LOS LIBRES:EL COMUNISMO III

Stirner_Der_Einzige_und_sein_Eigentum_djvu

 

 

 

 

 

 

Primer corolario. “El obrero, en su conciencia de que lo esencial en él es el obrero, se mantiene alejado del egoísmo y se somete a la autoridad superior de una sociedad de obreros, lo mismo que el ciudadano se entregaba con devoción” (!) “al Estado de la competencia”

El obrero se atiene, a lo sumo, a la conciencia de que lo esencial en él para el burgués es el obrero, el cual puede hacerse valer por ello mismo en cuanto tal contra el burgués. Los dos descubrimientos de San Sancho, la “devoción del burgués” y el “Estado de la competencia”, pueden registrarse como nuevas pruebas de “capacidad” del que “posee mucho”.

 

Segundo corolario. “El comunismo debe procurar el «bien de todos». Lo que parece realmente como si, en este punto, nadie necesitara quedarse atrás. Pero, ¿cuál será este bien? ¿Acaso es uno y el mismo para todos?  … Si ello es así, se tratará del «verdadero bien». Pero, ¿no llegamos con ello exactamente al punto donde la religión inicia su régimen de poder?… La sociedad ha decretado mi bien como el «verdadero bien», y si este bien fuese, por ejemplo, los goces honradamente adquiridos y tú prefirieras la placentera ociosidad, la sociedad se guardaría prudentemente… de velar por lo que para Ti es el bien. El comunismo, al proclamar el bien de todos, destruye precisamente el bienestar de quienes hasta ahora vivían de sus rentas, etc.”, págs. 411, 412..

 

Y “si ello es así”, se derivan de aquí las siguientes ecuaciones.

 

   El bien de todos = comunismo

                                = ello es asi

                                = uno y el mismo bien para todos

                                = el bienestar igual de todos con uno y lo mismo

                                = el verdadero bien

                                = [el sagrado bien, lo sagrado, el imperio de lo sagrado, la jerarquía]

                                = regimen de poder de la religión

 

Comunismo        = regimen de poder de la religion

 

Tal “parece realmente” como si “Stirner” hubiese dicho aquí del comunismo lo mismo que hasta ahora había dicho de todas las demás cosas.

 

Cuán profundamente ha “penetrado” nuestro santo el comunismo se desprende, una vez más, del hecho de que se le atribuya el querer hacer valer “los goces honradamente adquiridos” como el “verdadero bien”. ¿Quién, fuera de “Stirner” y de unos cuantos maestros zapateros y sastres berlineses, piensa en “los goces honradamente adquiridos”? ¡Y no digamos el atribuir esto a los comunistas, en los que desaparece la base de toda esta contraposición entre el trabajo y el disfrute! El santo moral puede estar tranquilo, en lo que a esto se refiere. El “adquirir honradamente” queda reservado para él y para aquellos a quienes, sin él saberlo,  representa: sus pequeños maestros artesanos arruinados por la libertad industrial y moralmente “indignados”. También la “placentera ociosidad” figura íntegramente entre las más triviales ideas burguesas. Pero la corona de toda la frase es ese ladino reparo que hace a los comunistas, cuando dice que pretenden destruir el “bienestar” de los rentistas, hablando sin embargo del “bienestar de todos”.

Cree, pues, que en la sociedad comunista seguirá habiendo rentistas, cuyo “bienestar” habrá que destruir. Afirma que el “bienestar” en cuanto rentista es inherente a los individuos que son actualmente rentistas, algo inseparable de su individualidad; se imagina que para estos individuos no puede haber otro “bienestar” que el condicionado por su ser de rentistas. Cree, además, que la sociedad se halla ya organizada de un modo comunista mientras tiene que seguir luchando contra los rentistas y otros elementos por el estilo.

Los comunistas no tienen, ciertamente, empacho en decir que tratan de derrocar el poder de la burguesía y de destruir su “bienestar”, tan pronto como cuenten con la fuerza necesaria para hacerlo. Y no les preocupa ni en lo mínimo que este “bienestar” común a sus enemigos y condicionado por las relaciones de clase se dirija también, en cuanto “bienestar” personal, a un sentimentalismo que las mentes limitadas presuponen.

 

Tercer corolario. En la pág. 190, volvemos a encontrarnos con que en la sociedad comunista “resurge el cuidado como trabajo”. El buen ciudadano “Stirner”, que se alegra Ya de descubrir de nuevo en el comunismo su amado “cuidado, se equivoca esta vez de medio a medio.

