PROYECTO DE UN NUEVO MODO DE VIVIR

UROBURO 4

 

 

 

 

 

 

Con eso se indica: el ente en su totalidad está dominado por la in-nocencia [Un-schuld]. La totalidad es αιών. Es prácticamente imposible traducir esta palabra de manera adecuada. Alude a la totalidad del mundo, pero, a la vez, tomada como tiempo y referida por medio de éste a nuestra «vida», alude al transcurso vital mismo. Se suele determinar el significado de αιών del siguiente modo: Eon alude al «tiempo» del «cosmos», es decir de la naturaleza, que se mueve en el tiempo que mide la física. De este tiempo se distingue el tiempo de nuestras «vivencias».

 

Pero lo que se nombra con αιών está más acá de ese tipo de distinciones. Asimismo, se piensa el κόσμος muy pobremente cuando se lo representa de modo cosmológico.

 

El uso que hace Nietzsche de la palabra «vida» es ambiguo. Nombra la totalidad del ente y, al mismo tiempo, nuestro modo de estar«entremezclados» en esa totalidad. Una ambigüedad análoga se da al hablar de «juego» (cfr. la primera de las «Canciones del Príncipe Vogelfrei»: «A Goethe»; apéndice a la segunda edición de La gaya ciencia, 1887; v. t. II, págs. 380 s.).

 

Las reminiscencias de Heráclito no son casuales, sobre todo si se tiene en cuenta que en las notas de esta época Nietzsche toca con frecuencia otra concepción que habitualmente —y Nietzsche sigue este hábito— se cita como la concepción principal de Heráclito: πάντα peí, una frase que presumiblemente no es de Heráclito y que mucho menos puede servir para caracterizar su pensamiento, sino que lo desfigura.

 

El proyecto del pensamiento del eterno retorno citado en último lugar no piensa tanto en el «efecto» de la doctrina sobre el hombre y en su transformación y la de su existencia dentro del ente en su totalidad, sino que piensa más bien en éste mismo; aquí, para usar designaciones aún hoy corrientes, se tiene más en cuenta el carácter «metafísico» de la doctrina del eterno retorno, mientras que en el proyecto anterior prevalecía la visión dirigida hacia el sentido «existencial» de la doctrina.

¿O no será esta distinción entre «metafísico » y «existencial», aun suponiendo que sea en sí misma clara y sostenible, tan poco adecuada respecto a la filosofía de Nietzsche como lo era la que se establecía, en otro sentido, entre su carácter teóricoprosaico y su carácter poético? Esto se podrá decidir más adelante.

 

El siguiente proyecto, del que los editores comentan que constituye «el esbozo de la idea poética» de la doctrina del eterno retorno, parece tomar una dirección nuevamente diferente:

 

«Mediodía y eternidad

Indicaciones para una vida nueva

 

Zaratustra, nacido a orillas del lago Urmi, abandonó su patria a los treinta años, se dirigió a la provincia de Aria y, en los diez años que duró su soledad en las montañas, compuso el Zend-Avesta.

 

El sol del conocimiento está nuevamente en el mediodía y la serpiente de la eternidad yace enroscada en su luz: ¡es vuestra hora, hermanos del mediodía!»

 

En este proyecto, la palabra clave es «mediodía»; «mediodía y eternidad »: ambos son conceptos y nombres para el tiempo, si tenemos encuenta que también la eternidad sólo la pensamos a partir del tiempo.

 

Ahora que se piensa el pensamiento del eterno retorno, es «mediodía y eternidad», en uno y a una; también podríamos decir: el instante.

 

Este proyecto escoge las supremas determinaciones temporales como título para una obra que tiene que tratar del ente en su totalidad y de la vida nueva. Cómo se piensa el ente en su totalidad está también indicado en la imagen: la serpiente, el animal más inteligente, la «serpiente de la eternidad» yace enroscada en la luz de mediodía del sol del conocimiento. Una imagen grandiosa, ¡cómo puede decirse que no es poético! Evidentemente lo es, pero sólo porque está profundamente pensado, y está pensado así porque el proyecto de aquello dentro de lo cual ha de comprenderse y elevarse al saber el ente en su totalidad se arriesga aquí más lejos que nunca, pero no para penetrar en el espacio sin aire ni luz de una «especulación» vana sino para internarse en el ámbito central de la trayectoria del hombre.

 

Del tiempo del mediodía, cuando el sol está en lo más alto y las cosas no tienen sombra, se dice al final de la primera parte de Así habló Zaratustra:

 

«Y el gran mediodía es cuando el hombre está en el centro

de su trayectoria entre el animal y el superhombre, y festeja su

camino hacia el atardecer como su suprema esperanza: porque

es el camino hacia una nueva mañana.

Entonces, el que va hacia el ocaso se bendecirá a sí mismo

por ser alguien que va hacia el otro lado; y el sol de su conocimiento

estará en el mediodía.

“Muertos están todos los dioses: ahora queremos que viva el superhombre”;

¡que ésta sea alguna vez, en el gran mediodía, nuestra

última voluntad!

