UNA APUESTA POR LA DECEPCIÓN

Dodecahedron-Dodecahedron

 

 

 

 

 

Algo que parece muy recomendable para la pérdida de las nociones. Pocas prestaciones pueden caber con esta afirmación a lo que equivocadamente se ha dado en llamar “sociedad egoísta”. ¿Un ataque al hombre inocente, al hombre “inviable”?.

Quizá apunte el hombre “despreocupado” y no precisamente en el sentido tradicional del término. Ninguna concesión a la importancia del papel del hombre en el mundo. Nada a considerar, pero sí, nada que considerar.

 

Actuar para que se diga que aquí estamos, hacer para que nos recuerden, “escribir para que nos quieran”  esos son los argumentos que se adhieren (al bagaje) a la ofensiva -como todo bagaje- de que realmente el mundo tiene un sentido:

“Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno”. (CIORAN, “OP”)

 

 

Aparecen en toda época y momento, se constituyen en legión influyente, están aquí y ahora..

 

En realidad, son una expresión defensiva, la argamasa del acicate. ..de siempre.

¿Cuántas más veces nos muerde (el sobresalto) nuestra sinrazón, que no el aventurado acomodo de nuestra condición?.

 

Sobresaltados -o felices, diríamos en ocasiones- por la pregnancia (o prestancia) de nuestra identidad (por el brillo de nuestra identidad como logro en el mundo) desconfiamos de este símil duradero de dicha y nos vertemos en la duda: carece de toda credibilidad de gozo inalterable nuestra estancia.

Es una inundación sentimental que se refrenadifícilmente, y de la que la exención en épocas o personas, parece más bien confirmatoria de la regla:

“Siempre que pienso en el hombre, la compasión anega mis pensamientos. Y así no puedo, en modo alguno, seguir sus huellas. Una fractura en la naturaleza nos obliga a meditaciones fracturadas”. (CIORAN, “OF’)

 

Desde luego, sumergirse en el hombre, pareceríacomo si produjera asfixia, fenómeno de laxitud indeseada.

 

Es un desbordamiento efectivo de renuncia lo que el hombre provoca -o produce- en sus congéneres. Parece imposible que nadie se entretenga en encontrar algún allegado que le produzca neutralidad, cuando sabe que le proporcionan perturbación.

 

Los pasos hacia el hombre, son abismos. Mi reflexión sobre él permanece en el orden de la discontinuidad. Trabado cualquier contacto, nunca se nos escapará que se basa en una lógica furtiva, aquella del astillamiento.

 

¿Qué decimos, qué pensamos que es la vida?:

 

“…¿Y qué es la vida sino el lugar de las separaciones?”. (CIORAN, “OP”)

 

Podría convenirse que el mar de conjeturas que tratan de aprehenderla desemboca en una sintética expresión cercada (nimbada) de un cierto abatimiento conceptual y que recorre todos los idiomas, y ya en estos, desde las más alambicadas precisiones, hasta las expresiones más tendidas: “así es la vida”. La gran caída, la gran paradoja del tropiezo, es que queremos explicarla y no nos la podemos explicar. Trata la palabra de concebirla y se edita nuestra racionalidad, y. menos nuestro sentimiento en el tiempo; pero, la de cada uno, -¿la propia?- rebañadura de un atónito (átono) devanar, es un pasaje habituado a la consternación, es un no efectivo de lo inexplicable, el hecho más claro de lo que se conoce como no cuajar.

 

Ni siquiera somos un sucedido, o suceso, en el tiempo, pues éste no apadrina ni siente la recepción de nada ni de nadie, es un no-continente, aquejado, según nosotros y para nuestra conveniencia, de medida y de sucesividad. Para nuestra desgracia, nos hemos distendido en La inuaspasable hospitalidad del tiempo, cama de la indiferencia y el soslayo universal.

Caemos en un lugar. Y allí, en él, asistimos a la incontenible procesión de los desligamientos (deslizamientos), al taraceado intermitente, o persistente, de la nada.

 

¿Es un contrapeso -a algo- la lucidez, a qué trata de contrarrestar, es aquel abismo deslumbrante, al que, pese a su carácter y a todo lo demás, no queremos descender?:

“Un hombre que practica toda su vida la lucidez, se convierte en un clásico de la desesperanza”. (CIORAN, “OP”)

 

La lucidez ama la cancelación del emitir. Es la ejerciente prerrogativa de la desumbilicación, con ella amagamos, y a veces logramos, la desimplicación.

