LEY CONTRA EL CRISTIANISMO IV

ANTIKRIST

La guerra es entendida no al modo que se da en el siglo veinte, como destrucción y genocidio, a manos de ejércitos y armas nucleares. La guerra esta tomada, más bien, como búsqueda de resistencias, de obstáculos a ser superados, que me hagan más fuerte y mejor preparado para la vida. La guerra ha de concebirse bajo el prisma de tomar en cuenta la dignidad del enemigo, necesaria para sentir amor por lo que se tiene y aprender a apreciar los más mínimos detalles.

La paz nos trae inactividad y ocio, nos duerme sobre nosotros mismos y descuidamos lo más importante, vivir la vida. La paz ha de desearse solo como tregua para recuperar fuerzas y prepararse para la siguiente batalla, no como un deseo de permanente ocio y seguridad. Para Nietzsche, los sentimientos de pecado, remordimiento de consciencia o arrepentimiento, siempre le han sido ajenos a su constitución más íntima.

 

“Se me ha escapado del todo hasta qué punto debía yo ser «pecador». Asimismo me falta un criterio fiable sobre lo que es remordimiento de conciencia: por lo que de él se oyedecir, no me parece que sea nada estimable… ` Yo no podría abandonar una acción trashaberla comenzado, en la cuestión de su valor preferiría dejar totalmente al margen el mal éxito de la misma, sus consecuencias. Cuando las cosas salen mal, se pierde con demasiada facilidad la visión correctade lo que se hizo: un remordimiento de conciencia me parece una especie de «mal de ojo». Respetar tanto más en nosotros algo que ha fallado porqueha fallado -esto, antes bien, forma parte de mi moral. -«Dios», «inmortalidad del alma», «redención», «más allá», todos estos son conceptos a los que no he dedicado ninguna atención, tampoco ningún tiempo, ni siquiera cuando era niño -¿acaso no he sido nunca bastante pueril para hacerlo?- El ateísmo yo no lo conozco en absoluto como un resultado, menos aún como un acontecimiento: en mí se da por supuesto, instintivamente. Soy demasiado curioso, demasiado problemático, demasiado altanero para que me agrade una respuesta burda. Dios es una respuesta burda, una indelicadeza contra nosotros los pensadores, – incluso en el fondo no es nada más que una burda prohibiciónque se nos hace: ¡no debéis pensar! ” (Nietzsche 1889)

Nietzsche se considera no contaminado por aquellos conceptos que han aprisionado al hombre: “pecado”, “Dios”, “inmortalidad del alma”.

Pero recordemos que para llegar a este punto de negación de aquellos conceptos tuvo que seguir una evolución en sus creencias, que vimos, apuntaban a un Dios creador y eran de una base cristiana, en su niñez.

Luego si vida la dedico a luchar contra esas creencias y sus consecuencias en la vida. Lo más importante de destacar son los detalles más íntimos de esa vida: el clima, el lugar donde vivimos, la alimentación, la recreación, el juego, la risa. Esos detalles han sido dejados de lado por nuestra cultura y eso ha generado una especie de hombre enfermo.

“Se me preguntará cuál es la auténtica razón de que yo haya contado todas estas cosas pequeñas y, según el juicio tradicional, indiferentes; al hacerlo me perjudico a mí mismo, tanto más si estoy destinado a representar grandes tareas. Respuesta: estas cosas pequeñas -alimentación, lugar, clima, recreación, lugar, clima, recreación, toda la casuística del egoísmo. Son inconcebiblemente más importantes que todo lo que hasta ahora se ha considerado importante. Justo aquí es preciso comenzar a cambiar lo aprendido. Lo que la humanidad ha tomado en serio hasta este momento no son ni siquiera realidades, son meras imaginaciones o, hablando con más rigor, mentiras nacidas de los instintos malos de naturalezas enfermas, de naturalezas nocivas en el sentido más hondo -todos los conceptos «Dios», «alma», «virtud», «pecado», «más allá», «verdad», «vida eterna»… Pero en ellos se ha buscado la grandeza de la naturaleza humana, su «divinidad». “(Nietzsche 1889)

“yo soy, dicho en griego, y no solo en griego, el Anticristo….” (Nietzsche 1889)

Ahora Nietzsche comienza a tener una noción de su persona, como representante de lo dionisiaco y el calificativo que más lo acerca a dicha idea, es la del anticristo, calificativo provocativo y desafiante.

