EL MUNDO ES SU INTERPRETACIÓN II

EL HOMBRE QUE SE PRODUCE A SI MISMO (LA MORAL)

 

 

 

 

 

 

 

Dentro de estas relaciones, el texto, en virtud de su ambigüedad, casi no existe: por tanto, tiende a perderse en el criterio de la verdad de la interpretación. Desde otros puntos de vista, la exigencia nietzscheana se dirige a liberar el texto auténtico de la interpretación no verdadera, cosa que ocurre cuando Nietzsche pretende que el hombre se vuelva a traducir a naturaleza:

“se deben dominar las numerosas interpretaciones y significaciones accesorias, tan apresuradas como fantásticas, con las que se ha recubierto y pintado el eterno texto fundamental del homo natura”.

Los desacuerdos muestran aquello que Nietzsche quiere buscar en sentido propio. Una interpretación unívoca falsearía dicha búsqueda. La existencia dada es una existencia  que interpreta y es interpretada: se la piensa dentrode un círculo que parece suprimirse y volverse a engendrar. La existencia dada tan pronto es objetividad como subjetividad: es subsistencia y, como tal, está constantemente superada; es indiscutible y, sin cesar, cuestionante y problemática; es ser y no-ser, esencia y apariencia. No se debe simplificar el pensamiento de Nietzsche: el pensar no es el yo que se pone a sí mismo y creael mundo; tampoco es el mundo, que sólo constituye una representación mía.

Es decir: no es el mundo conocido, que tiene un saber de sí mismo, como acontecía con el idealismo. Tampoco es el mundo como algo susceptible de, ser investigado, tal como lo piensa la aclaración crítica de la razón. Frente a todas las concepciones determinadas de esa y de otra índole —las cuales aparecen, en su totalidad, en los modos de expresarse de Nietzsche— el fundamento de su pensar se halla, antes bien, en la pretensión por llegar, a través de todos esos planos, al punto en que yo m i s m o, de manera insustituible, debo leer —interpretar— el ser, porque soy quien soy.

En todas las declaraciones, en apariencia sólo generales, Nietzsche apunta a la historicidad de la Existencia. La inabarcabilidad de las interpretaciones históricamente cumplidas constituye el fundamento del propio ser que, en tanto origen de sí mismo, penetra todas las interpretaciones, abarcándolas de una mirada, y dirigiéndose al texto mismo. Ahora bien, la verdad ya no se experimenta como un m o d o de interpretación que yo pueda ensayar también a manera de juego, sino como la verdad de la Existencia misma que, en la plenitud de la conciencia histórica, lee el mundo como cifra.

Para ella, la verdad absoluta, en la que el saber general de las interpretaciones —así como toda interpretación determinada y susceptible de ser conocida desde fuera— está superado, se convierte en el presente del ser mismo. De esa manera, la verdad es “mi” verdad y, al mismo tiempo, n o sólo es mía. En efecto, ha llegado a ser, en primer término, histórica, en tanto es aquello en lo cual yo me encuentro con el ser; en segundo lugar, es el ser mismo —llamado por Nietzsche voluntad de poder— en la forma según la cual, al existir, se convierte en el yo mismo.

Si, por tanto, en la teoría de la interpretación, toda existencia dada es interpretante e interpretada; si el texto que se debe leer está fuera de mí y en mí; incluso, si yo mismo soy el texto que puedo leer, con todo ello Nietzsche indica un límite posible. No se puede avanzar de un modo indefinido.

Mientras me transforme constantemente en el acto de interpretar, en alguna parte tropezaré con un fundamento. Allí habrá algo firme, que no se agota en interpretación alguna, pero que tampoco es afectado por ella. “En el fondo denosotros, muy ‘abajo’, hay, por cierto, algo que no se puede escamotear: una  roca granítica de fatalidad espiritual. .. Al lado de cada problema cardinal, habla un ineluctable ‘yo soy esto’…

Ocasionalmente, se encuentran ciertas soluciones de problemas… quizá se las llame ‘convicciones’. Más tarde, sólo se ve en ellas… indicadores del problema que somos nosotros mismos. Dicho con mayor exactitud: son indicadores de la gran torpeza que está en nosotros, de nuestro fatum espiritual, de lo que no se puede escamotear: todo eso ‘muy abajo'” .

 El fenómeno de la interpretación. El modo según el cual la interpretación aparece —como constante transmutación de los valores e incesante devenir— se llega a convertir en una autocaptación, entendida como interpretación.

