NEGACIÓN DE LA VOLUNTAD DE VIVIR

 NEGATION

 

 

 

He aquí, paradójicamente, un “discípulo” de Schopenhauer que si bien pudo ponderar el sentido y el significado de la negación de la voluntad de vivir, fue llevado por dicha conciencia a una peligrosa antinomia, que no podemos dejar pasar por alto.

 

El “discípulo” dice: “En febrero de 1860 llegó el día más grande, más significativo de mi vida. Entré a una librería y le eché un vistazo a los libros frescos llegados desde Leipzig. Ahí encontré El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer. ¿Schopenhauer? ¿Quién era Schopenhauer? El nombre nunca lo había oído hasta entonces. Hojeo la obra, leo sobre la negación de la voluntad de vivir y me encuentro con numerosas citas conocidas en un texto que me hace preso de sueños” (Mainländer  pp. 8-9).

En 1860, Mainländer contaba con diecinueve años. En lo que respecta a la vida de Philipp Batz (su verdadero nombre) sabemos que era el menor de seis hermanos, tres de los cuales cometieron después suicidio. Recibió su formación escolar en la Realschule de Offenbach, su ciudad natal, situada a orillas del río Main. De ahí proviene su seudónimo Mainländer (región del Main). A partir de 1856 frecuenta la escuela de comercio en Dresden. Dos años más tarde viaja por Francia hacia Italia hasta Nápoles, para ocupar un puesto en una casa de comercio. En este significativo “tiempo napolitano”, de aproximadamente cinco años, es cuando descubre a Schopenhauer. A su regreso a Offenbach se hace cargo del negocio de su padre. En 1868 se traslada a Berlín donde recibe el nombramiento de “Martin Magnus” en una casa de banca.

 

Pasados algunos años vuelve nuevamente a su ciudad natal para redactar parte de su obra principal, pero luego decide entrar voluntariamente como coracero en Halberstadt.

 

Finalmente, en noviembre de 1875 se establece de un modo definitivo en Offenbach, para concluir el segundo tomo de su obra principal: La filosofía de la redención (Die Philosophie der Erlösung).

 

 

La filosofía de la redención no es sólo continuación de las doctrinas de Kant

y Schopenhauer, sino también confirmación del budismo y del cristianismo

puro. Aquellos sistemas filosóficos son rectificados y completados por ella,

reconciliando además estas religiones con la ciencia. La filosofía de la redención

fundamenta el ateísmo no en una creencia cualquiera como estas religiones,

sino como filosofía en el saber y, por esta razón, queda el ateísmo,

gracias a ella, por primera vez fundamentado de un modo científico

(Mainländer  Tomo I, p. VIII).

 

Según Mainländer, la moral cristiana no es más que un mandamiento de suicidio lento (Mainländer Tomo II, p. 218), el cual se puede lograr tomando conciencia de la caída y la decadencia profetizada como destino del mundo. Esto queda de manifiesto no solo en la vida de Cristo, sino también en la de Buda. Ambos, según el filósofo, habrían expresado el suicidio sensu allegorico a través de sus vidas.

 

Mainländer tiene una visión propia acerca del origen del universo. Dios, saturado de su propio “super-ser”, decide de un modo suicida y arbitrario la catástrofe absoluta. Conforme a ella, el universo surgió no por un deseo de creación divina, sino que fue el resultado de un agotamiento de voluntad divina. En un comienzo existe una vuelta repentina e inconcebible de perfección, sin tiempo ni espacio, que tiende hacia la nada. Increíblemente ésta es en su descarga energética lo que hoy la ciencia llamaría Big Bang. El curso irreversible de esta gran explosión se extiende, a través de su fuerza omnipotente de creación, hasta el exterminio de toda su precedencia, la cual únicamente se encuentra aún presente existiendo, pero deviniendo hacia su extenuación (Mainländer  p. 15).

 

El hecho es que para Mainländer la conciencia advierte, a través de los tráfagos de la vida, que la no existencia es mejor que la existencia. Este conocimiento le abre al hombre la posibilidad de negar perpetuarse y tender a autoaniquilarse, para consumar finalmente el gran ciclo de la redención (Erlösung) del ser: todos somos fragmentos de un Dios, que al igual que en el “Big Bang” del principio de todos los tiempos, se destruyó, ávido de no ser: “Esta unidad simple que ha sido, ya no existe más. Ella se ha fragmentado, transformando su esencia absoluta en el mundo de la multiplicidad. Dios ha muerto y su muerte fue la vida del mundo. (…) Ya no estamos más en Dios porque launidad simple se ha destruido y muerto” (Mainländer Tomo I, p. 108).

 

Mainländer, sin embargo, es consciente de sus límites: existió efectivamente una unidad simple (einfache Einheit), sin embargo no es posible descifrar en modo alguno lo que ella fue. Solo afirma que su ser fue saturado por su propio “super-ser” (Mainländer Tomo I, p. 320) y que no se asemeja a ningún ser que podamos concebir, porque todo ser que se conoce es, por el contrario, un ser cuya manifestación es movimiento o devenir.

 

Mainländer resume sus teorías centrales –la desintegración de la unidad en la multiplicidad, la transición del campo trascendente hacia el inmanente, la muerte de Dios y el origen del mundo– en los siguientes puntos (Mainländer Tomo I, pp. 326-327):

1. Dios quiso el no-ser.

2. Su esencia fue el obstáculo para la entrada inmediata en el no-ser.

3. La esencia tuvo que desintegrarse en un mundo de la multiplicidad, cuyos individuos

tienen todos el afán de no-ser.

4. En este afán se obstaculizan mutuamente, luchan los unos con los otros y debilitan

de esta forma su fuerza.

5. La completa esencia de Dios vino hacia el mundo a través de una forma transformada,

en una determinada suma de fuerza.

6. El mundo completo, el universo, tiene una meta, el no-ser, y logra ésta mediante el

continuo debilitamiento de su suma de fuerzas.

7. Cada individuo llegará a través del agotamiento de su fuerza, en su proceso evolutivo,

hasta el punto que su ansia de alcanzar el exterminio pueda llegar a ser cumplida.

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