HRISTIYANLIK VE DECCAL

Hıristiyanlık ve Deccal

DAL SITO NICHILISTA EGOARCA- “REZNOV” -UN TESTO PER LA LOTTA E LA MORTE- TRA IL MALE E IL BENE CADUCO!

Gerçekte iki Antik Yunan tanrısı olan Apollon ve Dionysos, Nietzsche’de anlamca yüceleştirilir ve oluşun merkezine koyulur. Sanatın bire bir oluşumu, bu iki kavrama bağlıdır.

Apollon: Nietzsche’de anlamını “biçim”le bulur.
Dionysos: Nietzsche’de anlamını “uyum”la bulur.

Nietzsche’ye göre, Eski Yunanlılar, bu iki sanat tanrısıyla, yani sırasıyla Heykel ve Müzik tanrılarıyla, sanatsal üretimin derin gizlerini keşfetmişlerdir. Apollon düş deneyimini ifade eder. O ışık saçan Tanrıdır, Dionysos ise esrime deneyimidir. Hayatın iki kanadı olan Apollon ve Dionysos, insanın yaratıcı gücünü ortak olarak biçimlendiren ve yön veren iki tanrıdır. Nietzsche’de bu tanrısal değişim ve dönüşüm, aslında hayatın sanatsallığına bir işaret, bir göz kırpmadır.

Dionysos müzik ve şarabın tanrısıdır. Yaratma eylemi, Dionysos ve Apollon’un odak noktasının yakalanması, Nietzshe’ye göre “dans etmek”tir.

Dionysos, varlığın özünü sezgiyle kavramaya, Apollon ise sezgiyle kavranan özün dışa, yani görünen dünyaya etki ettirmeye yarar. Nietzsche’ye göre sanat, bu iki “kavramsal” tanrının etkisiyle şekillenir.

Nietzsche’ye göre estetiğin temeli, bu iki kavramı anlamakla mümkündür. Bu konuda şöyle der:

“Mantıksal bir çıkarsamayla, ama sezginin anında oluşan keskinliğiyle, sanatın sürekli gelişiminin Apolloncu ve Dionysoscu bir ikiliğe bağlı olduğunu anladığımızda estetik bilimi için çok şey yapmış oluruz: Yaradılışın, bazen araya giren uzlaşmalara rağmen sürekli çatışan cinsiyet ikiliğine bağlı olması gibi…”

Nietzsche yorumlarına şöyle devam eder:

“Özet olarak, diyalektik, “ayak takımının bir intikam alma yöntemi”, “çaresiz insanların seçtiği bir Yahudi yöntemi”, “insanın gücünü kendince teşhir edip gösteriş yapması” ve bu yolla karşı tarafın iddasını kurnazca ve hileyle yere vurma isteğidir.”

Nietzsche, Sokrates’ten önceki Yunan felsefesine saygı duyar. Lakin ona göre Sokrates’ten sonraki çağ, Sokrates’in izlerini taşıdığı için onun gözünde neredeyse tamamen yozlaşmıştır. Sokrates’in yöntemi de bir tür diyalektik olarak tanımlanabileceği için, diyalektik kavramı Nietzsche tarafından topyekün reddedilir.

İnsandaki yaratıcı güç şöyle dursun, Nietzsche’ye göre doğa yaratısı insan bile, doğanın bu iki kavramındaki odak tarafından yaratılmıştır. Kısacası ona göre Apollon ve Dionysos, doğanın elleridir. Doğa bu kavramlarla yaratır ve yıkar.

“En tuhaf ve zor sorunlarında bile yaşama “Evet” diyebilmek, en yüksek tiplerin kurban edilmesinde bile, kendi tükenmezliğinden sevinç duyan yaşam istemi -Dionysosça dediğim şey işte bu.”

 

 




LEY CONTRA EL CRISTIANISMO IV

ANTIKRIST

La guerra es entendida no al modo que se da en el siglo veinte, como destrucción y genocidio, a manos de ejércitos y armas nucleares. La guerra esta tomada, más bien, como búsqueda de resistencias, de obstáculos a ser superados, que me hagan más fuerte y mejor preparado para la vida. La guerra ha de concebirse bajo el prisma de tomar en cuenta la dignidad del enemigo, necesaria para sentir amor por lo que se tiene y aprender a apreciar los más mínimos detalles.

La paz nos trae inactividad y ocio, nos duerme sobre nosotros mismos y descuidamos lo más importante, vivir la vida. La paz ha de desearse solo como tregua para recuperar fuerzas y prepararse para la siguiente batalla, no como un deseo de permanente ocio y seguridad. Para Nietzsche, los sentimientos de pecado, remordimiento de consciencia o arrepentimiento, siempre le han sido ajenos a su constitución más íntima.

 

“Se me ha escapado del todo hasta qué punto debía yo ser «pecador». Asimismo me falta un criterio fiable sobre lo que es remordimiento de conciencia: por lo que de él se oyedecir, no me parece que sea nada estimable… ` Yo no podría abandonar una acción trashaberla comenzado, en la cuestión de su valor preferiría dejar totalmente al margen el mal éxito de la misma, sus consecuencias. Cuando las cosas salen mal, se pierde con demasiada facilidad la visión correctade lo que se hizo: un remordimiento de conciencia me parece una especie de «mal de ojo». Respetar tanto más en nosotros algo que ha fallado porqueha fallado -esto, antes bien, forma parte de mi moral. -«Dios», «inmortalidad del alma», «redención», «más allá», todos estos son conceptos a los que no he dedicado ninguna atención, tampoco ningún tiempo, ni siquiera cuando era niño -¿acaso no he sido nunca bastante pueril para hacerlo?- El ateísmo yo no lo conozco en absoluto como un resultado, menos aún como un acontecimiento: en mí se da por supuesto, instintivamente. Soy demasiado curioso, demasiado problemático, demasiado altanero para que me agrade una respuesta burda. Dios es una respuesta burda, una indelicadeza contra nosotros los pensadores, – incluso en el fondo no es nada más que una burda prohibiciónque se nos hace: ¡no debéis pensar! ” (Nietzsche 1889)

Nietzsche se considera no contaminado por aquellos conceptos que han aprisionado al hombre: “pecado”, “Dios”, “inmortalidad del alma”.

Pero recordemos que para llegar a este punto de negación de aquellos conceptos tuvo que seguir una evolución en sus creencias, que vimos, apuntaban a un Dios creador y eran de una base cristiana, en su niñez.

Luego si vida la dedico a luchar contra esas creencias y sus consecuencias en la vida. Lo más importante de destacar son los detalles más íntimos de esa vida: el clima, el lugar donde vivimos, la alimentación, la recreación, el juego, la risa. Esos detalles han sido dejados de lado por nuestra cultura y eso ha generado una especie de hombre enfermo.

“Se me preguntará cuál es la auténtica razón de que yo haya contado todas estas cosas pequeñas y, según el juicio tradicional, indiferentes; al hacerlo me perjudico a mí mismo, tanto más si estoy destinado a representar grandes tareas. Respuesta: estas cosas pequeñas -alimentación, lugar, clima, recreación, lugar, clima, recreación, toda la casuística del egoísmo. Son inconcebiblemente más importantes que todo lo que hasta ahora se ha considerado importante. Justo aquí es preciso comenzar a cambiar lo aprendido. Lo que la humanidad ha tomado en serio hasta este momento no son ni siquiera realidades, son meras imaginaciones o, hablando con más rigor, mentiras nacidas de los instintos malos de naturalezas enfermas, de naturalezas nocivas en el sentido más hondo -todos los conceptos «Dios», «alma», «virtud», «pecado», «más allá», «verdad», «vida eterna»… Pero en ellos se ha buscado la grandeza de la naturaleza humana, su «divinidad». “(Nietzsche 1889)

“yo soy, dicho en griego, y no solo en griego, el Anticristo….” (Nietzsche 1889)

Ahora Nietzsche comienza a tener una noción de su persona, como representante de lo dionisiaco y el calificativo que más lo acerca a dicha idea, es la del anticristo, calificativo provocativo y desafiante.

