EL EGOÍSTA-EL INDIVIDUO-EL ÚNICO

 SOLIPSIST

 

 

 

 

 

 

 

Stirner va a usar “egoísta” en sinonimia con “individuo”. También a este último lo usará como la “individualidad” en sentido de la “propiedad” real del egoísta, del individuo. La individualidad del individuo. Claro está que no hablamos aquí del “individualismo”, del “egoísmo”, que podríamos llamar ordinario, aunque claramente tiene ahí su origen para el lenguaje incluso filosófico, pues responde en éste a los principios más burdos.

 

 

Cuando decimos “la individualidad del individuo”, “propiedad del individuo”, hacemos hincapié en la noción de propiedad de Stirner, es decir, la propiedad de sí mismo. Esto va a ser un tema central en el Único. En efecto, Stirner va a rescatar lo único real que la disciplina filosófica, casi en su totalidad, se ha encargado de destruir paulatinamente. El yo del individuo particular. El Yo que Stirner elevará a propietario. Este Yo, este egoísta que ha sido sacrificado multitudes de veces, es sacrificado a cada instante, verá Stirner, en un sin fin de altares elevados por criaturas, por “fantasmas”, por ideas que poseen a los poseídos.

 

Ahora bien, ¿es este Yo, un Yo abstracto que es todos pero ninguno, al modo que lo es un Yo absoluto que representa de algún modo la totalidad de los yo que subsisten en la pluralidad? humanidad, o cualquier otro concepto elaborado para determinar la “existencia” de estos universales. Hablamos de la individualidad de cada cual, es decir, del individuo. Y entendiendo la individualidad como su propiedad, es ésta su corporeidad, su propiedad. Stirner va a ser muy efusivo en las descripciones de las aflicciones físicas. El tema de lo corporal, de poseer uncuerpo, el cual es nuestra propiedad, nuestra individualidad, es crucial para entender el pensamiento de Stirner, mas, como podremos ver, no se queda ahí.

 

 

Por qué hablar de la propiedad de sí mismos si todos nos damos cuenta de que yo me poseo por el sólo hecho de ser, pues ¿como no poseerme y seguir siendo Yo? Stirner va a decir que el hombre, que el individuo, a lo largo de la historia, se ha vuelto no a sí mismo, sino a un exterior donde busca aquello que le de “sentido”, aquello “superior”. Si bien, va a notar Stirner, somos dueños de nuestro cuerpo y hasta del mundo, no lo hemos sido aun de nuestros pensamientos. Son los pensamientos los que nos han

poseído y nos han hecho ver fantasmas por siglos. Siendo así, Stirner va a señalar la necesidad de llegar a poseerse. Es más, va a proclamar, de algún modo, el reconocerse egoísta, pues, lo somos todos. En efecto, Stirner, ya en su introducción al único, señala el egoísmo de las diferentes ideas a las cuales se llama a sacrificar al individuo, ideas como Dios, Humanidad. Ideas que hacen suya la causa del individuo, pues “únicamente mi causa no puede ser nunca mi causa”. Así responderá que “Dios y la humanidad no basaron su causa sobre nada, sobre nada más que ellos mismos, Yo basaré, entonces, mi causa sobre mí; soy, como Dios, la negación de todo lo demás, soy todo para mí; soy el Único”.

 

Siendo Dios todo en todo, señalará Stirner, “Dios no se preocupa más que de lo suyo, no se ocupa más que de sí mismo, no piensa en nadie más que en sí mismo y no se fija más que en sí mismo” “Dios es un ególatra”, Dios es un egoísta. Se preguntará Stirner, ¿Por qué servir a causas egoístas? “En vez de continuar sirviendo con desinterés a esos grandes egoístas, seré yo mismo el egoísta”. Y como señalamos, este egoísta se vuelve a sí mismo, a su individualidad.

 

 

Ahora bien, a lo que Stirner apunta, es a la propiedad del Yo. Que el Yo se posea. Si el Yo no se posee lo posee algo que no es él. Lo posee una idea y se hace un poseído. Ve fantasmas. Para llegar a presentarésta no es más que el carecer de aquello que no quieres. La libertad, es así, el carecer. Además la noción de libertad de Stirner es la de la Libertad absoluta. Viendo así la libertad dirá Stirner que “no debes solamente carecer de lo que no quieres, debes poseer lo que quieres”, mas no se trata de desaprobar, de rechazar la libertad, se trata de ser más, de ser propietario. “¡Si la libertad es el objeto de sus esfuerzos, deben satisfacer sus exigencias! ¿Quién, entonces, puede ser libre? ¡Tú, Yo, Nosotros! ¿Libres de qué?

¡De todo lo que no seas Tú, Yo, Nosotros! Yo soy el núcleo Yo soy la almendra que debe ser liberada de todas sus cubiertas ¿y qué quedara cuando Yo sea liberado de todo lo que no soy Yo? ¡Yo, siempre y nada más que Yo!”. En efecto, va a ver Stirner, que la libertad sólo la queremos en tanto nos liberamos de algo que no queremos, mas cuando queremos algo, como el amor de aquella dama, con gusto renunciamos a la libertad. Somos egoístas, y por nuestro bienestar con gusto renunciamos a la libertad.

