LA RETÓRICA DEL CUERPO

CUERPO

Sin lugar a dudas la mrelación entre la filosofía de Nietzsche y Diógenes es crucial. De momento, no es objetivo de este texto dar cuenta de dicha relación bajo la forma de una revisión medianamente erudita de la “lectura” de Nietzsche sobre Diógenes. Sólo pretendemos por ahora, mostrar que, a pesar de las pocas referencias a Diógenes y el cinismo en comparación con otras como Platón, Sócrates y Kant, existiría en Nietzsche un permanente, evidente y constante guiño a la filosofía de Diógenes.

En ambos autores, la constitución de una filosofía se quiere asumir desde la crítica a una determinada cultura (Atenas y el occidente moderno). La crisis de la polis griega que Diógenes pone en evidencia y el nihilismo que diagnóstica Nietzsche son aspectos coincidentes en el enfrentamiento con lo que podemos llamar los valores o las monedas en circulación.
Desde esta perspectiva la íntima relación entre vida y filosofía está presente en las anécdotas de Diógenes, como también en el ejercicio polémico nietzscheano. Desde la transvaloración de la moral, entendida como re- acuñación de la moneda, pasando por el hombre de la lámpara en medio de la plaza gritando que Dios ha muerto, se juegan una cantidad importante de imágenes-es- cenas-anécdotas que Nietzsche reutiliza.
Una posible hipótesis detrabajo es aquella que indicaría que ambos autores-personajes construyen una retórica del cuerpo en la medida que en ambos el cuerpo, su propio cuerpo, se consolida como texto filosófico. Diógenes se enfrenta desde una discursividad corporal tanto al poder político (re- presentadopor Alejandro Magno) como al poder institucional de la filosofía (representado por Platón). Tal retórica textual del cuerpo, expresada en la utilización del cuerpo como instrumento gestual-mostrativodiscursivo, junto al humor y la ironía, viene a ser la insistencia en desplazar y revertir el topos o el lugar del hombre desde el nomos o ley a la fisis, desde la ciudad a sus “afueras”. Así, existe en Diógenes unainvención retórica de sí mismo, entendida en un sentido doble:

invención como inventiva, pues Diógenes ejercita la polémica para resolver un problema urgente: la supervivencia y en segundo término, unida a lo anterior, la invención como creación performativa de un discurso, fundamentalmente corporal, que se enfrenta a la polis. Así, habría en Diógenes un intento por inventarse a sí mismo, por darse un estilo, basado en su accionar en medio de la contingencia, que resuelva sus naturales necesidades.

Radicalizando nuestra tesis decimos que todas aquellas anécdotas don- de Diógenes utiliza su propio cuerpo para argumentar, lo que haría es constituirse a sí mismo como agente retórico y discursivo, que pretende convencer o demostrar la ignorancia de su oponente. Anécdotas como el mostrar el dedo medio, entrar al teatro mientras todos salen, la lámpara encendida a medio día, el levantarse y caminar sin decir palabras para mostrar que el movimiento existe, le dan su espectacularidad, su performatividad, siendo un argumento retórico que termina por constituir a Diógenes como personaje. Aquí estamos en un punto crucial: ¿Quién es Diógenes? Diógenes, al igual que Sócrates, puede llegar a ser sólo un personaje retórico y reconstruido fragmentariamente, en este caso por Diógenes Laercio. Así el Sócrates platónico y el Sócrates enloquecido (Diógenes) se vuelven personajes retóricos que se presentan como modelos ejemplares de un saber de la vida. Sócrates constituyéndose como filósofo precisamente en el momento de la aceptación de la propia muerte y Diógenes constituyéndose como tal precisamente en medio de la polis, a contrapelo, como exiliado, como delincuente llegado a Atenas.

Diógenes como cuerpo que irrumpe e interrumpe la circulación de la moneda, queriendo reacuñarla, transvalorarla. El asunto es que Diógenes en cuanto Sócrates enloquecido, extrema retóricamente al maestro de Platón, dislocando a la polis de otro modo. Su comicidad e ironía al parecer no conllevan un peligro real para la ciudad, precisamente por su “enloquecimiento retórico”.

Aquella radicalidad retórica representado por la parresía o franqueza en el decir es una suerte de hipérbole, de exageración retórica, del mismo modo como en Nietzsche la hipérbole es la exageración polémica en su escritura. La pluma de Laercio construye un personaje a medias a partir de historias y anécdotas tomando a estas como fuente filosófica. Y desde este gesto, el de la construcción literaria de un personaje, emerge un Diógenes que, como decíamos anteriormente, se enfrenta por una parte al poder de Alejandro y por otra a Platón, a la institución de Platón o Platón como institución, como moneda en uso. Diógenes y Platón jamás se encontraron, por lo que la fuerza retórica de Diógenes adquiere ribetes de contrapersonaje, de resistencia, a la decadente Atenas ya también a Platón y sus fracasados intentos políticos.
La pluma o el estilete de Platón y de Laercio se enfrentan en la medida que remiten a una doxa, a una suerte de fuerza oral que ha construido a estos personajes y que representan cierta tipología de la filosofía y un determinado enfrentamiento con la polis.
¿Qué los diferencia? Diríamos sólo un dedo, el dedo que según Diógenes distingue al cuerdo del loco, desde el dedo índice al dedo medio, desde el dedo que escribe al dedo que gestualiza.

Famosa es aquella anécdota: “Platón había definido [que] ‘el hombre es animal bípedo implume’ y [por ello] fue aprobado. [Diógenes] desplumó un gallo y lo llevó a la escuela y dijo: ‘Este es el hombre de Platón’. De ahí que se le añadió a la definición ‘de uñas anchas’ ”.

Aquí se articula lo que hemos dicho:

la institución Platón con la fuerza de la definición y el concepto, es ridiculiza- do por un gesto retórico, por una abrupta irrupción en su escuela, en su institución del saber, pero no por otra definición, sino por la contingencia misma, que obliga a re- adaptar lo anterior. Fracaso de cierta razón totalizante por la fuerza de la experiencia. A Nietzsche, Diógenes y el cinismo le seducen. Diógenes se transforma en un telón de fondo del pensamiento de Nietzsche. Un telón de fondo que no remite a ideas o conceptos (¡qué más alejado de Diógenes!) sino a cierto talante, actitud, ethos, principalmente a la filosofía como experimento de sí mismo. En Nietzsche, lo que hemos denominado “retórica del cuerpo” se expondría en aquello que este texto intentará desarrollar: un cuerpo enfermo que es capaz de subvertir y transvalorar (es su intento), la decadente modernidad o la polis moderna, la moneda en curso. Todo el presente texto tiene, insistimos, el guiño respecto a dicha retórica. Es por ello que este texto más que un estudio de Diógenes y Nietzsche, es el descubrimiento del pensar de Nietzsche como ejercicio cínico, perruno, irónico, precisamente en aquello que indicábamos: la invención retórica de sí mismo, el estilo, y el cuerpo como asunto del pensar.
Dejamos hasta aquí estas breves impresiones introductorias sobre el telón de fondo de la relación Diógenes-Nietzsche y entramos a un momento de esta: exponer en qué medida el ejercicio del pensar de Nietzsche remite a un ejercicio cínico. Ejercicio en la medida que refiere a una actividad de pensar experimental, que nos remite al cinismo en sus imágenes y tono. Y es en la escritura de los prólogos, tema que a continuación se desarrollará, precisamente donde tal ejercicio se muestra, y en donde Nietzsche se in- venta a sí mismo como personaje, diríamos como personaje retórico parrésico.

 

 

 

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