LA PASIÓN POR LA ILIMITADA VOLUNTAD DE VERDAD

LA PASIÓN POR LA ILIMITADA VOLUNTAD DE VERDAD

 

 

 

 

 

 

 

Nietzsche buscaba la certeza metódica de las ciencias, pero con el fin de considerar de un modo tanto más decisivo los límites de la misma. Bosquejóuna teoría de la veracidad, entendida como la interpretación que realiza la vida,llegando después al círculo del pensamiento. No lo condujo una voluntad destructiva, sino la pasión por la verdad; y ésta no se puede satisfacer.

No buscó un saber de lo singular ni se contentó con un modo cualquiera de la certeza, sino que pugnaba por llegar al origen y al límite, sobrepasando todo lo determinable y captable. Nietzsche ha confirmado con frecuencia semejante pasión por la verdad. “¡Qué me importa la bondad del corazón, la firmeza o el genio, si el hombre que posee tales virtudes tolera en sí mismo un flojo sentimiento de fe y de juicio, si la exigencia de certeza no rige, para él, como el más íntimo deseo y la más profunda necesidad!… Estar en medio de la maravillosa incertidumbre y ambigüedad de la existencia entera y no preguntar… he aquí algo que siento como despreciable”.

 

 

“La pasión por lo que, pese a toda consideración, es Verdadero’, constituye la pasión suprema, y por eso tan rara hasta ahora” (12, 127). Nietzsche se quiere abandonar a esa pasión sin limitaciones: puede acallar todas las objeciones que provienen de las necesidades o de las comodidades de la vida. “He aquí mi filosofía: arrancar al hombre de la apariencia, cualquiera sea el riesgo” (12, 18). En efecto, “el conocimiento se nos ha convertido en una pasión que no se espanta ante sacrificio alguno” (4, 296). Nada lo podría anular: “un grito de júbilo por el conocimiento; que esa sea tu última voz” (2, 267).

 

 

Conmovido por la pasión de lo verdadero, Nietzsche se entrega a la probidad, entendida como una virtud nueva, y se enfrenta a la justicia, como siendo la actitud humana más digna de respeto. Tratándose de ambos modos de la veracidad, ellos no tienen, para él, la vigencia de ser signos racionales y unívocos, ni tampoco se convierten en ideales plásticos. Antes bien, la veracidad misma se convierte en un peligro para la verdad, cuando ésta combate consigo misma. La pasión por la ilimitada voluntad de verdad sólo llega a la cima cuando se aplica a sí misma y se pone en cuestión.

 

La probidad. Cuando toda verdad, en alguna de sus formas determinadas, parece desaparecer, la probidad subsiste como fundamento último: en el fracaso del conocimiento ella siempre es un comienzo posible e indestructible, que perdura en tanto el yo es. Nietzsche se entrega a la probidad, que es la “lealtad intelectual”, entendida como el presente de la veracidad humana, que todo lo atraviesa.

 

Puesto que la probidad constituye el supuesto de la Existencia, no está tanexpresamente ensalzada como la justicia. “No pienso que la probidad para con uno mismo sea algo demasiado elevado y puro; pero, en ella, encuentro una exigencia de pureza. Se puede ser lo que se quiera: genio o actor, con tal que se sea puro” (11, 261). Sin embargo, esa exigencia no propone limitación alguna: “soy incapaz de reconocer la grandeza, si ella no está vinculada con la

probidad” (11, 379).

La probidad siempre comienza con ser “probidad para con nosotros mismos” (11, 261). Sólo ella posibilita el devenir de nuestro ser subjetivo y propio (Selbstseins). En primer lugar, “el crecimiento” de la probidad nos hace independientes de la inspiración del impulso” (11, 260) y, en segundo término, ella determina los límites de mi capacidad de conocer. “El ojo deja de ver, no cuando cesa de conocer, sino cuando nuestra probidad acaba” (12, 290). Por eso, “con respecto a todo lo real, la probidad puede ser, a veces, cuestión de decencia, y el hombre de imaginación fantástica, simplemente porque es indecente, quedará fuera de consideración” (11, 262).

 

Nietzsche llama a la probidad, su virtud, nuestra virtud y la nueva virtud.

 

 

“En todo lo demás, sólo somos herederos y, quizá, disipadores de virtudes” (13, 42). Según Nietzsche, la probidad no aparece entre las virtudes socráticas, ni tampoco entre las cristianas. “Es una de las virtudes más jóvenes: todavía poco madura, todavía confundida con otras y desconocida, apenas consciente de ella misma, es una virtud que está en devenir” (4, 309). “Sólo nosotros tenemos honradez… ella se nos ha convertido en instinto y en pasión; y, más que a cualquier otra mentira, les hace la guerra a las ‘mentiras sagradas'” (8, 261).