Mediante ella, y dentro de la amplitud de las interpretaciones posibles, se da a cada uno la jerarquía y el valor que le corresponde. Todo eso ha sido claramente determinado por Nietzsche, tanto en principio como en cuanto realización.

1. Lo que Nietzsche denomina “interpretación de la existenci a”, coincide, para él, con la interpretación del valor. El valor del mundo reside en nuestra interpretación . La interpretación no es indiferente, sino que ella misma es la aclaración del valor, cumplida mediante una estimación. Por eso, los dos títulos de su planeada obra principal acerca de la voluntad de poder:

La transmutación de la valoración de todos los valores y Ensayo de una nueva interpretación del mundo, significan, en el fondo, lo mismo. Aun dentro de las ramificaciones más abstractas de las categorías, la interpretación constituye la expresión de un querer y la satisfacción de una necesidad que aprecia todo ser como un valor para sí mismo.

2. La interpretación jamás es definitiva, sino un d e-venir. “Lo esencial del ser orgánico está en una nueva interpretación del acontecer: en la multiplicidad interna y perspectivística que es, ella misma, acontecer”. “El mundo que en algo nos concierne es falso; es decir, no es un estado efectivo, sino una invención… está en fluir… como una falsedad que se desplaza de continuo y que jamás se aproxima a la verdad. En efecto: no hay Verdad’ alguna”. Pero lo que es interpretado se convierte, en tanto interpretado, en objeto de una interpretación siempre p r o gres i va. De tal suerte, “toda elevación del hombre lleva implícita la superación de las interpretaciones más estrechas”. Emergen perspectivas nuevas, lo cual significa creer en nuevos horizontes .

3. El movimiento infinito de los actos de la interpretación parece llegar a una especie de realización en la autocaptación de dichos actos, es decir, en lainterpretación de las interpretaciones. El paso deseado por Nietzsche es el de concebir las interpretaciones como tales; es decir, atenerse, en la interpretación, a la existencia dada.

Para llegar hasta ese punto, se necesitaba, de modo absoluto, creer en ciertas interpretaciones. Milenios enteros habían forzado “a morder con los dientes una interpretación religiosa de la existencia”. Estaban conducidos “por el temor de ese instinto que presiente que se podría participar demasiado  pronto de la verdad; es decir, antes de que el hombre fuese lo suficientemente fuerte” .

Pero Nietzsche se atreve a liberarse. Por cierto, “tampoco nosotros podemos ver en torno de nuestro rincón: querer saber lo que podría haber para otras clases de intelectos y de perspectivas, constituye una curiosidad desesperanzada”. Pero hoy estamos lejos, al menos, de la inmodestia risible de decretar, desde nuestro rincón, que sólo desde éste se podrían tener perspectivas. Antes bien, el mundo se “nos ha vuelto infinito, en el sentido de que no podemos rechazar la posibilidad de que incluya interpretaciones infinitas. Una vez más nos recorre el gran estremecimiento. ..” . Sólo la alta jerarquía del hombre puede soportar “la infinita interpretabilidad del mundo”. De él podemos decir: “Multiplicidad de interpretaciones, signo de fuerza. ¡No quitarle al mundo el carácter inquietante y enigmático que tiene!”.

4. Las interpretaciones no son arbitrarias ni del mismo valor. En primer lugar, frente a la invención meramente conceptual, está el grado más alto: la interpretación realizada mediante la acción . Además, la modalidad, el sentido y el contenido de las interpretaciones no se someten a la crítica de la antigua teoría del conocimiento —que suponía el criterio imaginario de una única verdad válida, referida al ser subsistente— sino a la crítica realizada a través del acontecer viviente mismo. “Toda interpretación es un síntoma del crecimiento o de la muerte” .

Por eso, Nietzsche dirige la mirada a las interpretaciones que le eran accesibles, estimándolas. “Las interpretaciones hasta ahora realizadas tenían, todas, cierto sentido para la vida: la conservaban, la hacían tolerable o extraña; la afirmaban: separaban la parte enferma y la llevaban a morir” . Por otra parte, hay interpretaciones dominantes que Nietzsche combate por considerarlas hostiles a la vida, tales como la mayoría de las interpretaciones filosóficas y cristianas. Él, por su parte, quiso aportar una interpretación mejor.

“Mi nueva interpretación les dará a los filósofos del futuro —que serán los señores de la Tierra— laimparcialidad que necesitan”.

 

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