 

El lúcido, o la lúcida, tiene que batirse en retirada de lo que recurrentemente gana cada vez más espacio, el entorno. Su más ardua solicitud se centra en no significarse por ninguna adscripción, en aniquilar cualquier atisbo de simpatía, por ninguna militancia, en, por fin, rehuir la importancia. Para el lúcido, siempre hay una cuenta pendiente que debe saldar, un asunto que merece lapena resolver, sobre todos los demás, y es, a saber: cómo conseguir la “desgravitación” universal, la defección del imantamiento en el mundo.

 

Y es entonces, cuando vacíos de ánimo, reanudamos el aplazamiento inconcebible de la desintegración.

Hay en estas palabras un deseo de que nuestras preguntas sean no sólo más certeras, sino más acechantes en el contorneamiento del sentido escondido u oculto de las cosas:

“Uno no puede preguntarse correctamente qué es la vida, sino qué no es”.(CIORAN, “OP”)

 

Se consigue más cambiando la pregunta, alterando su petición, saliendo del menesteroso y monótono ritmo del preguntante (del inquisidor). Debemos a nuestros hábitos en el inquirir muchos retrasos. La literatura, la filosofía y las ciencias han podido concentrar en sus respuestas a esta forma de preguntar grandes frapmentos, hermosos, penetrantes y útiles dictámenes, pero no han advertido, o bien han olvidado, que han rozado o han tocado, la intención de (en) una pregunta, pero no a ella misma. Han salvado el propósito, pero no se han disuelto, sumergido en la pregunta. Afectados por ella, no de ella.

 

Inéditos en la contracorriente, debiéramos despertar del sueño de las explicaciones presentes, satisfactorias, productivas, y acceder al entramado de las explicaciones in-útiles, que tanto tienen que ver con la condenación.

 

Y ahora, retomando lo que en principio y arriba se afirma, qué no sea la vida, entenderemos que se refiere al’hecho de sujetar y limitar todos los reduccionismos habidos y vivos hasta el presente. No es alimentar, con algunas más, el acervo de explicaciones, posiblemente contrarias, sino que se trata de desmayar los halos de suficiencia de que somos portadores, de desbaratar los alcances y proyectos de continuidad que con acendrado tesón acarreamos.

Por lo general, la desgana no ha tenido entre nosotros una historia tan cumplida y permanente como otras fachendas intelectuales de uso y de brillo, pero tiene su asiento de cuando en cuando, aunque breve, al verse soterrada de continuo por cualquier ocurrencia de actividad:

“Mueres de lo esencial cuando te desligas de todo”. (CIORAN, “OP”)

 

La acción, el más recurrente de los (vicios) dislates, la ciénaga en la que chapoteamos los barros, la pleamar de todos, allá donde todas las mareas se consumen…

Cuando se desanuda la acción, se hace imposible tejer en la importancia.

Aparece entonces un hueco en el universo, un vano por el que transita <malvive) la indiferencia.

 

Aquello que según se dice merece la pena (vale por toda una escritura esta frase, y a la que tendríamos que volver constantemente, desde la lengua y desde la vida) y que es dado al olvido, nos desestriba del curtido alelamiento que nos cine.

 

Ni siquiera pordiosear en cualquiera de las telarañas de los sucedido. Sin ningún deseo de permanecer por más tiempo en el panorama, ni en sentirse en ningún discurrir:

 

“Nada más dulce que arrastrarse al margen de los acontecimientos; y nada más razonable”. (CIORAN, “TE”)

 

Fuera del neto propio con que nos hallamos en el tiempo.

 

Una desemprendedora “niebla” nos arrebata, nos debiera arrebatar, de todos los instantes, en que, exangties, no sabíamos encontrar el enclavemás propicio del definitivo desprendimiento.

Escurrirnos, sin memoria (nuestra), del compromiso. Eso es: ¿Cómo vamos a explicar, nuestra inexistente cadencia con aquél?. Si nos acompasamos al solo fluir del deslizamiento, ¿qué asideros nos mantienen en la tensión sin dejadez a que todo compromiso obliga?.

Declaramos sin opción, es una de las primeras muestras que llevan a la irrelevancia, a lo ineficaz, a la inoperancia. ¿En qué consiste, cuál es, el oscuro pacto que com-promete a unos y a otros, a todas las llamadas personas?. Se diría, que a veces, es simplemente, levantar el telón, mantener sin desmayos el escenario y sellar pasa siempre una representación. Pero parece muy dudoso que se resignen tan sólo a actuar; necesitan otro verbo, quieren. ..crear. El pacto, a lo que sabemos es (frontispicio grabado en todos): más allá, más.

