LA TEORÍA INTERPRETATIVA: VERDAD Y VIDA

LA EXISTENCIA DADA DEL HOMBRE

 

 

 

 

 

La esencia de la verdad fue considerada como algo subsistente fuera del tiempo: a ella accedemos para conocer. En efecto, la verdad, entendida como un ente inmóvil e intangible, sólo tendría que ser descubierta.

La concepción nietzscheana de los límites de la ciencia, cuya presunta falta de supuestos constituiría un inofensivo engaño, así como la experiencia del impulso que, sin límites, lo llevaba al filosofar creador, lo hicieron dudar de una verdad subsistente. Dentro del movimiento de una duda indagadora, Nietzsche desarrolló la teoría del ser verdedero.

Todo saber consiste en la interpretación del ser, cumplida mediante una vida cognoscente. La verdad sólo existe cuando es pensada y creída, o sea, en la vida, que es aquello que engloba y rodea(Umgreifende) al ser que nosotros somos y que, quizá, sea el ser todo. Pero, en tal caso, la verdad no será, para él, un ente por sí, ni un in- condicionado ni algo en absoluto universal. Antes bien, la verdad está indisolublemente unida al ser de lo viviente, dentro de un mundo interpretado por él. Mas este mundo mismo, tal como es para nosotros, está junto a nosotros en el constante proceso temporal del devenir.

 

 

El desarrollo de semejante teoría se hace a partir de la duda —que es expresión de la voluntad— ante cualquier situación incuestionada y obvia que, sin embargo, podría engañar; pero la destrucción de toda verdad que, de modo precipitado, se ha supuesto como subsistente, debe conducir, al mismo tiempo, a la verdad propiamente dicha, la cual se halla en el origen y en el camino de la Existencia viviente. Las ideas acerca de esta teoría de la verdad siempre están, por tanto, entre el rechazo de cualquier posible ser subsistente de lo verdadero y el asombro provocado por una verdad todavía no captada. Esas mismas ideas sólo permiten una expresión mediata cuando, simultáneamente, se desarrolla una teoría del ser, es decir, la teoría de todo ser, en cuanto ser interpretado (acerca de su significado fundamental para el pensamiento de Nietzsche y su interpretación del mundo, cfr. pág. 413sq.).

 

La teoría de la verdad a su vez, obliga inevitablemente a preguntar por su propia verdad o, en todo caso, por el sentido de la verdad, dentro del cual, y según los criterios propuestos por ella misma, tal verdad podría regir.

 

Por eso, en lo que sigue, intentaremos una exposición críticamente

constructiva de semejante teoría de la verdad.

El carácter aparente de la verdad. Según Nietzsche el ser humano, es decir,

 

nuestro ser, la única vida cognoscente277 que conocemos, ha nacido en el curso del devenir entero como un modo peculiar de la interpretación del ser. “El fenómeno general de la inteligencia nos es desconocido: sólo tenemos casos especiales.” La manera según la cual vemos, pensamos y concebimos el mundo es el producto de nuestra clase de inteligencia. Pero “a partir de una

comprensión del mundo, tendrá que haber todo género de inteligencia” (12,

21).

 

Dentro de la modalidad humana de nuestra interpretación del mundo —tal como también tendría que acontecer en cualquier otro modo de una existencia efectiva que conozca en el tiempo— lo que ha sido estimado como verdadero y, con ello, como real, se habrá transformado. El mundo sólo es “porque nosotros, desde hace miles de años, lo hemos visto con intenciones morales, estéticas o religiosas, es decir, con ciega inclinación, pasión o temor. ¡Poco a poco, ha llegado a ser tan maravillosamente abigarrado y espantoso, de tanta significación profunda y plena de alma!… El intelecto humano ha permitido que aparezca ese fenómeno y ha trasladado a las cosas sus erró- neas concepciones fundamentales… Lo que ahora denominamos “mundo” es el resultado de una multitud de errores y de fantasías, nacidas gradualmente en el desarrollo total del ser orgánico…” (2, 31sq.).

