LA DISOLUCIÓN DE LA RAZÓN

LA DISOLUCIÓN DE LA RAZÓN

 

 

 

 

 

 

 

La concepción de Nietzsche acerca de los límites de la ciencia, su interpretación de la verdad, entendida como lo susceptible de aparecer, y el círculo —que reaparece en formas constantemente nuevas— de unaaniquilación, por así decirlo, suicida de todo ser de la verdad, no ponen en cuestión a la razón en general.

Ya se trate de la moral, de la muerte de Dios o de la verdad, todo confluye en un perderse en la nada. Pero, dentro de tales extremos, Nietzsche quiere alcanzar, en sentido propio, al ser. Éste no es accesible como razón; por eso, trata de lograrlo por medio de la disolución de la misma o mediante un acto de irrupción.

Nietzsche ataca a la razón en cuatro formas:

 

1. Contra la afirmación de que la verdad se halla en el pensar, aplica su teoría de la interpretación y, con ello, del carácter aparente de todo lo pensado. Tal es la lógica peculiar de Nietzsche. Las categorías del pensamiento son engaños necesarios para la vida; tienen utilidad y constituyen instrumentos para apoderarse de algo (6, 22). Si no se creyese en ellas, el género sucumbiría(16, 20). Pero no son la verdad, sino ficciones. En efecto, su origen no está en el ser, sino que son la condición que permite pensarlo. Tal condición es la de que algo sea idéntico consigo mismo. Sólo si se piensa en la identidad (casos idénticos, lo que permanece igual a sí mismo) el ser será objeto del pensar. La admisión de un ente idéntico a sí mismo “es necesaria para pensar y poder concluir; la lógica sólo proporciona fórmulas para lo que permanece en identidad” (16, 30). Nietzsche desarrolla estos pensamientos en los siguientes pasos:

 

 

El pensamiento de la identidad exige el principio de contradicción. También éste, dentro del horizonte engañoso de un intelecto que busque al ser, constituirá una ficción.

 

“Al afirmar y negar una y la misma cosa, fracasamos.” Tal afirmación y negación sólo son una proposición de experiencia subjetiva: ella no expresa ninguna “necesidad”, válida para el ser mismo, sino tan sólo una impotencia de nuestra facultad de pensar. “La proposición no contiene criterio alguno de verdad, sino un imperativo acerca de lo que debe valer como verdadero” (16, 28 sq.).

 

La identidad y el no poder contradecirse tienen su raíz última, según Nietzsche, en el “yo”, que se pone como igual a sí mismo y como si fuese constante. Pero, para él, no hay ningún yo, fuera de esa posición. Lo que el idealismo alemán había pensado con la lógica del yo, entendido éste como laconciencia pensante en general, está admitido por Nietzsche; pero empleado como un medio para su ataque. El presupuesto sobre el que se apoya el movimiento de la razón —aquello que sería nuestra “fe en el yo”— constituye un límite: “nuestro pensar mismo supone esa fe; abandonarla significaría no poder seguir pensando” (16, 15).

 

El hecho de que el yo, la identidad y la imposibilidad de contradicción se relacionen unos con otros, constituye el círculo en el cual la facultad de pensar, en tanto interpretación siempre ficticia del ser, acontece a lo largo de la vida.

 

Ahora bien, puesto que todas las demás categorías (cosa, sustancia, sujeto, objeto, predicado, causalidad, mecanicismo y otras) sólo se refieren a un ser idéntico que no se contradice a sí mismo y también al ser de la diferencia, todas ellas son postuladas por el intelecto y puestas al servicio de la vida, que exige como condición suya algo constante. Sólo son ficciones en un ente. A partir de los fragmentos de Nietzsche se podría presentar una teoría de las,categorías ampliamente desarrollada.

 

Ella mostraría, en una repetición monótona, que cada categoría lleva implícito ese carácter de identidad, etc., y que cada una de ellas está al servicio de la vida y de la voluntad de poder.

 

El resultado de la lógica nietzscheana, constantemente confirmado,está en que el intelecto constituye un medio para vivir, aunque el intelecto no pueda captar el ser de la vida en sentido propio, a saber, el de un constante devenir.

“Nuestro intelecto no está hecho para concebir el devenir: se esfuerza por demostrar la rigidez general” (12, 23). “Pero el carácter del mundo que deviene” no es “formu-lable”; es “falso”, “contradictorio”, lógicamente inconmensurable. “El conocimiento y el devenir se excluyen… cierta especie de devenir tiene que crear el engaño del e n-t e” (16, 31); es decir, de un ser subsistente, idéntico consigo mismo.

