CELEBRANDO EL OCASO SOCIAL

GAZAKIA 34

Caminando por la Ciudad de los Fantasmas, escucho el graznido de la carroña y el gemido de los cadáveres, muertos vivientes que deambulan por las fatídicas calles de la infamia, de la mentira.
Y si. Lo se.
Me encuentro entre la pestilente sociedad de cadáveres.
Nauseabundas palabras cargadas del servilismo más hediento y vulgar salen de sus bocas.


Espaldas encorvadas con rostros que demuestran la felicidad más estúpida que existe.
Cadáveres con trajes de seda.
Cadáveres harapientos y sucios.
Todos juntos pasean ¡Todos juntos!
La igualdad iguala y la justicia es divina: ¡todos iguales y hermanos ante los ojos de dios! ¡Todos!
¿Qué buscan? ¿Hacia dónde van los cadáveres sociales?
No lo se. Creo que ellos tampoco.

***

Los cadáveres ya no adoran a un viejo dios, ese ya perdió respeto.
Pero viejo y todo, dejó en su lugar a unos cuantos dioses a los que adorar. Los cadáveres necesitan que les digan que no están muertos de vez en cuando.
Y estos nuevos dioses no hablan demasiado.
Ya no prometen paraísos ni asustan con infiernos. Eso es pasado.
Estos nuevos dioses prometen seguridad, prestigio,comodidad.
Pero casi sin hablar, casi sin prometer. Porque el servilismo es tal, que los dioses solo dirigen a los muertos hacia el altar de la justa democracia que va a cumplir sus sueños de oro.
Y con sus piadosas manos, los dioses reparten valores.
¡Ay! Los valores de la fe, del trabajo, de la igualdad, de la moral…
Los rostros de los nuevos dioses no son eternos: en la ventana de la iglesia va rotando quien se asoma para decir lo que los muertos vivos quieren escuchar, cuando quieren otra cosa, los dioses cambian de rostro y de palabras y las inocentes y obedientes criaturas vuelven a aplaudir…

***

La sociedad de cadáveres es particular.
¡Lo admito! Todavía me sorprende.
Es que caminando entre los muertos, es inevitable que el aroma de la pestilencia no penetre en los poros.
Sin embargo, no estoy muerto, pero la alienación es tal, que los cadáveres ni se percatan de mi presencia.
¡Un vivo caminando entre los muertos!
Aclaro que no tengo nada en contra de la muerte, solo que no se puede confiar.
La muerte no discrimina.
Danzando y riendo va dejando el tendal, sin importar quién caiga en su baile macabro.
No se puede confiar en la muerte, no es nuestra aliada.
Es un personaje simpático, debo reconocerlo, pero está con los dioses y también con nosotros.
O con ninguno, no se.
Se mofa de todos, creo.
Aunque debería reconocer, la muerte, que su tarea cada vez le cuesta menos, y eso la aburre.
Pocas de sus victimas llevan estrellas en los ojos…
Pocas de sus víctimas danzan con ella antes de morir…
Pocas de sus víctimas la mira a los ojos y gritan un último “¡salud!”…
Pocas de sus victimas están vivas antes de morir…

***

Sentados en bancos de plazas enrejadas, los muertos vivos se juran amor eterno y sueños de un mañana de rosas: hijos, casas, autos, un buen trabajo.
Pero en la sociedad de cadáveres no hay lugar para pecadores, así que los enamorados deben jurar lealtad al viejo dios en el altar y a los nuevos dioses en la sociedad.
Estos nuevos dioses que determinan la felicidad de los obedientes que aceptan servilmente.
Son buenos los nuevos dioses. Quieren la felicidad para la sociedad, solo a cambio de obediencia. No es nada.
Ella es propiedad de el.
El la cuida porque ella es débil para hacerlo por sí misma.
Ella llora.
El no.
Ella cuida de los hijos. (Ahora el también ¡Buen padre!)
El trabaja. (Ahora ella también ¡Gran conquista!)
Ella obedece.
El manda.
Ellos se aman.
¿A esto le llaman amor?

