concibe su intención ni su acción, o las concibe falsamente, entendiéndolas mal (6, 52-54).

La psicología de Nietzsche entiende, finalmente, que el simple expresarse constituye una modalidad esencial, bienhechora e inofensiva de la descarga. El pueblo tiene razón al estar agradecido a los sacerdotes, “ante los cuales puede verter impunemente el propio corazón; a ellos les puede descargar sus secretos, sin cuidados, y sus males (pues el hombre que se comunica, se desprende de sí mismo; y aquel a quien alguien se ha ‘confesado’, olvida).

 

En esto domina una grande y necesaria indigencia”. Sin embargo, el alivio de la confesión no es unívoco. Justamente, con muchos temperamentos ocurre lo contrario; al expresarse a sí mismos llegan a plena amargura (3, 35).

c) A la transformación de los impulsos groseros en otros más refinados, Nietzsche la denomina sublimación. “Cuando un impulso se vuelve intelectual, recibe un nuevo nombre, un nuevo encanto y una nueva valoración. Con frecuencia, se opone como una contradicción al mismo impulso en su grado anterior” (12, 149). Para Nietzsche, por ejemplo, no existe “en rigor, ni un obrar no-egoísta ni tampoco una concepción por completo desprovista de interés: ambos casos211 sólo son sublimaciones, entre las cuales el elemento fundamental parece haberse volatilizado, y sólo se muestra como existente a la más fina observación” (2, 17). Por eso, Nietzsche habla de “hombres de sexualidad sublimada” (3, 52). En efecto, el impulso sexual, mediante el intelecto, es “capaz del mayor refinamiento. (Amor a la humanidad, culto a María y a los santos.. . Platón piensa que el amor al conocimiento y la filosofía son impulsos sexuales sublimados.) Su antigua acción directa sigue permaneciendo” (12, 149). “El grado y la índole de la sexualidad de un hombre penetra hasta la más alta cumbre de su espíritu” (7, 95). Tampoco en el estado estético se anula la sensualidad, sino que sólo se la transfigura (7, 419).

La sublimación se logra, únicamente, por el obstáculo. Durante “los períodos

intercalados de coacción y de ayuno” el impulso aprende a plegarse

someterse; pero, también, a purificarse y afinarse.. . Con ello también se ofrece una señal que explica aquella paradoja por la cual, justamente en el período cristiano de Europa.. ., el impulso sexual se ha sublimado hasta convertirse en amor(amour-passion)” (7, 119).

 

La mayor parte de las veces, Nietzsche concibe la sublimación como una mutación del impulso, sin expreso reconocimiento de un nuevo y propio origen de lo espiritual. Sin embargo, supone tácitamente dicho origen cuando dice: “El hombre que ha superado su pasión ha entrado en posesión del suelo más fecundo… Sembrar sobre el terreno de las pasiones superadas las semillas de las buenas obras espirituales, constituye la tarea más próxima y más urgente. La superación sólo es un medio, no un fin. Si no se lo estima de ese modo, rápidamente crecen todo género de malezas y de materias diabólicas sobre el suelo fecundo, pero convertido en terreno vacío; y, en seguida, se ponen a brotar en él con mayor plenitud e impetuosidad que antes” (3, 231).

 

d) El olvido no sólo constituye un acontecer automático de la memoria, sino una condición de la vida para el logro de la elaboración psíquica de sus experiencias. “La capacidad de olvido no es, meramente, una vis inertiae… antes bien, es una facultad activa de obstaculizar y, en riguroso sentido, positiva. A esa facultad se le debe atribuir el hecho de que sólo es vivido por nosotros, es experimentado y aceptado dentro de nosotros y entra en la conciencia —en el estado de digestión (debió llamárselo ‘absorción psíquica’)— en tan poca medida como la nutrición corporal (la absorción somática)… El hombre en quien está dañado este aparato obstaculizador, no concluye en nada” (7, 343sq.).

 

Además, la memoria actúa por impulsos que quieren conservarse: “la memoria sólo nota hechos del impulso; sólo aprende lo que en el objeto se trueca en impulso. Nuestro saber constituye la forma más debilitada de nuestra vida impulsiva; por eso, es tan impotente frente a la fuerza del impulso” (11, 281). Y, a la inversa,212 los impulsos, por su transformación, pueden impedir y falsear la memoria:”‘yo he hecho esto’, dice mi memoria. ‘No puedo haberlo hecho’, dice mi orgullo, que sigue siendo inflexible. Por fin, la memoria cede”‘(7, 94).