 

Siendo así, egoístas como somos ¿Por qué no reconocerlo y aceptarlo? Por qué buscar la libertad. Stirner llamara hipócritas a aquellos que no reconociéndose egoístas actúan como aquellos egoístas “dormidos”, secreto, oculto, inconfesado.

 

La religión, dirá Stirner, se sustenta en nuestro egoísmo. ¿Acaso no aspiramos a nuestra recompensa? “jamás una religión ha podido subsistir sin promesas pagaderas, en este

mundo o en el otro (…) porque el hombre exige un salario y no hace nado pro deo”11. Así este egoísmo pasa a ser servidumbre, abnegación en la sumisión de los deseos por el bien de mi alma, por ejemplo. En efecto, el hombre, no actúa más que en su beneficio. Se dirá que hay quien hace el bien por el bien. ¿Pero acaso no existe el placer en la acción misma de aquello que llaman bien?, se dirá que un padre actúa por amor a un hijo ¿y acaso no siente placer ese padre al interactuar con su hijo, lo cual lo hace cuidarlo y así conservarlo a su lado mayor tiempo, para su mayor deleite?, ¿acaso no lo usa como objeto de su goce, no lo disfruta? ¿es esto malo? ¿qué es lo bueno, qué es lo malo? Yo mismo soy mi causa, y no soy ni bueno ni malo; ésas no son, para mí, más que palabras”dirá Stirner.

 

 

La libertad es la aspiración de los Libres (liberales) quienes buscan liberarse. Pero el individuo es en sí mismo libre, no parte por liberarse pues de principio rechaza todo lo que no es él. El individuo, el egoísta, “es originalmente libre, porque no reconoce más que a sí mismo; no tiene que empezar por 9 liberarse, porque a priori rechaza todo fuera de él” Esta libertad del egoísta que le es en tanto se reconoce como individuo, en tanto reconoce su individualidad, no es una emancipación, sino una autoliberación por medio del la individuación, pues la emancipación no es más que el reconocimiento de un tercero para con mi libertad.

 

Por el contrario, la autoliberación es la liberación por uno mismo. No es una libertad otorgada. “Si, no obstante les dan la libertad, no son sino farsantes que dan más de lo que tienen. No les dan nada de lo que a ellos les pertenezca, sino una mercancía robada; les dan su propia libertad, la libertad que podrían haber tomado ustedes mismos, y si se la dan, no es sino para evitar que la tomen y para que no pidan, además, cuentas a los ladrones. Astutos como son, saben bien que una libertad que se da (o que se otorga) no es la Libertad, y que sólo la libertad que se toma, la de egoístas, boga a toda vela.

 

 

Una libertad recibida de regalo recoge sus velas cuando se desata la tempestad o el viento cesa; tiene que ser siempre impulsada por una brisa moderada y dulce”.

 

 

Así, para Stirner, la libertad no es más que el sueño fútil de ilusos soñadores que no están más que poseídos por una idea, la idea de Libertad. La propiedad, la individualidad, por el contrario, es todo lo que Yo, Tú, Nosotros, podemos ser. Es nuestra existencia misma, que es nuestra actualidad. En efecto, podemos notar que la individualidad, que el egoísta no es algo por llegar a ser, es, al contrario, un “siendo”, una actualidad. Pero vayamos por parte.

 

 

Stirner nombra el primer capítulo del Único como “la vida de un hombre”. Describe en un primer momento al niño, primera etapa en la vida de un hombre, quien está inmerso en un mundo material, natural. Mundo al cual contrapone su “obstinada libertad. El niño desconoce la razón, o la lucha contra la razón, el sólo ve o comprende el mundo material. Luego se enfrenta, ya adolescente, joven, a un nuevo combate, uno tal que lo aleja de este mundo material de la niñez, pues, como adolescentes, “el mundo pierde ante nuestros ojos todo interés, porque nos sentimos superiores a él, nos sentimos espíritu. Elmundo ya no lo doblega, ha doblegado al mundo.

 

El joven se preocupa ya no de las cosas sino de los pensamientos que genera de esas cosas, se vuelve idealista. Conoce el “Espíritu” y se siente “espíritu”. “Cuando el niño no tiene ningún objeto en que ocuparse, se aburre, porque no sabe todavía ocuparse de sí mismo. El joven, al contrario, se cansa pronto de los objetos, porque de esos objetos salen para él pensamientos, y él, ante todo, se interesa en los sueños, en lo que espiritualmente lo ocupa”. Podemos decir que el joven comienza una nueva etapa, una etapa celestial, religiosa, espiritual, Ideal. “El hombre ya maduro difiere del joven en que toma al mundo como es, sin ver por todos lados males que corregir, entuertos que enderezar, y sin pretender moldearlo a su ideal.