Así habló Zaratustra.»

 

Cuando Zaratustra dice aquí «Muertos están todos los dioses», esto significa que el hombre actual, en cuanto último hombre, ya no es suficientemente fuerte para alguno de los dioses, sobre todo teniendo en cuenta que éstos no pueden ser nunca simplemente recogidos de la tradición; la tradición sólo se constituye en un poder de la existencia si está y mientras esté llevada por la voluntad creadora.

 

El mediodía es un centro luminoso en la historia del hombre, un instante de transición en la serena luz de la eternidad en el que el· cielo es profundo y la mañana y la tarde, el pasado y el futuro, chocan entresí y empujan de esa manera a la decisión. El subtítulo del proyecto «mediodía y eternidad» es «Indicaciones para una vida nueva». De acuerdo con ello podrían esperarse preceptos para una sabiduría vital práctica, pero tales expectativas sufrirán una decepción, porque la «vida nueva» es un nuevo modo de estar en medio del ente en su totalidad, un nuevo tipo de verdad y con ello una transformación del ente.

 

Que tenemos que comprender la «vida nueva» en ese sentido lo muestra un cuarto proyecto, escrito también en agosto . Está titulado: «Para el «proyecto de un nuevo modo de vivir»», y está dividido en cuatro libros, de los que ahora sólo citaremos los títulos que los caracterizan:

Libro primero: «De la deshumanización de la naturaleza».

Libro segundo: «De la incorporación de experiencias».

Libro tercero: «De la felicidad última del solitario».

Libro cuarto: «Annulus aeternítatis». Los libros primero y cuarto envuelven al segundo y tercero, que tratan del hombre.

 

El libro primero tiene que llevar a cabo la des-humanización de la naturaleza. Esto quiere decir: todo lo humano que se ha depositado en el ente en su totalidad —culpa, fin, propósito, providencia— debe retirarse de la naturaleza para volver entonces a colocar allí al hombre mismo (homo natura). Ese ente en su totalidad es determinado en el libro cuarto como el «anillo de la eternidad».

 

Lo que salta a la vista en estos cuatro proyectos esbozados en apenas un mes, y que en un primer momento sólo estamos en condiciones de captar de manera aproximada, es la riqueza de perspectivas dirigidas a unas pocas regiones esenciales del preguntar que vuelven a aparecer continuamente, riqueza que empuja a Nietzsche a llevar a la mirada proyectante desde aspectos en cada caso diferentes un ámbito que en el fondo es unitario y quizás simple.Todo esto hace suponer que en el primer desarrollo del pensamiento del eterno retorno de lo mismo, al igual que en todos los grandes pensamientos, todo lo esencial se encuentra ya en su primer albor, aunque aún sin desplegar.

 

Al buscar un despliegue, éste acontece en primer lugar con los medios que pone a disposición la interpretación del ente existente hasta el momento. Por eso, si hay algo así como una catástrofe en la creación de los grandes pensadores, ésta no consiste en que fracasen y no puedan seguir adelante sino precisamente en que van adelante, es decir, en que se dejan determinar por el efecto inmediato de su pensamiento, que es siempre un efecto desviado.

Lo funesto es siempre el seguir «adelante», en lugar de quedarse atrás en la fuente del propio inicio. En el futuro habría que apropiarse algunavez de la historia de la filosofía occidental desde esta perspectiva.

 

Podrían obtenerse visiones muy notables e instructivas.

 

Si en el verano de todo ya está allí para Nietzsche respecto del pensamiento de los pensamientos, ¿qué puede aportar de nuevo el tiempo posterior? Ésta sería una pregunta propia de la avidez denovedades de los curiosos, cuya característica principal consiste en que aquello de que están ávidos en el fondo y de antemano no les concierne; toda curiosidad se nutre de esa indiferencia esencial. Por eso los curiosos se ven decepcionados. Nietzsche no produce ya nada «nuevo»; se ha quedado estancado, según parece, y hastiado de su pensamiento.

 

¿O sucede precisamente lo contrario, que permaneció tan fiel a su pensamiento que tuvo que quebrarse ante él, independientemente de lo que compruebe la ciencia médica sobre el caso de su locura?

 

Nosotros planteamos otra pregunta, no qué aparece de nuevo sino si y cómo lo primero y más antiguo es apropiado y desplegado.

 

Y para ello es probable que lo más importante ni siquiera sean las observaciones y notas explícitas sobre el eterno retorno que se suceden en la época posterior, sino más bien la nueva claridad que se irradia entonces sobre el pensar nietzscheano en su conjunto y lleva su pensamiento a nuevas dimensiones.

 

A la opinión sostenida últimamente de que Nietzsche posteriormente habría dejado de lado la doctrina del eterno retorno y la habría suplantado por la de la voluntad de poder, hay que replicar y mostrar que la doctrina de la voluntad de poder surge tan sólo y únicamente desde la del eterno retorno y lleva consigo siempre este origen, como el río su fuente.

 

 

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