Nietzsche recapitula, en este libro autobiográfico, todas sus anteriores publicaciones y realiza una especie de mirada retrospectiva, comentando cada una de ellas, comenzando por el Nacimiento de la Tragedia.

“En todo el libro, un profundo, hostil silencio contra el cristianismo. Éste no es ni apolíneo ni dionisiaco; niega todos los valores estéticos, los únicos valores que El nacimiento de la tragedia reconoce: el cristianismo es nihilista en el más hondo sentido, mientras que en el símbolo dionisiaco se alcanza el límite extremo de la afirmación. En una ocasión se alude a los sacerdotes cristianos como una «pérfida Especie de enanos», de subterráneos»” (Nietzsche 1889)

El nihilismo es una negación de la vida, un decir no, a diferencia de la afirmación de lo Dionisiaco. El cristianismo, por tanto, es equivalente al nihilismo. La filosofía trágica es atrapada por primera vez por él y representa valores y motivaciones contrarias a las del cristianismo.

“Antes de mí no existe esta transposición de lo dionisiaco a un pathosfilosófico: falta la sabiduría trágica; en vano he buscado indicios de ella incluso en los grandes griegos de la filosofía, los de los dos siglos anteriores a Sócrates. Me ha quedado una duda con respecto a Heráclito, en cuya cercanía siento más calor y me encuentro de mejor humor que en ningún otro lugar. La afirmación del fluir y del aniquilar, que es lo decisivo en la filosofía dionisiaca, el decir sí a la antítesis y a la guerra, el devenir, el rechazo radical incluso del concepto mismo de «ser»; en esto tengo que reconocer, en cualquier circunstancia, lo más afín a mí entre lo que hasta ahora se ha pensado. La doctrina del «eterno retorno», es decir, del ciclo incondicional, infinitamente repetido, de todas las cosas, esta doctrina de Zaratustra podría, en definitiva, haber sido enseñada también por Heráclito. Al menos la Estoa, que ha heredado de Heráclito casi todas sus ideas fundamentales, conserva huellas de esadoctrina.” (Nietzsche 1889)

Nietzsche establece un paralelo entre su doctrina del eterno retorno y la filosofía del devenir de Heráclito. Nietzsche no quiere solo destruir, también busca una alternativa, una salida a ese callejón sin salida del nihilismo. Su propuesta es un nuevo comienzo, un renacer del sentimiento trágico, un mañana dionisiaco. Esa tarea requiere una cría selectiva de aquel tipo de hombre, una tarea para la humanidad, de querer, vivir y morir en pos de aquel hombre nuevo, trágico, superior, anticristiano.

“En este escrito deja oír su voz una inmensa esperanza. Yo no tengo, en definitiva, motivo alguno para renunciar a la esperanza de un futuro dionisiaco de la música. Adelantemos nuestra mirada un siglo, supongamos que mi atentado contra los milenios de contra naturaleza y de violación del hombre tiene éxito. Aquel nuevo partido de la vida que tiene en sus manos la más grande de todas las tareas, la cría selectiva de la humanidad, incluida la inexorable aniquilación de todo lo degenerado y parasitario, hará posible de nuevo en la tierra aquel exceso de vida del cual tendrá que volver a nacer también la situación dionisiaco. Yo prometo una edad trágica: el arte supremo en el decir sí a la vida, la tragedia, volverá a nacer cuando la humanidad tenga detrás de sí la conciencia de las guerras más duras, pero más necesarias, sin sufrir por ello….” (Nietzsche 1889)

Nietzsche da un siglo de plazo para que se cumpla su transvaloración. La nueva tarea ya está definida. Su presagio es una edad trágica, que reafirma la vida. Sin embargo, ya ha pasado más de un siglo y pareciera que el cambio anhelado por Nietzsche esta aún lejos de producirse. Su tema es y ha sido la moral y su origen. Quien se plantee la moral como prejuicio, o como algo problemático, caerá, necesariamente, en un estado de escepticismo, de sospecha, de ateísmo. Y nacerá la preocupación por el futuro de la humanidad, ya que se dará cuenta de que, hasta ahora, ésta ha caminado en la dirección opuesta.