El “cuidado” no es otra cosa que el estado de ánimo angustiado y abatido que, bajo la burguesía, acompaña necesariamente al trabajo, a la miserable actividad de ganarse la vida a duras penas. El “cuidado” florece bajo su forma más pura en el buen ciudadano alemán, como algo crónico, miserable y despreciable y siempre igual a sí mismo”, mientras que la penuria del proletario reviste una forma aguda y violenta, le empuja a la lucha a vida o muerte, hace de él un revolucionario y no produce, por tanto, “cuidado”, sino pasión. Por tanto, si el comunismo trata de acabar tanto con el “cuidado” del ciudadano como con la penuria del proletario, de suyo se comprende que no podrá hacerlo sin abolir la causa de ambos, el “trabajo”.

 

Llegamos así a las construcciones históricas del comunismo.

 

Primera construcción histórica. “Mientras bastaba la fe para el honor y la dignidad de los hombres, nada había que objetar contra ningún trabajo, por fatigoso que fuera”. “Las clases oprimidas solamente pudieron soportar toda su miseria mientras fueron cristianas” (a lo sumo, podría decirse, a la inversa, que fueron cristianas mientras soportaron su miseria), “pues el cristianismo” (que está detrás de ellas con el palo) “no deja que se manifieste su descontento y su indignación”, pág. 518. “De dónde sabe «Stirner» todo” lo que las clases oprimidas podían y no podían, lo averiguamos por el cuad. I de la Gaceta Gen. de la Liter donde “la crítica, en forma de maestro encuadernador” cita el siguiente pasaje de un libro insignificante: “El pauperismo moderno ha asumido un carácter político; mientras que el viejo mendigo soporta su suerte con resignación, viendo en ella una prueba divina, el desharrapado moderno se pregunta si está obligado a marchar miserablemente por la vida porque el azar lo haya traído al mundo entre andrajos”.

Esta fuerza del cristianismo es la que explica por qué, al llegar la hora de la emancipación de los siervos, hubieron de librarse las luchas más sangrientas v enconadas precisamente contra los señores feudales eclesiásticos y por qué la emancipación se impuso a pesar de todos los gruñidos y toda la indignación del cristianismo encarnado en los curas (cfr. Eden, History of the Poor, book I [Historia de los pobres, libro I]; Guizot, Histoire de la civilisation en France [Historia de la civilización en Francia];

 

Montheil, Histoire des Français des divers états [Historia de los franceses de los diversos estados], etc.), mientras que, de otra parte, el bajo clero, sobre todo a comienzos de la Edad Media, incitaba a los siervos a “gruñir” y a “sublevarse” contra los señores feudales seculares (cfr. ya, entre otras cosas, la conocida capitular de Carlomagno). Cfr. también lo que más arriba, con motivo de “los disturbios obreros que se producen de vez en cuando”, se dijo acerca de las clases oprimidas y de sus levantamientos en el siglo XIV. Las formas anteriores de las insurrecciones obreras se hallaban relacionadas con el desarrollo del trabajo en cada época y con la correspondiente forma de propiedad; la insurrección directa o in[dir]ectamente comunista, aparece con la gran industria.

En vez de entrar en esta prolija historia, San Max da un salto desde las pacientes clases oprimidas hasta las clases oprimidas impacientes: “Ahora que todo individuo debe desarrollarse hasta el hombre” (¿”de dónde saben”, por ejemplo, los obreros catalanes que “todo individuo debe desarrollarse hasta el hombre”?), “la condenación del hombre al trabajo en las máquinas coincide con la esclavitud”, pág. 158.

Antes de Espartaco y de la guerra de los esclavos era, pues, el cristianismo el que no hacía “coincidir con la esclavitud” “la condenación del hombre al trabajo en las máquinas'”; y en tiempo de Espartaco fue el concepto hombre el que suprimió esta relación y engendró la esclavitud. ¿”O acaso” Stirner ha oído “incluso” algo acerca de la relación entre los modernos disturbios obreros y la maquinaria y ha querido aplicarlo aquí? En este caso, no será la introducción del trabajo en las máquinas el que convierte a los obreros en rebeldes, sino la introducción del concepto “hombre” el que convierte al trabajo maquinizado en esclavitud. Y “si ello es así”, tal “parece realmente” como si ésta fuese una historia “única” de los movimientos obreros.