 

Tal engaño sólo es posible por el círculo del pensar que se cierra en sí mismo. El sentido último de tales exposiciones, fundadas en la teoría de toda vida pensante, entendida como interpretación, está en la limitación de la razón al intelecto, y en la superación de su pretensión a la verdad, alcanzada por una exigencia de verdad de sentido diferente y que se mueve en un plano totalmente distinto..

 

Para la vida del hombre, la razón es inútil, peligrosa e imposible. Es inútil:

“La falta de razón de una cosa no es fundamento alguno contra su existencia; antes bien, constituye una condición de la misma” (2, 369). Es peligrosa. Siaparece como presunto saber de todo, además es ruinosa.

A la pregunta: “La razón, que hasta ahora se ha imaginado saber todo ¿ha conservado o más bien ha destruido?” (12, 156), Nietzsche responde con estas palabras: “si la humanidad realmente obrase según la razón, es decir, según el fundamento del pensar subjetivo y del saber, habría sucumbido desde hace mucho tiempo” (12, 157). Es imposible. No existe una verdad de la razón, capaz de fundamentar todas las cosas y mediante la cual se pudiese comprender la totalidad del hombre.

 

Si, por ejemplo, los tolerantes predicadores de la razón fundasen todo en la intelección racional, se mostraría que siempre exceptúan algún par de “verdades fundamentales” y, con respecto a ellas, ya no habría tolerancia alguna. “Sería bello atenerse a la razón, siempre que existiese una razón. Pero el tolerante se tiene que hacer dependiente de su razón, de su debilidad” (12, 172).

 

De hecho, no hay tal razón una, sobre la cual se pudiese fundar la existencia dada del hombre.

 

 

¿Qué significan semejantes ataques a la fe en la razón? Nietzsche la pone en cuestión, porque dicha verdad aparece como algo subsistente, pretendiendo fundamentar, en el origen, la verdad de la conciencia del ser, propia de la Existencia humana, y como si fuese lo único que tiene validez universal, susceptible de ser pensada por todos y por todos asimilable, siendo, de ese modo, capaz de soportar la vida en común de todos. Nietzsche la pone en cuestión, porque encubre la verdad propiamente dicha: la que soporta a la Existencia. En su filosofar, pregunta por esta verdad profunda. Si, con el nombre de “verdades fundamentales”,

Nietzsche sólo encuentra a los errores que condicionan la vida, esa pregunta será una mera indicación; en ella el pensamiento se limitará por un instante, y el mismo Nietzsche no se tranquilizará con ella.

 

 

3. A la cuestión metafísica de si la razón domina el mundo, la respuesta, dentro del pensar filosófico, siempre ha sido afirmativa en algún sentido, por mucho que éste haya diferido. Nietzsche, en cambio, niega semejante razón metafísica del todo. “Lo único de racional que conocemos, es la partícula de razón del hombre” (10, 414). El torbellino de las fuerzas del mundo carece de razón. “El hecho de que el mundo n o sea el conjunto de una racionalidad eterna se puede demostrar de modo definitivo, porque el trozo de mundo que conocemos —nuestra racionalidad humana— no es demasiado racional” (3, 190). En efecto: “Incluso entre los más sabios, la razón sigue siendo la excepción. El caos, la necesidad y el torbellino de las estrellas: he aquí la regla” (12, 243). Y “entre todas las cosas, hay algo imposible: la racionalidad.

 

Por cierto que un poco de razón está esparcido de estrella a estrella: esalevadura está mezclada con todas las cosas” (6, 243). Para Nietzsche es asombroso 318 el hecho de que, en general, la razón exista. ¿Cómo ha llegado al mundo? “Como es justo, de un modo no-racional, por azar. Habrá que contar con él, como un enigma” (4, 125).

 

La fe metafísica en una razón que prevalece en el mundo, depende de la fe en Dios, o es idéntica con ella. Para Nietzsche ambas han caído. La fe en la verdad sólo era consecuencia de la fe en “que Dios es la verdad y en que la verdad es divina… Pero ¿cómo sería posible tal circunstancia, si se vuelve cada vez más increíble, si ya nada se muestra como divino, fuera del error, la ceguera y la mentira, si Dios mismo se ha mostrado como nuestra más duradera mentira?” (5, 275 sq.).

 

Con tal ataque, Nietzsche quiere rechazar la fe y la confianza en la razón objetiva del todo, entendida como la creencia en un principio pensable e inteligible. Poner semejante razón como absoluto, equivaldría, para él, a tornar invisible al ser mismo. La agresividad oculta, dentro de ella misma, el llamado dirigido al origen del hombre, el cual debe adquirir una verdadera certeza de sí mismo y no enmascararse con la presunta racionalidad universal de la existencia dada y de sí mismo.

 

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