Nietzsche recapitula, en este libro autobiográfico, todas sus anteriores publicaciones y realiza una especie de mirada retrospectiva, comentando cada una de ellas, comenzando por el Nacimiento de la Tragedia.

“En todo el libro, un profundo, hostil silencio contra el cristianismo. Éste no es ni apolíneo ni dionisiaco; niega todos los valores estéticos, los únicos valores que El nacimiento de la tragedia reconoce: el cristianismo es nihilista en el más hondo sentido, mientras que en el símbolo dionisiaco se alcanza el límite extremo de la afirmación. En una ocasión se alude a los sacerdotes cristianos como una «pérfida Especie de enanos», de subterráneos»” (Nietzsche 1889)

El nihilismo es una negación de la vida, un decir no, a diferencia de la afirmación de lo Dionisiaco. El cristianismo, por tanto, es equivalente al nihilismo. La filosofía trágica es atrapada por primera vez por él y representa valores y motivaciones contrarias a las del cristianismo.

“Antes de mí no existe esta transposición de lo dionisiaco a un pathosfilosófico: falta la sabiduría trágica; en vano he buscado indicios de ella incluso en los grandes griegos de la filosofía, los de los dos siglos anteriores a Sócrates. Me ha quedado una duda con respecto a Heráclito, en cuya cercanía siento más calor y me encuentro de mejor humor que en ningún otro lugar. La afirmación del fluir y del aniquilar, que es lo decisivo en la filosofía dionisiaca, el decir sí a la antítesis y a la guerra, el devenir, el rechazo radical incluso del concepto mismo de «ser»; en esto tengo que reconocer, en cualquier circunstancia, lo más afín a mí entre lo que hasta ahora se ha pensado. La doctrina del «eterno retorno», es decir, del ciclo incondicional, infinitamente repetido, de todas las cosas, esta doctrina de Zaratustra podría, en definitiva, haber sido enseñada también por Heráclito. Al menos la Estoa, que ha heredado de Heráclito casi todas sus ideas fundamentales, conserva huellas de esadoctrina.” (Nietzsche 1889)

Nietzsche establece un paralelo entre su doctrina del eterno retorno y la filosofía del devenir de Heráclito. Nietzsche no quiere solo destruir, también busca una alternativa, una salida a ese callejón sin salida del nihilismo. Su propuesta es un nuevo comienzo, un renacer del sentimiento trágico, un mañana dionisiaco. Esa tarea requiere una cría selectiva de aquel tipo de hombre, una tarea para la humanidad, de querer, vivir y morir en pos de aquel hombre nuevo, trágico, superior, anticristiano.

“En este escrito deja oír su voz una inmensa esperanza. Yo no tengo, en definitiva, motivo alguno para renunciar a la esperanza de un futuro dionisiaco de la música. Adelantemos nuestra mirada un siglo, supongamos que mi atentado contra los milenios de contra naturaleza y de violación del hombre tiene éxito. Aquel nuevo partido de la vida que tiene en sus manos la más grande de todas las tareas, la cría selectiva de la humanidad, incluida la inexorable aniquilación de todo lo degenerado y parasitario, hará posible de nuevo en la tierra aquel exceso de vida del cual tendrá que volver a nacer también la situación dionisiaco. Yo prometo una edad trágica: el arte supremo en el decir sí a la vida, la tragedia, volverá a nacer cuando la humanidad tenga detrás de sí la conciencia de las guerras más duras, pero más necesarias, sin sufrir por ello….” (Nietzsche 1889)

Nietzsche da un siglo de plazo para que se cumpla su transvaloración. La nueva tarea ya está definida. Su presagio es una edad trágica, que reafirma la vida. Sin embargo, ya ha pasado más de un siglo y pareciera que el cambio anhelado por Nietzsche esta aún lejos de producirse. Su tema es y ha sido la moral y su origen. Quien se plantee la moral como prejuicio, o como algo problemático, caerá, necesariamente, en un estado de escepticismo, de sospecha, de ateísmo. Y nacerá la preocupación por el futuro de la humanidad, ya que se dará cuenta de que, hasta ahora, ésta ha caminado en la dirección opuesta.

“Mi tarea de preparar a la humanidad un instante de suprema autognosis, un gran mediodíaen el que mire hacia atrás y hacia delante, en el que se sustraiga al dominio del azar y de los sacerdotes y plantee por vez primera, en su totalidad, la cuestión del ¿por qué?, del ¿para qué? , esta tarea es una consecuencia necesaria para quien ha comprendido que la humanidad nomarcha por sí misma por el camino recto, que noes gobernada en absoluto por un Dios, que, antes bien, el instinto de la negación, de la corrupción, el instinto de décadenceha sido el que ha reinado con su seducción, ocultándose precisamente bajo el manto de los más santos conceptos de valor de la humanidad. El problema de la procedencia de los valores morales es para mí un problema de primer rango, porque condiciona el futuro de la humanidad. […] ¿Qué sentido tienen aquellos conceptos-mentiras, los conceptos auxiliaresde la moral, «alma», «espíritu», «voluntad libre», «Dios», sino el de arruinar fisiológicamente a la humanidad? Cuando se deja de tomar en serio la auto conservación, el aumento de fuerzas del cuerpo, es decir, de la vida, cuando de la anemia se hace un ideal, y del desprecio del cuerpo «la salud del alma», ¿qué es esto más que una recetapara la décadence? La pérdida del centro de gravedad, la resistencia contra los instintos naturales, en una palabra, el «desinterés» – a esto se ha llamado hasta ahora moral… Con Aurorayofui el primero en entablar la lucha contra la moral de la renuncia a sí mismo”. (Nietzsche 1889)

Nietzsche es consciente de que su tarea es una transvaloración general de todos los valores que han regido la vida, hasta su presente moderno. Su llamado, entonces, intenta buscar adeptos, seres semejantes, afines, que lo secunden, pero no los hay. ¿Ha de inventarlos? Nietzsche se define como el “pescador de hombres”, al que le “faltaban los peces”, lo que no impidió que actuara siempre como un lanza anzuelos.

“La tarea de los años siguientes estaba ya trazada de la manera más rigurosa posible. Después de haber quedado resuelta la parte de mi tarea que dice sí le llegaba el turno a la otra mitad, que dice no, que hace no: la transvaloración misma de los valores anteriores, la gran guerra, – el conjuro de un día de la decisión. Aquí está incluida la lenta mirada alrededor en busca de seres afines, de seres que desde una situación fuerte me ofrecieran la mano para aniquilar. – A partir de ese momento todos mis escritos son anzuelos: ¿entenderé yo acaso de pescar con anzuelo mejor que nadie?… Si nada ha picado, no es mía la culpa. Faltaban los peces…” (Nietzsche 1889)

La gran imputación de Nietzsche a la humanidad, ha acarreado consecuencias. La crisis de valores ya ha comenzado y está en su punto más culmine. Ese hecho lo podemos experimentar día a día en nuestra sociedad. Su vaticinio, no apunta solo a la destrucción de todo lo malogrado y perverso, sino también a un mañana nuevo, más jovial, reconciliado con la vida y con la muerte, con los dioses y con los hombres. Las actuales crisis, llámese ecológica, moral, social, es expresión cabal del nihilismo autodestructivo, disperso por todo el globo. La falta de sentido, la falta de respeto por la vida y la ausencia de nuevas metas, le dan la razón a Nietzsche.

