EL SUICIDIO DE DIOS Y LA CONSTATACIÓN DE SU MUERTE

§WILLE ZUM TOD

 

 

 

 

En esta ponencia reflexionaremos sobre la analogía existente entre dos cosmovisiones que explican y constatan de un modo diferente la muerte de Dios. A la luz de la voluntad de morir y la voluntad de poder dilucidaremos respectivamente en Mainländer y Nietzsche el eslabón que permite explicar la muerte de Dios.

 

Logrado ello se revelará tanto el sentido como el significado de la voluntad de morir y la voluntad de poder para enfrentar este hecho.

 

En la Teleología del exterminio Mainländer declara con la más absoluta convicción haber encontrado la redención al problema de la existencia humana hasta el extremo de suicidarse persuadido de su argumentación ontológica. Su filosofía postula que Dios, saturado de su propio “super-ser”, decide de un modo suicida y arbitrario la catástrofe absoluta. Conforme a ésta el universo surgió no por un deseo de creación divina, sino que fue el resultado de un agotamiento de voluntad divina.

 

Voluntad de muerte (Wille zum Tod) es la conciencia de la vida como medio para alcanzar la liberación a través de la muerte. Desde esta perspectiva, el mundo se mueve “como si” tuviera un fin, pero lo que en verdad se quiere no es la vida, puesto que ésta es sólo apariencia de la voluntad de morir.

 

En un comienzo habría existido una vuelta repentina e inconcebible de perfección, sin tiempo ni espacio, que hasta hoy tiende hacia la nada.

 

Increíblemente ésta es en su descarga energética, lo que actualmente la ciencia llamaría Big Bang. El curso irreversible de esta gran explosión se extiende, a través de su fuerza omnipotente de creación, hasta el exterminio de toda su precedencia, la cual únicamente se encuentra aún presente existiendo, pero deviniendo hacia su extenuación. El hecho es que para Mainländer la conciencia advierte, a través de los tráfagos de la vida, que la no existencia es mejor que la existencia. Este conocimiento le abre al hombre la posibilidad de negar perpetuarse y tender a  autoaniquilarse, para consumar finalmente el gran ciclo de la redención (Erlösung) del ser: todos somos fragmentos de un Dios, que al igual que en el Big Bang del “principio-final” de todos los tiempos, se destruyó, ávido de no ser.

 

Nietzsche, unos años más tarde, resume la legalidad histórica del nihilismo con la frase “Dios ha muerto”. Para Nietzsche Dios y dios cristiano designa el mundo suprasensible en general, es decir, el ámbito de las ideas y los ideales. Este ámbito suprasensible pasa a ser desde Platón, el único mundo verdadero y efectivamente real, desvalorizándose este mundo, el que desde entonces pasa a ser –segúnNietzsche– un mundo aparente, cambiante e irreal, como la ilusión del mundo verdadero.

 

A este nihilismo –relacionado con el modo de valorar la vida– se opone la voluntad de poder que afirma el valor de la vida y la existencia, permaneciendo “fiel a la tierra” contra cualquier doctrina nihilista de la negación o autoaniquilación de la voluntad.

 

Nietzsche cree que hay muchas otras formas de ser Dios y de enfrentar la voluntad, no para autoaniquilarla como en Mainländer, sino para afirmarla hasta su superación. La concepción de la voluntad de poder sería fruto de este pesimismo de la fortaleza.

 

Consideremos que sólo una filosofía del optimismo, supondría que la vida humana tiene algún sentido o propósito digno de esfuerzo, más allá de su mera conservación. Sin embargo, un sentido final o un propósito cabalmente alcanzado, implicaría la completa satisfacción de la voluntad, lo cual es un absurdo en todas aquellas cosmovisiones que conciben el micro y macrocosmos en términos volentes; así como sucede con Schopenhauer (voluntad de vivir), Mainländer (voluntad de morir) y Nietzsche (voluntad de poder).

