LEY CONTRA EL CRISTIANISMO III

ANTICRISIT

 

 

 

 

 

Volvamos a la crítica nietzscheana de la moral cristiana. Parejo a ella, va unida también la crítica a la modernidad. Las instituciones modernas, las ideas de progreso, de igualdad de derechos, no son más que variantes de una moral decadente y una falta de sentido y de metas en el futuro.

 

Una falta de confianza en el hombre y peor aún, una confabulación para acabar definitivamente con cualquier intento de destacar o de darse una alternativa a la moral vigente. Ya no hay metas, ya no hay nuevas conquistas. Esa es la verdadera libertad para Nietzsche, el emprender una nueva conquista. La libertad moderna, en cambio, es un inconsciente hacer lo que se quiera, dejarse llevar por el resto, una cómoda autocomplacencia e inactividad perezosa y egoísta.

 

“Crítica al modernismo […] Todo el Occidente ha perdido esos instintos de los que surgen las instituciones, de los que surge el porvenir: no hay acaso nada tan reñido con su “espíritu moderno”. Se vive para el hoy, muy de prisa, se vive de una manera muy irresponsable: precisamente a esto se le llama “libertad”.”

 

La libertad del hombre moderno no es más que una irresponsabilidad frente al destino y a sí mismo. Hacer lo que se quiera, viajar más rápido, exacerbar un consumismo compulsivo, lograr vivir el capitalismo en su expresión más concreta, gastando y despilfarrando dinero. Eso es otro síntoma de la decadencia moderna. De su falta de visión de futuro.

 

Ya vimos que en la condena al sexo, ve Nietzsche una desaprobación también a los instintos más vitales del ser humano, como los de la reproducción. La abstinencia sexual, como virtud, es inhumana, pues castra algo intrínseco y vital para la conservación de la vida. En la actual exposición y explotación del sexo, a través de la publicidad y de los medios de difusión masivos, el sexo se transforma un producto más del mercado, erigiendo una contradicción entre el discurso moral cristiano vigente y las conductas sociales, lo que denota el síntoma de una crisis moral. En el fenómeno dionisiaco antiguo, la sexualidad es fuente de placer, pero consagrada a lo sagrado natural, a lo instintivo sin la culpabilidad del pecado.

 

“Yo fui el primero que, para comprender el instinto helénico más antiguo, todavía rico en incluso desbordante, tomé en serio aquel maravilloso fenómeno que lleva el nombre de Dionisos: el cual solo es explicable por una demasía de fuerza. […]

 

 Pues sólo en los misterios dionisíacos, en la psicología del estado dionisíaco se expresa el hechofundamentaldel instinto helénico – su «voluntad de vida». ¿Quées lo que el heleno se garantizaba a sí mismo con esos misterios?

La vida eterna, el eterno retorno dela vida; el futuro, prometido y consagrado en el pasado; el sí triunfante dicho a la vida por encima de la muerte y, del cambio; la vida verdaderacomo supervivencia colectiva mediante la procreación, mediante los misterios de la sexualidad. […] Sólo el cristianismo, que se basa en el resentimiento contrala vida, ha hecho de la sexualidad algo impuro: ha arrojado basurasobre el comienzo, sobre, el presupuesto de nuestra vida…”

 

En el mito cristiano, el dolor de la parturienta es un castigo divino, ante la desobediencia, el engaño y la seducción hacia el hombre. La sexualidad se vuelve pecaminosa y el deseo sexual es arrancado desde las entrañas, castrado y sacrificado. Nietzsche ve otro tipo de interpretación sobre el fenómeno sexual, y esa interpretación griega trágica, es lo contrario de la cristiana moderna. El sexo y la embriaguez sexual son síntomas de vida ascendente, de un afirmar la vida y se expresan en el fenómeno dionisiaco.

 

“El decir sí a la vida, aun en sus problemas más extraños y penosos, la voluntad de vida gozando con la propia inagotabilidad en el sacrificio de sus tipos más elevados: a esto es a lo que he llamado dionisíaco, lo que he adivinado como clave de la sicología del poeta trágico.

No para librarse de terror y de la compasión, no para purgarse de un peligroso afecto por la descarga violenta del mismo, como creyó Aristóteles, sino para ser personalmente, más allá de terror y compasión, el goce eterno del devenir, ese goce que comprende aun el goce del destruir… Y así llego de vuelta al punto del que en un tiempo partí: El origen de la tragedia que fue mi primera transmutación de todos los valores. Así me reintegro al suelo del que brota mi querer y mi poder -yo, el último discípulo del filósofo Dionisos-, yo, el pregonero del eterno retorno…”

 

Nietzsche reconoce que su pensamiento ha sido un círculo, que ha comenzado en un punto, y luego de una vuelta completa, ha llegado al mismo punto del que había partido, y así, corroboramos que su pensamiento gira en torno a un mismo y único problema, pero desde distintos ángulos y perspectivas. Pese a todo, Nietzsche no ha querido “mejorar” la humanidad, al menos no en el sentido que sí ha querido la moral cristiana.