 

Segunda construcción histórica. “La burguesía ha proclamado el evangelio del disfrute material y se asombra, ahora, de que esta doctrina encuentre secuaces entre nosotros, los proletarios”, pág. 159. Cuando va se disponían los obreros a realizar el concepto “del hombre”, lo sagrado, aparece ahora el “disfrute material”, lo secular; más arriba, la “tortura” del trabajo, ahora solamente el trabajo de disfrutar.

San Sancho se azota aquí “en ambas sus valientes posaderos” [( En español, en el original)], primero en la historia material y luego en la stirneriana, en la sagrada. Según la historia material, fue la aristocracia la que primero sustituyó el disfrute del evangelio por el evangelio del disfrute, para lo que la sobria burguesía se puso primeramente a trabajar y le cedió, con mucha astucia, el disfrute que a ella le estaba vedado por sus propias leyes (con motivo de lo cual el poder de la aristocracia fue a parar en forma de dinero a los bolsillos de los burgueses) Según la historia stirneriana, la burguesía se contentó con buscar “lo sagrado”, con dedicarse al culto del Estado y “convertir todos los objetos existentes en objetos representados”, y fue necesario que vinieran los jesuitas, para “salvar a la sensualidad de su total desaparición”.

Según la misma historia stirneriana, la burguesía, con la revolución, arrebató para sí todo el poder, incluyendo, por tanto, su evangelio, el evangelio del disfrute material, a pesar de que, según la misma historia stirneriana, sabemos ya que “en el mundo sólo imperan los pensamientos”. La jerarquía stirneriana se asienta ahora, por tanto, “entre ambas posaderas”.[(En español, en el original)]

 

Tercera construcción histórica, pág. 159. “Después de librarse la ciudadanía de las órdenes y la arbitrariedad de algunos, quedó en pie la arbitrariedad nacida de la coyuntura de las relaciones y que podríamos llamar el azar de las circunstancias”. San Sancho hace, entonces, que los comunistas “encuentren una ley y un nuevo orden que ponen fin a estas oscilaciones” (de las cosas), de las que él sabe tanto, que, según él, los comunistas deben ahora exclamar: “¡Éste orden es sagrado!” (aunque más debiera exclamar él: el desorden de mis figuraciones es el orden sagrado de los comunistas). “Aquí la sabiduría” (Apoc. de S. Juan, 13, 18).

“Quien tiene entendimiento, calcule la cifra” de las necedades que el Stirner siempre tan prolijo y tan amigo de hablar de sí, acumula aquí en pocas [líneas]. Formulada en los términos más generales, la primera frase viene a decir: Después que la burguesía hubo suprimido el feudalismo, permaneció la burguesía.

O, después que, en la imaginación de “Stirner”, se suprimió la dominación de las personas, quedó por hacer precisamente lo contrario. “Parece realmente” como si dos épocas históricas tan alejadas la una de la otra se pudieran reducir a una conexión, que es la conexión sagrada, la conexión como lo sagrado, la conexión en el cielo.

Por lo demás, esta frase de San Sancho no se contenta con el mode simple [Modo simple de expresarse] de la necedad de más arriba, sino que se cree obligada a expresarse en el mode composé y bicomposé” [Modo complejo y bicomplejo] de la necedad. En efecto, San Max, primero, cree al burgués que se ha liberado él, que al liberarse a sí de las órdenes y la arbitrariedad de algunos, ha liberado en general de las órdenes y la arbitrariedad de algunos a la masa de la sociedad. En segundo lugar, no se liberaron realmente de “las órdenes y la arbitrariedad de algunos”, sino del poder de la corporación, del gremio, de los estamentos, pudiendo por tanto, ahora, ejercer sus “órdenes y arbitrariedad” como reales burgueses individuales frente al obrero. Y, en tercer lugar, se limitaron a suprimir la apariencia plus ou moins [Más o menos] idealista de las anteriores órdenes y de la anterior arbitrariedad de algunos, para sustituirlas por las mismas órdenes y la misma arbitrariedad en su tosquedad material.

Él, el burgués, no quería seguir viendo sus “órdenes y arbitrariedad” limitadas por las “órdenes y arbitrariedad” anteriores del poder político concentrado en el monarca, en la nobleza y en la corporación, sino, a lo sumo, por los intereses comunes de toda la clase burguesa, expresados en las leyes de la burguesía. No hizo otra cosa que suprimir las órdenes y la arbitrariedad que pendían sobre las órdenes y la arbitrariedad de los burgueses individuales (véase el liberalismo político).

