UNA RUPTURA DE LAS INFINITAS POSIBILIDADES

MOSSS

 

En la noche del 15 de junio el “destino “nos puso frente a una patrulla de la Policía Ferroviaria en el distrito de Lambrate, en Milán. En la redada, se nos encontró en posesión de dos “bombas-disparadores caseras”. También, el 15 de junio yo y el compa Mattia entramos en la prisión de San Vittore. El próximo 8 de julio la Corte de Apelaciones resolvería liberarnos. En éste periodo de discusiones políticas e ideas sobre cómo enfrentar el juicio desde posiciones anarquistas-revolucionarias, yo, en determinación del curso de los eventos, hice frente a esta pregunta posicionada en las separaciones con las opciones que considero inaplicables a un determinado principio. Comprender las razones del caso requiere más que una premisa.

En el juicio del 10 de octubre, cuando seré encausado por posesión y porte público de material explosivo, clarificaré mi posición, sólo para no dar un malentendido a los lectores: A partir de ahora, mi opción es continuar en un camino individual. Básicamente, la razón viene de la incongruencia en afirmar una propuesta revolucionaria y entonces hacer uso de triquiñuelas burocráticas que restablecen –en una “yuxtaposición” de los hechos vividos- una “comparación” entre acusado/a y acusador/a.

La mentira es la verdad que se recuerda a ella misma cómo venir al mundo, máscara de la máscara, desde el otro lado de la masa, incluso una máscara”
(Fragmento de “Un sordomudo en apnea”, P. Porcu)

Usar un/a abogado/a para determinar lo correcto/incorrecto, tratando de minimizar lo vivo de mí mismo y mis opciones –que van al choque-, es incompatible con lo que yo elegí en mi sendero de “impetuoso radicalismo”. La incompatibilidad consiste en el rechazo de un rol –el de “acusado”- y luego reconstruirse y convertirse en “defensor” y tomar ventaja de las leyes del Estado en términos de una “certeza” de castigo:

“No rendirse ante el chantaje cuando estamos presos es y debe ser la clave para continuar, a pesar de los límites físicos de nuestro encarcelamiento, un camino revolucionario”.

En esto hay una cancelación de la voluntad y actos propios. En mi camino de romper con el “mundo de afuera” –erigida por un grueso empate de las reglas de subordinación al rol del humanomautómata- yo no permito que nadie, excepto mi propia voluntad, decida por mí, y por esto rechazo a priori asistir al juicio y someterme a algún interrogado.
Rechazo cualquier intromisión de algún experto/a . Además, al rechazar a priori el no someterme a ningún derecho ni deber dictados por una corte, mi decisión es la supresión de abogados. En esta “ruptura” dada por el ataque, las experiencias de lam revuelta son un sinfín de posibilidades dentro de las opciones que son implementadas y, siendo un anarquista revolucionario, son una expresión de mí mismo.

“Actuar significa dotarse con una subjetividad inherente de potencial ofensivo”.

 

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