LA SEGUNDA COMUNICACIÓN DE LA DOCTRINA DEL ETERNO RETORNO:«DE LA VISIÓN Y EL ENIGMA»

«INCIPIT TRAGOEDIA»

 

 

 

 

 

Del eterno retorno de lo mismo y de su carácter de doctrina fundamental se habla de modo claro y expreso hacia el final de la segunda parte de Así habló Zaratustra (1883, otoño), en la sección «De la redención» y, sobre todo, en dos fragmentos de la tercera parte .

 

El primero de los dos fragmentos está titulado: «De la visión y el enigma». No se trata de una visión cualquiera, de un enigma cualquiera sobre una cosa cualquiera entre muchas otras, sino del enigma por antonomasia que llega a la visión de Zaratustra: de el enigma en el que el ente en su totalidad se oculta como «la visión del más solitario», que sólo resulta visible «en la más solitaria soledad». ¿Pero por qué «enigma»? Un enigma revela lo que oculta y contiene cuando se lo adivina. Este adivinar es esencialmente diferente de un calcular.

 

En este caso, siguiendo un «hilo» previamente dado, se descubre progresivamente algo desconocido a partir de algo conocido; en el adivinar, en cambio, hay un salto, sin hilo conductor y sin los peldaños de una escalera que cualquiera en cualquier momento puedesubir.

 

La captación del enigma es un salto, especialmente si el enigma se refiere al ente en su totalidad, pues no hay entonces ningún ente individual ni ninguna pluralidad de entes desde la que pudiera abrirse la totalidad. La adivinanza de este enigma tiene que aventurarse a lo abierto de lo oculto, a lo no hollado ni transitado, al desocultami ento (αλήθεια) de eso que es lo más oculto, a la verdad. Este adivinar es un osar la verdad del ente en su totalidad.

 

Pues Nietzsche se sabe en un sitio destacado dentro de la historia de la filosofía. En la época de Aurora, alrededor de 1881, apuntó (XI, 159):

 

 

«Lo nuevo de nuestra posición actual respecto de la filosofía

es una convicción que ninguna época había tenido: que no tenemos

la verdad. Todos los hombres anteriores “tenían la verdad”,

incluso los escépticos.»

 

 

A esto corresponde una expresión posterior, con la que caracteriza su propio pensar dentro de esa posición. En los esbozos para el Zaratustra, dice una vez:

 

 

«¡Nosotros hacemos una tentativa con la verdad! Puede que la

humanidad sucumba por ello. ¡Adelante!»

 

Pero el enigma y la adivinanza del enigma resultarían radicalmente incomprendidos si creyéramos que se trata de encontrar una solución con la que se disolviera todo lo cuestionable. La adivinanza de este enigma deberá experimentar, por el contrario, que no se lo puede hacer desaparecer como enigma:

 

 

«Profunda aversión a descansar de una vez por todas en alguna

consideración global del mundo. Encanto del modo de pensar

opuesto: no dejarse quitar el atractivo del carácter enigmático.

» (La voluntad de poder, n. 470; 1885-1886)

 

 

La gaya ciencia (V, 375; 1887) habla de la

 

«tendencia del conocimiento que no quiere desprenderse

fácilmente del carácter de signo de interrogación de las cosas.»

 

 

 

De este modo, amplio y esencial, tenemos que comprender lo que se dice aquí a propósito del «enigma» y del adivinar para poder comprender por qué Nietzsche hace llamarse al propio Zaratustra «adivinador de enigmas» (III, «De las viejas y nuevas tablas», n. 3).

 

Ahora bien, ¿qué visión ofrece el enigma que cuenta Zaratustra?

 

Pero antes, si queremos evaluar correctamente el «qué», hay que prestar atención a cómo Zaratustra lo cuenta, es decir dónde y cuándo lo hace. Zaratustra cuenta el enigma a bordo de un barco, en viaje hacia el mar abierto, «inexplorado». ¿Y a quién le cuenta el enigma?

 

No a otros viajeros sino sólo a los marineros:

 

«A vosotros, osados buscadores y tentadores, y a quienquiera que

se haya jamás embarcado con astutas velas hacia mares terribles…»

 

 

 

En conexión con ello, puede leerse en una de las «Canciones del PríncipeVogelfrei» (Lagaya ciencia, apéndice a la segunda edición; 1887):

 

 

 

«Hacia nuevos mares

Hacia allí, quiero ir; y en mí

sólo confío y en mi mano.

Abierta está la mar, al azul

avanza mi barca genovesa.

Todo brilla para mí nuevo,

sobre espacio y tiempo duerme el mediodía:

Sólo tu ojo, inmenso,

me dirige la mirada, ¡oh, infinitud!»

 

 

¿Y cuándo cuenta Zaratustra el enigma a los marineros? No lo hace de inmediato después de subir a bordo sino que calla durante dos días, lo que quiere decir: sólo habla después de haber alcanzado el mar abierto y sólo después de haber comprobado personalmente si los marineros eran los oyentes adecuados.

 

¿Y qué cuenta Zaratustra? Cuenta su ascensión por un sendero de montaña en el crepúsculo, crepúsculo que subraya al comentar:

 

«No sólo de un sol he vivido el ocaso». En el relato de la ascensión seunen dos ámbitos esenciales de imágenes en los que siempre se mueve la sensibilización del pensar que lleva a cabo Nietzsche: el mar y la alta montaña.

 

En la ascensión es necesario superar continuamente el «espíritu de la gravedad»: éste tira todo el tiempo hacia abajo y sin embargo, para el que asciende y carga consigo a su «acérrimo enemigo», no esmás que un enano.

 

En el ascenso, al mismo tiempo crece también la profundidad, sólo entonces el abismo se convierte en abismo, no porque el que sube se precipite hacia abajo sino porque asciende hacia lo alto. A la altura le corresponde la profundidad, una crece con la otra. Por eso, en el primer capítulo de la tercera parte, que une al mismo tiempo los dos ámbitos de imágenes, la montaña y el mar, se dice ya, a modo de anticipación:

 

 

«¿De dónde vienen las más altas montañas?, me pregunté una

vez. Entonces aprendí que vienen del mar.

El testimonio de esto está escrito en sus rocas y las paredes de

sus cimas. Lo más alto tiene que llegar a su altura desde lo más

profundo.»

 

En la ascensión hay necesariamente paradas en las que el ir haciaarriba y el ir hacia-abajo se sopesan uno frente a otro: el espíritu de la altura que asciende y el espíritu de los senderos que llevan hacia abajo tienen que enfrentarse durante el camino. Zaratustra, el que asciende, contra el enano, que tira hacia abajo. Así se llega en el ascenso a la cuestión: «¡Enano! ¡Tú!, ¡o yo!».Tal como se plantea aquí la decisión, parece que el enano (nombrado en primer término y el «tú» escrito con mayúscula) conserva aún la preeminencia. Pero inmediatamente se produce la inversión, en el comienzo del segundo apartado:

 

 

 

 

«”¡Alto, enano!, le dije. ¡Yo!, ¡o tú! Pero yo soy el más fuerte

de los dos: ¡tú no conoces mi pensamiento abismal! \A él, no

podrías soportarlo!”»

 

 

 

En la medida en que Zaratustra piensa el abismo, el pensamiento de los pensamientos, en la medida en que toma en serio la profundidad, llega a las alturas y pasa por alto al enano.

 

«Entonces ocurrió algo que me volvió más ligero: ¡el enano

saltó de mi hombro, el muy curioso! Y se puso en cuclillas sobre

una piedra, delante de mí. Pero allí precisamente había un portal

ante el que nos detuvimos.»

 

 

 

 

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