TRANSVALORACIÓN

uro turbo

 

 

 

 

 

 

El nihilismo es un pensamiento esencial de Nietzsche, que junto con la voluntad de poder, el eterno retorno de lo mismo y el ultrahombre, constituyen todos ellos en su unidad la posición filosófica fundamental de Nietzsche.

Si un pensador nos dice en su pensamiento qué es la realidad, la realidad como un todo o el ente en total, la palabra de Nietzsche para esto es “voluntad de poder”; lo que significa que el ente en su esencia y todo ente es voluntad de poder. Cómo sea lo ente en total, es decir, su existencia lo dice el eterno retorno de lo mismo. El hombre que es requerido por la voluntad de poder es el ultrahombre. La historia de la verdad del ente como se presenta al hombre actual es el nihilismo.

 

Cuando Nietzsche se dispone a hablar del nihilismo nos dice que va a contar una historia muy larga, “la historia de los dos próximos siglos”. Esta historia es nuestra historia. Sin embargo, la historia que nos promete contar Nietzsche no es la descripción y explicación de los diversos acontecimientos que se van a suceder en ese espacio de tiempo; sino que nos va a describir un solo acontecimiento ¿cuál? Respuesta de Nietzsche: “describo lo que viene, lo que ya no puede venir de otro modo: el advenimiento del nihilismo”.

 

Nietzsche nos habla aquí del nihilismo como un acontecimiento futuro; sin embargo, el nihilismo no es sólo el futuro sino también el pasado como veremos luego. Además, Nietzsche considera el advenimiento del nihilismo como una necesidad y como un destino. Y si en su momento él podía constatar que el nihilismo estaba ante la puerta de la casa del hombre occidental; nosotros tenemos que reconocer que a “éste, el más inquietante de todos los huéspedes (Ibidem)”, “no sirve de nada indicarle la puerta, puesto que ya por todas partes y desde largo tiempo recorre, en forma invisible, la casa”

 

La cultura europea (entendida no exclusivamente como el conjunto de la creación espiritual del hombre europeo, sino como los pensamientos que determinan la historia de Occidente, en el sentido de la frase del Zaratustra: “las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo” (Z, La hora más silenciosa”)) es comparada a un torrente en su movimiento indetenible que se dirige hacia el nihilismo que se está acercando desde el futuro inmediato.

 

Frente y desde esta cultura el pensador que anuncia este futuro, Nietzsche mismo, retirándose a su soledad más abismal, quedando fuera y retrasado de la cotidianidad de su presente histórico, puede por medio de su pensamiento vivir y experimentar anticipada y precursoramente el futuro y, así, por tanto, “como un espíritu de pájaro agorero que mira hacia atrás cuando cuenta lo que vendrá; como el primer nihilista perfecto de Europa, el cual, sin embargo, ha vivido ya en sí el nihilismo mismo hasta su final, -que lo tiene tras de sí, debajo de sí, fuera de sí”

 

Refiriéndose al título de su proyectada obra fundamental “La voluntad de poder. Intento de una transvaloración de todos los valores”, nos dice Nietzsche “con esta fórmula se expresa un contramovimiento respecto al principio y a la tarea; un movimiento, que en algún futuro relevará a este nihilismo perfecto” Aquí tenemos dos movimientos contrapuestos: un movimiento que todavía es futuro, aunque su llegada es inminente, que se lo ha nombrado “el advenimiento del nihilismo”,que ahora se lo concibe como “nihilismo perfecto”. Por otro lado, el contramovimiento concebido como “transvaloración de todos los valores”, que viene de un futuro más lejano e incierto, porque sólo puede venir cuando el nihilismo esté entre nosotros y haya llegado a su perfección y cuya tarea será sustituir al primero.

 

Llegados a este punto tenemos que plantearnos algunas preguntas:

 

1) ¿qué entiende Nietzsche por nihilismo cuando habla del “advenimiento del nihilismo” y de “nihilismo perfecto”?

 

2) “¿por qué es ahora necesario el advenimiento del nihilismo?” (la pregunta es de Nietzsche);

 

 3) ¿cómo se entiende el contramovimiento, es decir, “la transvaloración de todos los valores”?