 

En efecto, el joven, el adolescente, se deslumbra y cautiva por los pensamientos puros, absolutos. En las ideas tales como la Libertad, la Verdad, el Bien, el Mal. Así, este Espíritu lo posee, lo poseen, y se pierde en él. El hombre maduro, por el contrario, como egoísta, deja de perseguir ese ideal y se apega a un interés más personal. Stirner va a señalar esta ascensión al hombre maduro, como un segundo descubrimiento del hombre como individuo, mas este descubrimiento se apaga en una nueva pérdida, en el extravío del hombre en la idea, en el reino de los fantasmas.

 

“El joven había advertido su espiritualidad y se había extraviado después en la investigación del espíritu universal”. Va a ser esta pérdida la que se mantendrá a lo largo de la historia de la humanidad. Así termina el capítulo diciendo que “El niño era realista, preocupado por las cosas de este mundo, hasta que llegó poco a poco a penetrarlas; el joven es idealista, ocupado en sus pensamientos, hasta el día en que llegará a ser hombre egoísta que no persigue a través de las cosas y de los pensamientos, más que la felicidad de su corazón, y pone por encima de todo su interés personal”.

Esta última definición del hombre egoísta como aquel que no busca más que su interés personal por medios de las cosas y de los pensamientos, es lo que podríamos llamar el Único. En efecto, si acordamo que el egoísta ante pone por sobre todo su Yo, su Yo real, corpóreo, podemos decir que el egoísta, que el Yo, ante todo, busca él desarrollarse. “Soy yo quien me desarrollo. Éste es el sentido del Único”.

 

Ahora bien, ¿por qué el hincapié en el desarrollarse si vemos que si alguien es, decimos él está siendo, y el siendo es un “desarrollándose”? Stirner, volviendo a la idea de poseído, señalará que no es el individuo el que se desarrolla, sino que es la idea que lo posee la que se desarrolla en él, o lo que es igual, no se podemos notar aquí que no se trata de un individuo que rechace aquello que en él se presenta emocionalmente, sino que se trata de ser propietario de aquellos sentimientos, o de aquellos pensamientos. Es el individuo propietario de sí mismo.

 

Cuando señalamos la propiedad de sí mismo, la individualidad, se dice que “mi propiedad no es

Una cosa, puesto que las cosas tienen una existencia independiente de Mí”21. Stirner muestra así su noción de propiedad, es decir, él. En efecto, va a ser el individuo, el egoísta, con su poder, quien se hace propietario de él mismo, deja de ser un poseído. Ahora él se posee, el puede llamarse propietario. En efecto, pues “la individualidad no tiene ninguna medida exterior, porque no es, en modo alguno, como la libertad, la moralidad, la humanidad, etc., una idea. Suma de las propiedades del individuo, no es más que la descripción de su propietario”, es decir, él mismo.

 

Pero antes de continuar, es menester ver la oposición del egoísta, la cual hace mantener el prejuicio y el rechazo a tal concepción. Podemos, para ver semejante oposición, referirnos al escrito de Stirner llamado “comentarios provisionales del Estado basado en el amor” de 1843. Aquí Stirner contrapone a la noción de moral, la noción de in-moral. Y señala que lo moral está en una perspectiva del deber: “sois libres de hacéis vuestro deber, es éste el sentido de la perspectiva moral”, el deber.

 

¿Pero qué encierra el “deber”, más allá de todas las teorías éticas que se hayan desarrollado en torno a él?. El deber encierra el deber para con alguien, para con algo. En efecto, bajo cualquier punto de vista que se acuse a alguien de egoísta, se da a entender que debería servir a “otro”, antes que a él mismo. Y qué es este deber para con “algo”, para con alguien, sino amor para con aquello que sirvo. Será el amor el deber; el deber lo moral; el egoísta el inmoral. Siendo así, la contrariedad del egoísta sería el amor. ¿Y qué es el amor sino el cristianismo? Señalara Stirner que el cristianismo es la religión del amor: “es habitual conceder, y con razón, que el cristianismo, en conformidad con su esencia más auténtica, es la religión del amor”.

 

Así el egoísta encuentra su peor enemigo en el cristianismo (y como veremos luego, será el cristianismo, el que se propagará, mutará y se mantendrá hasta, al menos, la modernidad, según Stirner). Que el cristianismo sea su contraparte tiene mucho sentido si vemos que el cristianismo tiene como premisa su vocación a unacusa de egoísta. Si actúa para con un bien superior, si actúa por amor a Dios, por la máxima, la ley moral, es moral. Podemos ver así que el cristianismo busca la destrucción del individuo, del egoísta, para que éste no se posea, para que éste no se desarrolle, no se haga Único, sino que desarrolle, que se desarrolle cristo, Dios, en él.que no sea más que la casa de la idea, del Espíritu.

 

(Visited 52 times, 1 visits today)