 

 

¿Por qué semejante virtud nos ha sido tan rara? Nietzsche contesta: porque existen demasiadas razones para no ser veraz, a pesar de tenerse una buena conciencia moral. Si, por ejemplo, los hombres creyesen en algo in majorem dei gloriam o si afirmasen las verdades porque las desean, pero de tal modo que, al desearlas, se podrían sentir despojados del yo, entonces no tendrían ningún escrúpulo de conciencia por la falta de veracidad que está en juego.

 

En efecto: “si se sintiesen a sí mismos como despojados del yo, les parecería que les está permitido tratar más fácilmente con la verdad” (4, 309). Incluso, entre los filósofos, nada hay más raro que la honradez intelectual. Ella sólo nos permite ciertas verdades: “los filósofos saben qué deben probar” (15, 474).

 

El “amor al bien” destruye en ellos su honradez (15, 483), puesto que aceptan como argumentaciones a sus propios “bellos sentimientos” (15, 441). Pero las masas no quieren probidad alguna: “odian profundamente a quienes tratande conocer y a la más joven de las virtudes, a la que se llama probidad” (6, 44).

 

 

Pero la probidad trata de limitarse a sí misma. Al exigirla de un modo ilimitado, Nietzsche pudo axclamar, repentinamente: “Si algún día nuestra probidad se fatigase… nos endureceríamos, seríamos los últimos estoicos.” Y, en seguida, limita lo así afirmado: “Nosotros, espíritus libres, cuidamos nuestra probidad, con el fin de que ella no se convierta en nuestro orgullo, en nuestra jactancia y magnificencia, en nuestro límite y en nuestra torpeza.

 

Toda virtud se inclina hacia la torpeza, y toda torpeza hacia la virtud. Nos preocupamos con el fin de que la probidad no se vuelva finalmente sentimental y aburrida” (7, 182 sq.).

 

 

La autolimitación de la probidad tiene un doble sentido. En primer lugar, la vida obliga a que la dividamos en probidad 302 para con nosotros mismos y en probidad para con los demás. Quizá el hombre tuviera que aprender a no ser probo con respecto a los demás, con tal que, con relación a sí mismo, sigasiendo verdadero. “El disimulo intencional se apoya en el… sentido de la probidad para consigo mismo” (11, 261). Pero, en segundo lugar, la posibilidad de la probidad problematiza la probidad del hombre para consigo mismo.

 

En la primera dirección, la autolimitación de la probidad nace, según Nietzsche, de la tolerancia hacia lo que ya tiene vigencia. “Queremos actuar humanamente, con sentido por la probidad, aunque estemos seguros de poseer con ella una tortura que hará sufrir sangrientamente a los grandes egoístas que, todavía ahora, quisieran imponer sus creencias al mundo entero” (4, 343).

 

 

La autolimitación de la probidad surge, además, del saber leal de lo que es realmente posible. En el mundo, no es posible vivir ni mentir. El problema de la genuina veracidad todavía no ha sido captado por nadie —piensa Nietzsche. “Contra la mentira se han dicho ingenuidades propias de un maestro de escuela” (11, 261). Si se exige la veracidad, de acuerdo con el mandamiento que dice “no debes mentir”, la mirada proba, “que reconoce lo efectivo (el no dejarse engañar) habrá sido” extrañamente, “la más grandiosa de las m e n t i r a s. Se reconoció la falta de efectividad de ese concepto popular de veracidad” (15, 413). Esta última, la veracidad, sólo es posible en circunstancias particulares: “es necesario que todo el ámbito humano sea muy limpio, pequeño y respetable; toda ventaja se tiene que poner de parte de loverídico” (16, 48).

 

La situación efectiva es la siguiente: “Sólo bajo ciertos supuestos se dice lo que se piensa; es decir, se es veraz’: bajo el supuesto de ser entendidos (ínter pares) y, como es natural, de ser entendidos con benevolencia (también inter pares). Ante el extraño, uno 303 se oculta, y quien

quiera alcanzar algo, dirá lo que quiere que se piense de él, pero no lo que él mismo piensa” (15, 413).