 

La respuesta a la primera pregunta la encontramos cuando Nietzsche pregunta simplemente: “¿Qué significa nihilismo?”, y responde: “Que los valores supremos se desvalorizan.”8 Según esto, el nihilismo es el proceso de la desvalorización de los valores supremos. El nihilismo así entendido es el estado terminal de los valores supremos, el momento de la crisis, de la caducidad y caída de esos valores. Sin embargo, si este es el estado final de esos valores podemos preguntar cuál es su estado anterior o sus estados anteriores; cómo se llega a este final o, en otras palabras, se plantea la segunda pregunta:¿ por qué es necesaria la llegada del nihilismo como desvalorización de los valores supremos? Respuesta: “Porque, los mismos valores que han sido hasta ahora nuestros valores sacan de él su última consecuencia; porque el nihilismo es la lógica pensada hasta el extremo de nuestros grandes valores e ideales”9

 

La última consecuencia que sacan nuestros valores del nihilismo es una consecuencia nihilista; se trata de la desvalorización de esos valores supremos, lo que teológicamente se expresa en la fórmula “Dios ha muerto”. El nihilismo es la lógica de los valores e ideales supremos como también de su historia. La consecuencia nihilista se deduce de unas premisas igualmente nihilistas. Estas premisas son lo que Nietzsche concibe como “platonismo”.

 

El nihilismo no es entonces solamente la desvalorización de los valores supremos, también su instauración, es ya nihilismo. La desvalorización es la consecuencia de una valoración que instaura los valores supremos como incondicionados. El nihilismo es la lógica de la historia del pensamiento occidental en su totalidad en la medida en que esa valoración funda este pensamiento y lo determina hasta su momento final. Ahora bien, el carácter nihilista de toda esta historia sólo queda en evidencia en su final cuando se toma conciencia de la desvalorización propiamente tal con el nihilismo perfecto. Por ello “debemos primero vivir el nihilismo para descubrir el secreto de lo que era en el fondo el valor de estos ‘valores’”

 

Para Nietzsche toda la filosofía occidental puede concebirse como platonismo. “Platonismo” significa aquí la estructura de dos mundos inaugurada por Platón y que, por mediación del cristianismo, habría sido decisiva para toda la historia del pensamiento occidental. Así, este último, podría denominarse en conjunto “concepción platónico-cristiana”.

 

El platonismo, así entendido, consiste en la doctrina que realiza una escisión entre un mundo verdadero de lo real, que está sobre el hombre y que contiene las metas y fines que deben orientar a la existencia humana; y el mundo del devenir que queda desvalorizado como el mundo de la apariencia y del error. En otras palabras el mundo que está más allá del mundo del devenir es el “mundo suprasensible”; el mundo del lado de acá, el mundo sensible, caracterizado por el cristianismo como “este valle de lágrimas”, contrapuesto al “más allá” donde es posible “la buenaventura eterna”.

 

La interpretación nietzscheana del pensamiento occidental es una interpretación moral, porque el ámbito de lo suprasensible donde están las metas y fines para la existencia humana constituyen el sentido para ésta y deben orientarla y dirigirla. Además, el hombre que se rige por estas metas y fines que valen para él como deberes es el virtuoso, el “hombre bueno”, el hombre moral.

 

Por otra parte, el sentido, las metas y fines que establece y ha establecido la filosofía occidental los interpreta Nietzsche como valores. Ellos serían los valores supremos que están suspendidos sobre la existencia humana.

 

Hemos visto que Nietzsche concibe el advenimiento del nihilismo como el proceso de la desvalorización de los valores supremos y a este nihilismo lo denomina “nihilismo perfecto”. Sin embargo, en el aforismo 12 de La voluntad de poder11 que es ineludible para entender el nihilismo en el sentido señalado, nos habla también del “nihilismo como estado psicológico”. En un caso el término “nihilismo” se aplica a algo que les sucede o que sucede con los valores supremos y en el segundo caso el mismo término se aplica para designar a algo que sucede o nos sucede a nosotros los hombres. ¿Cómo entender esta contradicción? En realidad la contradicción es sólo aparente, porque el nihilismo es una historia de lo que nos pasa a nosotros con los valores supremos, como también lo que les pasa a ellos con nosotros. Los valores supremos se desvalorizan como resultado de la experiencia que nosotros tenemos con ellos.

 

Así en el último párrafo de la primera parte de este aforismo, donde se sacan las conclusiones de lo sucedido con las tres formas del nihilismo que allí se describen, se afirma que “el sentimiento de la falta de valor (Wertlosigkeit) fue obtenido cuando (…..)”, la expresión “falta o ausencia de valor”, junto a los términos equivalentes “falta o ausencia de meta y de sentido” (die Zweck/ und Sinnlosigkeit) caracterizan al nihilismo; pero lo que nos interesa hacer notar en este momento es que “el nihilismo como estado psicológico” tenemos que entenderlo como este “sentimiento de la falta de valor”.

