EL NACIMIENTO DEL ÚNICO

EL NACIMIENTO

La negación de toda idea, de todo concepto abstracto como el de Estado, sociedad, o incluso hombre o humanidad, conceptos en cierta medida fruto de la razón y del pensamiento ilustrado, sirve para hacer sitio a la voluntad y el instinto.


Solamente existen individuos, cada uno de ellos diferente y con sus propios y egocéntricos deseos y anhelos. Stirner, desde una actitud antiintelectual mata a Dios (o lo absoluto) para alumbrar, ayudar a nacer al individuo, al Único. Elimina toda trascendencia para dejar espacio a la voluntad egoísta de cada persona.
En esta relación casi dialéctica entre el individuo y lo absoluto aparece una nueva asociación: el poder y la propiedad. De hecho, el propio título de la obra de Stirner, El Único y su propiedad, ya lo anuncia. A diferencia de las connotaciones negativas que Proudhon confiere a la propiedad, a la que califica de robo, Stirner la concibe como algo inherentemente positivo, la reivindica y la vincula a la propia existencia. En cierta manera, la propiedad, como hecho material o inmaterial, representa para el filósofo una afirmación del yo. A la vez, el poder otorga el bien fundamental para existir como individuo: Mi poder es mi propiedad. Mi poder me da mi libertad.

La propiedad es todo aquello que puede poseer un individuo a partir de su propia voluntad, todo lo que puede poseer incondicionalmente, es decir, en su integridad y sin límites, obstrucciones, intervenciones, interferencias o controles de ningún tipo. Un bien material o inmaterial, pues, pertenece a un individuo que no admitirá ninguna discusión sobre su pertenencia. El conflicto con instituciones limitadoras de la propiedad, como el Estado, el poder político, legislativo o judicial resulta inevitable. El ilegalismo, o la actitud de vivir al margen de la ley, ya sea política o espiritual, parece una consecuencia natural.
Si bien el sentido de la propiedad estirneriana no acaba de encajar del todo bien en el corpus teórico anarquista, su idea sobre la imposibilidad de conjugar libertad con igualdad permite adivinar los conflictos ideológicos entre los indi-vidualistas y el resto de familias ácratas. Para Stirner todos los individuos son diferentes, son únicos, y el principio ilustrado de la igualdad entre los hombres se percibe como una idea perteneciente a la esfera de lo absoluto y, por tanto, como una idea a combatir. No existe la igualdad por el hecho de que existen individuos libres. Solamente pueden existir individuos libres si admitimos la inexistencia de su igualdad.
Porque, también, a diferencia del pensamiento ilustrado que conforma los principios políticos del mundo contemporáneo, la libertad es rechazada como principio superior, como eje vertebrador de una determinada comunidad política.
El filósofo bávaro trata de basar esta negación en la diferenciación entre dos tipologías antitéticas de libertad: la libertad como ser y la libertad como poseer. La primera de ellas se fundamentaría en el concepto abstracto de libertad, la misma idea que inspira las revoluciones políticas del siglo XVIII y XIX, la de la Revolución Francesa y la de la Revolución emancipadora norteamericana. Ésta es una libertad falsa, en el sentido de que únicamente se trata de una pura aspiración filosófica, es decir, que forma parte de lo absoluto, el mismo absoluto que se opone a la libertad del individuo. En cambio, la segunda resulta ser la auténtica libertad. El individuo propietario se apropia de su propia libertad, no debe esperar a que alguien desde el poder político se la otorgue o conceda, como es el caso de los señores feudales que concedían favores o privilegios, o de los esclavos manumitidos por sus amos. Porque la libertad, para poder gozarla incondicionalmente, debe tomarse, se tiene que conquistar, es necesario apropiársela. Por tanto, la libertad como propiedad es para Stirner la libertad real y efectiva que depende de la capacidad de cada individuo; la libertad se convierte entonces en una manifestación de la voluntad individual. Debe ser conquistada a partir del propio esfuerzo. Toda libertad concedida representa una manumisión parcial, incompleta, como el perro a quien su amo alarga la cadena.

 

 

 

 

 

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