“Yo conozco mi destino. Un día mi nombre irá unido a algo formidable: el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra, el recuerdo de la más profunda colisión de conciencia, el recuerdo de un juicio pronunciado contra todo lo que hasta el presente se ha creído, se ha exigido, se ha santificado. Yo no soy un hombre: yo soy dinamita. […] Yo soy un alegre mensajero como no lo ha habido nunca, y conozco tareas que son de tal altura, que el concepto ha faltado hasta el presente. Sólo a partir de mí existen de nuevo esperanzas. Con todo esto, yo soy también necesariamente el hombre de la fatalidad. Pues cuando la verdad entra en lucha con la mentira milenaria tendremos conmociones como jamás las hubo, una convulsión de temblores de tierra, un desplazamiento de montañas y de valles, tales como nunca se han soñado. La idea política quedará entonces completamente absorbida por la lucha de los espíritus. Todas las combinaciones de poderes de la vieja sociedad habrán saltado por los aires, porque todas estaban basadas en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo en la tierra. Solamente a partir de mí existe en el mundo la gran política.” Nietzsche 1889)




SCARIFICAZIONE E SMEMBRAMENTO IN UN ATONO INTERPRE-TATIVO

SCARIFICAZIONEZ

 

 

 

 

 

La scarificazione accentua il de-perimento e l’alterazione nell’uso determinato del linguaggio umano societario.


Lo smembramento prospetta l’annientamento dell’uso comune e massificativo dell’essenza procedurale in una conformazione espressivo-metodologica.
Poter-l’uso del potere Egoistico-annientare il linguaggio morale della modulazione in una manifestazione comunicativa-è affermarsi come singolo propulsore che scava a fondo nella morale del limite del comunicabile.Un Nichilistico incedere-moto volente annientativo-alla conquista del proprio Io.

“Il mio odio per questo mondo è ciò che trovo di più degno di stima”
“Post Mortem” A.Caraco

La parola intende l’esprimere qualcosa che sia un “rivelare” in una disposizione di vigente deducibilità nell’affrontare il “periodo” correlativo tra il discorrere e il decorrere nell’esprimersi.
Il legame relazionale è l’esprimersi di significati di deducibilità?
La deduzione esamina il percorso di ottundimento nel corrispettivo del corrispondere?
L’ottenimento nel dedurre un percorso discorsivo è un frapporre i codici dogma in una struttura sintattica in sintesi.
La relazione di conseguimento è la configurazione di una corrispondenza di ottenitività che pone il soggetto tra una sostenibile deduzione nel riportare una attinenza di chi sta esponendo l’ostensione.
In un introdurre e in un esprimersi in una logica organica nella “parola” discorrente,in cui il discorso si muove accerchiato da barriere di semplificazione dove l’esigenza è l’esprimere la deducibilità della correlazione discorsiva.
La connessione è inter-pretabile in un esigibile ottenimento del discorso che forma la struttura di attinenza tra la voce e la voce della sua voce.
La voce esige una “voce” in una corrispondenza nel manifestare con la propria vocalità.
L’escussione di esigibilità impone alla “voce” l’ottenimento della correlazione discorsiva.
L’esigibile è la voce che parla per la voce della voce in un movimento corrispettivo nel relazionarsi.
La “Forma mentis” è la formulazione ottenitrice del dedotto condurre l’interposizione tra il dedotto e il deducibile.
La Forma organica ha un identità che ripone il discorso correlativo in un identificazione nella praticità nella proposizione discorrente.
Il dialogo tra una voce è la voce della voce dialogante compone i nessi trasmettitori alla voce-guida corrisposta nell’interposizione.
La voce dialoga con la voce della voce e/o coartata con chi è avanti a noi e sta discorrendo?
L’uso della espressività muovono in cerchi concentrici alla ricerca di modulazioni interpretative in un ricercare a volte vanifico,perché costretti nell’identificazione in una struttura di inter-dipendenza corrispettivo-morale.
Una normativa pre-dispone all’esprimersi,collegamenti relazionali producenti moral- norma-lizzazione.
In un esperire continuo e senza nessun limite(esiste un assenza di “limite”?)si deve poter oltrepassare un linguaggio etico-espressivo ,alla ricerca continua nel tentare di spezzare la rappresentanza di norme moralizzatrici:
In una ricerca “nientista”.
Nello sperimento-limite-esistenziale,si può scarificare la “parola”?
Lo scarificare pre-pone lo smembrare del “linguaggio”?
Il prospetto discorsivo scambia il ricevente relazionale in una ricezione di accordi di espressività.
Il richiedente richiama la voce nel richiedere l’ottenibilità producente alla voce di una voce della voce-guida,senza che ci sia il distinguere, il significato che si esprime.
Il richiedente ricompone in una disponibilità producente una voce che è la voce della voce-guida.
Se la voce identifica la voce della voce-guida,avviene appena l’escoriazione in un discorso correlativo e nel tentar di “dire la propria”.
In un discorso il “pratico-muoversi”è lo smussare il Potere Singolativo,in una pre-caria interpretazione Atona e proteiforme in un ottenimento di questa Atonia.
L’Atono inter-pretativo sospinge in un avanti,il proprio aspetto di derivabile marginalità.
Il moto dell’esporre la propria Atonia percorre l’esposizione di sintesi A-foniche pre-disposte in un costituto disposizionato,e ordinativo nel regolamentare le frequenze esplicative.
La voce avverte nella voce della voce-guida un interpolare delle rappresentazioni dei toni in modulazioni ripetitivi.
La variazione rimane in un Atonia nel deducibile e nell’inteconnettere con il corrispondente interlo-cutore.
C’è una inoculazione di stabilizzanti moral-convenzionanti nel corrispondere in un corrisposto corrispondente?
Il corrispondente innesca un essere corrisposto all’identicità asserente della “parola-guida”.
Il senso del muovere in una prono-duttilità alla corrispondenza ,è il fissare la “parola-guida” in una disponibilità ricevente.
Il motivo e il movente nell’interpretazione discorsiva vengono stritolati nelle gabbie di una decifrazione di costruzione meto-do-logica onnicomprensiva in uno statico pianificarsi del pre-dominio nel complesso di norme e consuetudini in una serie di precetti regolamentativi.
Come uscire dal costituto organico formal-relazionale?
La corrispondenza di comparazione tra un deducibile discorrere e un induzione nel dedurre del discorso “discorrente”,delinea il rapporto di assimilazione un corrispondere nella relazione induttiva in precetti regolamentativi.
Come poter riuscire a nientificare la corrispondenza di norme stabilizzatrici nel “discorrere”?

La sperimentabilità Nichilista/Egotista pospone in maniera dis-organica il relazionarsi nell’esprimere.

Ma una ricerca deve poter tendere al “nientismo”,e allo smembramento ma in che modo,e in che “modo”? è fattibile solo la scarificazione del linguaggio? In cui è mantenuta la struttura moral-comprensiva intatta nelle sue fondamenta,perché non annientata nell’affondare la lama Ego-Nichilista del “tutto si può”.
Il “potere” nientista,è esteso a una ricerca senza limite alcuno, e senza il limite distensivo nel retro-cedere alle forme di attenuazione verbali-logiche,nel logicizzare.
Noi,tutti,evidentemente(è evidente come “evidenza”?) logicizziamo nella produzione di vocalità indotta, o è la materia base della morale che ci non ci dà la possibilità di annientare ogni freno vocale?
O è una proposizione corrispondente?
Se il discorso si estende al riverbero delle dispo-si-zioni interlocutrici, il suono che noi inter-poniamo nel discorso correlativo tra le voci,è disposto, come sopra in strutture a-fone,nell’interazione del decorrere del suono, che ha il “suono”,che simula il suono stesso,perché annullato dall’atono modulo-interpretativo nella struttura portante del discorso moralmente derivato.
Un suono è già pre-disposto atono,se la codificazione organica del suono stesso,è il dire qualcosa in maniera interpretabile,e che dia questa interpre-tabilità in maniera indotta dalle regole dogma,dove il suono diventa un suono “ostentato” a detrimento del suono stesso della vocalità.
Come poter annientate l’ottundimento di forme indotte e di parificazione regolamentatrici?In una correlazione dei segni e dei significati del “dire”,c’è l’ostacolo di questo incedere nell’affrontare l’interlocutore,su basi di singolarità, nel discorrere.
Ripetiamo,ancora una volta se il discorrere,è già un parificare e uniformizzare il “potere” Singolativo,o c’è la minima possibilità di smembrare la base moral- espressiva?
La semplificazione del tono vocale,è la base della struttura programmatica che lascia poco o nulla,se non l’acquisire delle forme-guida,che diramano le loro disposizioni nell’interazione con delle basi codificate a-priori.
L’essere a-priori codificati è l’aver ottenuto la correlazione discorsiva su una base paritetica ma in una sintesi nell’immagine decorrente che delinea i margini della vocalità dialogante.
Nello sfondo di un sottocutaneo “esprimersi”, e nei complessi meccanismi espressivi del nostro vivere quotidiano,le articolazioni metodo-logiche della struttura “vocale”,esprimono dati di sintesi in un asserente “muoversi” e nel movimento-discorsivo.
Le estese decodificazioni decifrabili, del “parlare”,attraversano la struttura composita dell’articolazione con-strutto-attiva,in input in barriere normal-espressive.
Nel tentare di disarticolare queste barriere normalizzanti , c’è un minimo tentativo dello scarificare della “parola”,ma il ruolo-portante di un dogma afonico,redime e imprime le disposizioni moral-espressive in un susseguirsi di regole ostracizzanti,che implementano la dipendenza individuale nei confronti della guida dogma che dispone la struttura della codificazione in un ottenimento di un effetto ostracizzante,nei confronti di chi “parla”.
C’è o no, la possibilità di iniziare a sperimentare la negazione di una morale espressività nel mondo circostante?

