EL SOLIPSISMO ESCÉPTICO

SOLIPSISMO Q

 

 

 

 

 

En la introducción hemos visto un contraste entre la reducción y el desarrollo de la fenomenología. Este contraste presenta rasgos característicos ya en ¡deen I ; por una parte se afirma lapresuntividad de los otros y por otro lado la intersubjetlvldad de la constitución, pues toda constitución se desarrolla en diversas etapas -que han de ser interpretadas como capas abstractas-, mas una de estas etapas es la intersubjetiva.

 

Este contraste, que la crítica lleva a flagrante contradicción, se constituyó inmediatamente después de la redacción del citado primer tomo de Ideas en el problema del solipsismo.

 

“Parece” que la fenomenología sólo es posible como solipsista, nos dice en las Meditaciones cartesianas y en la Erste Phüosophie’; e.d. parece que la reducción lleva al solipsismo, cuando por otro lado se ve que la constitución da una capa intersubjetiva. ¿Por qué la reducción trascendental lleva esa “apariencia de solipsismo”? ¿en qué consiste esa apariencia?.

 

No sería oportuno comenzar dilucidando ese solipsismo que vamos a llamar aparente consecuente a la reducción trascendental, porque tal vez sea motivado, y lo que entonces nos interesa es su motivación. Nos interesa aquello que en la reducción produce esa apariencia. Lo que motiva el solipsismo aparente (del que trataremos en el próximo parágreifo) es el solipsismo escéptico consecuente a la critica de la experiencia. Justamente el no haber tematizado este solipsismo escéptico lleva a la contradicción que la critica ha visto habltualmente en Husserl. La tematización de este solipsismo escéptico hubiera requerido, por otro lado, todo un replanteamlento de la reducción.

 

¿Qué es este solipsismo escéptico? Consiste en admitir la posibilidad de la no existencia de los otros, tal como hemos visto que afirma Husserl en Ideen f. En efecto, en la aplicación de laun representar, una vida de sentimientos, un querer, etc.”^. SI estas experiencias mías perdieran su armonía, los otros dejarían de existir pEira mí. SI admito que “toda experiencia posible que pueda tener de los hombres supone la experiencia espacial de cosas’*, he de admitir que, si la armonía que reina en el desarrollo de esas experiencias se rompe, “ya no podría hablar de animales y hombres existentes”^.

 

Como nunca puedo estar apodícticamente seguro de la existencia del mundo, tampoco lo esteiré de los otros. Con la reducción han de caer los otros, y así queda fundado el sollpslsmo.

 

En la crítica de la experiencia no es que dude de la realidad exterior al yo apodíctico, -del mundo y de los otros- sino que se manifiesta su Ccirácter presuntivo, en virtud del cual la realidad exterior, y los otros en cuanto que forman parte de ella, son ineficaces de cara a la fundamentación de la ciencia estricta. Esta elucidación de la presuntivldad de los otros, que consiste en mostrar la posibilidad de su no existencia, es la que instaura el sollpslsmo escéptico.

 

Provisionalmente podemos afirmar que toda tematizaclón del sollpslsmo en la obra de Husserl depende de este sollpslsmo escéptico; el alcemce del sentido del sollpslsmo, tal como es habltualmente entendido, está en estrecha relación con él. Ahora bien, el hecho de que este  tipo de sollpslsmo quede sin tematlzartiene como posible consecuencia confundir un eventual sentido legítimo del sollpslsmo con el sentido peyorativo que tiene a su base el escéptico.

 

El sollpslsmo escéptico ha de ser visto exclusivamente a través de la critica de la experiencia; ésta es la fundamentación carteslana’° de la epojé. Lo que obliga a UevEír a cabo la epojé respecto a toda trascendencia, es la presuntivldad de los otros y del mundo.

 

El nivel de esta crítica es el mismo que el nivel cartesiano, e.d. un critica general de! mundo a los otros, tenemos una epojé de lo otros porque “los hombres me son dados originalmente sólo por ciertas experiencias mías externas, a saber sólo porque me están dadas ciertas cosas que se destacan como cuerpos (Leibei)… y se destacan porque en ellos se encama una vida anímica, un sentir nivel natural; de ahí que el solipsismo escéptico sea una tesis afirmada en la actitud natural.

 

La actitud natural se caracteriza por el hecho de admitir la distinción tradicional entre el mundo en sí y la representación del mundo, o si se quiere, por la admisión de un mundo en sí independiente del hombre y al cual pertenecemos como realidades. La actividad psíquica en la cual se conoce o se transforma ese mundo en realidad humana es advenediza y superable. Pues bien, en la crítica de la experiencia, y más concretamente en la crítica de la experiencia de los otros, se da este mismo esquema, pues aquello cuya no-existencia se admite como posible es lo trascendente al yo, e.d. el mundo y los otros. La critica de la experiencia no duda de la existencia del mundo en sí sino que muestra su presuntividad.

 

En consecuencia, el solipsismo que acompaña a la epojé motivada en la crítica de la experiencia, -e.d. motivada cartesianamente- es, en definitiva, un solipsismo natural, es decir, afirmado totalmente en y desde la actitud natural.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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