SUICIDIO Y LIBERTAD

LIBERTADSUICIDIO

 

 

 

 

 

Ahora bien, de acuerdo a la visión cioraniana del mundo lo trágico resulta ser que el humano a través de todos esos elementos que crea en la existencia, quiere retornar a un primer estado en que estuvo. No obstante su intención, jamás podrá regresar. En consecuencia, el vacío con el cual comenzó a vivir la creatura humana se mantiene hasta que deje de respirar en la tierra del dolor.

 

El escenario y los propios actores en esa tragicomedia llamada vida caen como pesadas cadenas que asfixian al hombre. Es así como debemos entender la condición del ser humano, pues de ese pensamiento se desprende la conciencia necesaria para poder aspirar a la libertad.

 

Entonces ¿cómo debemos entender la libertad en Emil Cioran después de todo el recorrido mostrado? Pues bien, la libertad es entendida como liberación y ésta tiene su base en el suicidio. En suma, Cioran nos sugiere, maliciosamente, que debemos auto-aniquilarnos porque mientras vivamos estaremos encadenados a muchas cosas y esas cadenas prolongan el sufrimiento, igualmente ellas nos ciegan sobre la verdadera razón de nuestra existencia: no hay sentido absoluto para que vivamos.

Es por esto que, dice Cioran, para ser libres se debe aspirar al encuentro con la muerte para retornar a la nada progenitora; en definitiva al no-ser y romper con todas esas cadenas o lazos a los cuales estamos sometidos. La auto-conciencia de la irrealidad conlleva a prescindir del mundo, en no prestarle atención ni a nuestras propias penas. Simplemente al ser la existencia y el mundo algo menos que la apariencia, el uno algo in-serio y el otro una ilusión, se termina por no interesarse en nada, incluso de prescindir de la idea de ser libres. Todo lo anterior nos llevará a despojarnos de una de las convicciones más fuertes que hay: la convicción de que la vida es sagrada.

Ya vivir y permanecer en la existencia es algo que no posee razón alguna, es más, cuando alguien comienza a vivir debería emprender la búsqueda de los medios para poder auto-aniquilarse, en términos del sujeto A “el más dichoso sería quien muera al nacer y más dichoso que nadie, quien nunca llegue a nacer” (Kierkegaard).

 

¿Por qué? Simplemente, porque el infinito de vacuidad que corroe toda la existencia revela que el ser debe advenir en el no-ser, y es algo que, incluso, el hombre no puede escapar. Empero, ¿a qué se refiere Cioran con respecto al infinito de vacuidad? Se trata del impulso del universo por el afán de no-ser, de destruirse y morir en el púlpito de la nada.

Por ende, desde que se colocó el “mono antropoide” de pie, cuando dejó sus manos libres paralabrar el camino del mañana, no por eso escapó de la tendencia autodestructiva a la cual está confinado, cada ser está obligado a devenir en el no- ser. Y esa tendencia convierte cualquier cosa en algo in-necesario.

Dado lo anterior, no existe progreso para Cioran. Por lo tanto, se diferencia de algunos filósofos como Hegel o Rousseau, que ven en las obras del espíritu o en el transcurso de la vida humana un progreso o pretensión a lo perfecto. De hecho, el hombre es víctima de todo lo que hay en el mundo y de todo lo que crea, por consiguiente, entre más tiempo transcurra el humano en la existencia, y en la medida en que vaya “avanzando”, serán peores sus males, en razón de que su verdadera fuerza ontológica es en realidad una fuerza contra-ontológica, es decir: el hombre camina gracias a la voluntad de morir.

 

 

La voluntad de morir se debe entender de acuerdo a la concepción dada por Philip Mainländer, monstruo cuya sombra acompaña muchos de los textos de Emil Cioran.

 

Para Mainländer, la voluntad de morir es el fundamento del universo y el demonio, cuya génesis proviene del primer movimiento de una Unidad pre- cósmica desintegrada en la multiplicidad del universo, que genera los mejores medios para que Dios cumpla su objetivo: devenir en el no-ser. La importancia de poner a la luz a este filósofo en la visión trágica de la existencia, es que a raíz de los planteamientos en la Filosofía de la redención, existe una fuerte semejanza entre la tendencia del ser al no-ser en Cioran con la metafísica de la decadencia de Mainländer, cuya expresión más sutil se muestra con la ley del debilitamiento de la fuerza.