 

 

 




LEY CONTRA EL CRISTIANISMO III

ANTICRISIT

 

 

 

 

 

Volvamos a la crítica nietzscheana de la moral cristiana. Parejo a ella, va unida también la crítica a la modernidad. Las instituciones modernas, las ideas de progreso, de igualdad de derechos, no son más que variantes de una moral decadente y una falta de sentido y de metas en el futuro.

 

Una falta de confianza en el hombre y peor aún, una confabulación para acabar definitivamente con cualquier intento de destacar o de darse una alternativa a la moral vigente. Ya no hay metas, ya no hay nuevas conquistas. Esa es la verdadera libertad para Nietzsche, el emprender una nueva conquista. La libertad moderna, en cambio, es un inconsciente hacer lo que se quiera, dejarse llevar por el resto, una cómoda autocomplacencia e inactividad perezosa y egoísta.

 

“Crítica al modernismo […] Todo el Occidente ha perdido esos instintos de los que surgen las instituciones, de los que surge el porvenir: no hay acaso nada tan reñido con su “espíritu moderno”. Se vive para el hoy, muy de prisa, se vive de una manera muy irresponsable: precisamente a esto se le llama “libertad”.”

 

La libertad del hombre moderno no es más que una irresponsabilidad frente al destino y a sí mismo. Hacer lo que se quiera, viajar más rápido, exacerbar un consumismo compulsivo, lograr vivir el capitalismo en su expresión más concreta, gastando y despilfarrando dinero. Eso es otro síntoma de la decadencia moderna. De su falta de visión de futuro.

 

Ya vimos que en la condena al sexo, ve Nietzsche una desaprobación también a los instintos más vitales del ser humano, como los de la reproducción. La abstinencia sexual, como virtud, es inhumana, pues castra algo intrínseco y vital para la conservación de la vida. En la actual exposición y explotación del sexo, a través de la publicidad y de los medios de difusión masivos, el sexo se transforma un producto más del mercado, erigiendo una contradicción entre el discurso moral cristiano vigente y las conductas sociales, lo que denota el síntoma de una crisis moral. En el fenómeno dionisiaco antiguo, la sexualidad es fuente de placer, pero consagrada a lo sagrado natural, a lo instintivo sin la culpabilidad del pecado.

 

“Yo fui el primero que, para comprender el instinto helénico más antiguo, todavía rico en incluso desbordante, tomé en serio aquel maravilloso fenómeno que lleva el nombre de Dionisos: el cual solo es explicable por una demasía de fuerza. […]

 

 Pues sólo en los misterios dionisíacos, en la psicología del estado dionisíaco se expresa el hechofundamentaldel instinto helénico – su «voluntad de vida». ¿Quées lo que el heleno se garantizaba a sí mismo con esos misterios?

La vida eterna, el eterno retorno dela vida; el futuro, prometido y consagrado en el pasado; el sí triunfante dicho a la vida por encima de la muerte y, del cambio; la vida verdaderacomo supervivencia colectiva mediante la procreación, mediante los misterios de la sexualidad. […] Sólo el cristianismo, que se basa en el resentimiento contrala vida, ha hecho de la sexualidad algo impuro: ha arrojado basurasobre el comienzo, sobre, el presupuesto de nuestra vida…”

 

En el mito cristiano, el dolor de la parturienta es un castigo divino, ante la desobediencia, el engaño y la seducción hacia el hombre. La sexualidad se vuelve pecaminosa y el deseo sexual es arrancado desde las entrañas, castrado y sacrificado. Nietzsche ve otro tipo de interpretación sobre el fenómeno sexual, y esa interpretación griega trágica, es lo contrario de la cristiana moderna. El sexo y la embriaguez sexual son síntomas de vida ascendente, de un afirmar la vida y se expresan en el fenómeno dionisiaco.

 

“El decir sí a la vida, aun en sus problemas más extraños y penosos, la voluntad de vida gozando con la propia inagotabilidad en el sacrificio de sus tipos más elevados: a esto es a lo que he llamado dionisíaco, lo que he adivinado como clave de la sicología del poeta trágico.

No para librarse de terror y de la compasión, no para purgarse de un peligroso afecto por la descarga violenta del mismo, como creyó Aristóteles, sino para ser personalmente, más allá de terror y compasión, el goce eterno del devenir, ese goce que comprende aun el goce del destruir… Y así llego de vuelta al punto del que en un tiempo partí: El origen de la tragedia que fue mi primera transmutación de todos los valores. Así me reintegro al suelo del que brota mi querer y mi poder -yo, el último discípulo del filósofo Dionisos-, yo, el pregonero del eterno retorno…”

 

Nietzsche reconoce que su pensamiento ha sido un círculo, que ha comenzado en un punto, y luego de una vuelta completa, ha llegado al mismo punto del que había partido, y así, corroboramos que su pensamiento gira en torno a un mismo y único problema, pero desde distintos ángulos y perspectivas. Pese a todo, Nietzsche no ha querido “mejorar” la humanidad, al menos no en el sentido que sí ha querido la moral cristiana.

 

    “Yo soy un discípulo del filósofo Dionisio, preferiría ser un sátiro antes que un santo. Pero léase este escrito. Tal vez haya conseguido expresar esa antítesis de un modo jovial y afable, tal vez no tenga este escrito otro sentido que ése. La última cosa que yo pretendería sería “mejorar” a la humanidad. Yo no establezco nuevos ídolos; los antiguos van a aprender lo que significa tener pies de barro. Derribar ídolos (tal es mi palabra para decir “ideales”) – eso si forma parte de mi oficio.

A la realidad se le ha despojado de su valor, de su sentido, de su veracidad en la medida en que se ha fingido mentirosamente un mundo ideal, el “mundo verdadero” y el “mundo aparente” – dicho con claridad el mundo fingido y la realidad… Hasta ahora la mentira del ideal ha constituido la maldición contra la realidad, la humanidad misma ha sido engañada y falseada por tal mentira hasta en sus instintos más básicos – hasta llegar a adorar los valores inversos de aquellos solos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el elevado derecho al futuro.”

 

La crisis actual de valores parece innegable. Parte de la responsabilidad de dicho acontecimiento, es de Nietzsche y de su crítica a la moral cristiana, que es la moral oficial de la cultura occidental. Pero ante la pérdida de vigencia de aquellos valores, se produce una falta de sentido, por la carencia de nuevos valores, que reemplacen a los ya caducos o agotados. Y eso es, precisamente lo que falta en nuestra sociedad actual. Y lo que estamos tratando de dilucidar, en esta Tesis, es si dichos valores nuevos, están presentes de alguna manera en Nietzsche. Por ahora, nos ha quedado clara la relación entre nihilismo, como expresión de odio y resentimiento contra la vida, y el efecto domesticador y decadente de las fuerzas, que ha producido la moral cristiana.