 

No obstante, el “estado psicológico” y el “sentimiento” no son asuntos de la psicología, de la ciencia psicológica, sea ésta la psicología de la época de Nietzsche o de la psicología en su desarrollo actual. Oponiéndose a lo anterior, Nietzsche entiende, más bien, a la psicología como asunto de la filosofía. Así concibe a la psicología como “morfología y como teoría de la evolución de la voluntad de poder”, y como la voluntad de poder es la determinación esencial de toda realidad; la psicología es, entonces, la ciencia fundamental; no es, por tanto, una ciencia particular entre otras, sino la filosofía misma como la entiende Nietzsche y como piensa que debería constituirse en el futuro. Por ello, afirma que “a partir de ahora vuelve a ser la psicología el camino que conduce a los problemas fundamentales”13.

 

Nietzsche distingue tres formas de advenimiento del nihilismo, de cuando éste se realiza como “estado psicológico”.

 

Las condiciones para que se realice la primera forma son: que se suponga un sentido, que se busque ese sentido y que finalmente no se lo encuentre. ¿Dónde se busca ese sentido? “En todo suceder” nos indica Nietzsche, pero también habla de “devenir” y de “proceso”; entiéndase esto último como el acontecer histórico del hombre en medio de la totalidad del ente o su habérselas con la naturaleza y con su historia. Esta búsqueda tiene que haber sido y todavía, en cierto sentido todavía es, una búsqueda reiterada, como igualmente reiterado tiene que ser su consecuente fracaso, para que finalmente el que busca se desanime. El desánimo es ya el nihilismo como estado psicológico. Sin embargo, este desánimo no es algo pasajero, sino algo definitivo. Veamos por qué.

 

El desánimo es un sentimiento resultado de una conciencia a la que se llega después de comprender que la búsqueda de un sentido es ‘en vano’, porque siempre va seguida por el fracaso. ; la larga búsqueda frustrada sólo se resuelve en “un largo despilfarro de fuerza”. Si bien el desánimo conduce a una inseguridad e inquietud permanentes, lo más grave aún es “la vergüenza ante sí mismo como si hubiéramos estado demasiado tiempo engañados…”. El engaño ha consistido en que alguien o nosotros mismos nos hemos hecho creer que nuestras fuerzas eran suficientes para encontrar o colaborar en la obtención de un sentido en el devenir, pero esto era un engaño puesto que el sentido o los sentidos buscados eran incondicionados y en cuanto tales comprendemos que son irrealizables y que siempre han estado fuera del alcance de nuestras fuerzas.

 

Nietzsche nos informa que el sentido buscado podría haber sido: a/- el triunfo del bien sobre el mal y la recompensa al que encarna al primero y el castigo al que representa al segundo (“el ‘cumplimiento’ de un elevado canon moral en todo suceder”; o en otras palabras: “el orden moral del mundo”); b/- la primacía del amor y de la solidaridad entre los hombres, o la paz perpetua entre las naciones (“El aumento del amor y de la armonía entre los seres”); c/- “el acercamiento a un estado universal de felicidad”, que el utilitarismo ha expresado como “la mayor felicidad para el mayor número posible de seres “y finalmente, d/- “hasta el ponerse en marcha hacia un estado de nada universal”, Nietzsche agrega que “una meta es siempre todavía un sentido”. Que la nada pueda representar una meta para la voluntad puede ser desconcertante. Sin embargo, recordemos que Nietzsche comienza y termina el Tratado Tercero de la Genealogía de la moral refiriéndose al horror vacui de la voluntad humana, que “ella prefiere querer la nada a no querer”. La voluntad tiene horror al vacío y el vacío para ella es la ausencia de meta, puesto que la meta es lo que le imprime una dirección y un objetivo a su querer. La nada es una meta que salva la posibilidad esencial de la voluntad en su querer.

 

Hemos visto que Nietzsche considera que meta es igual a sentido y ahora debemos tener presente que al sentido lo entiende también como un fin. Por ello Nietzsche puede concluir con respecto a esta primera forma de nihilismo que su causa es “el desengaño sobre un presunto fin del devenir”. Nuestro engaño consistía en la creencia en que “algo debe ser alcanzado a través del proceso mismo” y que eso alcanzado, la meta, el sentido o el fin sería alcanzado porque nosotros, los hombres ubicados en el punto central del devenir colaboramos al éxito del proceso. El desengaño nos hace comprender que “con el devenir nada se obtiene, nada se alcanza” y que el hombre tampoco puede seguir considerándose el colaborador o el punto central del devenir como lo ha sido hasta el momento.

 

 

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