LA DETERMINACIÓN DEL NIHILISMO SEGÚN LA HISTORIA DEL SER III

NIETZSCHE V

 

 

 

 

 

 

 

Así, el hombre, en cuanto aquel que piensa, puede atenerse al ente en cuanto tal. El pensar lleva entonces el ser al lenguaje en la forma del ente en cuanto tal. Este pensar es el pensar metafísico. No rechaza al ser mismo, pero tampoco se atiene al permanecer fuera del ser en cuanto tal. El pensar no corresponde desde sí a la sustracción del ser.

Pero esta doble omisión, tanto del rechazo como de la correspondencia, no es una nada. Por el contrario, aquí acontece que el ser en cuanto tal no sólo permanece fuera sino que su permanecer fuera es deformado y encubierto de manera irreflexiva por el pensar. Cuanto más exclusivamente la metafísica se asegura del ente en cuanto tal y, en el ente y desde él, se asegura a sí misma como la verdad «del ser», tanto más decididamente ha terminado ya con el ser en cuanto tal. El ser es la condición de sí mismo puesta por el ente en cuanto tal y, en cuanto tal condición, un valor entre otros valores.

 

El permanecer fuera del ser mismo es desfigurado en cuanto a su permanecer fuera de manera expresa, aunque irreconocible, por el carácter del pensar metafísico del pensar en términos de valor, no reconociéndose tampoco como tal esta desfiguración. En la interpretación del ser como valor la nada del ser queda sellada, de lo que forma parte que este sellar mismo se comprenda como el nuevo sí al ente en cuanto tal en el sentido de la voluntad de poder, es decir como superación del nihilismo.

 

Pensada desde la esencia del nihilismo, la superación de Nietzsche no es más que el acabamiento del nihilismo. En él se nos manifiesta de manera más clara que en cualquier otra posición fundamental de la metafísica la esencia plena del nihilismo. Lo propio [das Eigene] de ella es el permanecer fuera del ser mismo. Pero en la medida en que en la metafísica acontece este permanecer fuera, esto que es lo propio [Eigentliche] no es admitido como lo propio del nihilismo. Por el contrario, precisamente en el pensar de la metafísica se deja fuera [auslassen] el permanecer fuera en cuanto tal, de manera tal que la metafísica deja fuera también ese dejar fuera como acción propia suya. Por medio del dejar fuera, el permanecer fuera es entregado, de manera encubierta, a sí mismo. Lo propio del nihilismo, precisamente en cuanto acontece, no es lo propio. ¿En qué sentido? En cuanto metafísica el nihilismo acontece en la impropiedad de sí mismo. Pero esta impropiedad no es una falta de propiedad, sino su acabamiento, en la medida en que es el permanecer fuera del ser mismo y a éste le interesa que el quedar fuera siga siendo por completo lo que es. Lo propio del nihilismo es históricamente en la figura de lo impropio que lleva a cabo un dejar fuera del permanecer fuera, dejando fuera también a este dejar fuera y no dejándose ni pudiéndose involucrar, por pura afirmación del ente en cuanto tal, en nada que pudiera concernir al ser mismo. La plena esencia del nihilismo es la unidad originaria de lo que le es propio y lo que le es impropio.[xiii]

 

Por ello, cuando el nihilismo se experimenta y se lleva al concepto dentro de la metafísica, el pensar metafísico sólo puede encontrar lo impropio del nihilismo, e incluso a éste sólo de manera tal que lo impropio no se experimenta como tal sino que se lo explica desde el proceder de la metafísica. El dejar fuera del permanecer fuera del ser en cuanto tal aparece en la forma de la explicación del ser como valor. El ser, dejado fuera como valor, es, en cuanto condición del ente en cuanto tal, deducido de éste último.

 

Nihilismo -que del ser mismo no hay nada- para el pensar metafísico significa siempre y exclusivamente: del ente en cuanto tal no hay nada. La metafísica, por lo tanto, se cierra ella misma el camino para experimentar la esencia del nihilismo. En la medida en que la metafísica somete a decisión en cada caso la afirmación o la negación del ente en cuanto tal y considera que su primera y última tarea se halla en la correspondiente explicación del ente desde un fundamento que es, ha cometido, inadvertidamente, la inadvertencia de que ya con la preeminencia de la pregunta por el ente en cuanto tal el ser mismo queda fuera y, quedando fuera, entrega el pensar de la metafísica a su propio modo, es decir a dejar fuera ese permanecer fuera en cuanto tal y a no dejarse involucrar en ese dejar fuera. En la medida en que este pensar que se ha vuelto histórico como metafísica pertenece por su esencia al ser mismo, en la medida en que piensa desde el desocultamiento del ente en cuanto tal, también lo impropio del nihilismo se determina desde el ser mismo.