 

Primero, se produjo en el hombre griego antiguo un conflicto de los instintos, la que desembocó en una crisis de esos instintos, los que fueron castrados, extirpados y reemplazados por la dialéctica socrática, la metafísica, la razón moral y científica. Eso sucedió en Grecia. Por otro lado, el pueblo esclavo, el pueblo judío, en base a la fe en un Dios único y omnisciente, generó una moral que condena al fuerte a ser malvado y al débil a ser santificado y bueno. La conjunción de ambos fenómenos sociales- antropológicos, inaugura un periodo de platonismo para el pueblo, o sea, de cristianismo, que ya lleva dos mil años.

 

Comprobaremos, una vez más, en este recorrido nietzscheano, lo que se estableció desde un comienzo, que Nietzsche es autobiográfico siempre. En Ecce homo nos hará una síntesis de su obra, explicándonos la íntima relación que su tarea ha mantenido con su estado de salud y de ánimo. Nietzsche ha sido decadente, en sus periodos de enfermedad y él lo reconoce. Recuperar la salud ha sido, en su caso, un proceso largo, demasiado largo, de años, lo que, sin embargo, no lo ha afectado en su estado de ánimo, pues siempre se ha mantenido lúcido en su labor y no la ha dejado nunca de lado. No se ha dejado vencer por la decadencia de su cuerpo.

Para Nietzsche, la enfermedad ha sido fuente de energía estimulante para vivir más, y de gratitud, por la salud recobrada. Reconoce ser un décadent, pero también su antítesis y nos explica por qué. El décadent elije siempre los medios que lo perjudican, en cambio, él ha sabido elegir siempre los remedios justos contra sus estados malos. La mejoría a sus estados de enfermedad ha sido gracias a él mismo. Eso significa un estar sano en el fondo. Un decadente nunca puede sanarse a sí mismo. Nietzsche transformó su enfermedad en voluntad de salud, en su filosofía de vida.

 

“Para captar los signos de elevación y de decadencia poseo un olfato más fino que el que hombre alguno haya tenido jamás, en este asunto yo soy el maestro par excellence, – conozco ambas cosas, soy ambas cosas.” 

 

Nietzsche se describe a sí mismo y con eso describe la actitud que ha de sostenerse frente a la adversidad, frente a la enfermedad, a la muerte, una especie de heroísmo, de fortaleza, de grandeza, de voluntad de vivir. Lo contrario a lo que hace un decadente.

 

“Otra cosa es la guerra. Por naturaleza soy belicoso. Atacar forma parte de mis instintos. Poder ser enemigo, ser enemigo – esto presupone tal vez una naturaleza fuerte, en cualquier caso es lo que ocurre en toda naturaleza fuerte. […] Si yo hago la guerra al cristianismo, ello me está permitido porque, por esta parte, no he experimentado ni contrariedades ni obstáculos, – los cristianos más serios han sido siempre benévolos conmigo. Yo mismo, adversario de rigueur del cristianismo, estoy lejos de guardar rencor al individuo por algo que es la fatalidad de milenios.”

 

 

 

 




LEY CONTRA EL CRISTIANISMO II

ANTIKRIST

 

 

 

 

 

    “Primera tesis. Las razones por las que “este” mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable.

 

    Segunda tesis: Los signos distintivos que han sido asignados al “ser verdadero” de las cosas son los signos distintivos del no- ser, de la nada, a base de ponerlo en contradicción con el “mundo verdadero”: un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptica- moral.

 

    Tercera tesis. Hablar de “otro” mundo distinto de éste no tiene sentido, a menos que opere en nosotros un instinto de detracción, rebajamiento y acusación de la vida; en este último caso, nos vengamos de la vida por la fantasmagoría de “otra”, “mejor vida.”

 

    Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo “verdadero” y un mundo “aparente”, ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, un síntoma de vida descendente…

 

    El hecho de que el artista estime más la apariencia que la que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues “la apariencia” significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida… El artista trágico no es un pesimista, dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisiaco…” (Nietzsche 1889)

 

En la invención de otro mundo se esconde un resentimiento frente a la vida. Nietzsche asume una posición de defensa de la vida. Nietzsche no posee una constitución particularmente fuerte, pero eso no impide que su voluntad sea la que se imponga frente a la adversidad y no, un dejarse vencer por la circunstancia, eso él lo llama una Voluntad de poder ascendente.

 

Siempre Nietzsche le ha dado una importancia vital a lo fisiológico, al cuerpo. Muchas veces nos habla de los sentidos y de sus extraordinarias facultades. Por ejemplo, de cómo las funciones y órganos digestivos son los que conforman nuestro carácter. Y nos relata cómo ha podido componer algún escrito o llegar a una idea crucial, gracias a cómo se sentía su cuerpo en esos momentos. Por eso, su crítica es intransigente frente a la condena del cuerpo impuesta por la moral cristiana: la pecaminosidad del sexo, la abstinencia como virtud, entre otras. Todo lo que diga sí a la vida, es sagrado para Nietzsche, llámese la obra del artista trágico, el estado dionisiaco, o el juego inocente del niño de Heráclito, es decir, el devenir, etc. Todo lo bajo y vulgar condena a la vida y se vuelve un parásito de la vida, un cristiano, un décadent.

“Combate la Iglesia la pasión apelando a la extirpación de todo sentido; su práctica, su “cura”, es la castración. Jamás pregunta: “¿Cómo se hace para espiritualizar, embellecer, divinizar un apetito?” En todos los tiempos ha hecho recaer el acento de la disciplina recomendando la exterminación de la sensualidad, el orgullo, el afán de dominar, la codicia y la sed de venganza. Mas atacar por la base las pasiones significa atacar por la base la vida misma; la práctica de la Iglesia es anti vital…”

 

    “Al decir “Dios ve el corazón”, la moral dice no a los apetitos más bajos y más altos de la vida y considera a Dios enemigo de la vida… El santo en el que Dios tiene su complacencia es el castrado ideal… La vida acaba donde comienza el “reino de Dios”

 

La condena del cristianismo a la sexualidad y sensualidad del cuerpo ha sido el mal mayor que se le ha infringido a la humanidad. Frente a ese hecho, Nietzsche no solo alza sus palabras de denuncia y reprobación, sino que también, forja el intento de encontrar, de ofrecerse a sí mismo y a los que quieran seguirlo, una alternativa, un punto de vista distinto, renovado, libre de aquella prisión moral. Sus propuestas han sido: asumir la muerte de Dios, eleterno retorno y vivir por y para la venida del superhombre. Un hombre superior que pueda trascenderse a sí mismo y que sea dueño de su destino y de su futuro.

 

    “¿Cuál puede ser nuestra única doctrina? – Que al ser humano nadie le da sus propiedades, ni Dios, ni la sociedad, ni sus padres y antepasados, ni él mismo – […] Se es necesario, se es un fragmento de fatalidad, se forma parte del todo, se es en el todo, -no hay, nada que pueda juzgar, medir, comparar, condenar nuestro ser, pues esto significaría juzgar, parar, condenar el todo… ¡Pero no hay nada fuera del todo! – Que no se haga ya responsable a nadie, que no sea lícito atribuir el modo de ser a una causa prima, que el mundo no sea una unidad ni como sensorium ni como «espíritu», sólo esto es la gran liberación – sólo con esto queda restablecida otra vez la inocencia del devenir… El concepto «Dios» ha sido hasta ahora la gran objeción contra la existencia”… Nosotros negamos a Dios, negamos la responsabilidad en Dios: sólo así redimimos al mundo.”

