EGO ABSOLUTO TRASCENDENTAL

SOL (2)

 

 

 

 

 

La fenomenología se caracteriza por adoptar un punto de vista egológico, lo cual hace que la amenaza del solipsismo esté latente, pues, cuando el yo meditante lleva a cabo la epojé fenomenológica y pone entre paréntesis el mundo, con inclusión de los otros, practica una reducción a su propio ego y deviene el único ego.

 

¿Cuando yo, ese yo meditante, me reduzco a través de la epojé fenomenológica a

mi ego absoluto trascendental, entonces no me he convertido en el solus ipse?

Y Husserl agrega:

 El ego así reducido lleva a cabo, pues, una especie de filosofar solipsista

 

 

Antes de intentar refutar el solipsismo, es necesario establecer qué se entiende por él. A efectos prácticos, distinguimos dos tipos de solipsismo. En primer lugar, es posible hablar de un solipsismo que expresa una tesis metafísica. Este solipsismo sostendría que sólo yo y mis representaciones existen.

En segundo lugar, se puede considerar un solipsismo gnoseológico, según el cual no sería posible demostrar o conocer que aparte de mi mismo existen otros yoes. Los dos tipos de solipsismo no son equivalentes, en tanto es posible adherir al segundo sin adherir al primero.

La argumentación husserliana contra el solipsismo debería consistir en mostrar que o bien “otros egos existen” o bien que “yo conozco que otros egos existen”. En ambos casos, está implicada la existencia de otros sujetos: ya sea en la forma de “p existe” o “yo sé que p”, pues, “yo sé que p” implica que “p” es verdadera.

De allí que el solipsismo metafísico implique un solipsismo gnoseológico pero no a la inversa, dado que no puedo conocer lo que no existe, pero sí puede darse el caso de que algo exista aun cuando yo no pueda conocerlo. Es por eso que es posible aceptar un solipsismo gnoseológico sin comprometerse con uno metafísico.

Si bien Husserl no habla en términos ni de solipsismo metafísico ni de solipsismo gnoseológico, en la Idea de la fenomenología sostiene:

 

¿De dónde yo, el cognoscente, y cómo puedo saber con seguridad, que no

sólo existen mis vivencias, mis actos de conocimiento, sino también lo que ellos

conocen, y que, en realidad, existe algo que pudiera ponerse frente como objeto

del conocimiento? […] ¿Debo colocarme entonces en el punto de vista del solipsismo?

 

 

En este pasaje se presenta una autocrítica a los dos modos posibles de solipsismo mencionados. En primer lugar, al preguntarse cómo puede el yo “saber” que existen objetos a los que refieren los actos intencionales, Husserl advierte una posible objeción contra el modo gnoseológico de entender al solipsismo.

En segundo lugar, Husserl lleva más allá esta primera consideración y se pregunta no sólo cómo es posible conocer tales objetos a los que los actos refieren (plano gnoseológico), sino si “existen” los objetos mismos, es decir, si existe aquello que ha de ser conocido (plano metafísico).

En Filosofía primera, encontramos también una referencia a los dos posibles tipos de solipsismo. En contraposición al escepticismo, Husserl sostiene que el solipsismo es aquella posición según la cual:

 

[…] el universo se reduce a mí mismo, yo estoy solo y todo lo demás es en mí

ficción subjetiva; por lo menos, sólo de mí puedo tener conocimiento.

 

Es claro que aquí se hace referencia al solipsismo gnoseológico en tanto se plantea que sólo del propio yo se puede tener conocimiento. En lo concerniente a la posible objeción de solipsismo metafísico,

Husserl advierte que:

 

[…] una posible subjetividad trascendental en general no puede ser meramente

entendida como una posible subjetividad singular sino también como una posible

subjetividad comunicativa, y en el punto más alto como una subjetividad tal

que unifica una multiplicidad de sujetos trascendentales individuales, puramente

en el plano de la conciencia, esto es, mediante posibles actos de conciencia intersubjetivos,

en una posible totalidad. Hasta dónde sea en general concebible

una subjetividad ‘solipsista’, fuera de toda comunidad, es justamente uno de los

problemas trascendentales.

De este modo, Husserl plantea la cuestión acerca de la existencia de otras subjetividades trascendentales aparte de la nuestra. Pensar una subjetividad solipsista es ya un problema trascendental porque el ser de la subjetividad mundana es comunicativo, y, por tanto, el ser de la subjetividad trascendental también tendrá que serlo.

Con ello queda planteado que es posible que, en un primer momento de la exposición, al ocuparse del problema del conocimiento en cuanto tal, los análisis fenomenológicos corran el riesgo de caer en una postura solipsista tanto gnoseológica como metafísica. Ahora veamos, cómo este riesgo puede también plantearse no ya al considerar el conocimiento en general sino en relación con los otros sujetos.

 

 

 

 

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