DESLINDE DEL ÚNICO DE STIRNER

DESLINDO

Como decíamos en el capítulo primero, el individuo de Stirner es el egoísta, el propietario, el Único. ¿Y cuál es el sentido del Único? Desarrollarse él. Como también señalábamos el concepto ordinario de individualismo, de individuo, de egoísta, se escapa a la interpretación stirneriana, mas también lo hace el pensamiento filosófico, en tanto no ve al individuo sino como doctrina. En efecto, podemos encontrar en Ferrater Mora dos concepciones de individualismo referentes al individuo tomado como individuo ,humano, pues allí se expone el individualismo como una “doctrina según la cual el individuo – en cuanto “individuo humano”- constituye el fundamento de toda ley”. Estas dos concepciones son una positiva y otra negativa. La positiva se acerca a la definición de persona(individualismo personalista).


Señala que el “individuo humano se constituye en virtud de sus propias cualidades” no oponiéndose a los otros individuos. La otra, por el contrario, se considera negativa precisamente por su oposición no tan solo a los otros individuos, sino también por oposición a entidades como el Estado o Dios. Cabe señalar que a esta forma de individualismo se le nombra también como individualismo en sentido estricto, pues no arranca del concepto de persona sino del mero individuo. Podemos identificar persona e individuo humano como los opuestos en la distinción entre individualismo positivo y negativo respectivamente.
Notemos que esta distinción entre individualismo positivo y negativo se sustenta en la noción del otro, y no del individuo mismo, pues es la relación con el otro la que esta forma de individualismo toma para diferenciar y hablar de la persona y el individuo en sentido estricto. ¿Mas, no descansa el primero en el segundo? En efecto, resulta interesante que cuando hacemos la distinción entre persona e individuo no se hace más que agregarle a este último diferentes “aptitudes” hasta llamarlo persona. Notamos esto en las múltiples definiciones de “persona” que a lo largo de la historia filosófica se han mostrado. Uno de los primeros que formula una definición más acabada fue (San) Agustín, refiriéndose principalmente a las personas divinas.

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Pero podemos encontrar, en Boecio y en Santo Tomas, esta noción en la idea de substancia individual. Dice Boecio, en una definición que fue mayormente aceptada por los pensadores medievales, “Persona est naturae rationalis individua substancia” (Liber de persona et duabus naturas. Cap. III), es decir, “La persona es una substancia individual de naturaleza racional”. Mientras que Santo Tomas señala que “la individualidad se encuentra, propiamente hablando, en la substancia que se individualiza por sí misma, los accidentes no son individualizados por una substancia, de ahí que las sustancias individuales reciban el nombre de sustancias primeras y “los individuos de naturaleza racional poseen, entre las primeras substancias, un nombre que las distingue de todas: el nombre “persona”” (es decir, la persona se individualiza por sí misma, ¿y acaso el individuo no, o será que el individuo y la persona se individualizan por sí mismos, pero esta última es, además, de carácter racional?). San Anselmo añade a esto una distinción entre persona y substancia, dice, “Se habla solo de persona con respecto a una naturaleza racional individual, y de la substancia con respecto al individuo, la mayor parte de los cuales subsisten en la pluralidad”. Occam señala que “la persona es una substancia intelectual completa que no depende de otro supuesto”, y continua a éste respecto diciendo, “un supuesto intelectual cuya naturaleza individual es completa”. ¿Podemos decir que el individuo en sentido estricto, al cual se reduce en definitiva la persona, pues aquel, en tanto individuo humano, no puede no tener la facultad, la propiedad de la razón, de lo contrario no seria humano; es el individuo de Stirner? En cuanto se dice que este individualismo (positivo y negativo) es una “doctrina según la cual el individuo – en cuanto “individuo humano”- constituye el fundamento de toda ley”, no. Primero, porque el individualismo de Stirner nace de su concepción del individuo como egoísta, como propietario, y segundo porque no es el individuo humano el que constituye el fundamento de toda ley, pues si alguien fuese este fundamento, lo sería el Único. (Reforzando esto podemos citar las palabras de Stirner que dicen: “no es el Hombre la medida de todas las cosas, sino Yo”).
Ferrater Mora señala un énfasis contemporáneo por diferenciar entre persona e individuo. Así nombra tres diferencias cruciales.