 

    “Yo soy un discípulo del filósofo Dionisio, preferiría ser un sátiro antes que un santo. Pero léase este escrito. Tal vez haya conseguido expresar esa antítesis de un modo jovial y afable, tal vez no tenga este escrito otro sentido que ése. La última cosa que yo pretendería sería “mejorar” a la humanidad. Yo no establezco nuevos ídolos; los antiguos van a aprender lo que significa tener pies de barro. Derribar ídolos (tal es mi palabra para decir “ideales”) – eso si forma parte de mi oficio.

A la realidad se le ha despojado de su valor, de su sentido, de su veracidad en la medida en que se ha fingido mentirosamente un mundo ideal, el “mundo verdadero” y el “mundo aparente” – dicho con claridad el mundo fingido y la realidad… Hasta ahora la mentira del ideal ha constituido la maldición contra la realidad, la humanidad misma ha sido engañada y falseada por tal mentira hasta en sus instintos más básicos – hasta llegar a adorar los valores inversos de aquellos solos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el elevado derecho al futuro.”

 

La crisis actual de valores parece innegable. Parte de la responsabilidad de dicho acontecimiento, es de Nietzsche y de su crítica a la moral cristiana, que es la moral oficial de la cultura occidental. Pero ante la pérdida de vigencia de aquellos valores, se produce una falta de sentido, por la carencia de nuevos valores, que reemplacen a los ya caducos o agotados. Y eso es, precisamente lo que falta en nuestra sociedad actual. Y lo que estamos tratando de dilucidar, en esta Tesis, es si dichos valores nuevos, están presentes de alguna manera en Nietzsche. Por ahora, nos ha quedado clara la relación entre nihilismo, como expresión de odio y resentimiento contra la vida, y el efecto domesticador y decadente de las fuerzas, que ha producido la moral cristiana.

 

Primero, se produjo en el hombre griego antiguo un conflicto de los instintos, la que desembocó en una crisis de esos instintos, los que fueron castrados, extirpados y reemplazados por la dialéctica socrática, la metafísica, la razón moral y científica. Eso sucedió en Grecia. Por otro lado, el pueblo esclavo, el pueblo judío, en base a la fe en un Dios único y omnisciente, generó una moral que condena al fuerte a ser malvado y al débil a ser santificado y bueno. La conjunción de ambos fenómenos sociales- antropológicos, inaugura un periodo de platonismo para el pueblo, o sea, de cristianismo, que ya lleva dos mil años.

 

Comprobaremos, una vez más, en este recorrido nietzscheano, lo que se estableció desde un comienzo, que Nietzsche es autobiográfico siempre. En Ecce homo nos hará una síntesis de su obra, explicándonos la íntima relación que su tarea ha mantenido con su estado de salud y de ánimo. Nietzsche ha sido decadente, en sus periodos de enfermedad y él lo reconoce. Recuperar la salud ha sido, en su caso, un proceso largo, demasiado largo, de años, lo que, sin embargo, no lo ha afectado en su estado de ánimo, pues siempre se ha mantenido lúcido en su labor y no la ha dejado nunca de lado. No se ha dejado vencer por la decadencia de su cuerpo.

Para Nietzsche, la enfermedad ha sido fuente de energía estimulante para vivir más, y de gratitud, por la salud recobrada. Reconoce ser un décadent, pero también su antítesis y nos explica por qué. El décadent elije siempre los medios que lo perjudican, en cambio, él ha sabido elegir siempre los remedios justos contra sus estados malos. La mejoría a sus estados de enfermedad ha sido gracias a él mismo. Eso significa un estar sano en el fondo. Un decadente nunca puede sanarse a sí mismo. Nietzsche transformó su enfermedad en voluntad de salud, en su filosofía de vida.

 

“Para captar los signos de elevación y de decadencia poseo un olfato más fino que el que hombre alguno haya tenido jamás, en este asunto yo soy el maestro par excellence, – conozco ambas cosas, soy ambas cosas.” 

 

Nietzsche se describe a sí mismo y con eso describe la actitud que ha de sostenerse frente a la adversidad, frente a la enfermedad, a la muerte, una especie de heroísmo, de fortaleza, de grandeza, de voluntad de vivir. Lo contrario a lo que hace un decadente.

 

“Otra cosa es la guerra. Por naturaleza soy belicoso. Atacar forma parte de mis instintos. Poder ser enemigo, ser enemigo – esto presupone tal vez una naturaleza fuerte, en cualquier caso es lo que ocurre en toda naturaleza fuerte. […] Si yo hago la guerra al cristianismo, ello me está permitido porque, por esta parte, no he experimentado ni contrariedades ni obstáculos, – los cristianos más serios han sido siempre benévolos conmigo. Yo mismo, adversario de rigueur del cristianismo, estoy lejos de guardar rencor al individuo por algo que es la fatalidad de milenios.”

 

 

 

 

image_pdfScaricare PDFimage_printStampare testo
(Visited 76 times, 1 visits today)