LA NUEVA INTERPRETACIÓN DE NIETZSCHE (LA VOLUNTAD DE PODER) II

VOLUNTAD DE PODER R

 

 

 

 

 

 

El tener que superarse deriva del hecho de que la vida es intento. Cuando ella aprehende ese carácter fundamental, se acrecienta: intenta mucho y supera mucho. “Que tu vida sea un centuplicado intento; que los fracasos y los éxitos te lo prueben”. “Es necesario querer morir para poder nacer de nuevo. . . Que tu vida y que tu destino sea el de una transmigración a través de cien almas”.

 

Puesto que la voluntad de poder —ese hecho fundamental y último del ser— sólo se puede manifestar en el combate, “ella buscará lo que se le resiste”. Puesto que la resistencia es un obstáculo; puesto que la consecuencia de este último está en el displacer, el disgusto será un motivo necesario de toda actividad. “La insatisfacción es el gran estimulante de la vida. “La voluntad de poder aspira llegar a las resistencias, al displacer. En el fondo de toda vida orgánica, hay una voluntad de sufrimiento”.

 

La voluntad de poder busca el ser efectivo de la vida: “donde la vida aparece, aparece como dolor y como contradicción. Es preciso saber “que la vida misma necesita la hostilidad, la muerte y la cruz de los martirios”. “Vivir: he ahí la tortura”.

 

Por eso, la determinación fundamental de la vida es la siguiente: “Para vivir la vida con gusto, tienes que sobrepasarla”. La voluntad de poder de la vida no es la voluntad de vivir la vida como mera vida. El ser, que esvoluntad de poder, tiene a la vida bajo sí mismo, la cual se debe abandonar en favor del ser propiamente dicho. Nietzsche invierte la antigua verdad. “El amor a la vida es casi lo contrario del amor a una vida prolongada. Todo amor piensa en el instante y en la eternidad; pero jamás en lo ‘prolongado'”.

 

El hecho de sobreponerse a la vida se manifiesta de modo decisivo en la voluntad de peligro. “Vivir significa, en general, estar en peligro”; pero “la búsqueda instintiva de una vida poderosa” es diferente “a vivir en peligro. “El hecho de poner en juego la vida es consecuencia de una voluntad superabundante y pródiga. Todo gran peligro fomenta nuestra curiosidad con respecto a la medida de nuestra fuerza y de nuestra valentía”. Y si, en el combate, se sacrifica la vida, “en cada victoria estará el desprecio por la vida”. Por eso, dijo Nietzsche: “el secreto para cosechar la mayor fecundidad y el goce más grande de la existencia se llama: vivirpeligrosamente.

 

El hecho de que la vida sea voluntad de poder, es decir, voluntad de ser más, de acrecentamiento, de combatir por el crecimiento, se opone, en Nietzsche, a otras determinaciones que, a primera vista, parecen afines. Contra Spencer dice: “La vida no consiste en la adaptación de las condiciones internas a las externas, sino en la voluntad de poder, que siempre, y desde dentro, somete a lo ‘externo’ y se lo incorpora cada vez más”. La vida no es, en sentido primario, reactividad, sino actividad. Contra Darwin sostiene que la vida no es lucha por la existencia —ello sólo sería un hecho de excepción—, sino lucha por el poder, por lo más y por lo mejor.

 

Contra Spinoza afirma que la esencia de la vida no está en la autoconservación: ella no actúa para conservarse, sino para llegar a ser más. Contra Schopenhauer dice: lo que él llama voluntad sólo es una palabra vacía; del carácter de tal voluntad se ha quitado el contenido que p ocede del “dónde”. No hay una voluntad de existir. “En efecto: lo que no es, no puede querer; pero lo que existe, ¿cómo podría querer la existencia? Sólo donde está la vida, también se halla la voluntad; pero no la voluntad de vivir, sino la voluntad de poder”.

 

Determinaciones fundamentales obtenidas a partir del ser de la perspectiva interpretante. Si recordamos que la existencia dada sólo es en cuanto existencia interpretante, que todo ser es perspectivístico y que si se descuenta todo cuanto tiene carácter de perspectiva no resta mundo alguno , surgirá la siguiente pregunta: ¿cómo se relaciona ese modo fundamental del ser con la voluntad de poder?