 

El nihilismo impropio es lo impropio en la esencia del nihilismo en la medida en que precisamente lleva a su acabamiento lo propio. En la unidad esencial del nihilismo esencia una diferencia. Lo impropio del nihilismo no cae fuera de su esencia. En ello se muestra: la inesencia pertenece a la esencia. Podría creerse que la relación de lo propio respecto de lo impropio indicada en el nihilismo es un caso especial de la relación universalmente válida entre esencia e inesencia, de manera tal que podría tomarse a aquella como un ejemplo de esta última. Pero la proposición: la inesencia pertenece a la esencia no es el enunciado formal y universal de una ontología acerca de la esencia que se represente metafísicamente como «esencialidad» y que aparezca de modo determinante como «idea». La proposición piensa en la palabra «esencia» [Wesen], comprendida de modo verbal (verbum), el ser mismo en el modo en que Él mismo, el ser, es. Pero Él es en el modo del permanecer fuera de sí mismo, el cual, en cuanto tal, encuentra albergue en un dejar fuera y queda así preservado. Este permanecer fuera mismo, sin embargo, en conformidad con el ocultamiento del desocultamiento del ser, esencia en lo sustraído. Por ello, el pensar que, en cuanto metafísico, se representa el ente en cuanto tal en el modo del permanecer fuera, es tan poco capaz de penetrar en el permanecer fuera como de experimentar el abandono del ente en cuanto tal por parte del ser mismo.

 

Si pensamos la esencia del nihilismo en el modo intentado, entonces pensamos el nihilismo desde el ser mismo como su historia, como la cual el ser mismo «es» ser. Ahora bien, la esencia del nihilismo de acuerdo con la historia del ser no muestra, sin embargo, aquellos rasgos que usualmente caracterizan a lo que se alude con el nombre corriente de «nihilismo»: lo que degrada y destruye, la declinación y la decadencia. La esencia del nihilismo no contiene nada negativo en el modo de algo destructivo que tuviera su sede en las convicciones humanas y se ejerciera a través de las acciones humanas. La esencia del nihilismo no es en absoluto cosa del hombre, sino del ser mismo, y por ello, entonces sí, es también cosa de la esencia del hombre y, sólo en esa secuencia, al mismo tiempo cosa del hombre; y presumiblemente no sólo una más entre otras.

 

Si lo negativo que acaba de mencionarse, lo que se encuentra dentro del fenómeno más inmediato del nihilismo tal como se lo entiende usualmente, no pertenece a su esencia, esto no quiere decir de ninguna manera que haya que pasar por alto, negar o considerar indiferente la realidad de los fenómenos destructivos. Se torna necesario preguntar, por el contrario, de dónde surgen esos fenómenos destructivos según su esencia, y no sólo según su conexión causal.

 

Pero cómo queremos siquiera plantear esta pregunta decisiva si no hemos pensado previamente la esencia del nihilismo y, a una con ello, no nos hemos colocado ante la pregunta si el permanecer fuera de la pregunta por la esencia del nihilismo no es incluso una de las condiciones del dominio de aquellos fenómenos? ¿Si este dominio de lo destructivo y aquel no preguntar y no poder preguntar por la esencia del nihilismo no proceden finalmente de la misma raíz común?

 

Si así fuera, poco se habría ganado si se pretendiera afirmar que la esencia del nihilismo, puesto que no consiste en esos fenómenos negativos, sería entonces algo positivo. En efecto, lo positivo comparte con su opuesto el mismo ámbito. Ascensión contra decadencia, elevación contra declinación, exaltación contra denigración, construcción contra destrucción, se mueven, en cuanto fenómenos opuestos, en el ámbito del ente. La esencia del nihilismo, en cambio, concierne al ser mismo, o, dicho de manera más adecuada, éste concierne a aquella, en la medida en que el ser mismo se ha trasladado a la historia de que de él mismo no hay nada.

 

Ahora, sobre todo si hemos pensado suficientemente la anterior elucidación del nihilismo, podríamos admitir que los fenómenos negativos aducidos no pertenecen inmediatamente a la esencia del nihilismo porque no llegan hasta ella. No obstante, insistiremos en que en la esencia del nihilismo tiene que imperar algo «negativo». De lo contrario, ¿cómo podría decir aún algo este nombre, cuya capacidad denominativa quisiéramos tomar en serio? La determinación precedente de la esencia del nihilismo ponía todo el peso en la diferencia entre lo propio y lo impropio dentro del nihilismo. El «in-» de lo impropio pone de manifiesto lo negativo.