 

 

En la segunda dirección —puesto que, quizá, una probidad ilimitada no seaposible, porque al perder límites se anularía— Nietzsche aprehende la autolimitación de la probidad en sí misma, trascendiendo el mundo de las realidades humanas para alcanzar así vina metafísica del cosmos, entendido éste como mundo de la apariencia. La proposición que dice: “en un mundo que fuese esencialmente falso, la veracidad sería una tendencia antinatural” (16, 48), se puede relacionar con el disimulo externo; pero también a ella le es posible acertar con la veracidad para con uno mismo. Ya para el joven Nietzsche, sólo el carácter aparente del arte llegaba a ser un camino hacia la verdad. “Ser por entero veraz: he aquí un heroico y magnífico placer del hombre, dentro de una naturaleza mentirosa. Pero sólo muy relativamente es posible… La veracidad del arte: únicamente ella es ahora honrada” (10, 141).

 

 

Finalmente, la veracidad sólo tiene sentido, para él, “en cuanto medio para alcanzar una potencia de falsedad más alta” (16, 48). Y en cuanto al conocimiento mismo, rige lo siguiente: “La veracidad es uno de los medios del conocimiento: un escalón, pero no todos los escalones” (12, 243). De este modo, también la proposición que sigue alcanza significación. “Quien sea verídico, acabará por entender que siempre miente” (12, 293). Nietzsche pudo decir de sí mismo: “¿qué sabéis cuántas falsedades necesitaría aún para poder permitirme el lujo de mi veracidad?” (2, 5).

 

La justicia. La veracidad y la probidad sólo tienen un significado preciso, según Nietzsche, por la justicia; ésta es posible por aquéllas. El hecho de que la probidad sólo sea, para él, una cuestión de limpieza, corresponde a su actitud práctica, volitiva y pedagógica; pero la justicia es cosa del pathos. Así lo confiesa: “Nosotros, que somos seres mezclados 304 y que ora nos quemamos con el fuego, ora nos enfriamos con el espíritu, queremos arrodillarnos ante la justicia, como la única diosa que reconocemos por encima de nosotros mismos” (2, 412).

 

“Nadie, fuera de quien posea el impulso o la fuerza hacia la justicia, podrá, en verdad y en tan alto grado, exigir nuestra veneración. En efecto: en ella se reúnen y se ocultan las más altas y raras virtudes, como en unmar insondable” (1, 327). Cuando la justicia se le presentó como inalcanzable, el maduro Nietzsche dijo: “El hecho de quellegara a lo que, en sentido propio, todavía me falta en absoluto, es decir, a la justicia, ocurrió tardíamente. ‘¿Qué es la justicia? ¿Y es posible? Y, si no fuese posible, ¿cómo se podría tolerar la vida?’ De modo incesante me hacía preguntas parecidas a esas” (14, 385). Su voluntad, siempre fue esta: “sea como fuere, queremos ser justos y a ello aspiramos lo más que nos es posible” (12, 135). La misma aspiración a la verdad encuentra, en este punto, su justificación. “Sólo en cuanto lo verdadero tiene voluntad incondicionada de ser justo, la aspiración —por todas partes glorificada sin reflexión— hacia la, verdad, constituye algo grandioso” (1, 328).

 

Pero la esencia de la justicia, sólo se manifiesta en el movimiento del sentido

que le es propio y a través de expresiones de Nietzsche que, en apariencia,

son inconciliables.

 

 

El justo quiere la verdad “no sólo como conocimiento frío y desprovisto de consecuencias, sino en tanto verdad justiciera, que ordena y que castiga; no quiere la verdad como posesión egoísta del individuo, sino como sagrada justificación de desplazar todos los límites de una propiedad egoísta” (1, 328).

 

Puesto que la verdad es condición y esencia de la justicia, ésta será de tal índole “que evitará con repugnancia todo cuanto ciega y confunde las cosas.

 

Por tanto, será enemiga de las convicciones, ya que quiere dar lo suyo a cada cosa, sea ésta viva o muerta, real o imaginada —y para cumplir tal tarea, la justicia tiene que ser conocida de modo puro. .. Finalmente, en virtud de la verdad, tendrá que dar a su enemiga, a la ciega o miope ‘convicción’, lo 305 que es de la convicción” (2, 411). La voluntad de justicia, que consiste en dar a toda clase de existencia efectiva lo que a ella le pertenece, es ilimitada. Puesto que, cada uno, individualmente, necesita una justificación filosófica total, para vivir y para pensar conforme a la propia índole, Nietzsche exigirá lo siguiente: “También el malvado, el desdichado y el hombre de excepción deben tener una propia filosofía, así como un buen derecho y un rayo de sol…

 

¡Se necesita una nueva justicia…! También la tierra moral es redonda.

 

También la tierra moral tiene antípodas. También los antípodas tienen derecho de existir” (5, 218). Tal actitud también exige esto: “Tenemos que volver a quitar del mundo la compleja y falsa grandiosidad, porque ella se opone a la justicia a que todas las cosas pretenden” (4, 14).

 

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