 

La misma voluntad de poder explica (interpreta). Como vida, está condicionada por el carácter perspectivístico. La vida “sólo es posible cuando está conducida por las fuerzas que estrechan, creando, de ese modo, perspectivas”. La voluntad de poder interpreta  dentro de perspectivas producidas por ella misma. “No se podrían sentir las meras diversidades del poder como tales.” Algo que quiere crecer, interpreta otro algo, que también quiere crecer con relación a su valor. “En verdad, la interpretación es un medio para dominar algo” . Si “todo acontecer del mundo orgánico es dominación”, ésta será “una nueva interpretación, una disposición por la cual se oscurecen, necesariamente, el sentido y las metas anteriores”. “Todo centro de fuerzas tiene, para el resto, una perspectiva propia; es decir, una valoración determinadísima, un propio modo de obrar y de resistir. Ahora bien: no hay ninguna otra clase de acción, y el ‘mundo’ sólo es la palabra que designa el juego total de esas acciones”.

 

 

Pero si se pregunta ¿Quién actúa? ¿Quién es aquel centro? ¿Qué quiere el poder? ¿Quién interpreta? Nietzsche responde: “Ningún sujeto-átomo”. “La interpretación misma, entendida como una forma de la voluntad de poder, tiene existencia”. Por detrás de la interpretación no se debe poner al intérprete. “La constante fugacidad y fluidez del sujeto” no tiene el ser característico de lo que tiende a lo sustancial. “La esfera de un sujeto está en continuo crecimiento o disminución: el punto central del sistema se desplaza constantemente”. La esfera perspectivística no nace de una conducta previa al sujeto que es y que se quiere conservar. “Un ser no se quiere conservar en virtud del ser orgánico, sino que quiere crecer y hacerse consciente de sí mismo en virtud del combate mismo” .

 

 

Conciencia significa lo mismo que ser-interpretado: ambos son designados por Nietzsche con la palabra espíritu. El saber, dentro de la perspectiva que nace de la interpretación correspondiente, es existencia espiritual. Dicha existencia dada, al interpretar, se mueve en un círculo: está producida por la voluntad de poder de la vida y puesta al servicio de ella; pero luego, por así decirlo, le vuelve las espaldas a la vida, al separarse de ella para ponerse a símisma. De ese modo, parece ser idéntica a la vida, en la cual se agota; pero también se le opone, pudiendo volverse extraña a la misma. Es menos que vida, en tanto ésta la abarca, y es más que vida, en cuanto la determina, la configura, la produce y la sacrifica. Puesto que el espíritu mismo es vida —de tal modo que tanto puede ser instrumento de ella como ponerse por encima de ella— son posibles las proposiciones contradictorias, según las cuales la vida es, por una parte, el poder superior y dominante (cuando se la compara con el conocimiento) y, por otra parte, es un medio de conocimiento .

 

O también: “donde la vida y el conocimiento parecen contradecirse, jamás se ha luchado con seriedad”. El combate entre la vida y el conocimiento se hace tanto más grande cuanto más poderosos son ambos impulsos . Si el espíritu sólo es “un instrumento puesto al servicio de la elevación de la vida”, también tendrá vigencia esta otra proposición: “el espíritu es la vida que graba a la vida misma”.

 

Si, para Nietzsche, la voluntad de poder se ha convertido, sin más, en la esencia del ser, habrá que preguntar: ¿cómo se relacionan entre sí los entes que se hallan dispersos en la multiplicidad de la voluntad de poder? Tal relación no está en la interpretación que comprende, ni tampoco es sin ella; pero sólo se la puede obedecer cuando se la comprende. “¿De qué clase es la coacción que un alma más fuerte ejerce sobre otra más débil? Sería posible que la aparente desobediencia del alma superior descansara en la nocomprensión de su voluntad: no se puede, por ejemplo, comandar a una roca… Sólo se pueden comprender los parientes más próximos y, por consecuencia, puede haber obediencia”.

 

 

Pero la palabra “interpretación” está tomada por Nietzsche en un sentido tan amplio como el significado que, para él, tenía la ampliación de la metafísica de la voluntad de poder al ser sin más. En efecto, sostiene que todo ente es ente en el modo de una interpretación; por tanto, es signo de la infinita complejidad de las significaciones posibles. “Todo lo material es una especie de síntoma del movimiento de un acontecer desconocido. Y, del mismo modo, son síntomas todo lo consciente y todo lo sentido. El mundo que podemos comprender a partir de esos dos aspectos, podría tener muchos otros síntomas”.

