LA PRIMERA COMUNICACIÓN DE LA DOCTRINA DEL ETERNO RETORNO:«INCIPIT TRAGOEDIA»

«INCIPIT TRAGOEDIA»

 

 

 

 

 

 

El pensamiento del eterno retorno de lo mismo, en cuanto es el mayor de los pesos, es el pensamiento más grave. ¿Qué acontece si se piensa efectivamente este pensamiento? Nietzsche da la respuesta con el título del fragmento que sigue inmediatamente a la primera comunicación del pensamiento más grave y constituye la verdadera conclusión de La gaya ciencia (342; la. ed. 1882): «Incipit tragoedia».

 

Comienza la tragedia. ¿Qué tragedia? Respuesta: la tragedia del ente en cuanto tal. ¿Pero qué entiende Nietzsche por tragedia? Ella canta lo trágico. Tenemos que saber que Nietzsche determina lo trágico sólo desde el aludido comienzo de la tragedia. Con el pensar del pensamiento del eterno retorno lo trágico en cuanto tal se convierte en el carácter fundamental del ente.Visto históricamente, es el comienzo de la «época trágica para Europa» (La voluntad de poder, 37; y XVI, 448). Lo que aquí comienza y lo que aquí acontece tiene lugar en el mayor silencio, y durante largo tiempo permanecerá oculto para la mayoría; nada de esta historia aparece en los libros de historia.

 

 

«Son las palabras más silenciosas las que traen la tormenta.

Pensamientos que vienen con pies de paloma gobiernan el mundo.

» (Asi habló Zaratustra, II, final)

«Qué importa que nosotros, más cuidadosos y reservados,

por el momento no abandonemos aún la vieja creencia de que

sólo el gran pensamiento da grandeza a una acción y una cosa.»

(Más allá del bien y del mal, 241)

 

Y finalmente:

 

«No alrededor de los inventores de nuevos ruidos sino alrededor

de los inventores de nuevos valores gira el mundo;y gira inaudible»

(Así habló Zaratustra, II, «De los grandes acontecimientos»).

 

 

Sólo unos pocos, los escasos que tienen oídos para eso que es inaudible, percibirán el «incipit tragoedia». ¿Pero cómo comprende Nietzsche la esencia de lo trágico y de la tragedia? Sabemos que su primera obra estuvo dedicada a la cuestión del Nacimiento de la tragedia.

 

La experiencia de lo trágico y la meditación sobre su origen y su esencia forman parte de los componentes fundamentales del pensamiento de Nietzsche. En correspondencia con el cambio y la clarificación interna que experimenta su pensamiento, se clarifica también su concepto de lo trágico. Pero desde un comienzo se opuso a la interpretación dada por Aristóteles, según la cual lo trágico provoca la κάθαρσις. De acuerdo con esta concepción, al suscitarse temor y compasión se provoca la purificación y elevación moral. «Repetidas veces he puesto el dedo en el gran malentendido en que cae Aristóteles cuando cree reconocer los afectos trágicos en dos afectos deprimentes, el temor y la compasión» (La voluntad de poder, 851;). Lo trágico no tiene ninguna relación originaria con lo moral. «Quien experimenta la tragedia moralmente, todavían tiene algunos escalones que subir» (XII, 177;).

 

Lo trágico forma parte de lo «estético». Para aclarar esto, tenemos que exponer la concepción nietzscheana del arte. El arte es «/a» «actividad metafísica » de la «vida»; él determina cómo es el ente en su totalidad en la medida en que es: el arte supremo es el trágico; por lo tanto, lo trágico forma parte de la esencia metafísica del ente.

 

 

De lo trágico mismo forma parte lo terrible, pero no como lo que al provocar temor lleva a eludirlo huyendo a la «resignación», anhelando la nada; por el contrario: lo terrible como aquello que es afirmado, y afirmado como lo que forma parte inalterablemente de lo bello. Hay tragedia cuando lo terrible se afirma como la oposición interna que pertenece a lo bello. Lo grande y elevado y lo profundo y terrible se pertenecen mutuamente; cuanto más originariamente se quiera lo uno, con tanta mayor seguridad se alcanzará lo otro. «Lo terrible forma parte de lo grande: no hay que dejarse engañar» (La voluntad de poder, n. 1028).