 

Es una afirmación pesimista sostener que la vida literalmente no tiene fin alguno. Sin embargo, es sensato deshacernos de la consideración del pesimismo como una actitud que acepta o rechaza el mundo, la vida o el devenir, según determinado tipo de temperamento, fruto de una circunstancialidad. El sufrimiento en las cosmologías fiosóficas de la voluntad no es lo circunstancial ni lo accidental, sino lo esencial, aquello que explica qué es el micro y macrocosmos.

 

Schopenhauer aclara  que sólo utiliza una expresión genuinamente metafórica para sostener que la meta de la vida es el conocimiento de la voluntad.

 

 

Al hacerlo, no está principalmente quejándose de una mera falta de conocimiento de la voluntad, sino que ha pensado y está problematizando la naturaleza misma de la cognición. En el “resumen de las principales enseñanzas acerca del principio de razón suficiente dadas hasta ahora”, el filósofo da cuenta del modo en que diversas metafísicas tradicionales se han sostenido en dicho principio.

De todas las preguntas que cabe plantearse bajo el principio, la más radical es, sin duda, la planteada por Leibniz: “¿Por qué es el ser que no más bien la nada?” (Pourquoy il y a plustôt quelque chose que rien?).Respondiendo el filósofo de los principios: “Porque Dios es” (Et cette derniere raison des choses est appellée Dieu).

 

Con lo cual pasa a ser Dios la suprema razón de Ser, el supremo fundamento y queda con ello la plenitud del Ser descansando en un fundamento.

 

De un modo análogo, el pesimismo de Schopenhauer puede ser en parte considerado como una exclamación de dolor y profundo resignamiento frente a la inexistencia de Dios y, por lo tanto, frente a un por qué final del dolor.

 

De hecho, la crítica más aguda que lanza Nietzsche contra Schopenhauer consiste precisamente en la generalización de este aspecto, que si bien resulta ser central en la filosofía de Nietzsche, sólo forma parte de uno de los muchos otros rasgos del pesimismo schopenhaueriano. Nietzsche sostiene que mientras más radical resulta ser el juicio y la afección del que fuera su Educador, tanto más partícipe se hace de aquel ideal que resulta al final absolutamente legitimado.

 

Según Nietzsche, Schopenhauer padece terriblemente la pérdida de aquel ideal, vivenciando la ausencia de Dios como el fondo de toda vida, lo cual finalmente lo conduce mediante una profunda reflexión moral a considerar la voluntad cosmológica como una ansiedad de oscura determinación que intenta amainar su caos metafísico a través de todas sus objetivaciones.

 

 

Nietzsche conoce la sentencia de Pascal y cree, por el contrario, que existen muchas otras formas de ser Dios y de enfrentar la voluntad de vivir, no para negarla, sino para afirmarla hasta su superación. La voluntad de poder la asocia precisamente con este pesimismo de la fortaleza.5 Lo que condena Nietzsche no es el hecho de que la metafísica de la voluntad de vivir sea ingenua o ilusoria, sino ante todo el hecho de que el sufrimiento del sin sentido pertenece a una profunda y pesimista reflexión de orden moral.6 Llevada a la práctica, la única forma de liberarse del dolor y la voluntad de vivir, es la renuncia que concibió Schopenhauer mediante el ascetismo. De este hecho resultaría que finalmente la voluntad quiera sólo el descanso, es decir, la nada.

 

Para Mainländer, discípulo de Schopenhauer, la redención (Erlösung) puede comenzar en vida al tomar conciencia que lo esencial ya no es aquella voluntad que tiene como fin la vida, sino aquella que sirve como medio para la muerte. En la Teleología del exterminio señala la vía de redención relativa al problema de la existencia humana.

 

Mainländer sostiene que tomar conciencia de la desintegración de la unidad simple (einfache Einheit) en la multiplicidad, aunada con los dolores de la vida, no indica otra cosa que la no existencia es mejor que la existencia. Este conocimiento puede permitirle al ser humano negar perpetuarse y tender a autoaniquilarse, para consumar finalmente el gran ciclo de la redención del ser, puesto que todos somos fragmentos de un Dios, que al igual que en el Big Bang, se destruyó en el “principiofinal” de todos los tiempos.

 

Tamaña visión la sustenta formulando diversas teorías sobre la desintegración de la unidad en la multiplicidad, la transición del campo trascendente hacia el inmanente, la muerte de Dios y el origen del mundo.

