HACIA LA NADA CREADORA III

NOVAT

 

 

 

 

 

 III

 

Cristo fue un paradójico equívoco de los evangelios. Fue un triste y doloroso

fenómeno de decadencia, nacido del cansancio pagano.

El Anticristo es el hijo de todo el odio gallardo que la vida ha acumulado en lo secreto

de su fecundo seno, durante los más de veinte siglos de dominio cristiano.

Porque la historia se repite.

Porque el eterno retorno es la ley que rige el universo.

¡Es el destino del mundo!

¡Es el eje sobre el cuál gira la vida!

Para recurrirse.

Para contradecirse.

Para recorrerse.

Para no morir…

Porque la vida es movimiento, acción.

Que recorre el pensamiento,

que busca el pensamiento,

que ama el pensamiento.

Y este anda, corre, se afana.

Quiere arrastrar a la Vida al reino de las ideas.

Pero cuando la vía está impracticable, entonces, se lamenta el pensamiento.Llora y se

desespera…

Puesto que el cansancio lo hace débil, lo vuelve cristiano.

Entonces él coge a la hermana Vida de la mano y trata de confinarla en el reino de la

muerte.

Pero el Anticristo – el espíritu del instinto más misterioso y profundo – reclama para sí

la Vida, gritándole bárbaramente: ¡Empecemos de nuevo!

¡Y la Vida vuelve a empezar!

Porque no quiere morir.

Y si Cristo simboliza el cansancio de la vida, el ocaso del pensamiento: ¡la muerte de

la idea!

El Anticristo simboliza el instinto de la vida.

Simboliza la resurrección del pensamiento.

El Anticristo es el símbolo de una nueva aurora

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