 

Tratándose de tales transformaciones, Nietzsche observa que los mecanismos causales (asociación [2, 30],hábito [3, 214, 107; 253; 12, 148] yfatiga [3, 331; 356; 5, 238]) desempeñan cierto papel psicológico. Emplea involuntariamente la mayor parte de las posibles representaciones teoréticas de los mecanismos extraconscientes, sin desarrollarlos de manera metódicaConsiderando el obstáculo que se ejerce sobre los impulsos, se advierte que éstos no se transforman. Además, son posibles tanto su domesticación como su extinción. Visto en grandes líneas, para Nietzsche se revela “la cultura de un pueblo en la domesticación uniforme de los impulsos de ese pueblo” (10, 124). La fuerza de cada hombre consiste en la retención natural de los impulsos, sin pervertirlos 1 con respecto a un fin. Además, Nietzsche considera la posibilidad de hallar el modo para que los impulsos desaparezcan sin residuo, al mostrar cómo, por la opresión del lenguaje y de los gestos, las pasiones mismas acaban por debilitarse (5, 82); o bien al proponerse la tarea de debilitar y de hacer desaparecer las necesidades que satisface la religión y que, ahora, debe satisfacer la filosofía (2, 45).

Nietzsche separa de dichos modos las diferentes clases de impulsos, según que ellos procedan del exceso de fuerza o del vacío, o según que siempre se los encuentre o se los halle periódicamente; o según que satisfagan, repitiéndose, necesidades permanentes;o bien —si las necesidades se desarrollan— que jamás se cumplan plenamente, porque la saciedad sólo acrecienta el hambre y su esencia cambia al crecer. Los nombres de los impulsos son innumerables: necesidad de placer, necesidad de lucha, voluntad de poder; necesidad agonal, voluntad de verdad, impulso al conocimiento; necesidad de reposo, instinto gregario, etc. Nietzsche sabe que toda psicología de los impulsos es, al mismo tiempo, un signo del ser del psicólogo que la tiene por verdadera, lo mismo que significa el modo según el cual se le atribuye peculiaridad a un impulso.

 

“En todas partes donde alguien vea, busque y quiera ver tan sólo al hambre, al deseo sexual y a la vanidad — como si ellos fuesen los resortes únicos y propiamente dichos.. .— allí, el amante deberá escuchar atentamente al conocimiento”, pues, en este caso, está instruido sobre los hechos y las situaciones “por una cabeza científica colocada sobre un cuerpo de mono”, por un “fino entendimiento de excepción puesto sobre un alma vulgar — cosa que no es rara entre los médicos y los fisiólogos de la moral” (7, 45sq.). Más adelante, el mismo Nietzsche redujo todos los impulsos a uno solo: la voluntad de poder. En él aparece, pues, tanto la esquematización 213 de una diversidad de los impulsos como la doctrina de una fuerza fundamental.

Estas indicaciones de las formas psicológicas delimitan un amplio dominio del pensar nietzscheano, que es capaz, en sí mismo, de formar un todo verdaderamente cerrado. Pero allí donde se podría reconocer de un modo presuntamente suficiente un término medio del hombre, se encontrará, para

Nietzsche, la perspectiva de un plano que, por cierto, cultiva abarcándolo; pero, al mismo tiempo, sobrepasándo-lo. Justamente, este pensar pertenece a una de las pocas partes del mundo de Nietzsche que ha pasado a la conciencia general, mediante los representantes populares de una psicología capaz de descubrir.

 

Pero, en Nietzsche, la autoaclaración lograda por el esquema de la psicología de los impulsos sólo constituye, de hecho, un motivo dentro del todo de la relación que el hombre tiene consigo mismo. En verdad, sin aquella aclaración, el hombre sigue siendo un ser confuso e impuro: mediante ella, empero, no alcanza, en modo alguno, a ser libre, sino que naufraga al abandonarse a lo que es susceptible de ser psicológicamente sabido.

Al atravesarlo guiado por un nuevo fin, a partir de un impulso que cambia súbitamente el dominio de la cognoscibilidad en un reino de libertad, que transforma la visión psicológica en obrar íntimo, el hombre llega a sí mismo. Tales pasos ulteriores corresponden a los deseos de Nietzsche. Pero, para andarlos verdaderamente, es necesaria una psicología reveladora, entendida como “escuela de la sospecha” (2, 3). Ella educa la desconfianza, y constituye el campo que se debe recorrer.

En la psicología de los impulsos no se concibe qué sea el hombre, entendido como presunto ser y acontecer. El ser propiamente dicho del hombre no es, porque al ser éste lo que ahora es, no se repite y, por eso, sólo se somete a las reglas de una mutabilidad psíquica.

 

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