 

De lo anterior desprende una cosmovisión que concibe la historia universal como la oscura agonía de los fragmentos que correspondieron a un Dios y que apela, debido a ello, a la destrucción del mundo y del yo para acelerar dichoproceso, que se traduce en un padecimiento irreversible.Este pesimismo autodestructivo transmuta el concepto de negación schopenhaueriano por el de destrucción.

 

Voluntad de muerte (Wille zum Tod) es la conciencia de la vida como medio para alcanzar la liberación a través de la muerte. El mundo se mueve “como si” tuviera un fin, pero lo que en verdad se quiere no es la vida, puesto que ésta es sólo apariencia de la voluntad de muerte.

 

En relación al origen del Universo, Mainländer se refiere a la creacióndestrucción de éste como “el único milagro”. Respecto de la dinámica de la evolución del Universo, menciona como ley universal el “debilitamiento de la fuerza”, afirmando que el Universo se mueve “como si” tuviese una razón última.

 

Los conceptos mencionados por Mainländer aparecen vinculados, desde el punto de vista de la físico-química moderna a los de entropía. Ésta suele asociarse en lenguaje no técnico, al grado de desorden de un sistema, jugando un rol fundamental en la dinámica de sistemas complejos, tal como lo menciona explícitamente la segunda ley de la termodinámica, y la del caos e irreversibilidad de procesos elementales.

 

 

De lo anterior se desprende una cosmovisión que concibe la historia universal como la oscura agonía de los fragmentos que correspondieron a un Dios y que apela, por consiguiente, debido a ello, a la destrucción del mundo y del yo, como meta para acelerar dicho proceso de destrucción. “La ley del debilitamieEn consonancia con ello, sólo una teleología del exterminio podría aliviar aquel dolor cuyo proceso es un padecer irreversible. Para Mainländer no habría sublimidad espiritual en el orden del engranaje, por lo que sólo se debe colaborar con la desintegración total del mismo: ¿y cómo lograr esto? A través de la autodestrucción o autodesintegración. De no ser así Mainländer postula a la castidad, la virginidad como medios más lentos de redención.

 

Nietzsche se mofa de Mainländer refiriéndose a él en la Gaya ciencia como el “apóstol dulzón de la virginidad”.

 

La muerte de Dios en Nietzsche es constatada de otra forma.

 

Nietzsche reconoce tras la valoración del mundo suprasensible en general, el espíritu de decadencia, el odio a la vida y al mundo, el temor al instinto, puesto que desde entonces se habría implantado el supremo error de la metafísica, el haber admitido el “en sí” de un mundo verdadero frente a un mundo aparente, cuando sólo este último para él es el real. Por esta razón la frase “Dios ha muerto” no es una consigna que haya propuesto, sino que es la constatación de un hecho. Constata que Dios es producto de la racionalización de nuestras esperanzas y que el cristianismo piensa en función de un deseo y no en base a la realidad. Que Dios haya muerto no es entendido por él solamente desde una perspectiva teológica, es decir, como la apreciación de un ateo que niega rotundamente la existencia de Dios.

 

 

Aquello que menciona esta frase es lo que ha ocurrido con la verdad axiológica del mundo suprasensible en general y su relación con el ser humano. Por lo que una interpretación meramente teológica podría llevar al extravío de enmascarar la figura de Dios sustituyéndola con variantes propias del mundo suprasensible. Para Nietzsche Dios representa la concentración de toda la cultura decadente, razón por la cual lo concibe como la antinomia de la vida y la negación de la inocencia del ser humano.

Nietzsche afirma el valor de la vida y de la existencia contra cualquier doctrina pesimista de la disolución, de ahí su mordaz crítica contra Schopenhauer y Mainländer.

 

En La Genealogía de la moral analiza filológicamente esta conversión en voluntad de nada. El intento de evitar el nihilismo sin trasmutar los valores agudizan el problema. Metodología y proceso que es fácil de comprender al contrastar tanto la teoría de la negación de la voluntad de vivir en Schopenhauer como la de su destrucción en Mainländer.

 

 

 

 

 

 

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