 

Dicha ley consiste en que todos los seres del universo, para poder cumplir el objetivo de Dios por su anhelo de muerte absoluta, tienen que actuar de tal manera que se adelante la desintegración total de la multiplicidad del universo en la nada, ya sea luchando, manteniendo relativamente la individualidad, agrupándose en colectivos, persistiendo en la existencia a tal grado que la fuerza total del universo se disminuya y así pueda estar listo para morir .Incluso, alega que:

 

No podemos asentar esta meta en nada distinto que no sea una extinción eficaz de la fuerza, la cual sólo se ha de lograr por el miedo a la muerte ( la intensa voluntad de vivir) y la cual, a su vez, es medio para la meta del todo: la muerte absoluta. (Mainländer).

 

Lo que pretendo señalar es lo siguiente: para explicar por qué el ser tiende al no- ser enCioran tendríamos que admitir que: Primero, por alguna razón para el todo es más preferible no-ser que ser. Segundo, que la desintegración del ser se lleva a cabo bajo una ley universal, es decir, la ley del debilitamiento de fuerzas afirmada por Mainländer. Tercero, es la razón la que nos permite descubrir el impulso auto-destructivo del ser, y a su vez, tomar conciencia sobre nuestra situación ante la vida, lo cual nos lleva a un estado de crisis al yo.

Conforme a lo anterior, la razón y la conciencia son por ende dos cuchillos clavados en la carne. Pues, la cualidad que permitió al hombre erguirse ante el sol, crear un sendero con sentido, es la misma herramienta del diablo que nos ofrece ver tras el telón de la existencia, y cuando eso sucede es el escalofrió de un vacío lo que abre un oscuro paisaje que advierte: de la nada venimos y hacia la nada vamos.

Empero, tal idea va más allá del simple hecho de presentar el suicidio desde el pesimismo, ya que el logro del suicidio como acto de libertad reposa en que el hombre sea un Dios sobre su fin, que él sea quien decida cuando morir, en qué momento oportuno, cómo morir y no dejarle el trabajo a la naturaleza ( posicionarse por encima de la naturaleza haciendo mejor el trabajo de ella: matarnos), en definitiva es ser amo y señor de su muerte… del retorno.

Cioran retrata a ese hombre de esta forma: “dueño de sus días, detendría su sucesión cuando le pareciese oportuno; existiría a su discreción; es que alcanzaría su punto de partida, su estatuto verdadero: el de accidente, justamente”. Pero, en razón de un saber profético sobre la muerte; cuando se emprende la renuncia de todo, y el mundo es parte esencial que hay que abandonar, se descubre que lo único que puede tener en sus manos una persona no es la felicidad, ni el honor, ni el respeto, tampoco son nuestras penas, ni el amor y tampoco los sueños, sino el poder de matarse cuando se quiera.

Por lo tanto, la libertad no sería nada constructivo en Cioran, es todo lo contrario, demoniacamente destructivo, ya que incita al sujeto a la destrucción de sí mismo, no a una superación, en ningún momento Cioran afirma eso, sino a una extinción del hombre. Inclusive, matarse a uno mismo no implica volver al estado perdido: es en realidad perderlo todo en la nada. Tampoco es una solución pues desde que nace el ser humano ya todo está irremediablemente arruinado, por el simple hecho de pisar el mundo estamos condenados a sufrir todas nuestras imperfecciones y contradicciones.

 

Igualmente, el acto del suicidio está ligado a un marco cosmológico y metafísico, puesto que la libertad que florece en el sendero de la renuncia a la vida, es decir, en el suicidio, no es más que la máxima expresión a la cual puede acudir un ser imperfecto dentro de un cosmos condenado a desaparecer.

 

Finalmente, podemos concluir que en el interior de cada alma humana yace un dios que desea retornar a la nada, que desea morir para volver a esa eternidad antes de toda vida. Sin embargo, estamos atrapados en un laberinto que se extiende misteriosamente en una roca suspendida en lo incierto, dentro de un titánico escenario: el universo.

Si el universo tuviera conciencia, obviamente, para él no seriamos más que un grano en un abrumador mar de arena. No tenemos razón de existir, no sabemos para qué estamos realmente vivos, simplemente, como la lluvia seguimos cayendo a manera de gotas que se estrellarán en un pasto frio y despiadado. El mundo que conocemos fue creado por dementes que intentan justificar su existencia, y que tristemente se convierten en esclavos de sus propias creaciones. Sólo quien lleve al extremo su capacidad de lucidez, impulsado hasta el final por su conciencia de irrealidad, podrá quemarse junto a sus cadenas… de esta forma sus cenizas serán libres en la nada, convirtiendo su fin en la mejor obra en el cosmos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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