 

Ciertamente. Pero ¿qué quiere decir «lo negativo»? ¿No apelamos aquí a una representación sin duda corriente, pero sin embargo grosera? ¿Se cree acaso que lo impropio del nihilismo es lo que está mal o incluso lo malo, frente a lo propio que sería lo correcto y lo bueno? ¿O se considera al nihilismo propio como lo malo y como lo que está mal y al impropio, si no como lo bueno, por lo menos como lo que no es malo?

 

Ambas opiniones, pasando por alto su precipitación, serían igualmente erróneas. Efectivamente, las dos juzgan lo propio y lo impropio en la esencia del nihilismo desde el exterior. Por otra parte, emplean para juzgar criterios respecto de los cuales aún habría que decidir si se pueden utilizar. En efecto, entretanto ya debería haber quedado claro que con la pregunta por la esencia que hemos planteado nos movemos en el ámbito del ser mismo, ámbito al que ya no podemos explicar y juzgar desde otro lado, suponiendo que el modo de pensar intentado resulte suficiente. Si el «in» emerge en la esencia del nihilismo, sólo se lo puede pensar desde la unidad de esa esencia. Ésta muestra una diferencia que el «in» hace resaltar. Pero aún permanece oculto si el «in» y el «no» tienen su esencia en la diferencia o si lo negativo del «in» sólo es aportado a la diferencia como consecuencia de una negación.

 

Pero ¿qué es lo que da ocasión y apoyo a esta negación en la unidad esencial del nihilismo? La pregunta no puede responderse inmediatamente. Por eso nos conformamos con comprender que en la esencia del nihilismo impera algo diferencial, algo diferencial que concierne al ser mismo. El «in-» no descansa ni en primer lugar ni solamente sobre una negación y su correspondiente negativo. Pero además, si en la esencia del nihilismo falta el rasgo fundamental de lo negativo en el sentido de lo destructivo, el propósito de superar el nihilismo de modo inmediato como algo pretendidamente sólo destructivo se muestra bajo una extraña luz. Con todo, más extraña aún sería la opinión de que un pensar que rechace la superación inmediata del nihilismo esencialmente pensado tendría que afirmar el nihilismo entendido de modo habitual.

 

¿Qué quiere decir superación? Superar significa: poner algo debajo de sí y al mismo tiempo, hacer que lo así dejado debajo de sí quede atrás como algo que en adelante no debe tener ya ningún poder determinante. Incluso si no tiene por finalidad eliminar, la superación es, sin embargo, un presionar contra…

 

Superar y querer superar el nihilismo, pensado éste ahora en su esencia, querría decir que el hombre vaya desde sí en contra del ser mismo en su permanecer fuera. Pero ¿quién o qué sería jamás lo suficientemente poderoso como para ir en contra del ser mismo, en cualquier respecto y con cualquier finalidad que sea, y de someterlo a la tutela del hombre? Una superación del ser mismo no sólo no puede llevarse a cabo nunca, sino que ya el intento de hacerlo se tornaría en el propósito de arrancar de sus goznes la esencia del hombre. Pues los goznes de esta esencia consisten en que el ser mismo, de cualquier modo que sea, incluso en el de su permanecer fuera, reivindica la esencia del hombre, esencia que es el albergue con el que se dota el ser mismo para trasladarse a un albergue tal como el advenir del desocultamiento.[xiv]

 

Querer superar el ser mismo querría decir arrancar de sus goznes la esencia del hombre. Se podría comprender la imposibilidad de este propósito en el sentido de que querer ir en contra del ser sería un gesto absurdo del pensar que, en cuanto tal, piensa desde el ser; en el sentido de que este propósito sería aún más absurdo -en el caso de que hubiera grados- que el intento del pensar de negar el ente en cuanto tal en el pensar, que es, sin embargo, algo que es. Pero aquí no está solamente en juego si el pensar, tomado por sí mismo, se contradice en su propia actividad y de este modo infringe una regla fundamental de sí mismo y cae en el absurdo. ¡Con cuánta frecuencia el pensar humano se enreda en contradicciones y permanece sin embargo en la vía por la que se satisfacen sus designios!