Como San Sancho, en vez de analizar realmente la coyuntura de las relaciones, que, con la dominación de la burguesía, se convierte en una coyuntura totalmente distinta de relaciones totalmente diferentes, la deja en pie como la categoría general “coyuntura, etc.” y, por si ello fuera poco, le pone encima el nombre todavía más vago de “azar de las circunstancias” -como si “las órdenes y la arbitrariedad de algunos” no fuesen por sí mismas una “coyuntura de las relaciones”-; como, al proceder así, descarta el fundamento real del comunismo, que es la determinada coyuntura de las relaciones bajo el régimen burgués, puede ahora convertir un comunismo tan en el aire en su comunismo sagrado. Tal “parece realmente” como si “Stirner” fuese “un hombre” de una “riqueza” histórica “puramente ideal”, imaginativa, el “desharrapado perfecto”. Ver “el Libro”, pág. 362.

 

Esta gran construcción, o mejor dicho su primera parte, se nos vuelve a presentar, con mucho énfasis, en la pág. 189, bajo la siguiente forma: “El liberalismo político supera la desigualdad de señores y servidores”; “implantó la falta de dueños, la anarquía” (!); “el señor fue alejado ahora del individuo, del egoísta, para convertirse en un espectro, en la ley o en el Estado”. Imperio de los espectros = (jerarquía) anarquía, igual a imperio del “todopoderoso” burgués. Como vemos, este imperio de los espectros es, más exactamente, la dominación de los muchos señores reales; por tanto, con la misma razón podría concebirse el comunismo como la liberación de este imperio de los muchos, cosa que, sin embargo, no podía hacer San Sancho, ya que con ello se habrían venido al suelo tanto sus construcciones lógicas del comunismo como toda su construcción de los “Libres”. Pero así sucede a lo largo de todo “el Libro”. Una sola conclusión sacada de las propias premisas de nuestro santo, un solo hecho histórico, echa por tierra series enteras de penetraciones y resultados.

 

Cuarta construcción histórica. En la pág. 350, San Sancho deriva directamente el comunismo de la abolición de la servidumbre de la gleba.

 

Premisa I; “Se consiguió extraordinariamente mucho cuando se logró ser considerado” (!) “titular. Fue superada con ello la servidumbre de la gleba, y todo el que hasta entonces había sido propiedad se convirtió en dueño”. (En el mode simple de la necedad, esto quiere decir: la servidumbre de la gleba fue superada al ser superada). El mode composé de esta necedad consiste en que San Sancho cree que se llega a ser “titular” mediante la santa contemplación, mediante el acto de “considerar” y “ser considerado”, siendo así que la dificultad consistía en llegar a ser “titular”, y la consideración venía luego por sí misma; y el mode bicomposé, que, una vez que la abolición, en un principio todavía particular, de la servidumbre de la gleba había comenzado a desarrollar sus consecuencias, haciéndose con ello general, se dejó de poder “lograr” ser digno de ser “considerado” [como] “titular” (al titular le resultaba demasiado costoso lo que tenía bajo su título); en que, por tanto, la gran masa que “hasta entonces” “había sido propiedad”, es decir, trabajadores forzosos, se convirtieron con ello, no precisamente en “dueños”, sino en obreros libres.

 

Premisa histórica II, que abarca aproximadamente ocho siglos y que “indudablemente, no deja ver cuán preñada de contenido” se halla (cfr. Wigand, pág. 194). “Sin embargo, en lo sucesivo Tu tener y lo que Tú tienes ya no bastan y ya no son reconocidos; en cambio, aumentan de valor Tu trabajar y Tu trabajo. Ahora, apreciamos Tu sojuzgamiento de las cosas, como antes” (?) “Tu tenerlas. Tu trabajo es Tu patrimonio. Ahora, eres dueño o titular de lo elaborado, no de lo heredado” (Ibíd.). “En lo sucesivo”, “ya no”, “en cambio”, “ahora” “como antes”, “ahora”, “o”, “no”: he ahí el contenido de toda esa proposición. Aunque “Stirner” ha llegado “ahora” a la conclusión de que Tú (es decir, Szeliga) eres dueño de lo elaborado, no de lo heredado, se le ocurre más bien pensar “ahora” que hoy en día ocurre cabalmente lo contrario, y ello le lleva a parir el comunismo como un monstruo, producto de los abortos de estas dos premisas.

 

 

 

 

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