Salirse del pasar.

Unaparte muy significativa de nosotros mismos perpetra sin miramientos, y como punto de partida, una demasía, un exceso sin límites:

 

“La vida se crea en el delirio y se deshace en el hastío” (CIOR.AN, “HP”)

 

Llegados a un cierto punto, nuestra intemperancia nos recuesta en el plano del tedio, donde se anulan los intentos.

El légamo en el que nos revolcamos ofrece un precipitado de masa cuyo molde es el desvarío. Excepto nosotros, la pulsión personal, toda otra presencia parece advertir que un vagido de despropósito conforma al mundo y a su naturaleza en un dislate.

Aquellas subidas pretensiones en que se nos ha arropado siempre, y bajo las que, con afán desmedido, -y ciertamente, descomedido- nos cobijamos, nos despuntaron en un sublime encarecimiento de nuestras actitudes plantares- de las “destrezas” del hombre, ésta del sobrepasamiento es la que más puja- hacia los pináculos de lo cardinalmente desatado en la insania, para una vez, entrevista nuestra impropiedad en tal situación, precipitamos en el despeñadero sin remisión del hastío.

 

De una suerte que se creía regida y reglada por la compacidad (lo compacto,…), y de la que siempre se creyó que era indiscutida, se nos ha invitado por la vía de apremio a que propendamos a la aceptación de la más exigua (o infinitesimal) de las banalidades.

Y, bajo la égida de la estética, estimado el gusto, amar del mismo nodo la aberracion.

¿Quién no ha proferido en su vida, múltiples veces, quejas por el lugar y tiempo que le toca vivir?

 

“Buscar cualquier mundo, salvo este, abismarse en un himno silencioso hasta el vacío, lanzarse al aprendizaje de un otra parte…” (CIORAN, “CT”)

Digamos en principio que la primera formulación, ese primer deseo, es más fuerte en el hombre que cualquier petición que éste hiciera, porejemplo, a un genio, tal como Aladino valga el caso.

 

En este sentido, Cioran saca a la palestra una aspiración universal; la única diferencia que separa al autor de estas líneas de los simplemente descontentos es la de la ruptura con este mundo, y el no convivenciar en “el otro posible” de lamanera habitual, que, debe ser, en muchas ocasiones, lo que nos debe corroer.

En lugar segundo, qué lejos de la confianza de aquellos que piensan en patrias, tierras chicas, lugares… ¡. Qué alejada esta breve frase del subido y sentimental “echar raíces”, “buscar raíces”, etc.

Y, atención. Para llegar a decir esto, nadie ha podido poner en candelero prácticas de evasión. Esto no lo puede decir un diletante, ni siquiera un desengañado, dado que ambas posturas reclaman una atención pormenorizada por parte de alguien, mientras que Cioran aspira al vacio, al nulo de la contemplación.

El interés de búsqueda que haya en este exilio, en este desterramiento no se resume en el hecho de “aventura en el mundo o en la vida”, tal y como nosotros estamos, quieras que no, acostumbrados a conocer.

 

Nada va a derivarse de esa “deriva” del mundo. Tampoco parece ser un viaje a lo desconocido con ánimos de alumbramiento, a una nueva civilización, pongamos por caso.

La búsqueda innominada, sin centro, por oposición a una búsqueda de la aparición. Es la desaparición frente al continuo.

 

¿Quiénes de los que conocemos se lanzan al aprendizaje de “un otra parte”?. Lo que yo sé, me enseña que todos, casi sin excepción, aprenden “de parte de”, “aparte de “, y siempre, siempre, “parte de”.

 

Se nos dice, también, que lo aprendido es un anclaje, nuestra costumbre. No aprender aquí, de aquí, pues vemos donde nos conduce.

 

Es un sarcasmo eso de “un otra parte”. ¿Dónde?. No hay otra parte. Sólo hay “formamos parte de” , y eso en los momentos más optimistas y solidarios, leyendas de Estado. Mentar la advocación anteriormente escrita, es sentir, o pedir, la disolución.

 

Y acerca del cambio, algo por lo que no nos produce pudor derrocharnos e incluso en ocasiones cometer tropelías, se dice que:

 

“Todo cambia, de acuerdo, pero casi nunca para mejorar.”. ( CIORAN, “CT”)

 

 

 

 

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