1) Que individuo se define negativamente, pues, “algo, o alguien, es individuo cuando no es otro individuo”. Persona, en cambio, se puede definir positivamente y con elementos procedentes desde sí misma.

2) Si bien individuo (humano) y persona son entidades con realidad psicofísicas, la persona no es reductible enteramente a esta realidad.

3) El “individuo está determinado en su ser: la persona es libre y aun consiste en ser tal”. Mas surge el problema de cómo la “positividad” de la persona descansa en la “negatividad” del individuo, y aun más complejo, el cómo la persona indeterminada se sustenta en la indeterminación del individuo. Pero ahí no se queda, si nos introducimos con aquello que los filósofos llaman principio de individuación.

En efecto, largas discusiones ha generado lo que se ha llamado “principio de individuación”, principium individuationis, y que está ligado estrechamente con la pregunta ¿Qué es lo que hace que algo sea un individuo? Ya Aristóteles había propuesto a la materia, ϋλη, como tal principio. Esto lo podemos entender, ante todo, porque la forma, μορφή182 siendo universal, no puede ser tal principio. Así lo dice Aristóteles con respecto a los entes compuestos de materia y forma pues, “porque la materia difiere pero su forma es idéntica: la forma es indivisible” (Metafísica. Libro 7, cap. 8.) Una de las consecuencias de esto, es no lograr romper el dualismo que su maestro Platón había generado con las ideas, Ιδέα En efecto, Aristóteles al presentar la forma como “lo universal” presente en cada, por ejemplo, silla, no escapa mucho a la idea platónica ya que la forma sería universal a todo el género. Así por ejemplo la forma de la silla sería la misma en todas las sillas, como la idea de silla es la que “presta” su imagen para las sillas restantes del mundo del devenir. También muestra esto Martín Astacio con respecto al filosofar de Aristóteles, diciendo que, “Ya es conocido, sin embargo, en el reflexionar filosófico, que este intento tan bien delimitado en el inicio de su filosofar (el de Aristóteles), no alcanzó con todo los éxitos esperados porque de alguna forma vuelve a caer en las ideas que había dado Platón. Solo que, mientras que para Platón son identidades puras y separadas del mundo sensible, para Aristóteles se hallan “dinamizando” e “informando” (dando forma a) toda la realidad material”.

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En los siglos venideros podemos encontrar los problemas con respecto al principio de individuación, principalmente, en los filósofos denominados escolásticos, quienes, como señala Ferrater Mora, lo vincularon con el problema de los “universales”. Así podemos encontrar la postura de los nominalistas extremos quienes señalaban que “no habiendo más realidad que “esta realidad determinada”, el principio de individuación no es necesario, pues el problema se plantea más bien con respecto a los universales”, pues, como señalan éstos, entre ellos, Guillermo de Ockham, no es necesario, en la practica, un principio de individuación, ya que sencillamente lo individual se da. Así también parece mostrarlo Martín Astacio, cuando señala que “el problema de la individuación no es, en un primer momento, de orden “óntico”, ya que en la realidad no tenemos que individualizar ni a Sócrates ni a hombre alguno porque de hecho ya están individualizados” (Santo) Tomás de Aquino vuelve a la línea Aristotélica postulando la materia como principio de En efecto, así lo dice el Aquinate en el segundo capítulo de “El ente y la esencia”. “(…) la materia, no de cualquier modo, es el principio de individuación, sino solo la materia señalada o circunscrita –materia signata-, entendida ésta como la materia que está considerada bajo determinadas dimensiones”.
Tenemos también que señalar que la materia en Aristóteles, y la materia signada o concreta en Tomás de Aquino, sólo es principio individualizador en los compuestos de materia y forma, pues en “las cosas que no tienen materia ni inteligible ni sensible, cada una es una unidad inmediata, una unidad pura y simple, y cada una pertenece al ser propiamente dicho. (…) La forma sustancial es igualmente una unidad pura y simple, un ser propiamente dicho.” (Recordemos que si bien puede haber forma sin materia, no puede haber materia sin forma). Así éstas se individualizan en la forma y componen toda la especia como señala Tomás, “la esencia de las sustancias simples es sólo forma”, siendo ésta su individualización ya que “(…) en tales substancias –simples- no hay pluralidad de individuos dentro de la misma especie, sino que tantos son los individuos cuantas las especies”.
La noción de materia (y forma), en este mismo plano, se vincula a la noción de potencia (y acto) pues es la materia la que posibilita el cambio en tanto que la forma es lo actualizado. “Todos aquellos seres que existan o no, sin estar sujetos a cambio, no tienen materia” pues, “Todo lo que cambia tiene una materia”.
Hasta aquí notamos que la individuación del individuo no pasa sino por “algún” aspecto del individuo, mas no por el individuo mismo. En efecto, si tomando al individuo como compuesto, se determina su individualización en uno de aquellos compuestos (la materia, materia signata, forma) Mas también surgieron aquellos que en un principio plantearon el camino a un ver tal principio en el individuo mismo. Así es el caso de Duns Escoto, que señaló que “aun esta quantitas de la materia no puede constituir una individuación suficiente, pues la cantidad es un accidente” y señala que el principium individuationis es la haecceídad (se puede traducir como ‘estidad’, de ‘esto’, de haec). Y esta, la haecceidad, “es la particularización o individualización de la esencia y no la forma misma de la cosa, pues ésta subsiste fuera de lo múltiple”.