 

El eterno devenir lo vuelve todo perecedero, por tanto nada tiene valor eterno, ni el bien ni el mal, ni el alma ni Dios. Pero Nietzsche se crea una doctrina que predica que todo volverá a suceder y eso le devuelve la responsabilidad al hombre nuevamente, pues lo que él desee y haga, será lo que se repetirá en el ciclo sin fin del eterno retorno de lo mismo. El momento se vuelve sagrado, el aquí y el ahora es lo que tiene valor. La moral cristiana, lo que hace es domar al hombre libre, castrarlo de sus instintos y domesticarlo, volverlo débil, dependiente, y para eso se dio a la tarea, en el Medioevo, de cazarlo.

 

    “En la temprana Edad Media, en tiempos en que la Iglesia era en efecto primordialmente una especie de zoológico amaestrado, se cazaban los ejemplares más hermosos de la “bestia rubia”; se “mejoraba”, por ejemplo, a los germanos de noble linaje. Pero tal germano “mejorado” atraído al convento, quedaba reducido a una caricatura de hombre, un ser trunco, convertido en un “pecador”, estaba metido en una jaula, recluido entre conceptos terribles…Helo aquí, postrado, enfermo, enclenque, fastidiado consigo mismo, lleno de odio a todo lo que seduce, de la vida y de recelo hacia todo lo que era todavía fuerte y feliz. En una palabra, un “cristiano”… Fisiológicamente hablando, en la lucha con la bestia, enfermarla puede ser el único medio de debilitarla. Bien entendía el problema la Iglesia: echando a perder al hombre, lo debilitaba, pretendiendo “mejorarlo”

 

También en América se dio caza al hombre salvaje. ¿Sino qué otra cosa fue la evangelización de los pueblos indígenas? Acaso no fue realmente una cacería, literalmente hablando.

 

Más nos interesa por ahora, destacar el concepto de embriaguez en Nietzsche,

 

La embriaguez está censurada como pecado en nuestra época. Es prohibida socialmente y reprochada como irresponsabilidad. Pero en las sociedades tradicionales de la antigüedad, la embriaguez siempre estuvo relacionada con el sentimiento religioso, como contacto con lo divino y con el arte, como manera de alabanza a los dioses o a los espíritus de los antepasados. En el caso de nuestra América antigua, también existía ese estado embriagador de los sentidos. Tanto el ingreso a la edad adulta, como los estados de trance de los chamanes o sacerdotes, estaba intrínsicamente asociado a un estado de embriaguez. De hecho, era un estado normal dentro de las relaciones sociales de aquellas sociedades. Volveremos a este asunto nuevamente en la última parte del presente trabajo.

 

    “Para la psicología del artista: Para que haya arte, para que haya algún hacer y contemplar estéticos, resulta indispensable una condición fisiológica previa: la embriaguez. La embriaguez tiene que haber intensificado primero la excitabilidad de la máquina entera: antes de esto no se da arte ninguno. Todas las especies de embriaguez, por muy distintos que sean sus condicionamientos, tienen la fuerza de lograr esto, sobre todo la embriaguez de la excitación sexual, que es la forma más antigua y originaria de embriaguez. Asimismo la embriaguez de que van seguidos todos los apetitos grandes, todos los afectos fuertes; la embriaguez de la fiesta, de la rivalidad, de limpieza de virtuosismo, de la victoria, de todo movimiento extremado; la embriaguez de la crueldad; la embriaguez en la destrucción; la embriaguez debida a ciertos influjos meteorológicos, por ejemplo la embriaguez primaveral; o la debida a los influjos de los narcóticos; por fin, la embriaguez de la voluntad, la embriaguez de una voluntad sobrecargada y henchida. Lo esencial de la embriaguez es el sentimiento de plenitud y de intensificación de las fuerzas.”

 

La propuesta de Nietzsche, sobre los nuevos valores, ha apuntado hasta ahora, más que nada, a desenmascarar las verdades detrás de las virtudes cristianas tradicionales. Por ejemplo, la compasión, la abstinencia sexual, la crueldad, la embriaguez, etc. Ellas han sido consideradas, bajo la lupa de una moral castigadora, represiva, perversa. Aquellos instintos pertenecían a un tipo de hombre más libre, y ahora pertenecen a un hombre malvado, que se merece el castigo eterno. La alternativa es someterse y arrepentirse, doblegarse a la verdad divina, monopolizada por la Iglesia y sus representantes. Dichas verdades, en realidad, no apuntan a un mejoramiento de la humanidad, a una proyección al futuro del hombre, sino más bien, a su domesticación, a su debilitamiento, hacer de él un ser enfermo y decadente. Entre esos valores enmascarados, se encuentra el sentimiento frente a la muerte.

Para Occidente la muerte representa un mal al cual hay que hacer a un lado, suprimirlo, huir de él. Y en última instancia, esperar pasivamente aquel momento fatal, con la fe en que habrá una recompensa por los sufrimientos de este mundo, en otro mundo, ultra terrenal y eterno. Es importante asimilar bien el concepto de muerte que rescata Nietzsche, pues es una especie de reconciliación con la vida, con el ciclo eterno de la vida, visto bajo el prisma del eterno retorno.

El griego antiguo mantiene una suerte de coqueteo con la muerte, mediante su arte trágico. La ciencia moderna, en cambio, propugna un miedo a la muerte y un afán de evitarla a toda costa, sin saber muy claramente por qué. Nietzsche propone una moral nueva, con el fenómeno de la muerte como estímulo para la vida. Su visión de la muerte, es comparable a una posición favorable a la eutanasia.

 

    “Moral para médicos: El enfermo es un parásito de la sociedad. Hallándose en cierto estado es indecoroso seguir viviendo. El continuar vegetando, en una cobarde dependencia de los médicos y de los medicamentos, después de que el sentido de la vida, el derecho a la vida se ha perdido, es algo que debería acarrear un profundo desprecio en la sociedad. Los médicos, por su parte, habrían de ser los intermediarios de ese desprecio, no recetas, sino cada día una nueva dosis de náusea frente a su paciente… Crear una responsabilidad nueva, la del médico, para todos aquellos casos en que el interés supremo de la vida, de la vida ascendente, exige el aplastamiento y la eliminación sin consideraciones de la vida degenerante, por ejemplo, en lo que se refiere al derecho a la procreación, al derecho a nacer, al derecho a vivir… Morir con orgullo cuando ya no es posible vivir con orgullo.

La muerte, elegida libremente, la muerte realizada a tiempo, con lucidez y alegría, entre hijos y testigos: de modo que aún resulte posible una despedida real, a la que asista todavía aquel que se despide, así como una tasación real de lo conseguido y querido, una suma de la vida, todo ello en antítesis a la lamentable y horrible comedia que el cristianismo ha hecho de la hora de la muerte. ¡No se le debe olvidar jamás al cristianismo que ha abusado de la debilidad del moribundo para estuprar su conciencia y de la manera misma de morir para dictar juicios de valor sobre el hombre y su pasado!” 

 

¿Por qué Occidente siempre ha manifestado un temor a la muerte, un miedo a lo desconocido, siendo que la muerte, es lo más cercano que tenemos en el día a día, a través de noticias, periódicos, televisión? La ciencia ha avanzado, en medicina, en la medida que ha prolongado la vida del hombre. El descubrimiento del genoma humano, por ejemplo, apunta directamente a ese objetivo, ¿cómo duplicar el ciclo vital del ser humano? ¿Cómo acabar con las enfermedades? Lo paradójico en todo esto, es la falta de un sentido universal, por el cual querer prolongar la vida. ¿Para qué y por qué se quiere vivir más? ¿Para tener más experiencia de la vida, más conocimiento, o para acumular más bienes materiales? Huimos de la muerte, a pesar de que en Occidente, se tiene una fe en que la vida continúa después de la muerte. ¿Por qué, entonces, tanto miedo a la muerte?

 

Heidegger cataloga a la muerte como el dispositivo que provoca la angustia y con ella un encontrarme a mí mismo y de ahí, la posibilidad de asumir mi ser auténticamente, frente a una vida superficial y desdoblada de su ser.

