¡ECCE EGO!

cerbero 45

 

 

 

 

 

EGO ISTI CAMENTE

“…el cielo encima de nosotros es oscuro, porque está cubierto de la nube del egoísmo, de la incomprensión y del engaño…”1

Mi mefistófeles ríe, contorsiona su pene y lo masturba en un eco de gemidos y risas…
Lo escucho…no ríe de mí.
No! Y ya sé que no lo hará, incluso si deseara hacerlo, ¡oh, como le gustaría!
Ríe de la decadencia y del mesianismo de cuatro charlatanes que gastan su vida y se abren paso en el teatro de la humanidad.


Pongo la oreja sobre el portón de mi infierno, es muy caliente, calentado por el aliento nunca cansado del perro de tres cabezas grávido de pasión, pero siento alrededor el frío intenso del silencio de muerte.
Aún lo escucho reír y jadear.
El Demonio no encuentra descanso y me lanza un  desafío.
“Tú, hombre que estas tan cansado! porque para llegar hasta aquí por el pasillo oscuro que precede a tu abismo habrás seguramente caminado mucho y habrás escuchado de todos los colores, o me equivoco? En el cielo..”
-El demonio masticaba su mismo esperma mientras hablaba disfrutando de la provocación –
“Llega al punto Demonio”
-contesto rápido-
-“Tú me has llamado, bueno? Habla sin rodeos, tú me conoces y sabes a dónde puedo llegar si pierdo la paciencia…”
-gesticulo versos y señales de enfado totalmente inútiles visto que el portón entre mí y el demonio todavía nos divide la visión –
“Lento, lento! entre egoístas nos entendemos, no te calientes que acá ya está muy caliente de por sí…no sientes calor tú también?”
-no respondo-
“Oh! Maldito sea este Egoísta! me gusta…”
-ríe-
“Te propongo un juego que puede parecer a primera vista cosa muy seria”
-ríe otra vez-
“sabes escalar una montaña?”
-no respondo-
“bueno, no pasa nada, te doy la oportunidad de ascender al Vértice del mundo material y de los espíritus… está?”
-mantiene a penas un sollozo de risa-
“No me interesa!”
-Respondo acariciando el cerbero que después de haberme notado porque es un buen guardián se interesó tanto en mi presencia que se avecinó para luego lamer el fango pegado a mis pies, quedándose ahí escuchando la conversación.-
“Egoísta! escúchame!”
-gritó Mefistófeles para ser escuchado por todos los
oídos, incluso de los que están en el cielo-
“Tú, querido egoísta, no me comprendiste…te doy la oportunidad de burlarte de la Humanidad y de sus Ídolos, de reírte de todo y de todos…”
-el cerbero, en tanto, había lamido y devorado casi todo el fango de mis pies-
“…unamos nuestras fuerzas, una unión entre egoístas, qué hay de mal?
-se escucha un ruido agradable como rasgar una tela-
“Mal? Y tú qué sabes del Bien y del Mal? Maldito demonio pensar que estaba por ceder a tu
adulación…”
-me interrumpen las risas y el incesante ruido del refregar de la mano sobre el pene nudoso del
demonio-
“…Osas reírte de mí? Te advierto demonio un día reiré Yo de Ti!”
-grité con todo aquello que estaba en mis fuerzas un alarido que siguió del salto de cerbero que ya había terminado su comida a base de fango-
“¡Ecce ego!”
-exclamó el perro del infierno verosímilmente saciado del fango de la sociedad pisoteada.
Mi Yo estaba listo para el Vértice

Seguro de la ilusión de que tres infernales fauces observo atragantarse desde un rincón Niego al futuro la confianza desde la nada la pasión de la que me angustio y me consuelo desde mi abismo con ferocidad

Lancé un puñetazo, un golpe al portón del infierno y prometí al Mefistófeles más de lo que me había sido pedido
-“Te llevaré la cabeza de todos los gobernantes y de los súbditos, haré limpieza total de los bichos morales y de la ética que nunca saciados se comen lo vivo desde dentro! Y escucharás desde tu Abismo (no por mucho , porque será mío!) la más atronadora de las risas que nunca en el pasado hasta hoy haya sido oída, y que no encontrará igual hasta el fin de los tiempos, desde el Vértice arrojaré los cadáveres de quien se postre frente a mí obstaculizándome el camino, y después de haberlos apuñalado robaré sus trofeos venerados durante siglos y los arrojaré al Abismo sin fin y pasará tanto tiempo que el devenir los recordará y se los recordará, como banales e inútiles excrementos!”.

1- Benedicto XVI; AUDIENCIA GENERAL, 22.02.2012

 

 

 

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