 

Al modo según el cual una vida cognoscente piensa en el mundo, se lo llama “verdad” para esa vida. Pero a la verdad que está trabada en la vida, Nietzsche la denomina “error”. “La verdad es la clase del e r r o r, sin la cual no podría vivir una determinada especie de seres vivientes” (10, 19). Pero, en tanto esa vida es la condición de la manera de ser de toda otra y en tanto, entendida como existencia dada y singular, constituye el valor propiamene dicho, tal error no se puede rechazar. “La falsedad de un juicio no constituye, para nosotros, objeción alguna contra ese juicio”; pues, renunciar al juicio falso sería renunciar a la vida. Luego, se debe conceder que la “no-verdad es una condición vital”278 (7, 12sq.). El error que fomenta a la vida es, en cuanto tal, “verdad”.

 

A la verdad creída en la vida no sólo se la llama error por ser producto de lo devenido y de lo cambiante, sino también porque es c o m p 1 e j a, de acuerdo con la idoneidad de la vida humana. “Existen ojos de todas clases… por consecuencia, existen Verdades’ de toda clase y, por ende, no hay verdad alguna” (16, 47).

 

Tales afirmaciones de Nietzsche, sin embargo, sólo podrían tener sentido si, a partir de una verdad —por inalcanzable que ella fuese para la vida— se viese que el conocimiento que fomenta la vida es error. En esta afirmación existen dos conceptos de la verdad. En primer lugar, la verdad es el error condicionado a la vida; en segundo lugar, es el criterio alejado de la vida que, por decirlo así, se debe lograr por abandono de ella. A partir de ese criterio, el

error se reconoce como tal.

 

El movimiento conceptual de Nietzsche quiere superar esta dualidad. Lo que en la vida se llama error es la única y total verdad, y ésta, en sentido propio, no se podría denominar ni error ni verdad. “El concepto Verdad’ es contradictorio. El reino íntegro de lo Verdadero-falso’ sólo se refiere a relaciones entre esencias, no a lo en sí… No existe ninguna esencia en sí misma” (16, 106). En efecto: la verdad, según el modo de pensar de Nietzsche, “no designa necesariamente lo opuesto al error, sino que, vista en los casos principales, ella sólo significa el puesto que los diferentes errores ocupan los unos con respecto a los otros” (16, 46). Por eso, Nietzsche pregunta: “¿qué nos obliga a admitir que existe una oposición esencial entre lo verdadero y lo falso? ¿Acaso no basta con admitir grados en el brillo de la apariencia

(Scheinbarkeit) y con aceptar, por así decirlo, sombras más claras o más

oscuras dentro del tono común de lo que aparece como brillo(Scheins)? (7, 55

sq.).

 

Sin embargo, es inevitable distinguir entre verdad y error, pues sólo mediante esa distinción es posible hablar con279 sentido de la verdad. Únicamente sobre esa base se posibilita el intento paradójico de volver a superar tal contraste, dentro de una posición en la cual la verdad y el error, en cuanto grados de lo susceptible de aparecer, constituyen una y la misma cosa. Cuando Nietzsche acepta de hecho esta posición, todo lo válido en sí mismo se desvanece, para él, en la apariencia que deviene y que es constantemente otra. La apariencia así entendida, en su inconstancia siempre evanescente, es el ser mismo. De ese modo, la “verdad” no es, para Nietzsche, “algo que estuviese más allá y que habría que hallar o descubrir, sino algo que se ha de crear y que le proporciona nombre a un proceso… que, en sí mismo, no tiene fin. Instalar la verdad: he aquí una determinación activa, y no una toma de conciencia de lo que en sí mismo sería fijo y determinado” (16, 56).