 

    “El morir es algo que cada “ser- ahí” tiene que tomar en su caso sobre sí mismo. La muerte es, en la medida en que “es”, esencialmente en cada caso la mía.” Note46.

 

En Heidegger, el hombre es ontológicamente ser para la muerte. ¿Qué quiere decir esto? Qué el hombre reconoce a la muerte como un fenómeno inminente en la vida de cada uno. Pero lo soslaya como algo improbable de ocurrir, por lo menos por ahora.

 

    “La publicidad del cotidiano “uno contra otro” “sabe” de la muerte como de algo que hace frente constantemente, como “caso de defunción”. Éste o aquél próximo o lejano “muere”. Día a día y hora a hora “mueren” desconocidos. La “muerte” hace frente como sabido accidente que tiene lugar dentro del mundo. En cuanto tal, permanece en el “no sorprender” característico de lo que hace frente cotidianamente. {…]

 

    El habla expresa o más bien por lo regular elusiva, “fugaz”, dirá de él: al fin y al cabo también uno morirá, pero por lo pronto no le toca a uno.” 

 

El “ser- ahí” heideggeriano es el hombre moderno, que vive en la cotidianidad del término medio. Ese hombre vive de manera in- auténtica, es decir, sin asumir su ser propiamente, incluida su muerte. Vive huyendo de la muerte y esquivando el peligro, refugiándose en su interior, como en el mejor escondite, ignorando a todos los demás. Heidegger designa ese fenómeno como el “uno”, la dictadura del seNote47. En sociedad, uno hace lo que todos hacen, uno se viste como se visten los demás, uno habla lo que se habla. Es el mundo dominado por las modas y por la alienación de los sujetos. Heidegger lo llama el mundo de la publicidad. Claro que esos “otros” en nombre de los cuales vivimos y nos comportamos, no es nadie determinado, no es él o aquel, o todos o algunos; los otros son nadie, y nosotros mismos formamos parte de esos otros y consolidamos su poder. Ese hombre de la cotidianidad media de Heidegger, es el último hombre de Nietzsche.

 

    “El “ser uno para otro”, “uno contra otro”, “uno sin otro”, el “pasar de largo uno junto al otro”, el “no importarle nada el uno al otro”, son modos posibles del “procurar por”. Y justo los modos últimamente nombrados, de la deficiencia y de la indiferencia, caracterizan el “ser uno con otro” cotidiano y del término medio”.

 

    “Ahora bien, en esta distanciación inherente al “ser con”, entra esto: en cuanto cotidiano “ser uno con otro” está el “ser-ahí” bajo el señorío de los otros. No es él mismo, los otros le han arrebatado el ser. […] Más estos otros no son otros determinados. Por lo contrario, puede representarlos cualquier otro. […] Uno mismo pertenece a los otros y consolida su poder. […] El “quien” no es este ni aquel; no uno mismo, ni algunos, ni la suma de otros. El “quien” es cualquiera, es “uno”. […] Así encubre el uno lo peculiar de la certidumbre de la muerte, el ser posible a cada instante”.

 

 

 

 

 

 




PROCESO DE DESTRUCCIÓN

MAINLANDER-234

 

 

 

 

 

 

De lo anterior se desprende una cosmovisión que concibe la historia universal como la oscura agonía de los fragmentos que correspondieron a un Dios y que apela, debido a ello, a la destrucción del mundo y del yo para acelerar el proceso de destrucción.

 

“La ley del debilitamiento de la fuerza es la ley universal. Para la humanidad esta se llama ley del dolor” (Mainländer). En consonancia con ello, solo una teleología del exterminio es capaz de aliviar aquel dolor cuyo proceso es un padecer irreversible, por lo que solo se debe colaborar con la desintegración total del mismo: ¿y cómo lograr esto? A través de la autodestrucción o autodesintegración. Para Mainländer el dolor no es un, sino solo parte de un engranaje que se debe terminar de desintegrar. Por eso Mainländer defiende su propia metafísica:

 

“El verdadero significado metafísico del mundo, el credo de todos los buenos y justos, es el desarrollo del mundo con la humanidad hasta el extremo. El mundo es el punto de tránsito, pero no para un estado nuevo, sino para el exterminio, el cual desde luego se encuentra fuera del mundo: ello es metafísico” (Mainländer).

 

El pesimismo autodestructivo mainländeriano transmuta el concepto de negaciónpor el de destrucción. Voluntad de muerte (Wille zum Tod) es la conciencia de la vida como medio para alcanzar la liberación a través de la muerte. Bajo esta cosmovisión, toda cosa en el mundo es inconscientemente voluntad de muerte. El mundo se mueve “como si” tuviera una causa final, pero lo que en verdad se quiere no es la vida, puesto que ésta es solo apariencia de la voluntad de muerte. Sin embargo la redención

 

(Erlösung) puede comenzar en vida al tomar conciencia de que lo esencial ya no es aquella voluntad que tiene como fin la vida, sino aquella que sirve como medio para la muerte. Mainländer nos habla de sí para persuadirnos de aquello: “Quisiera en adelante destruir todos los motivos fútiles que puedan amedrentar a los hombres para buscar la noche sosegada de la muerte, y cuando pueda tranquilamente quitarme de encima la existencia, cuando mi nostalgia de la muerte se acreciente sólo un poco más, entonces mi confesión podrá tener la fuerza de apoyar a cualquiera de mis semejantes en su lucha contra la vida” (Mainländer).

 

Camus en la misma línea de la confesión, casi un siglo más tarde sostiene: “Matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar. Es confesar que se ha sido sobrepasado por la vida o que no se la comprende” (Camus). Sin embargo, ambas confesiones difieren entre sí. El hecho es que Mainländer sí elaboró un tratado de más de mil páginas, donde incluye una minuciosa Teleología del exterminio (Teleologie der Vernichtung). En ella manifiesta su absoluta convicción de haber hallado la redención al problema de la existencia humana. “Finalmente el filósofo inmanente ve en el universo completo sólo la profunda nostalgia de un exterminio absoluto, y esto es oído por él, el llamado claro que atraviesa todas las esferas celestiales: ¡redención! ¡redención! ¡muerte a nuestra vida! Y la respuesta consoladora dice: todos ustedes encontrarán el exterminio y serán redimidos” (Mainländer).

 

El amor a la muerte de Mainländer apela a la valentía espiritual en su lucha contra la vida:

 

Quien no le teme a la muerte, se precipita en una casa envuelta en llamas;

quien no le teme a la muerte, sale sin vacilar en medio de un diluvio; quien no

le teme a la muerte, irrumpe en una tupida lluvia de balas; quien no le teme a

la muerte, emprende desarmado la lucha contra miles de titanes alzados –con

una palabra–, quien no le teme a la muerte, es el único que puede hacer algo

por los otros, sangrar por los otros, y recibe al mismo tiempo la felicidad

única, el único bien deseable en este mundo: la verdadera paz del corazón

(Mainländer).

 

 

Cuando Camus afirmó: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía” (Camus), el existencialista planteó un problema que en Schopenhauer no nos conduciría jamás a la autodestrucción, sino a la autonegación. Por muy pesimista que parezca la cosmovisión schopenhaueriana, ella jamás busca el cese inmediato, violento y autodestructivo de la vida, sino, por el contrario, un camino lento de luchas internas, donde se busca negar el querer que produce el fenómeno sufriente de la vida.

 

En esta concepción, el suicidio es antecedido por motivos que nacen de un yo volente, marcado visiblemente por las barreras individuales propias del principium individuationis, pero que más allá del fenómeno resultan ser solo una causa infundada. Precisamente porque la voluntad de vivir no vale la pena ser afirmada y nos sobrepasa en ella lo inconcebible y lo doloroso, es que se debe negar su esencia y no destruir el fenómeno particular de ella, que se vive y se vivirá siempre en uno.

 

Paradójicamente, el apego a la vida suele ser más fuerte que todas las miserias del mundo, y aunque se juzgue que la vida no vale la pena ser vivida, son pocos finalmente los que obran según esta premisa. Esto se debe a que el querer la vida no implica más que el que se la quiera.