 

La afirmación de la perte- nencia mutua de estos opuestos constituye el conocimiento trágico, la actitud trágica, lo que Nietzsche también llama lo «heroico». «¿Qué vuelve heroico?», pregunta Nietzsche en La gaya ciencia (n. 268). Respuesta: «Ir al mismo tiempo al encuentro de su supremo sufrimiento y de su suprema esperanza». El «al mismo tiempo» es aquí lo decisivo, no usar uno contra el otro, menos aún abstraer de los dos, sino volverse señor de su infelicidad, lo mismo que de su felicidad, es decir, no engañarse con la pretendida victoria.

 

«Son los espíritus heroicos los que en la crueldad trágica se

dicen sí a sí mismos: son lo suficientemente fuertes como para

sentir el sufrimiento como placer.» (La voluntad de poder, n. 852)

 

El espíritu trágico acoge en sí las contradicciones y lo que es digno de cuestionarse (XVI, 391; cfr.XV. 65;XVI, 377;XIV, 365 s.). Lo trágico sólo está allí donde domina el «espíritu», y esto en grado tal que sólo en el ámbito del conocimiento y de quien conoce acontece la suprema tragedia: «Los supremos motivos trágicos no han sido hasta ahora utilizados: los poetas nada saben por experiencia de las cien tragedias del que conoce» (XII, 246; 1881/82). El ente mismo condiciona el sufrimiento, la destrucción y el no, en la medida en que le pertenecen. En el pasaje del Ecce homo en el que relata el surgimiento del pensamiento del eterno retorno, Nietzsche dice:

 

«… esa fórmula suprema de afirmación que pueda llegar a

alcanzarse.» (XV, 85)

 

¿Por qué el pensamiento del eterno retorno es la afirmación suprema? Porque también afirma el no extremo, la aniquilación y el sufrimiento como pertenecientes al ente. Por eso, sólo con este pensamiento el espíritu trágico llega al ente de modo originario y total: «Incipit tragoedia», dice Nietzsche; pero también dice: «INCIPIT ZARATUSTRA» (El ocaso de los Motos;VIII, 83).

 

Zaratustra es el primer y auténtico pensador del pensamiento de los pensamientos. Ser el primer y auténtico pensador del pensamiento del eterno retorno de lo mismo es la esencia de Zaratustra. Este pensamiento del eterno retorno de lo mismo es en tal medida el más grave que ninguno de los hombres medios existentes hasta el momento ni puede ni debe pretender pensarlo; ni siquiera el propio Nietzsche. Por eso, para hacer que comience el pensamiento más grave, es decir la tragedia, previamente tiene que crear poéticamente al pensador que pueda pensarlo. Esto acontece en la obra que comienza agestarse en, un año después de La gaya ciencia.

 

La descripción del surgimiento del pensamiento del eterno retorno de lo mismo afirma consecuentemente que es «la concepción básica de la obra». Pero el fragmento final de La gaya ciencia, bajo el título de «Incipit tragoedia», dice así:

 

 

«Incipit tragoedia. Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó

su tierra y el lago Ur mi y se fue a la montaña. Allí disfrutó

de su espíritu y de su soledad y no se cansó de ellos durante diez

años. Pero finalmente su corazón se transformó, y una mañana

se levantó con la aurora, se puso frente al sol y le dijo así: “¡Oh

tú, gran estrella! ¡Cuál sería tu felicidad si no tuvieras a aquellos

a quienes alumbras! Durante diez años has subido aquí a mi

caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te hubieras hartado de

ese camino y de tu luz; pero nosotros te esperábamos aquí cada

mañana, recogíamos tu sobreabundancia y te bendecíamos por

ella. Mira, yo estoy harto de mi sabiduría como las abejas que

han acumulado demasiada miel, tengo necesidad de manos que

se extiendan, quisiera regalar y repartir hasta que los sabios de

entre los hombres estén de nuevo contentos de su insensatez y

los pobres de su riqueza. Para ello tengo que descender a las

profundidades: como lo haces tú al anochecer, cuando te vas

detrás del mar y llevas también la luz al mundo subterráneo, ¡oh

tú, ubérrima estrella!, tengo que ir hacia el ocaso, como dicen los

hombres hacia los que quiero descender. ¡Bendíceme pues, ojo

sereno, tú que eres capaz de contemplar sin envidia una felicidad

demasiado grande! Bendice la copa que quiere rebosar, para que

dorada fluya de ella el agua y lleve en todas direcciones el reflejo

de tu deleite! ¡Mira! Esta copa quiere vaciarse, y Zaratustra quiere

volver a ser hombre”. Así comenzó el ocaso de Zaratustra.»