 

El pensamiento del carácter aparente de la verdad, así bosquejado, admite, a lo largo del desarrollo, una doble significación. En primer término, se convierte en una teoría que se puede aplicar a una explicación p s i c o- logicosociológica de los modos de la suposición. En ese caso, se olvidará el sentido que la verdad tendría para la teoría en sí misma, restando tan sólo la verdad empírica de las conexiones singulares de la conducta humana. En segundo término, la teoría es un medio de expresión de la conciencia filosófica del límite y en ella se delata, en general, una exigencia existencial y, al mismo tiempo, un rasgo fundamental de la c o n-ciencia del ser en gen

 

La aplicación de la teoría. Nietzsche trata de explicar la realidad, desde el punto

de vista psicologicosociológico, mediante la teoría del acto universal de errar, propio de una existencia dada, únicamente posible por el error. Las siguientes ideas nos proporcionan un ejemplo de la aplicación de su teoría, en virtud de la cual todo saber, en cuanto opinión sobre la verdad, constituye una involuntaria autolimitaciónde la vida con respecto a lo que le es soportable en este instante y en estas determinadas condiciones.

 

La verdad a que la vida obliga tiene que ser c o m u n i c a b 1 e. La proposición: “Existen ojos de muchas clases… y, por consecuencia, existen verdades de todo género” (16, 47) encuentra sus límites en aquello que posibilita la comunidad.

 

Para ésta, y para el hombre que vive en ella, sólo es verdadero lo que es comunicable a todos. La comunicabilidad general constituye, inconscientemente, la fuente y el criterio de la verdad que favorece a la vida, y tal criterio está alcanzado por la comunidad. La verdad es aquello que, en un convencional dejarse estar, rige como conveniente a una comunidad. Considerada en el lenguaje, la verdad es “un móvil ejército de metáforas” que una comunidad de hombres, después de extenso uso, acaban por solidificar. El “mentiroso”, rechazado por la comunidad, abusa de las metáforas —como tales válidas— que inconscientemente se le trasmitieron.

Abusa, porque hace que de ellas aparezca, como siendo real, algo que ha llegado a ser irreal para esa comunidad. Como miembro de la misma y de acuerdo con convenciones fijas, está obligado a “mentir”, lo cual significa —en el sentido de esa comunidad— ser veraz, porque, dentro de semejante juego de dados, usa el dado que ha marcado (10, 192-197).

 

No pagar con la moneda acuñada, constituye una mentira prohibida, pues aquello que se pone fuera de una verdad válida, dentro de fijas convenciones, es —visto desde éstas— la no-verdad. Quien mienta sacrificará la duración social que garantiza al mundo. Luego, desde otro aspecto, se presentan, en este caso, las verdades prohibidas. En virtud del peligro que ellas entrañan para la subsistencia de la comunidad se impide, de manera inexorable, pensar y expresar una verdad genuina que sobrepase las convenciones (10, 209).

 

De este modo, lo que Nietzsche quiere concebir es, manifiestamente, una realidad psicosociológica. Semejante realidad puede subsistir sin que el problema de la verdad emerja como tal, en cuyo caso ocurre una autolimitación inconsciente.

Nietzsche extiende tanto el dominio de esta verdad —que constituye el acto de errar, favorable a la existencia dada, decual recibe la fuerza de su propia incuestio-nabilidad— que incluye en ella a lo comunicable del modo más universal posible, es decir, a lo racional. Justamente, en virtud de la universalidad de la comunicación, lo racional se le aparece a Nietzsche como digno de ser puesto en cuestión (fragwürdig). “Lo que se deja probar, es verdadero: he aquí el planteamiento arbitrario del concepto de lo ‘verdadero’… En el fondo de semejante validez del concepto de ‘verdadero’, está lo útil. En efecto: lo demostrable apela a lo más común de las inteligencias (a lo lógico); por eso, no es más que el281 de la utilidad, dentro de los intereses de la mayoría” (13, 54).

 

Luego la validez obvia de la comunicabilidad universal de lo racional, pertenece a la autolimitación inconsciente de la verdad, con respecto a los fines de la formación de la comunidad.

 

 

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