***

En la sociedad de cadáveres hay algunos que juegan a estar vivos.
Porque alguna vez, quién sabe por qué, se percataron del nauseabundo y vomitivo aroma que dejaban al caminar.
Se dieron cuenta de lo pestilente de sus palabras y del servilismo de sus actos.
Sabían que algo andaba mal en este circo-cementerio orquestado por los dioses.
Estos muertos en proceso de vivir sabían que para que todo esté bien había que hacer mucho y renunciar a muchas cosas, mucha comodidad, así que decidieron hacer algo a medias, pero hacer.
Inventaron un nuevo dios con apariencia de cadáver, lindas palabras, lindos actores, un buen cartel publicitario.
Otra vez el paraíso y el infierno pero con otras palabras y listo.
Un poco de perfume revolucionario para tapar el olor de la servidumbre y a empezar desde abajo por la construcción de un partido de cadáveres que jueguen a estar vivos.

Y bueno, no se puede renunciar a todo. La posibilidad de ser dios es una comodidad tentadora…

***

En la cárcel que llaman escuela, los pequeños muertos vivos aprenden todo lo necesario para poder desarrollarse con soltura en la sociedad.
Allí se les enseña todos los lindos valores sociales, necesarios para ser buenos serviles.
Claro, ya no bajo la mano dura del viejo dios sino bajo la amable y comprensible mano de los nuevos dioses. En la cárcel-escuela, estos nuevos dioses se ven representados por los más capacitados e inteligentes cadáveres, dotados por la sabiduría más ávida que existe.
Algunos de estos representantes de los nuevos dioses juegan a que están vivos, así que vuelcan en pequeñas criaturas toda su teoría liberadora para que sean futuros cadáveres que jueguen a estar vivos.
Las filas militares, las rejas, los altos muros, el premio y el castigo hacen que aquel que mira el cielo por la ventana no entienda que eso que siente adentro se llama Libertad…

***

En la sociedad de los cadáveres hay quienes ni juegan a estar vivos ni se entregan al servilismo más vulgar que existe.

No tienen dioses, ni amos.
No tienen partido, ni ley.
No están muertos, pero vivos… tampoco… ¡Ay! Mi crueldad y la risa de mi demonio no quiere ofenderlos.
Es que la vida les pesa, no la elogian ni le cantan.
Es que… ¿cómo llamarlos? ¡Estos semimuertos libertarios siguen confiando en la sociedad de cadáveres!
¡Esa sociedad que encarceló a sus hermanos! (y a los míos, porque aunque con diferencias seguimos compartiendo parentesco)
¡Esa sociedad que llevó a lo más alto a todos los nuevos dioses!
¿Por qué confiar? ¿Con qué necesidad? ¿Qué nos pueden dar los muertos? ¿Libertad? ¿Vida? Pero por favor, no me hagan reír.
De tanto andar entre cadáveres, las buenas intenciones de los semimuertos libertarios van a empezar a oler mal.

***

¡Basta! ¡Basta de respirar muerte!
Esto es demasiado.
Es hora de partir.
Del Amanecer de la Nada, se alza triunfante el Yo que destruye la igualdad de los dioses.
Un Yo vigoroso que, como el diablo que ríe, danza y levanta vuelo, pasando por encima de los serviles e indecisos.
No obedecemos, delinquimos.
No jugamos a estar vivos, vivimos de verdad.
No tenemos ni dios, ni amo, ni partido, ni leyes; pero tampoco tenemos esperanzas en una sociedad de muertos.
Armado, de voluntad e imaginación, provoco grandes incendios a mi paso.
Fuego vomita mi demonio que está más despierto que nunca.
Fuego que reduce a cenizas todos los valores sociales.
Estamos hechos de fuego, no nos quema.
Reímos. Danzamos. Incendiamos.
Nos precipitamos hacia las cumbres de la Vida, dejando atrás una sociedad que ya no es de cadáveres sino de fuego.
Nos precipitamos hacia las cumbres de la Vida, y unidos por afinidad Egoísta, celebramos el Ocaso Social.

EGO ICA ME NTE

 

 

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