LA REDUCCIÓN INTERSUBJETIVA Y EL SOLIPSISMO

SOLIP

 

 

 

 

 

De los parágrafos anteriores hemos sacado la conclusión de la legitimidad de un solipsismo con tal que sea visto como unmmomento abstracto dentro de la totalidad concreta del método; esta consecuencia se obtiene despojando al concepto de solipsismo de todo momento debido a la “irrupción mundetna” de la reducción;

sin embeirgo, queremos exponer nuestra opinión de que en la decisión de empezEir necesariamente por la reducción al yo absoluto, que sólo por “equivocación se llama yo””^ y es el único “centro funcional de toda constitución””, decisión que considerada en su sentido auténtico es legítima, se dan indicios de la misma “irrupción mundcina”, pues nos parece indudable que el solipsismo escéptico sigue planeando, porque, a nuestro modo de ver, determina un concepto de constitución.

 

Al practicar la reducción mediante una conceptualidad natural e introducirse ésta subrepticieunente en la esfera trascendental, el planteamiento que se haga de la constitución ha de estar necesariamente influido por ese enfoque. En esta esfera la constitución ha de ser necesariamente neutral, pues la epojé con conceptualidad natural es la aceptación de una postura neutral motivada por el fracaso de la búsqueda de lo apodíctico; esta actitud, por ser neutral, nos libera de los problemas de “razón”, del ser o no ser ‘*^.

 

La constitución del otro será así la constitución de una unidad sintético-neutral, que por ser neutral será más bien una “Scheinkonstitutiorí’*’^, una constitución aparente, necesariamente abstracta porque el otro no es “unidad sintética de mi esfera” sino precisamente “otro”‘”‘.

 

La reducción intersubjetiva es el desarrollo de la reducción trascendental; ésta lleva al solipsismo aparente sólo bajo la condición de que esté realizada en la perspectiva de la epojé. ¿Hubiera necesitado Husserl de la etapa egológica solipsista, aun abstracta, si la reducción hubiera entrado desde el principio como intersubjetiva? Tratemos de ver las posibilidades que se anuncian aquí.

 

La fenomenología es un intento de fundar la filosofía como ciencia estricta. Este ideal se concretizó en la necesidad de un comienzo apodíctico; el método de búsqueda de ese comienzo es la reducción practicada a partir de la epoJé que nos libera de lo noapodíctico.

 

A la experiencia natural no apodíctica sustituye la experiencia trascendental. Pero a la hora de ver si esa experiencia es o no apodíctica, Husserl prefiere aplazar el problema de la “Tragweité’ (el alcance) del conocimiento trascendentaP, e.d. cuando en realidad el planteamiento de la apodicticidad ha predeterminado la marcha concreta del movimiento reductivo, dejamos esa motivación para entregamos “como el investigador de la naturaleza’^’ en una “ingenuidad trascendental” a la investigación del nuevo campo abierto.

 

Mientras la primera motivación ha hecho problemático al Otro, la nueva etapa liberada de la preocupación critica, de la “crítica apodíctica”^^, no tiene por qué problematizarlo, pues el otro está fácticamente en mi entorno trascendental como está mi subjetividad pasada y mi historia.

 

Tratemos de acercamos al problema mediante una compeiración con mi subjetividad pasada. Mientras la prueba de apodicticidad al comienzo trastorna mi experiencia intersubjetiva, mi relación con los otros, no problematiza en absoluto la relación del yo actual con el yo pasado, la experiencia temporal del yo, y así podemos empezar inmediatamente a analizar la experiencia trascendental en toda su amplitud sin necesidad de una reducción a lo actua.

Si pues la búsqueda de la apodicticidad lleva a problematizar al otro, es que de antemano el otro había sido introducido en desventaja con respecto al yo, que ya en la actitud natural prevalecía el yo-hombre sobre el otro-hombre, contra lo que según veíamos en el número II, afirmaba el propio Husserl. La reducción es introducida solipsistamente y sólo en su desarrollo corregida; es introducida en la ideología que dominaba en la filosofía, en la que se aceptaba al sujeto individual por encima de la sociedad, el sujeto absoluto sobre la encamación, la autonomía de los seres autónomos sobre su estar necesariamente fundado. En el desarrollo de los postulados iniciales se invierte la perspectiva y se reconoce el ‘descirrollo’ de la reducción, que de antemano había de estar posibilitado por la misma.

 

Si ese desarrollo no ha de estar en contradicción con la reducción, lo ha de estcir con el solipsismo, e.d. que éste está descartado desde el comienzo, lo cual significa que la reducción ha de ser intersubjetiva desde el principio.

 

 

En efecto, si Husserl admite que el hombre es social, que es esencialmente “un” hombre, como hemos visto anteriormente, así como el hombre es esencialmente temporal; si, por otro lado, la reducción convierte todo en nóema trascendental consiguiendo el yo tracendental a partir del yo mundano, tenemos que la reducción que noematiza el mundo, noematiza el ser humano-mundano del hombre convirtiéndolo en sujeto trascendental; ¿por qué ese sujeto trascendental ha de dejar de ser social? ¿no debería reducir más bien su socialidad a trascendental así como la temporalidad ha deser llevada a la trascendentalldad? Así como el sujeto trascendental es un sujeto con un horizonte aperceptlvo mundéino, con una forma temporal, es igualmente un ser social, es “un” yo trascendental entre otros^.

 

La reducción trascendental no es la reducción del sujeto mundano ya culificialmente aislado en individuo, sin mundo y atemporal, sino que es “la reducción del ser humano en su coexistencia mundana a la intersubjetividad”^^. El hombre es llevado a sujeto trascendental en cuanto es mundano, temporal y social. Quizás el que Husserl Juzgue “el saltar inmediatamente a la intersubjetividad” como “verkehrt’, equivocado, no porque la intuición intersubjetiva sea falsa, sino porque metódicamente no se ha de olvidar la primacía del yo^ no pueda explicarse más que por este planeamiento operativo del solipsismo que la misma fenomenología ha superado.

 

No nos toca aquí exponer los diversos momentos de la reducción intersubjetiva. Con lo expuesto creemos haber cumplido nuestro objetivo: solucionar, desde el mismo Husserl aunque sobre bases nuevas, uno de los problemas que más herejes ha causado en la fenomenología; creemos haber solucionado este problema buscando su origen y los elementos para su descuro.

 

Si la fenomenología quiere “traer la experiencia todavía muda a expresión de su propio sentido”^^ y la experiencia del hombre es una experiencia comunitaria, la fenomenología había de elucidar esta experiencia; si al principio no lo hizo, fue porque tomaba la experiencia como algo individual. Husserl era hijo de una tradición que él mismo debería superar. Paradojas de una filosofía que ha de cambiar de camino en su propio caminar.

 

 

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