“Mi tarea de preparar a la humanidad un instante de suprema autognosis, un gran mediodíaen el que mire hacia atrás y hacia delante, en el que se sustraiga al dominio del azar y de los sacerdotes y plantee por vez primera, en su totalidad, la cuestión del ¿por qué?, del ¿para qué? , esta tarea es una consecuencia necesaria para quien ha comprendido que la humanidad nomarcha por sí misma por el camino recto, que noes gobernada en absoluto por un Dios, que, antes bien, el instinto de la negación, de la corrupción, el instinto de décadenceha sido el que ha reinado con su seducción, ocultándose precisamente bajo el manto de los más santos conceptos de valor de la humanidad. El problema de la procedencia de los valores morales es para mí un problema de primer rango, porque condiciona el futuro de la humanidad. […] ¿Qué sentido tienen aquellos conceptos-mentiras, los conceptos auxiliaresde la moral, «alma», «espíritu», «voluntad libre», «Dios», sino el de arruinar fisiológicamente a la humanidad? Cuando se deja de tomar en serio la auto conservación, el aumento de fuerzas del cuerpo, es decir, de la vida, cuando de la anemia se hace un ideal, y del desprecio del cuerpo «la salud del alma», ¿qué es esto más que una recetapara la décadence? La pérdida del centro de gravedad, la resistencia contra los instintos naturales, en una palabra, el «desinterés» – a esto se ha llamado hasta ahora moral… Con Aurorayofui el primero en entablar la lucha contra la moral de la renuncia a sí mismo”. (Nietzsche 1889)

Nietzsche es consciente de que su tarea es una transvaloración general de todos los valores que han regido la vida, hasta su presente moderno. Su llamado, entonces, intenta buscar adeptos, seres semejantes, afines, que lo secunden, pero no los hay. ¿Ha de inventarlos? Nietzsche se define como el “pescador de hombres”, al que le “faltaban los peces”, lo que no impidió que actuara siempre como un lanza anzuelos.

“La tarea de los años siguientes estaba ya trazada de la manera más rigurosa posible. Después de haber quedado resuelta la parte de mi tarea que dice sí le llegaba el turno a la otra mitad, que dice no, que hace no: la transvaloración misma de los valores anteriores, la gran guerra, – el conjuro de un día de la decisión. Aquí está incluida la lenta mirada alrededor en busca de seres afines, de seres que desde una situación fuerte me ofrecieran la mano para aniquilar. – A partir de ese momento todos mis escritos son anzuelos: ¿entenderé yo acaso de pescar con anzuelo mejor que nadie?… Si nada ha picado, no es mía la culpa. Faltaban los peces…” (Nietzsche 1889)

La gran imputación de Nietzsche a la humanidad, ha acarreado consecuencias. La crisis de valores ya ha comenzado y está en su punto más culmine. Ese hecho lo podemos experimentar día a día en nuestra sociedad. Su vaticinio, no apunta solo a la destrucción de todo lo malogrado y perverso, sino también a un mañana nuevo, más jovial, reconciliado con la vida y con la muerte, con los dioses y con los hombres. Las actuales crisis, llámese ecológica, moral, social, es expresión cabal del nihilismo autodestructivo, disperso por todo el globo. La falta de sentido, la falta de respeto por la vida y la ausencia de nuevas metas, le dan la razón a Nietzsche.

“Yo conozco mi destino. Un día mi nombre irá unido a algo formidable: el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra, el recuerdo de la más profunda colisión de conciencia, el recuerdo de un juicio pronunciado contra todo lo que hasta el presente se ha creído, se ha exigido, se ha santificado. Yo no soy un hombre: yo soy dinamita. […] Yo soy un alegre mensajero como no lo ha habido nunca, y conozco tareas que son de tal altura, que el concepto ha faltado hasta el presente. Sólo a partir de mí existen de nuevo esperanzas. Con todo esto, yo soy también necesariamente el hombre de la fatalidad. Pues cuando la verdad entra en lucha con la mentira milenaria tendremos conmociones como jamás las hubo, una convulsión de temblores de tierra, un desplazamiento de montañas y de valles, tales como nunca se han soñado. La idea política quedará entonces completamente absorbida por la lucha de los espíritus. Todas las combinaciones de poderes de la vieja sociedad habrán saltado por los aires, porque todas estaban basadas en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo en la tierra. Solamente a partir de mí existe en el mundo la gran política.” Nietzsche 1889)

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