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Esto es interesante pues, Escoto realiza una distinción formal entre la haecceidad, estidad, y la forma (decimos formal pues, como muchos autores señalan, entre la haecceidad y la entidad no existe distinción real), señalando el carácter universal de ésta, como ya lo hiciese Aristóteles y Tomas de Aquino, entre otros escolasticos. Y, por otro lado, declarando que aquella es la última realidad de la cosa, “ultima realitas entis, quod est materia vel quod est -forma vel quod est compositum” (Opus ox. II disp. 3, q. 6, n. 15). Señalamos que haecceidad, que se transcribe de ese modo por el término latín, haecceitas, se podía traducir por “estidad”, pues tiene su origen en haec, que quiere decir, “esto” Esto, sin embargo, no quiere menospreciar el valor de identificar la individuación-delindividuo en su entidad misma. En efecto, muchos señalan a Suárez, y ya antes a Aurelo y Durando de Saint-Pourçain, como los que sostuvieron la individualidad en la entidad misma, pero arriesgándonos un poco, podemos decir que Escoto, aunque oculte la individuación en la “estidad”, ésta no apunta sino a la entidad misma, no siendo ni la materia, ni la forma, ni el compuesto sino, su “realidad última”.
Podríamos arriesgarnos aun más y señalar la imposibilidad de Escoto de presentar tal tesis, ya que ésta lo llevaría a plantear la existencia precediendo la esencia, rechazando así la idea de un dios creador, tesis insostenible para el pensamiento filosófico-teológico de Duns Escoto.
Suárez, como comentamos antes, postula la individuación en la entidad misma, al igual que lo hace Leibniz, aunque este último, como lo hiciese después Schopenhauer, tendiera en algún momento a postular al tiempo y al espacio como principio de individuación, recayendo así este principio en algo externo al individuo mismo, mas es esta misma consecuencia la que lleva a Leibniz a rechazar tal postura e inclinarse definitivamente por la entidad misma que se individua a sí misma, “Es preciso siempre que, además de la diferencia de tiempo y de lugar, haya un principio interno de distinción, y aunque haya muchas cosas de la misma especie, es sin embargo cierto que nunca son perfectamente semejantes; y así, aun cuando el tiempo y el lugar (es decir, la relación con el exterior) nos sirven para distinguir las cosas Ahora bien, si esto se acerca a lo que llamamos el individuo Stirneriano, en tanto la individuación surge del individuo mismo, señalamos que aun es insuficiente, pues en estos márgenes ya no hablamos del individuo humano, sino de lo individual. En efecto, y concordando con los nominalistas, el individuo tratado por el principio de individuación no es más que un principio metafísico en tanto busca lo que hace que un individuo sea un individuo mas no tomando al individuo mismo como principio, sino en tanto alguna cualidad, que generalmente, se cree esencial. Así se separa, una vez más, mi esencia de Mí, y se pone a ésta por sobre Mí. Además, el individuo de Stirner es el individuo egoísta, es el propietario.

 

 

 

 

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