 

No se trata sólo ni en primer lugar de que el pensar, al ir en contra del ser mismo, caiga en lo lógicamente imposible, sino de que en tal ir en contra del ser mismo se subleva apartándose del ser mismo y abandona la posibilidad esencial del hombre, lo cual, a pesar de su absurdidad y de su imposibilidad lógica, podría realizarse como destino.

 

No se trata de que, en el intento de ir en contra del permanecer fuera del ser en cuanto tal y con ello en contra de éste mismo, no se siga una regla del pensar, sino de que el ser mismo no es dejado como ser, de que Él mismo es, por el contrario, dejado fuera. En tal dejar fuera reconocimos, sin embargo, un rasgo esencial del nihilismo. Querer ir de modo inmediato en contra del permanecer fuera del ser mismo querría decir no respetar al ser mismo como ser. La superación del nihilismo así querida sólo sería una severa recaída en lo impropio de su esencia, que desfigura lo que en él es propio. ¿Pero qué pasaría si la superación no fuese inmediatamente en contra del permanecer fuera de ser mismo y omitiera pretender medirse con el ser mismo yendo en contra del dejar fuera del permanecer fuera? Este dejar fuera, en la forma de la metafísica, es la obra del pensar humano. ¿Cómo no habría de ir éste en contra de su propia omisión, de la omisión de pensar el ser mismo en su desocultamiento?

 

Casi nadie querrá poner en discusión la necesidad de un esfuerzo tal, pero esta necesidad tiene que ser previamente experimentada. Esto comporta, sin embargo, que el hombre experimente este dejar fuera en cuanto tal, es decir, que experimente lo impropio en la esencia del nihilismo. ¿Pero cómo podría ocurrir esto sin ser previamente afectado por lo propio, por el permanecer fuera del ser en su desocultamiento?

 

No obstante, el ser no sólo retiene en sí su ocultamiento y lo conserva, por así decirlo, para sí, sino que, en conformidad con la esencial referencia del ser mismo a la esencia del hombre, el ser mismo contribuye al mismo tiempo a determinar que su dejar fuera acontezca en el pensar del hombre y por su intermedio. También una superación de ese dejar fuera sólo podría acontecer por parte del hombre de modo mediato, es decir, de modo tal que previamente el ser mismo, de modo inmediato, pretenda de la esencia del hombre que experimente el permanecer fuera del desocultamiento del ser en cuanto tal como un advenimiento del ser mismo y que piense lo así experimentado.

 

Si prestamos atención a la esencia del nihilismo como una historia del ser mismo, el propósito de superar el nihilismo pierde sentido, si por ello se entiende que el hombre someta desde sí esa historia y la doblegue a su mero querer. También es errónea una superación del nihilismo entendida en el sentido de que el pensamiento humano vaya en contra del dejar fuera del ser.

 

En lugar de ello, sólo es necesaria una cosa: que previamente el pensar, impresionado por el ser mismo, piense al encuentro del ser en su permanecer fuera en cuanto tal. Tal pensar al encuentro [xv] se basa en primer lugar en el reconocimiento de que el ser mismo se sustrae, pero en cuanto tal sustracción [Entzug] es precisamente la referencia [Bezug] que reivindica la esencia del hombre como el albergue de su advenir (del advenir del ser). Con este albergue sucede ya el desocultamiento del ente en cuanto tal.

 

El pensar al encuentro no deja fuera el permanecer fuera del ser. Pero tampoco intenta, por así decirlo, apoderarse de él y eliminarlo. El pensar al encuentro sigue al ser en su sustraerse. Lo sigue, sin embargo, de modo tal que deja ir al ser misacía como pensar de la metafísica que hasta ahora dejaba fuera. El pensar permanece atrás en la medida en que previamente lleva a cabo el decisivo paso atrás: atrás del dejar fuera, ¿y hacia dónde? Hacia dónde si no hacia el ámbito que ya desde hace tiempo el ser ha dejado al pensar, dejado en la forma, ciertamente encubierta, de la esencia del hombre.mo y él, por su parte, se queda atrás. ¿Dónde se demora entonces el pensar?

Ya no allí donde lo hacía como pensar de la metafísica que hasta ahora dejaba fuera. El pensar permanece atrás en la medida en que previamente lleva a cabo el decisivo paso atrás: atrás del dejar fuera, ¿y hacia dónde? Hacia dónde si no hacia el ámbito que ya desde hace tiempo el ser ha dejado al pensar, dejado en la forma, ciertamente encubierta, de la esencia del hombre.

 

 

 

 

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