 

Pero lo desconocido es, en el fondo, voluntad de poder. Si, de tal suerte, toda existencia es, para Nietzsche, una especie de lenguaje “por el cual se comprenden las fuerzas”, verá en el mundo un a sgarramiento radical, producido por los modos del lenguaje y de la comprensión. “En el mundo inorgánico falta el equívoco: la comunicación parece ser perfecta. Con el mundo orgánico comienza el error”. “Aquello que originariamente engendró la vida fue el error más grosero posible”. “Parece que la vida estuviese construida sobre la apariencia: pienso en el error, en la mentira, en el fraude, en la ceguera y en la ceguera con respecto a uno mismo”.

 

Determinaciones fundamentales obtenidas a partir de la esencia. No obstante la fórmula según la cual la voluntad de poder no es la voluntad de un ser (Wesen), sino la del combate que se quiere conservar a sí mismo, la posición decisiva de Nietzsche resulta del hecho de que la voluntad de poder n o pertenece a una sola clase, siempre de la misma índole. Antes bien, hay un algo (Was) que quiere, y ese algo siempre es esencialmente diverso.

 

Como es natural, hallamos muchas fórmulas en las que Nietzsche habla del poder como de algo peculiar, y cuyas diferencias son meramente cuantitativas. La siguiente proposición parece ser unívoca: “fuera 431 del grado de poder, nada hay en la vida que tenga valor”. Lo mismo ocurre con esta otra: “lo que determina e impide la jerarquía son, exclusivamente, las cantidades del poder y nada más”. “El quantum de poder que está en ti, decide acerca de la jerarquía”. “El valor es el quantum más alto del poder que el hombre es capaz de incorporarse”. La cantidad de poder sería, al mismo tiempo, cantidad de valor: elpoder constituiría, por sí mismo, la jerarquía.

 

Pero el poder es ambiguo. En ningún caso la jerarquía, tomada en cualquier sentido, coincide con el grado del poder. Por eso, encontramos muchas expresiones dirigidas, en apariencia, en contra del poder como tal. “El precio del poder es caro: éste embrutece”. “El poder es tedioso”.

 

Tales juicios muestran que el poder y el valor, para Nietzsche, no pueden ser idénticos o tener el mismo sentido. Por eso, finalmente, rechazará el criterio cuantitativo del poder: lo decisivo no será la cantidad, sino la cualidad. La “concepción mecanicista no acepta más que cantidades; pero las fuerzas se ocultan en la cualidad”. Las cantidades mismas quizá no sean sino signos de cualidades. “En un mundo puramente cuantitativo, todo sería muerto, rígido, inmóvil’. Pero las cantidades de poder, a su vez, no son signos unívocos de la cualidad, tal como ocurre, por ejemplo, en lo político. Dentro de la vida del Estado, la cantidad más elevada de poder no coincide sin más con los valores más altos.

 

Mediante la separación operada entre el poder y el valor superior, se produce en el mundo un desastre radical. Si bien “la fuente verdadera de los sentimientos superiores se halla en el alma del poderoso”, lo superior en la jerarquía sería lo cualitativo; pero, de hecho, carecería de poder: el poderoso ya no sería lo superior sin más, sino que se tornaría problemático. “En todos los casos en que lo más alto no es lo más poderoso, algo le faltará a lo superior mismo: sólo será un fragmento y una sombra.

 

Si, a la inversa, el poder efectivo no es el valor superior, su acción será, de muchas maneras, ruinosa. “El abuso del poder, por parte de los emperadores romanos”, hizo triunfar, en Europa, la moral de los impotentes. En efecto, los conceptos morales del cristianismo eran medios para que la impotencia dominara sobre el poder abusivo, de tal modo que ni el poder romano aniquilado, ni el poder cristiano, recientemente establecido, exponían el valor más alto. No lo exponía el poder romano, porque era brutal, y el cristiano tampoco, porque era el poder de los menos valiosos. La presunta unidad entre el poder y el valor es, en todas esas concepciones, contingente.

 

 

El poder más grande no constituye, como tal, el valor más alto. Tales ideas no se pueden reducir a unidad no-contradictoria, si es que, de modo unívoco, llamamos “poder” al valor más alto. Sólo cuando, por un instante, ocurre tal cosa, es justa la proposición de Mess (Nietzsche der Gesetzgeber): “Nietz-sche opina, justamente, que los griegos eran incomparablemente más poderosos que los romanos: éstos sólo eran ‘dominadores’, pero no ‘legisladores’.”

 

 

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