En este hecho radica el que expongamos hoy su esencialidad. En vez de preguntarnos si la vida vale o no vale la pena ser vivida, debemos sobrecogernos simplemente con el hecho de que la vida nunca ha resultado ser vivible para todo ser humano.

 

Camus afirma que ve morir a muchas personas porque estimaron que la vida no vale la pena ser vivida, pese a que tuvieron la convicción en algún momento que sí era valioso hacerlo. Sin embargo, afirma: “Nunca vi morir a nadie por el argumento ontológico. Galileo, que defendía una verdad científica importante, abjuró de ella con la mayor facilidad del mundo cuando puso su vida en peligro” (Camus).

 

Klaus Thomas, en su libro Hombres ante el abismo, parece ser más cauteloso al recordar a Hegesias, a quien se le dio el significativo apodo de Peisithánatos, en la medida en que, como lo dice su nombre, era un hombre que precisamente persuadía a matarse, y esto mismo hizo él, porque creía que la felicidad tan frecuentemente ensalzada por los hombres era simplemente inasequible y nunca jamás alcanzada.

 

Sin embargo, Klaus Thomas también se manifiesta algo vacilante: “Hay pocos que estarían dispuestos a morir por una demostración ontológica” (Thomas).

 

¿Puede en verdad morir alguien por un argumento ontológico? Volvamos al año 1876. Precisamente el primero de abril, el día de la víspera de la impresión de la Philosophie der Erlösung, Philipp Mainländer acabó con su vida. Con los escritos de su obra levantó un cúmulo de papeles que utilizó como pedestal, como base de suredención filosófica. Me lo represento colgando la cuerda en la viga y rodeando con el lazo mortífero su cuello. Luego comienza con el movimiento de las piernas.

 

Los físicos podrán ponderar hoy y mañana la agudeza de su sensibilidad para expresar vivencial y consecuentemente lo que hoy la ciencia llamaría Big Bang, o también el aumento de la entropía, fuera de todos los aportes que pudo expresar así, concernientes a la teoría del caos y los postulados que dicen relación con las leyes de la termodinámica. Sin embargo, me doy cuenta de que el Big Bang o la teoría de la gran explosión matematiza y salda la fantasía mitopoética destructiva del “comienzo-final” catastrófico, el cual fue vivenciado por Mainländer como suicidio. Este hecho nos permite reconocer a la par su sensibilidad mitopoética como expresión de su dolor vivenciado y teorizado. Ironizar que su suicidio fue un acto perpetrado para enaltecer su obra es un juicio que no concierne en este caso a una reflexión que busca ser consciente de la esencialidad propia de su vivencia. Realzo en ella su sensibilidad mitopoética: “más allá del mundo no hay ni un lugar de paz ni un lugar de tormento, sino sólo la nada. (…)

 

Esto puede generar un nuevo contramotivo y un nuevo motivo: esta verdad puede hacerlo retroceder a uno hasta la afirmación de la voluntad, y a otro puede llevarlo poderosamente hasta la muerte” (Mainländer).

 

Este ensayo sobre el suicidio, a la luz de la voluntad de vivir y la voluntad de morir, fue concebido como intento de profundizar y comprender, a partir de dos teorías antagónicas, una argumentación ontológica que lo condena y otra que lo legitima, hasta la radical consecuencia de consumarse en su praxis. El supremo cumplimiento que ha de atreverse a acometer el suicida es la abdicación en pro de la nada, cuyo llegar a ser lo anula él mismo, anulándose a sí mismo como resultado de una avidez vital de la,nada que se trasciende a sí misma.




DESTRUYENDO LOS NUEVOS DIOSES

A-DESTRUYENDO LOS NUEVOS DIOSES

 

 

 

 

 

 

Hemos visto hasta ahora cómo el nihilismo stirneriano, lejos de representar la conclusión de la voluntad desnadificadora, es el primer eslabón de un proceso que lleva a su ocaso todo el horizonte humanístico-metafísico.

 

Hoy día se nos impone una nueva pregunta: en la época de la secularización y de las desilusiones, de la pluralidad de relatos y narraciones que el postmoderno lleva como su estandarte más valioso, la idea de una Verdad que dé sentido a los juicios morales pierde su carácter apodíctico y entonces es la propia convivencia de verdades, identidades y horizontes distintos lo que lleva al ocaso una Verdad monolítica, al verter su lógica cerrada en una multitud de propuestas diferentes.

 

 Al Dios de las religiones abrahámicas lo ha sustituido, por así decir, los dioses limitados y humanizados del politeísmo. Esta actitud especialmente visible en las cuestiones acerca de la identidad, en donde la delimitación rigurosa de lo que ésta era o debiera ser, esto es, idea fija e invariable, dotada de una consistencia ontológica, ha sido remplazada por una concepción múltiple y proteica de la identidad (y en este sentido la contribución de Deleuze y Guattari sobre el esquizoanálisis ha sido determinante), abierta a la trasformación y a la diferencia.

 

 

A pesar de lo cual, es posible vislumbrar rasgos contrarios que, paradójicamente, tienen su fuerza en concreto en una visión débil de la identidad al reafirmar aquella pauta hegemónica que al principio pretendieron quebrantar. Continuando con nuestra metáfora, los dioses paganos se vuelven caprichosos y cada uno aspira a un trono en donde quiere imponer una verdad que volverá la única posible, con la diferencia de que hoy día el Hombre, que en 1844 era el nuevo Dios según Stirner, ha enseñado sus debilidades, es un dios caído en el que nadie cree más: dos guerras mundiales y la desenmascarada hipocresía de las muchas declaraciones de los derechos humanos han decretado la muerte del Hombre como sujeto universal y de los valores que en su nombre se defendían.

 

Por supuesto las tradiciones filosóficas y jurídicas nacidas en el seno del liberalismo (en este sentido, la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano del 1789 es una precursora) preconizaron y dieron las armas a las dictaduras (de derecha e izquierda) y al moderno capitalismo industrial para cometer las peores atrocidades en nombre de la defensa del Hombre, de su irrenunciable dignidad, libertad, etc.

 

El individuo postmoderno, al contrario, renuncia ya a encasillarse en la categoría universal de Hombre, en este relato que se pretendía teológicamente orientado hacia la plena realización de las virtudes y los valores (por supuesto, humanos) , y se califica más bien como miembro de algo, de un grupo, de una comunidad, de un género sexual, de una formación política, es decir, de un rasgo dominante que lo caracterizará en mayor grado que otros: afro-americano, indígena, mujer, queer, etc.

 

Renunciando, pues, a una visión unitaria y estática de la identidad, el hombre postmoderno abraza de ella un trozo parcial y «limitado» para aislarse de los otros; sin embargo, y aquí nuestra objeción, esta fragmentación de la identidad, que es indudablemente una consecuencia del fin de las metanarraciones lyotardianas que surcaban la humanidad hacia una meta emancipadora, no lleva de manera necesaria a la muerte de la idea de una identidad fuerte, dado que no significa que dicha pieza sea efectivamente percibida por el grupo al que pertenece como parte indefinible, sino que puede (y a veces quiere) volverse mayoritaria y hegemónica: si el Hombre-asno ha muerto, no deberían, nos diría Stirner, sustituirlo la Mujer-asno, la Indígena-asno, el Afro-Americano-asno.

 

Identidades antiuniversalistas nacidas, a menudo, por contraposición a la unidad ontológica del Sujeto de la racionalidad occidental ilustrada y como expresión de un simbolismo comunitario (puesto que cada identidad es ante todo tribal y constitutivamente relativa a su cultura), que se exponen al riesgo de crear un nuevo sujeto, un yo autocrático que pierda la conciencia de su fragmentariedad y constitución cultural y se asome a la escena política y social como relato único, es decir, como identidad definida e innegociable, como «idea fija», volviendo a Stirner. En este caso, el Sagrado no muere, sólo se presenta con diferente disfraz.